Busqueda de contenidos

contexto
1 ORTEGA, Margarita: Historia de las Mujeres en España y América Latina. El Mundo Moderno. Madrid, Cátedra, p. 14. 2 GARCÍA CÁRCEL, Ricardo: La mujer en España, en HISTORIA 16, n? 145, Mayo 1988. 3 CARBONELL, Montserrat: Hecho y representación: Sobre la desvalorización del trabajo de las mujeres. Actas de las VII Jornadas de Investigación Interdisciplinaria. Madrid, UAM, 1989, vol. II. Pp. 157-172. 4 LÓPEZ -CORDÓN, M? Victoria: (ed.) Josefa Amar, Discurso sobre la educación física y moral de las mujeres. Madrid, Cátedra, 1994. MORANT, Isabel: Discursos de la vida buena. Matrimonio, mujer y sexualidad en la literatura humanista. Madrid, Cátedra, 2002. 5 Vid. MORANT, Isabel (dir): Historia de las Mujeres en España y América Latina. El Mundo Moderno. Madrid, Cátedra, 2005, p. 8. 7 PÉREZ SAMPER, María de los Ángeles: Las reinas, en Historia de las Mujeres en España y América Latina, II. El mundo moderno. Isabel Morant (dir.) Madrid, Ed. Cátedra, 2006. p. 399. 8 Vid. EARENFIGHT, Theresa (ed.): Queenship and political power in medieval and early modern Spain. Aldershot, England; Burlington, VT: Ashgate, 2005. Los capítulos más interesantes para la Época Moderna son los siguientes: LISS, Peggy: Isabel of Castile (1451-1504), her self-representation and its context. SEBASTIÁN LOZANO, Jorge: Choices and consequences: the construction of Isabel de Portugal's image, y GOODMAN, Eleanor: Conspicuous in her absence: Mariana of Austria, Juan José of Austria, and the representation of her power. 9 Vid. PÉREZ SAMPER, M? de los Ángeles: Isabel la Católica. Barcelona, 2004. 10 Ibidem, p. 404. 11 Vid el siguiente capítulo. 12 ARAM, Bethany: Juana la Loca. Gobierno, piedad y dinastía. Madrid, 2001. 13 RODRIGUEZ SALGADO, María José: Una perfecta princesa. Casa y vida de la reina Isabel de Valois (1559-1668), en Cuadernos de Historia Moderna. Madrid, 2003, Anejo II, Serie monografías: C. Gómez-Centurión (coord.) Monarquía y Corte en la España Moderna, pp. 39-96. 14 PÉREZ SAMPER, M? de los Ángeles: Isabel de Farnesio. Barcelona, 2003. 15 BENNASSAR, Bartolomé: Reinas y princesas del Renacimiento a la Ilustración. El lecho, el poder y la muerte. Barcelona, 2007. 16 PÉREZ, Joseph: Isabel La Católica. Barcelona, 2004. 17 Vid. SÁNCHEZ, Magdalena S.: The Queen, the Empress and the Nun: Women and Power at the Court of Philip III of Spain. Baltimore, 1998. 18 CALVO POYATO, José: Reinas viudas en España. Barcelona, Península, 2002. 19 CERRADA JIMÉNEZ, Ana L. y SEGURA, Cristina (eds.): Las mujeres y el poder. Representaciones y prácticas de vida. Madrid, 2000. 20 MÍNGUEZ, Víctor: 'La metáfora lunar': La imagen de la Reina en la emblemática española, Dossier: La imagen de la Reina, en Millars, Espai i Història. Castellón, 1993, pp. 29-46. 21 Doctor en Medicina y Cirugía. Catedrático de Psiquiatría y Psicología Médica. Departamento de Psiquiatría. Escuela de Medicina. Universidad Panamericana, México. 21B Referencias Bibliográficas 1. Suárez, Luis: Isabel la Católica. Isabel I, Reina. Biblioteca ABC. Protagonistas de la Historia. España, 2004. 2. Fernández Álvarez, Manuel: Juana la Loca. La Cautiva de Tordesillas. Espasa Calpe. Madrid, 2000. 3. Lafuente, Modesto: Historia General de España, Desde los Tiempos más Remotos Hasta Nuestros Días. Tomos 10 y 11. Establecimiento Tipográfico de Mellado. Madrid, 1853. 4. Cantalapiedra, Luis: Juana la Loca. Colección: Mujeres en la Historia. Perymat Libros. Madrid, 2005. 5. Pfandl, Ludwig: Juana la Loca. Ediciones Palabra. Madrid, 2000. 6. Alonso-Fernández, Francisco: Historia Personal de los Austrias Españoles. FCE. Madrid, 2000. 7. Vallejo Nájera, Juan Antonio : Locos Egregios. Dossat. Madrid, 1977. 8. Sánchez, P.; Ruíz, E.; Eguíluz, I.: Trastornos del Contenido del Pensamiento. En: Eguíluz, I., y Segarra, R. (eds): Introducción a la Psicopatología. Ars Medica. México, 2007. 9. Fish, Frank: Fish's Schizophrenia. Hamilton, Max (ed). John Wright & Sons Ltd. Bristol, 1984. 10. Perugi, G.; Nassir Ghaemi, S.; y Akiskal, H.: Enfoques de Manejo Clínico y Diagnóstico en la Depresión Bipolar, Bipolar II y Trastornos Concomitantes. En: Akiskal, H., y Tohen, M. (eds): Psicofarmacoterapia en el Trastorno Bipolar. John Wiley & Sons, Ltd. Madrid, 2008. 22 Aunque fue producto del cuarto embarazo de su madre la reina Isabel la Católica (1451-1504), quien perdió un hijo en un aborto espontáneo durante un viaje a Toledo, en 1475 (1). 23 En este caso, los celos de Juana pueden ser considerados patológicos no por la falsedad o inverosimilitud del contenido, sino por su forma (el modo como se expresa el contenido). Este tipo de delirios se han llamado 'Delirios cum materia' (8). 24 Carta publicada por Modesto la Fuente en el apéndice N° VII del tomo X, p. 489. 25 Carta del obispo de Málaga al rey Fernando. Cit en Ref.4) 26 Que se encuentra en ese entonces en calidad de gobernador de Castilla por ausencia de Carlos V. 27 'La Monarquía Católica, a falta de real sucesión varonil, se halla en trance de pasar al dominio de príncipes no naturales o extraños. Es lance en que va todo el caudal de España, cuando está la Monarquía tan a pique de pasarse a príncipes austriacos (que en la desdicha, fuera felicidad), o a franceses, totalmente extraños', en estas palabras del valido Luis Méndez de Haro al rey Felipe IV queda claramente expresado el grave problema que se derivaba de la falta de heredero regio, anticipando en 54 años lo que verdaderamente sucedería en 1700 a la muerte de Carlos II. VALLADARES, Rafael: La rebelión de Portugal. 1640 - 1680. Valladolid, 1998, p. 96. 28 Algunas de las reinas de la dinastía murieron sacrificadas cumpliendo ese sagrado cometido de proporcionar sucesores a la corona, sometidas desde edad muy temprana a 'un auténtico acoso sexual', con el fin de proporcionar una abundante prole regia. Véase sobre estos aspectos BENNASSAR, Bartolomé y VINCENT, Bernard: España los Siglos de Oro. El epígrafe 'Las reinas: estrategias, holocausto'. Barcelona, 2000, pp. 51 - 57 o JUNCEDA AVELLO, E: Ginecología y vida íntima de las reinas de España. Tomo I, Madrid, 1991. La juventud de muchas de ellas al tiempo de contraer nupcias y de enfrentarse a una gestación y alumbramiento, unida a las malas condiciones higiénicas que rodeaban los partos y el criminal puerperio se llevaron de este mundo a reinas y princesas, como la emperatriz Isabel, por las fiebres que le sobrevinieron tras haber dado a luz un niño muerto, a la princesa y primera esposa de Felipe II María Manuela de Portugal, tras alumbrar al príncipe don Carlos y a su tercera esposa, la reina Isabel de Valois, así como a la reina Margarita de Austria, tras el parto del infante don Alonso. Sobre la muerte de la tercera esposa del rey prudente, Isabel de Valois, los libros de Actas de la Universidad de Curas de Burgos recogen una curiosa noticia:'Fue ocasión de su muerte haber mal parido una hija uiua, de lo qual fue causa que los médicos le hizieron cura como si no estuuiere preñada, aunque ella siempre afirmaba estarlo'. Archivo Diocesano de Burgos. Libro de Acuerdos, Cuentas y Subsidio de la Universidad de Curas. Años 1523 - 1568. 1?. Año 1568, f. 154 v?. Curioso detalle de la intimidad de la reina conocido por algún miembro del clero parroquial burgalés que lo hizo llevar a sus actas. También es llamativo el juicio negativo que tenía de los médicos de la Corte, lo que por otra parte era opinión generalizada en la época, afectando a aquellos que desempeñaban este oficio, limitados en sus recursos para la resolución de problemas sanitarios a las más que frecuentes purgas y sangrías, véase CABOT, José Tomás: 'Los médicos de la familia real en el reinado de Felipe II', en Felipe II y su época. Actas del Simposium. Tomo II, Instituto Escurialense de investigaciones históricas y artísticas. Madrid, 1998, p. 644; sobre la escasa distancia que separaba el acierto o equívoco del médico daba muestra, al referirse a la grave enfermedad de Felipe II en 1580, CABRERA DE CÓRDOBA, Luis: Historia de Felipe II. Rey de España. Salamanca, 1998, Tomo II, p. 946: 'De cuán poco errar o acertar pende la medicina, y della la vida de los príncipes, tan deseada y estimada para el bien general'; y sobre la opinión de los médicos en su papel en la muerte de la reina Margarita de Austria, en CABRERA DE CÓRDOBA, Luis: Relaciones de las cosas sucedidas en la Corte de España, desde 1599 hasta 1614. Madrid, 1857. Salamanca, 1997, p. 450: 'Algunos quisieron atribuir la culpa a no haberse acordado los médicos de curarle de mal de madre, que es muy ordinario achaque en las paridas y no haber estado allí la comadre más de dos días (..), la cual supiera conocer de este achaque mejor que los médicos'; o cómo los galenos regios no supieron considerar la gravedad del mal que llevó al rey Felipe III a la tumba, 'aunque los médicos le assegurauan, su enfermedad no prometía tal sucesso', como recogía el cronista GONZÁLEZ DÁVILA, Gil: Teatro de las grandezas de la villa de Madrid, Corte de los católicos reyes de España. Madrid, 1623. Edición Facsímil, Valladolid, 2003, p. 128. De forma categórica se expresaba sobre este parecer el presbítero y secretario del Cabildo de la catedral de Granada SÁNCHEZ DE ESPEJO, Andrés, en la relación de las honras que aquella ciudad celebró por la reina Isabel de Borbón, f. 6: '(..) los remedios que se aplican para deslumbrar a la muerte, son medios con que se abrevia la vida'. Y no escaparon de los dardos de Quevedo a los que atacaba en el soneto 'Médico que para un mal que no quita, receta muchos', cuya simple presencia era un anuncio de la muerte expresada satíricamente en versos como: 'La losa en sortijón pronosticada' y 'La mula en el zaguán, tumba enfrenada', ya que la mula y el sortijón eran los elementos que servían para identificar a los médicos, QUEVEDO, Francisco de: Poesía Lírica. Madrid, 1992, pp. 71 -72. Sobre la vida y muerte de las consortes regias se puede ver la monumental obra de FLÓREZ, Henrique: Memorias de las reynas católicas, Historia genealógica de la Casa Real de Castilla, y de León, Todos los Infantes: trages de las Reynas en Estampas: y nuevo aspecto de la Historia de España. Tomo II. Madrid, 1761. Obra incluida en GARCÍA GARCÍA, Bernardo José (comp.): Obras clásicas sobre los Austrias. Siglo XVII. Edición digital. 29 Con motivo del embarazo y parto de la reina Mariana de Austria, en el que daría a luz al futuro Carlos II, se llevaron a sus aposentos, amén de gran número de reliquias, rosarios y otros objetos sagrados, el báculo de Santo Domingo de Silos y la cinta de San Juan de Ortega, en DELEITO PIÑUELA, José: El rey se divierte. Madrid, 1988, p. 79. También la reina Margarita de Austria solicitó que fuese llevado a la cámara real el bastón del santo benedictino, Domingo, en los días previos al parto. Esta reliquia, que sirvió para soportarle en su vejez, era reverenciada desde la Edad Media por las mujeres deseosas de sucesión y en el difícil trance de traer nuevas criaturas al mundo, ya que se le atribuía la capacidad de facilitar la concepción y los alumbramientos, véase GARGANTILLA, Pedro: Enfermedades de los reyes de España. Los Austrias. De la locura de Juana a la impotencia de Carlos el Hechizad. Madrid, 2005, pp. 313 - 314. En la agonía de la reina María Luisa de Orleans en 1689 se llevó a su cámara el rosario que la Virgen María entregó a Santo Domingo de Guzmán, en VARELA, Javier: 'Reliquias y santos sanadores en la monarquía española (siglos XVI-XIX), en Homenaje a José Antonio Maravall (1911-1986). Valencia, 1988, pp. 325-334, p. 332. 30 Sólo se han localizado dos casos en Burgos en los que se intercediera ante la divinidad para lograr el restablecimiento de infantas, uno en 1617 con motivo de la enfermedad de la infanta Margarita Francisca, séptima hija de Felipe III y Margarita de Austria, nacida en Lerma, y que no era heredera directa, y por la infanta María Eugenia en 1627, tercera hija de Felipe IV e Isabel de Borbón, que sí era candidata a la sucesión por muerte de sus dos hermanas, Archivo Municipal de Burgos (abreviado A. M. B). Libro de Actas Municipales de 1627, 19 de julio, f. 136 v?: '(..) cómo escriben los caballeros procuradores de Cortes la yndispusiçión de la serenísima infanta, heredera única de estos reinos, pareció muy a propósito (f. 137) acudir a Dios Nuestro Señor con ruegos, oraciones, misas y sacrificios, para que fuese seruido de darle salud para bien de estos reinos...' 31 MELGOSA OTER, Óscar Raúl: Los burgaleses ante la enfermedad y la muerte de sus reyes rogativas y honras fúnebres reales en la ciudad de Burgos en los siglos XVI y XVII. Tesis Doctoral inédita. Burgos, 2005 32 A. M. B. Libro de Actas Municipales de 1644, 15 de octubre, f. 218 v?. Copia de la cédula real anunciadora de la muerte de la reina Isabel de Borbón: '(..) el desconsuelo de no haber podido asistirla y la pérdida que con su muerte se me ha seguido'. El dolor del rey en este caso era doble, por la pérdida, y por no hallarse junto a su esposa en el momento de la muerte. 33 Detalladas en este caso en la relación titulada: Honras de la Reyna doña Ysabel de Vorbón nuestra señora y todo lo que tocó a ello en Burgos, conservada en el Archivo Municipal de la ciudad. Está incluida en el Libro de Actas Municipales correspondiente al año 1644, con una extensión de 8 folios, los que van del 269 al 276 v?. La relación viene anunciada en el primer folio: 'Está a lo húltimo de este libro la Relaçión de las Honrras que esta ciudad hizo por la Reyna Doña Ysauel de Borbón nuestra señora en 6 y 7 de Diciembre de este año de 1644. Murió jueues 6 de octubre de dicho año'. Presenta otro título al margen, Relaçión de las Honrras que esta ciudad hizo por la Reyna nuestra señora Doña Ysauel de Borbón. Se detecta cierto contacto entre la autoría o al menos la supervisión de esta relación con el regidor y comisario en estas honras, don Juan de Cañas. Aparece citado en primera persona en dos ocasiones, como si estuviese redactando el documento o quisiese manifestar un deseo expreso de que su nombre quedase reflejado en el texto: '(..) y lo que yo Juan de Cañas les dijo es como abajo se dirá', 'Yo don Juan de Cañas, comisario, entregué en la ciudad todos los escudos de armas...', cuando lo lógico hubiera sido, que si el que escribía hubiese sido otro, se hubiera referido a él en tercera persona - el señor Juan de Cañas entregó- y cuando toda la relación se redactó de forma impersonal: 'se obró', 'se mandó', 'se ordenó', 'convidose', 'atajose', 'dispúsose', etc. Es más, cuando al inicio de la relación se citan los caballeros comisarios para las honras de la esposa del rey Felipe IV aparece mencionado el primero de los cuatro miembros del Regimiento nombrados para esta tarea y a lo largo de la relación se cita en cinco ocasiones, el nombre propio que más se repite. 34 A. M. B. Libro de Actas Municipales de 1665, 14 de noviembre, f. 368. 35 No se detallan en que consistían, pero sirvan como ejemplo los temas de los seis certámenes poéticos convocados por la Universidad de Zaragoza con motivo de las honras de la reina Margarita de Austria: 1? Lamentación de haberse perdido una reina tan joven, 2? Epitafio para la tumba, 3? Declaración del sentimiento por la pérdida de la reina en sus estados y el de la misma Universidad, 4? Celebración del amor del rey Felipe III y de la reina Margarita, 5? Consolación al rey viudo, a sus hijos y a los reinos y 6? Composición de jeroglíficos alusivos a la muerte de la reina, ALVAR, Elena: 'Exequias y certamen poético por Margarita de Austria', en Archivo de Filología Aragonesa, XXVI-XXVII, 1980, pp. 225-389, p. 232. 36 Aspectos a glosar en el certamen convocado para solemnizar las exequias del rey Felipe IV, A. M. B. Libro de Actas Municipales de 1665, 14 de noviembre, f. 368. 37 ALASTRUÉ CAMPO, Isabel: Alcalá de Henares y sus fiestas públicas. (1503 - 1675). Universidad de Alcalá de Henares. Madrid, 1990, pp. 85, 153, 156. 38 BARRIOCANAL, Yolanda: Exequias reales en la Galicia del Antiguo Régimen, poder ritual y arte efímero. Vigo, 1997, p. 125. 39 Sobre este autor existe abundante bibliografía: JULIÁ, Eduardo: 'Un manuscrito notable. El sacristán de Vieja Rúa, Poeta burgalés', en Tip. de Archivos, Madrid. 1929. HERGUETA Y MARTÍN, Domingo: 'El Sacristán de Viejarrúa', en Boletín de la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos de Burgos. Año 4, n?. 11, 1925, pp. 341 - 351. GARCÍA SAINZ DE BARANDA, Julián: 'Ascendencia y oriundez del Sacristán de Viejarrúa', en Boletín de la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos de Burgos. Año 7, n?. 22, 1928, pp. 272 - 274. GARCÍA RÁMILA Ismael: 'Del Burgos de antaño: nuevos e interesantes datos sobre la persona y la familia del Sacristán de Viejarrúa', en Boletín de la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos de Burgos. Año 26, n?. 98, pp. 279 - 296 y año 26, n?. 99, pp. 349 - 363. HERNÁNDEZ VICENTE, Esteban: Rimas del Sacristán de Viejarrúa. Calas entorno a la poesía de este poeta burgalés del siglo XVII. Burgos, 1995. 40 El espejo es una imagen muy utilizada en los jeroglíficos que se colocaban en los túmulos. En sus Empresas políticas, Saavedra Fajardo se refiere al príncipe como el 'espejo público (..) en quien se mira el mundo' y señala que ya el rey Alfonso X en sus Partidas a la hora de tratar sobre los reyes y sus acciones indicaba 'que son como el espejo en que los omes ven su semejanza de apostura', Empresa 33, p. 216. VARELA, J: La muerte del rey: el ceremonial funerario de la monarquía española: 1500-1885. Madrid, 1990, p. 111:'símbolo del conocimiento de sí y del verdadero destino del ser humano; espejo de su reino tenía que ser el soberano, terso y sin mácula, donde pudieran mirarse las costumbres de sus vasallos'. 41 Estos fenómenos astronómicos, cometas y eclipses, estaban considerados como portadores de malos presagios, anunciadores de alguna desgracia, especialmente de la muerte de los reyes. De esta forma lo expresaba el embajador del rey Luis XIII de Francia en la corte madrileña, el mariscal de Basompierre: 'Me parece que el cometa de que nos burlamos en San Germán no era para tomarlo a burla, pues ha puesto en tierra en dos meses un papa, un gran duque y un rey de España', Carta del mariscal de Bassompierre al duque de Luynes, Madrid, 31 de marzo de 1621, en GARCÍA MERCADAL, J: Viajes de extranjeros por España y Portugal. Junta de Castilla y León, 1999, Tomo III, p. 215. El romano pontífice era Paulo V, el gran duque de Florencia, Cosme II de Médicis y el rey de España Felipe III. Algo tomado a chacota por este embajador ante una concatenación semejante de defunciones de magnates y potentados europeos le hace replantearse el asunto. De la misma forma en la relación burgalesa de las honras de la reina Mariana de Austria se asocia su enfermedad y muerte con un eclipse lunar: '(..) murió la reina madre nuestra señora doña Mariana de Austria, de enfermedad de un zaratán y tabardillo, entre once y doce de la noche, a tiempo que hubo un gran eclipse de luna', A. M. B. Hi. 3.672. Relación de las honras de la reina Mariana de Austria. 42 CERVANTES, Miguel de: El ingenioso caballero don Quijote de la Mancha. RBA Editores. S. A. Barcelona, 1994, Libro II, capítulo 20, p. 777: 'No es segador que duerme las siestas; que a todas horas siega, y corta así la seca como la verde yerba'. Cervantes pone estas palabras en boca de Sancho Panza para referirse a la sempiterna esquelética muerte con su afilada guadaña, imagen difundida tanto en obras literarias como en obras escultóricas y pictóricas (por ejemplo el 'in ictu oculi' de Juan Valdés Leal en el Hospital de la Caridad de Sevilla, su personificación en las 'danzas de la muerte', o en el carro de los 'Triunfos de Petrarca'). Con el cortar tanto hierba verde como seca el autor redunda en las ideas que han quedado reflejadas en este tipo de poemas fúnebres, la de la fugacidad de la vida y la crueldad de la muerte, que no respeta edades, llevándose tanto a jóvenes como a mayores, al 'cordero como al carnero'. 43 El autor aplica a Felipe IV el mismo epíteto que empleó en un soneto para referirse a su padre, Felipe III, 'sol de España', a los que se añaden otros como 'Çésar', 'invençible Marte', -calificativo éste que fue empleado para elogiar al cardenal infante en otro de sus poemas compuesto para solemnizar las exequias del excelso hermano del rey-, o se refiere a él como el 'mayor monarca que el suelo humilde adora y reuerençia'. 44 ELLIOTT, J. H: El Conde - Duque de Olivares. Barcelona, 1998, p. 702. 45 ORSO, Steven N: 'Praising the Queen: The Decorations at the Royal Exequies for Isabella of Bourbon', en The Art Bulletin, LXXII, 1990, pp. 51-73. MONTANER LÓPEZ, Emilia: 'The last tribute to Isabella of Bourbon at Salamanca', en Journal of the Warburg and Courtauld Institutes, LX. Londres, 1997, pp.164-193. 46 MONTANER LÓPEZ, Emilia: 'The last tribute to Isabella of Bourbon at Salamanca'..art, cit, p. 184. 47 ALLO MANERO, Adelaida: Exequias de la Casa de Austria en España, Italia e Hispanoamérica. Zaragoza, 1993, p. 696. 48 VIFORCOS MARINAS, M?. Dolores: 'Fray Hernando de Valverde, O. S. A y las exequias de Felipe III en Lima', en Archivo Agustiniano (Valladolid), 78, 1994, pp. 249-278, p. 270. 49 LÓPEZ CANTOS, Ángel: Juegos, fiestas y diversiones en la América española. Madrid, 1992, p. 126. 50 CAMPO GUTIÉRREZ, Ana de et altri: Vidas de mujeres del Renacimiento. Barcelona, 2008. 51 ARTEAGA, Almudena de: Beatriz Galindo, la Latina. Maestra de reinas. Ed. Edaf, 2007. 52 MÁRQUEZ DE LA PLATA Y FERRÁNDIZ, Vicenta María: Mujeres renacentistas en la Corte de Isabel la Católica. Madrid, Ed. Castalia, 2005. 53 MARMOLEJO LÓPEZ, Isabel: Mujeres en la Historia de España (dir.) por MARTÍNEZ, Cándida et altri, Barcelona, 2000, p. 266 54 FERRER VALS, Teresa: Corte Virreinal, humanismo y cultura nobiliaria en la Valencia del siglo XVI, en E. Berenguer (coord.): Reino y ciudad. Valencia en su historia. Madrid, Fundación Caja Madrid, 2007, pp. 185-200. 55 HIDALGO OGÁYAR, Juana: Doña Mencía de Mendoza, Marquesa del Zenete, Condesa de Nassau y Duquesa de Calabria, ejemplo de mujer culta en el siglo XVI, en La Mujer en el arte español. Actas, Madrid, 1997, pp. 93-102. 56 Vid. el Capítulo: El papel de la mujer como promotoras artística. 57 Testamento de Doña María Manrique, Marquesa de Cañete. Dictado el 15 de mayo de 1568. Archivo de Protocolos de Madrid (APM), n? 273, f. 912-948. 58 VILELA GALLEGO, Pilar: Felipe IV y la condesa de Paredes: una colección epistolar del Rey en el Archivo General de Andalucía. Sevilla, consejería de Cultura, 2005. 59 SEBASTIÁN, Jorge: Espacios visuales del poder femenino en la Corte de los Austrias, en Historia de las Mujeres en España y América Latina. Vol. II: El Mundo Moderno. Isabel Morant (Dir.) Cátedra, 2? ed. Madrid, 2006, pp. 437-456. 60 SANDOVAL, Prudencio de: Crónica del Emperador Carlos V. 1604- 1606. 61 SEGURA GRAIÑO, Cristina: Las Mujeres y las guerras en las sociedades preindustriales, en NASH, Mary y TAVERA, Susanna (eds.): Las Mujeres y las guerras: el papel de las mujeres en las guerra de la Edad Antigua a la Contemporánea. Barcelona, Icaria, 2003. Actas del VIII Coloquio Internacional de la Asociación Española de Investigación Histórica de las Mujeres (AEIHM), celebrado en Barcelona en mayo de 2000, p. 147- 169. 62 MARTÍN CASARES, Aurelia: De pasivas a beligerantes: Las Mujeres en la guerra de las Alpujarras, en NASH, Mary y TAVERA, Susanna (eds.): Las Mujeres y las guerras: el papel de las mujeres en las guerra de la Edad Antigua a la Contemporánea. Barcelona, Icaria, 2003. Actas del VIII Coloquio Internacional de la Asociación Española de Investigación Histórica de las Mujeres (AEIHM), celebrado en Barcelona en mayo de 2000pp. 132- 146. 63 MARTÍN CASARES, Aurelia: De pasivas a beligerantes: Las Mujeres en la guerra de las Alpujarras, en NASH, Mary y TAVERA, Susanna (eds.): Las Mujeres y las guerras: el papel de las mujeres en las guerra de la Edad Antigua a la Contemporánea. Barcelona, Icaria, 2003. Actas del VIII Coloquio Internacional de la Asociación Española de Investigación Histórica de las Mujeres (AEIHM), celebrado en Barcelona en mayo de 2000pp. 132- 146. 64 SEGURA GRAIÑO, Cristina: art. cit., en NASH, Mary y TAVERA, Susanna (eds.): Las Mujeres y las guerras: el papel de las mujeres en las guerra de la Edad Antigua a la Contemporánea. Barcelona, Icaria, 2003. Actas del VIII Coloquio Internacional de la Asociación Española de Investigación Histórica de las Mujeres (AEIHM), celebrado en Barcelona en mayo de 2000, p. 159. 65 SEGURA GRAIÑO, Cristina: Las mujeres y el poder real en Castilla. Finales del siglo XV y principios del siglo XVI, en Las mujeres y el poder. Representaciones y prácticas de vida. Madrid, 2000, pp. 135-146. 66 BRANTÔME, Pierre de Bourdeille, Seigneur de (1614): Ouvres complètes. 11 vols. París, versión: Chez P. Jannet, Librairie, 1808. Tomo XII, pp. 394-95. 67 Parece que sus Memorias fueron escritas por Juan Bautista de Arteaga, uno de los personajes clave en la vida de la monja alférez, con el que se encontró el 14 de agosto de 1601. En estas Memorias es difícil distinguir la realidad de la ficción. 'La autobiografía de Catalina es un texto breve, que se lee rápido, con mucho ritmo, pero del que no se pueden extraer ni sus pensamientos ni los motivos que le impulsaron a llevar esa vida. No se sabe por qué Catalina decidió vivir como un hombre. El manuscrito se publicó por primera vez en París en 1829 y fue traducido a varios idiomas. Pronto surgieron también adaptaciones, como la de Thomas de Quincey, así como obras de teatro y películas. 68 HALE, J. R.: Guerra y sociedad en la Europa del Renacimiento, 1420-1620. Madrid, 1990. 69 Decreto del Señor General en Jefe de este Ejército, Don Francisco Javier Castaños. Cuartel General de Utrera a 27 de Junio de 1808. (Documentos referentes a la Guerra de la Independencia prestados por el archivo del duque de Pastrana al Depósito de la Guerra para la Sección de Historia, destinados a la redacción de la historia de dicha guerra.) Archivo Histórico Nacional, Diversos-Colecciones, 91, n. 41. Vid. http://pares.mcu.es/GuerraIndependencia/ImageServlet. consulta 3.XI.2009 70 SEGURA GRAIÑO, Cristina: Las mujeres en la Frontera, en Las I Jornadas de Estudios de Frontera. Alcalá la Real, pp. 633-643. 71 Según Hale, en Siena en las guerras del Imperio del siglo XVI, las mujeres de cualquier clase social, incluso nobles, estaban obligadas a dejar las tareas domésticas y a acudir a las murallas bajo pena de muerte. Vid. HALE, J. R.: Guerra y sociedad en la Europa del Renacimiento, 1420-1620. Madrid, 1990. 72 SAAVEDRA VÁZQUEZ, María del Carmen: Guerra, mujeres y movilidad social en la España Moderna: el ejemplo de María Pita, en Entre Nós. Estudios de Arte, Xeografía e Historiia en homenaxe ó profesor Xosé Manuel Pose Antelo. Universidad de Santiago de Compostela, 2001, pp339-357. 73 FARGE, A.: La amotinada en DUBY, G. y PERROT, M.: Historia de las mujeres en Occidente, Tomo III. Madrid, 1972, pp. 503-520. 74 SANTOS DE MARTÍ, María Victoria: Mujeres en el campo de batalla. Grandes heroínas de la historia de España. Madrid, Ciudadela, 2009. 75 SAAVEDRA VÁZQUEZ, María del Carmen: María Pita y la defensa de La Coruña en 1589. La Coruña, 1989. Vid. También DAVIÑA SAINZ, S.: Nuevos relatos sobre el cerco de 1589. La Coruña, 1997. 76 Memorial de Agustina de Aragón al Rey. Sevilla, el 12 de agosto de 1810. 77 Cartas de amor entre militares franceses y mujeres españolas. 1809 / 1810. AHN, Estado, Leg. 3100. 78 MÁRMOL CARVAJAL, Luis del: Historia del sic rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada. Edición digital: Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2001, p. 97. Edición digital a partir de Biblioteca de Autores Españoles: historiadores de sucesos particulares, tomo I, Madrid, M. Rivadeneyra, 1852, pp. 123-365. Biblioteca General de la Universidad de Alicante. Sig.FL RS/284. 79 MÁRMOL CARVAJAL, Ibidem., p. 96. 80 AHN, Consejos, 17790, EXP.4, 9 de junio de 1808. 81 Benito Arias, Madrid, 24 de Marzo de 1808. Ocurrencias y encuentros entre los vecinos y los soldados franceses. AHN, Consejo, 11901, Exp. 14. 82 AHN, Consejos, 5512, Exp. 13. 83 DEFOE, Daniel: Memorias de guerra del Capitán George Carleton. Los españoles vistos por un oficial inglés durante la Guerra de Sucesión. Viajeros ingleses por España (Lletres Valencianes n?10 - Junio de 2003) 84 Real Orden sobre las concesión de pensiones a la mujer e hijos de Pablo Lucas Mayol, soldado del Regimiento de Voluntarios de Palma, a la mujer de Juan Stein, soldado del Regimiento Suizo de Reding y a algunos paisanos que sirvieron como guías a las tropas del Ejército de Cataluña. AHN, Diversos-Colecciones, 140, n. 8. Del 8-01 al 27-01-1809. 85 AGUILAR, Isa, CAMACHO, Natalia, HUERTAS, Eduardo: 'Dos visiones de un conflicto: los Desastres de la guerra de Francisco de Goya y otras estampas de la Guerra de la Independencia', Estampas de la Guerra de la Independencia, Madrid, Calcografía Nacional. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid, 1996, págs. 45-47. 86 ROJAS, Rafael, 'Una maldición silenciada. El panfleto político en el México independiente', Historia Mexicana, núm. 1, vol. XLVII, México, El Colegio de México, 1997, págs. 35-67. 87 Vid. BUENO JIMÉNEZ, Alfredo: Gráfica en la Guerra de la Independencia española. Vertientes propias y paralelos con la iconografía de la Emancipación Americana. En La Guerra de la Independencia en el Mosaico Peninsular. Burgos, 2009. (en prensa) Gráfico
contexto
<p>(1) Cuando comenzó la Operación Barbarroja, el 22 de junio de 1941, Alemania lanzó al combate 154 divisiones (3.300.000 hombres en conjunto). En abril de 1942 disponía de 184 divisiones, pero estaban ligeramente por debajo de sus efectivos reglamentarios, de modo que el número de combatientes alemanes era poco mayor que el del año anterior. La contribución de los aliados de Berlín era superior en este segundo año, 52 divisiones, o sus equivalentes en 1941 y 65 divisiones en 1942.&nbsp;</p><p>(2) En conjunto, la dotación de armas automáticas de la infantería soviética puede considerarse al mismo nivel o, quizá, un poco inferior al de los alemanes. La artillería soviética se mostró tan buena como la alemana, aunque fue muy superior en número. Las fuerzas blindadas soviéticas contaron con un modelo de carro de gran calidad T-34 superior a los Mark III y a los Mark IV alemanes durante 1941; las mejoras introducidas en los tanques alemanes anularon las ventajas del T-34 equilibrando las calidades en 1942. La aviación alemana, aunque inferior en número a la soviética, era tecnológicamente más avanzada y estaba mucho mejor adiestrada para colaborar estrechamente con las fuerzas de tierra. Dominó los cielos soviéticos hasta diciembre de 1942. El equipo de verano de la infantería alemana puede estimarse como ligeramente mejor que el soviético (sobre todo su calzado), pero el equipo de invierno del ejército soviético era excelente, mientras que el alemán no estaba pensado para temperaturas de hasta 40° bajo cero; añádase a esto que, tanto en 1941 como en 1942, la imprevisión de Berlín juzgó que habría terminado sus campañas antes de la llegada del invierno y sus ejércitos fueron sorprendidos con equipo de verano por el tremendo invierno soviético.&nbsp;</p><p>(3) Los aliados alemanes contribuyeron a la campaña de 1942 con 65 divisiones: Finlandia, 18 en el frente norte, Rumania, 25, Italia, 10, Hungría, 10, además de la española División Azul y la Legión croata. El valor que el Estado Mayor alemán daba a estas divisiones era tres por dos alemanas, a causa de su inferior adiestramiento, equipo o mando. Al comenzar la ofensiva de 1942, en el frente sur había 26 divisiones de los aliados de Berlín; en julio eran 36 y cuando comenzó la ofensiva soviética del 19 de noviembre de 1942 ya eran 46 que, total o parcialmente, fueron destrozadas.&nbsp;</p><p>(4) El mariscal List, que mandaba el grupo de ejércitos "A", fue destruido el 10 de septiembre ante la lentitud del avance de sus ejércitos. Hitler no designó sucesor y pretendió dirigir él mismo las operaciones desde la retaguardia, dificultando mucho la coordinación del I Ejército blindado y del XVII Ejército, que componían el grupo "A".&nbsp;</p><p>(5) Tan fácil vio Hitler la ocupación del Cáucaso que no integró al XI Ejército (Manstein) en los ejércitos "A", tal como había prometido. De esta forma, los alemanes intentaron esta conquista con un total de 20 divisiones (15 alemanas) y sus desgastadas tropas acorazadas no sumaban más de 300 tanques operativos en septiembre.&nbsp;</p><p>(6) Mientras las tropas soviéticas eran empujadas por las alemanas hacia el interior del Cáucaso, las autoridades políticas movilizaron a 150.000 civiles, que en dos meses de trabajo hablan construido unos 100.000 puestos defensivos, más de 800 kilómetros de obstáculos contra la infantería y más de 1.500 kilómetros de trincheras.&nbsp;</p><p>(7) El grupo de ejércitos de Stalingrado, al mando del general Leremenko, agrupaba a los ejércitos que defendían la ciudad (62° y 64°), más los ejércitos 57 ° y 51 °, dos cuerpos motorizados y un cuerpo de caballería.&nbsp;</p><p>(8) El 19 de noviembre, el VI Ejército de Von Paulus disponía de más de 200.000 hombres, unos 150 tanques, cerca de 5.000 piezas de artillería y los aeródromos militares del grupo de Ejercitos "B" parecían esencialmente dispuestos a atacar la ciudad. Por otro lado, el IV Ejército blindado, general Hoth, retirado de Kotelnikovo para su reorganización, disponía de unos 300 tanques y se hallaba a más de 100 kilómetros de las zonas atacadas. Por tanto, las fuerzas acorazadas soviéticas no tuvieron enfrente durante los primeros días de lucha ni 200 carros de combate alemanes. La ofensiva de Vatutin y Rokossovsky contra el III Ejército rumano puso en acción más de 500 tanques, que sólo fueron obstaculizados en un primer momento por 84 blindados alemanes.&nbsp;</p><p>(9) La cifra de los emboscados en Stalingrado es muy controvertida. Al VI Ejército de Von Paulus se le unieron en la retirada o desbandada restos de otras unidades alemanas, rumanas y croatas y abundante personal administrativo. Su número será imposible de precisar: la mayoría de tales unidades ya nunca fueron encuadradas. Basándose en el número de raciones demandadas se ha hablado de 330.000, pero debe considerarse que el duro racionamiento obligaba a hacer trampas y aumentar ficticiamente los efectivos; otros autores disminuyen la cifra a 280.000 o, incluso, a 250.000 basándose en unidades encuadradas, pero ya se ha dicho que muchos nunca lo fueron y vivieron y murieron en la bolsa del pillaje, la caridad de los aldeanos rusos que vivían en la zona o la lástima de las unidades combatientes.&nbsp;</p><p>(l0) En ese acarreo de suministros se hundió, además, la Luftwaffe. Todos los medios de transporte se dirigieron hacia Stalingrado y, al ser insuficientes, muchos bombarderos fueron dedicados a este menester. Ellos fueron la presa codiciada de los cazas soviéticos (que los derribó como moscas en los momentos de aterrizaje o despegue) y de la artillería soviética, que cubría con su fuego las pistas de aterrizaje y disparaba a mansalva cada vez que se posaba un aparato. Al parecer, este suministro costó a Hitler 500 aviones. Hasta entonces sus fuerzas aéreas habían dominado el aire, poco después se hallarían en inferioridad.&nbsp;</p><p>(11) Las fuerzas soviéticas hablan de 600 carros, pero esa cifra era el total de los efectivos blindados de Manstein en 800 kilómetros de frente.&nbsp;</p><p>(12) Segunda fase de la ofensiva soviética. Vatutin embistió al VIII Ejército italiano, unos 220.000 hombres con pésimo equipo, tanto de ropa como de armas (artillería anticarro que no hacía daño a las corazas de los carros soviéticos, artillería de montaña de la Primera Guerra Mundial, y tres docenas de carros "L" -latas de sardinas-, vulnerables incluso para las ametralladoras pesadas), cubrían un frente de más de 200 kilómetros. Dos cuerpos blindados soviéticos dislocaron el frente italiano, que fue cercado o empujado a una retirada enloquecida. La mitad de sus efectivos fueron muertos, apresados o perecieron en una trágica retirada de más de 100 kilómetros a pie sobre la estepa helada.&nbsp;</p><p>(13) Algunos autores calculan que entre el 23 de noviembre y el 10 de enero habían muerto 140.000 alemanes dentro de la bolsa. De hecho, la intendencia general del VI Ejército calculaba el 10 de enero que necesitaba raciones para 195.000 hombres, que son 105.000 menos que las solicitadas cuarenta días antes.&nbsp;</p><p>(14) Los trineos rusos cruzaban el Volga helado con municiones y comida caliente para sus cabezas de puente y lo hacían incluso a la luz del día. Desde sus posiciones en el río, los alemanes les permitían libremente la circulación, pues sus municiones sólo deberían emplearse para repeler los ataques. Sin embargo, las tropas soviéticas capturaron varios miles de toneladas de munición, olvidada en aquel caos o imposible de transportar hasta el frente por falta de combustible para los vehículos.&nbsp;</p><p>(15) Unos 50.000 murieron en las seis primeras semanas de cautiverio a causa de su marcha a pie hacia el campo de Bektoffka (64 kilómetros al sur de Stalingrado), del hambre o de una epidemia. Este dato ha sido esgrimido contra la URSS, pero, aparte del odio soviético contra los alemanes, debe tenerse en cuenta que los rusos estaban en plena ofensiva hacia el oeste y que, por tanto, todos sus medios de transporte estaban superempleados, que el propio ejército ruso pasaba hambre, pese a la frugalidad de sus soldados y que la mayoría de los prisioneros estaban sumamente débiles en el momento de la rendición.&nbsp;</p><p>(16) Los autores no se ponen de acuerdo en estas cifras dado el caos reinante aquellos días en el bando alemán y el que luego se produjo en !os archivos de algunos implicados (Rumania y Hungría). Miles de hombres murieron o desaparecieron sin que quedase constancia en lugar alguno. Miles de cadáveres se pudrían sobre los campos de batalla al llegar la primavera de 1943 y fueron enterrados por los campesinos soviéticos, etcétera. Ciñéndose a Stalingrado y su frente podría estimarse: - Ataque alemán que concluye con el cerco de la ciudad y luchas en ésta durante los meses de agosto, septiembre y octubre. Bajas alemanas, 210.000 hombres (90.000 muertos); bajas soviéticas, 250.000 (140.000 muertos) - Ataques soviéticos de noviembre-diciembre de 1942 y contraataques de Manstein. Bajas alemanas, 60.000 (20.000 muertos); aliados alemanes, bajas 400.000 (100.000 muertos); bajas soviéticas, 140.000 (60.000 muertos). - Bolsa de Stalingrado (23 de noviembre de 1942-3 de febrero de 1943). Bajas alemanas y aliadas: 300.000 (150.000 muertos); bajas soviéticas: 100.000 (40.000 muertos). El total resulta aterrador: 1.470.000 hombres murieron, desaparecieron, fueron heridos o quedaron prisioneros. De ellos, unos 600.000 perdieron la vida. Los autores manejan cifras dispares, que difieren de éstas en más-menos 200.000 para las bajas y en más-menos 100.000 para los muertos. Incluso hay quien, contabilizando las bajas producidas entre la población civil, eleva las bajas a casi dos millones de personas e, incluyendo a los prisioneros muertos en los campos de concentración, habla de que un millón de seres perdieron la vida.</p>
contexto
(1) Por vez primera en toda la guerra, los ejércitos soviéticos comenzaron a tener apreciables medios de transporte de todo tipo. En esta ofensiva contarán con más de 50.000 camiones -en buena parte de construcción norteamericana-, con un número no determinado de transportes blindados de personal, con más de 3.000 cañones autopropulsados y con unos 9.000 tanques. En suma, puede considerarse que las fuerzas mecanizadas soviéticas podían tener unos 20.000 blindados de todo tipo y medios de transporte para más de millón y medio de hombres; con estos datos se puede explicar lo que se le vino encima a Hitler y la velocidad del avance soviético. (2) La división alemana al completo de efectivos estaba entre 18.000-20.000 hombres. Estas divisiones, por término medio, se hallaban a 2/3 de sus efectivos en el momento de la ofensiva soviética, No es muy fácil precisar con fiabilidad absoluta el número de divisiones que tenía Alemania en el frente del Este el 22 de junio de 1944, pues los diferentes grupos de Ejércitos debieron ceder unidades ante la invasión aliada de Francia y se produjeron trasvases entre ellos, y de retaguardia acudieron rápidamente tropas de refresco a taponar los huecos que se produjeron entre junio y julio... (3) Cuando en Berlín calculan sus bajas, al hablar de la pérdida de una división hablan de unas 13.000 bajas -muertos, heridos, prisioneros-. Para elaborar este cálculo nos hemos llevado por esa indicación. Es posible, que la cifra pueda elevarse un poco más, quizás hasta los 2,5 ó 2,6 millones de hombres, calculando las tropas no regulares estonias, letonas y lituanas. De esta cifra hay que calcular que más de medio millón eran extranjeros, rumanos y húngaros sobre todo, pero también ucranianos, letones, lituanos y un sinfín de voluntarios europeos, desde franceses, italianos, belgas, holandeses, noruegos,... En estas cifras no se incluyen las tropas finlandesas. (4) Una división panzer contaba al completo de sus efectivos con 160 carros medios y pesados, más un número menos concreto por lo fluctuante durante toda la guerra- de vehículos ligeros de exploración, transportes blindados de personal, cañones de asalto, cazacarros, cañones autopropulsados, etc. En el mejor de los casos, las divisiones alemanas blindadas estaban, como la infantería, a los dos tercios de su potencial, por lo que, a lo sumo, contarían en junio de 1944 con 3.500 o 4.000 vehículos. Peor era, sin embargo, la situación en el aire, donde los alemanes no podían hacer volar ni 4.000 aparatos. El dominio soviético en este aspecto será abrumador y pulverizarán a divisiones blindadas alemanas enteras antes de que consiguieran llegar a sus lugares de combate. (5) Efectivamente, Govorov había tenido un fuerte desgaste en su fulgurante galopada, estaba lejos de sus bases de partida y la resistencia en la zona occidental del frente se había incrementado con los refuerzos llegados de Carelia. Por otro lado, no podía recibir refuerzos, pues Moscú concentraba el grueso de su poder en otro punto. (6) Finlandia había solicitado 6 divisiones, artillería antitanque, antiaéreos, carros y aviones... Recibió una división, una brigada de cañones de asalto, con 60 máquinas, algunos anticarros y antiaéreos. (7) Aunque parezca increíble, así fue al comienzo. El 22 de junio la VI flota aérea (von Greim) pudo poner en el aire tan sólo 24 cazas y menos de 100 bombarderos de todo tipo; más grave aún: estaba escasísimo de combustible. (8) Las ciudades fortaleza fue una de las más disparatadas genialidades de Hitler, que obligando a defender esos puntos condenaba unidades importantes al aniquilamiento y abría enormes boquetes en su frente -los espacios que dejaban de cubrir tales unidades encerradas en las ciudades-. Y no conseguía nada en absoluto. Lo que tenían de sobra los soviéticos eran unidades de infantería con poco equipo móvil y escasa preparación, muy aptas para estos asedios, en los que se curtían los soldados y cobraban gran moral, pues su victoria, aunque fuese por hambre y agotamiento de los defensores, era segura. Efectivamente, en las ciudades en que se ensayó ese sistema durante la última semana de junio de 1944 la resistencia no duró más allá de 6 ó 7 días: los defensores combatían en una tremenda inferioridad numérica, material y moral, conocedores de que el frente se hallaba ya a más de 100 o 200 kilómetros y que, por tanto, su sacrificio era completamente inútil. (9) En la retaguardia del Grupo de Ejércitos Centro se calcula que operaban un cuarto de millón de guerrilleros: eran rusos blancos, ucranianos, polacos, judíos y hasta checoslovacos. No sólo causaron grandes trastornos en la retaguardia alemana en vísperas de este ataque, sino que destrozaron a centenares de pequeños grupos de combatientes que se retiraban hacia el Oeste tras la serie de derrotas de junio julio de 1944. (10) Heinrici realmente no mandaba el IV Ejército alemán durante su aplastamiento entre Orsha y Mogilev, pues se hallaba de baja y le sustituía Tippelkirch, que fue confirmado más tarde como jefe de unos pocos restos de aquel naufragio. (11) El general Lindemann, jefe del Grupo de Ejércitos norte, acudió a Hitler cuando el hundimiento del Centro alemán era un hecho para pedirle que retirara a sus ejércitos de la Posición Pantera y los situara tras el Dvina, ya que su flanco derecho estaba al descubierto por la desaparición casi absoluta del III Ejército Panzer. Era razonable lo que pedía el general y más después de haber tenido que ceder la cuarta parte de sus efectivos al grupo Centro para remendar sus agujeros, pero Hitler no cedió, atrincherándose tras una razón política y otra militar: si abandonaban, los finlandeses llegarían inmediatamente a una paz separada con Moscú y, por otro lado, según recalcaba Dönitz, si se abandonaba el Golfo de Finlandia, la marina soviética entraría en operatividad impidiendo el adiestramiento de los submarinos en el Báltico. Ambas eran razones importantes, sin duda, pero preferibles: si se hundía el Grupo de Ejércitos Norte, como inevitablemente debería suceder en aquella situación, se producirían los temores de Hitler y de Dönitz, y se perdería buena parte de un ejército y de sus armas. Hitler destituyó a Lindemann y nombró como jefe a Friessner. (12) La lluvia de reveses fue terrible para los alemanes en julio. El 13 perdían Vilna, el 14 Minsk, el 16 Grodno, el 23 Lublin, el 27 Bialystok, el 28 Brest Litovsk, el 31 llegaban los soviéticos a los arrabales de Varsovia... (13) Aunque está claro que Speer fantaseaba un poco y que jamás se lograron esas cifras de producción, no es menos verdad que en esos meses las fábricas del III Reich funcionaron con asombrosa eficacia, produciendo las cifras más altas de armas de toda la guerra y los productos tecnológicamente más avanzados, aunque su calidad se resintiera por falta de materias primas y falta de control en las fábricas. (14) Allí llegaron, en su habitual misión de apagafuegos las divisiones panzer Herman Göering, la Totenkopf y la Wiking -estas dos últimas de las SS- y la Grossdeutschland, una de las mejores unidades acorazadas que tuvo Alemania. (15) La misma jerga, la misma parafernalia fascista: Duce, Führer, Caudillo, Conducator... (16) El boletín informativo emitido por Moscú decía: "Jassy, capital de Moldavia, está en poder de las tropas del Segundo Frente de Ucrania. El enemigo ha sufrido terribles pérdidas 25.000 muertos; 12.655 prisioneros; 187 tanques y 926 cañones destruidos o capturados..." (17) A la misteriosa muerte del rey Boris de Bulgaria le sucedió un consejo de regencia durante la minoría de edad del rey Simeón II. Bulgaria había suscrito el Pacto Anticomintern en noviembre de 1941 y en diciembre declaró la guerra a Estados Unidos y a Gran Bretaña, pero no a la URSS. (18) Löhr contaba con cuatro cuerpos de ejército, prácticamente al completo, esto es, unos 300.000 hombres, a los que hay que añadir 150.000 más pertenecientes a la aviación, la marina y la defensa antiaérea. (19) La retirada fue hecha en condiciones dificilísimas, con algunos aviones y unos pocos buque lentos e indefensos, que hubieran sido hundidos por los británicos de no haber mediado un acuerdo. Speer cuenta en sus memorias que, a cambio, los alemanes se comprometieron a defender Salónica de los soviéticos hasta que hubieran llegado allí los británicos. Cuando terminó la operación que había sido propuesta por Jodl, Hitler comento: "Es la última vez que nos prestamos a una cosa así". (20) En el Báltico mostraron su utilidad -recuérdese que Hitler quiso desmantelarlos a comienzos de 1943- los grandes buques alemanes, operando contra las costas dominadas por !os soviéticos, avituallando a las tropas embolsadas, protegiendo su retirada, etc. En esas labores participaron el crucero Prinz Eugen y los acorazados de bolsillo Sheer y Lützov, así como una docena de destructores y lanchas rápidas.
contexto
(1) Las bajas norteamericanas en el cruce del Rápido fueron de 1.681 muertos, heridos y desaparecidos (entre ellos, como se supo después, 875 prisioneros). A eso había que añadir los intentos frustrados realizados a partir del 16 de enero, luego del bombardeo masivo del monte Trochio y su posterior abandono por los alemanes, en el cruce del Garellano, abajo del Rápido, y efectuado por el 10.° Cuerpo británico de McCreery (Divisiones 5.?, 46.? y 56.?), que fue otro sangriento fracaso, saldado con cerca de 2.000 bajas.(2) Al término de la conquista de Sicilia, Hitler pensó enviar al tambaleante frente italiano un hombre enérgico y de prestigio que galvanizase a las tropas y diese la vuelta a la apurada situación militar. Ese hombre no podía ser otro que Erwin Rommel, que aseguraba ser indefendible la península italiana ante el poder aéreo absoluto de los aliados y las inevitables operaciones anfibias que irían recortando las líneas de defensa germanas. Hitler, que no quería finales anticipados, desplazó a Rommel diciéndole irónicamente: "Es mejor que no vaya a usted a Italia, los italianos no le quieren. No le pueden perdonar el que fuese usted el único que les llevó a la victoria". En consecuencia Kesselring obtuvo el mando, y el Grupo de Ejércitos pasó a ser el C, mientras era destinado poco después a Francia a la cabeza del B.(3) En la primera oleada de Anzio, había soldados ingleses y americanos en la misma proporción. Las fuerzas británicas comprendían la 1.? División de Penney, la 2.? Brigada de Servicios Especiales (compuestas por dos batallones de comandos) y el Regimiento de carros 46.°, las americanas de Truscott eran la 3.? División, junto con un batallón acorazado, otro de paracaidistas y tres batallones de Rangers.(4) Los alemanes habían evacuado a la población civil y en las abandonadas casas sólo permanecían varias compañías de destino y un batallón en período de descanso. En total, cerca de 2.000 hombres. Estos soldados, sin armamento adecuado ni mandos que los dirigiesen, se pusieron a salvo retirándose a toda prisa hacia el interior.(5) Esta, al menos, era siempre la referencia que hacía Lucas del caso, a raíz de las investigaciones motivadas por el fracaso de Anzio. Clark por su parte, en su obra Calculated Risk, mantiene, evidentemente, una opinión diferente.(6) En el desembarco de Salerno -Operación Avalanche del 8 al 9 de septiembre de 1943, justo horas después del anuncio de la rendición italiana al general Eisenhower- participaron dos Cuerpos de Ejército, el 10.° británico (División 46? y 56?), junto con los Rangers de Darby -tres batallones- y dos unidades de los comandos de Laycok y el 6.° USA, de Dawley (Divisiones 45.? y 36.? Texas: posteriormente cuando se hubiese ocupado el puerto de Nápoles, llegarían la 1.? acorazada americana, la 34.? y la 3.? de igual modo que la 7.? Acorazada británica desembarcaría al sexto día de la invasión). La oposición fue débil en principio, ya que los mandos alemanes, incluido Kesselring, esperaban un desembarco mucho más cerca de Roma, incluso en Yugoslavia, como temía el propio Hitler. Los alemanes, sorprendidos por la rendición italiana, reaccionaron ocupando las defensas costeras abandonadas por sus antiguos aliados. Disponían de 75.000 hombres en las proximidades de la zona de invasión. Von Vietinghoff, que fue el único en suponer un desembarco aliado entre Creta y Salerno, movilizó rápidamente a los 14.° y 71.° Panzerkorps, mientras los 17.000 hombres de la reforzada 1.? División de paracaidistas permanecían en Foggia. El 13 de septiembre Vietinghoff atacó con violencia en la brecha existente entre los dos Cuerpos de Ejército aliados por Vietri, Battipaglia y Eboli. Durante todo ese día y el siguiente, la catástrofe planeó sobre los efectivos aliados, de espaldas al mar. Se utilizó incluso, a la desesperada, el lanzamiento de parte de la 82.? Aerotransportada detrás de las líneas germanas. Fue otro fracaso. Finalmente, gracias al apoyo aeronaval y al desfonde final de los alemanes, que no pudieron romper la última línea de resistencia americana en la confluencia de los ríos Sele y Calore, se mantuvo el frente. El 17, dándose cuenta de que no podía arrojar al enemigo al mar, Vietinghoff ordenaba la retirada hacia la línea del Volturno. En los veintiún días que transcurrieron hasta la caída de Nápoles, el V Ejército de Clark tendría que lamentar 12.000 bajas.(7) En la lucha por Creta -del 20 al 28 de marzo de 1941-, Freyberg, aislado de todo apoyo aéreo y naval, cedió al fin la posesión de la isla ante el asalto masivo de los paracaidistas de la 4.? División de Student. Fue la primera operación aerotransportada de la historia en que se empleaban medios tan numerosos. Pero las bajas fueron tremendas. Más de 4.000 muertos y 3.000 heridos entre los paracaidistas alemanes. Freyberg, que tenía bajo su mando 32.000 hombres -de estos 10.000 griegos-, pudo evacuar algo menos de la mitad -las bajas totales incluyendo los prisioneros, muy numerosos, ascendieron a 18,600 pese al acoso de la Luftwaffe, particularmente efectiva en estas acciones, que culminaron con la pérdida de tres cruceros, seis destructores y 44 transportes para los ingleses.(8) El vuelo de reconocimiento de Wilson y su adjunto, Jacob Devers, se efectuó en un aparato de control de tiro de la artillería, una lentísima Cessna, a sólo 75 metros de altura sobre la abadía. Entre las numerosas figuras que los dos jefes aliados pudieron ver en los patios -estaban allí refugiadas cerca de 1.300 personas, habitantes de Cassino en su mayor parte- es posible que hubiera algún grupo de soldados alemanes, que realizaban metódicas revisiones de la abadía -pese a que se ha insistido en que por el monasterio no aparecían-, pero de ahí a la confirmación de defensas -inexistentes, como lo demuestran todos los testimonios- y hasta de antenas de radio iba un abismo.(9) Minutos después, llegaba una segunda oleada de bombarderos medios Mitchell y Marauder. Los 47 B-25 y 45 B-26 lanzaron otras 110 toneladas de alto explosivo.(10) El 29 de febrero, Kesselring lanzó su postrer intento por desmoronar la cabeza de puente de Anzio. Amparados por una meteorología favorable, los alemanes volvieron a avanzar, presionando intensamente las líneas aliadas. Sin embargo, éstas no cedieron más que posiciones insignificantes, y el 2 de marzo, dominados por un cielo despejado que puso en el aire a 250 Fortalezas Volantes y 180 caza-bombarderos, los alemanes se replegaron definitivamente, tras sufrir 3.500 bajas y perder 30 carros.(12) Sobre este punto véase la obra de Charles B. Burdick, Germany's military strategy and Spain in World War 11, New York, 1968, págs. 35 y ss.(13) Antonio Marquina, "Franco quiso participar en la Segunda Guerra Mundial", diario El País, 19, 21, 22 de noviembre de 1978, y la polémica consiguiente con Ramón Serrano Suñer en el mismo diario, 26, 28, 29 de noviembre, 15 y 23 de diciembre de 1978. Aquí se puede encontrar una densa información documental y bibliográfica que en este estudio omitimos.(14) Donald S. Detwiler and alia World War Il", German military studies, V. 7. New York and London, 1979, C-065h, pág. 3.(15) Antonio Marquina, op. cit.(16) Donald S. Detwiler and alía, op. cit., pág. 4.(17) De modo peculiar, F. O. 371/49663/5 y 13. N. A. OSS 58933, y Archives des Relations Extérieures (ARE), Serie 1939-1945, Guerre-Alger, 1269, págs 88-102.(18) ARE, Serie 1939-1945, Guerre-Alger, 1271, págs. 60-69.(19) Así lo reconoció el propio Ramón Serrano Suñer en una conversación con Mr. Malley, de la Embajada británica en 1945. F. O. 371/49663/5.(20) Véase Antonio Marquina, Aranda contra Franco), Historia 16, 72 (1982), págs. 21-30. Los británicos llegarían a contactar con treinta generales españoles.(21) Antonio Marquina, Biografía de Ramón Serrano Suñer, en la obra de Hugh Thomas, La guerra civil española, Ediciones Urbión, fascículo 102, Madrid, 1979-1980. Ángel Viñas, en Política comercial exterior en España (1931-1975), Madrid, 1979, incide en los aspectos económicos y cita un informe del Ober Kommando de la Wehrmacht donde se resalta que la capacidad económica bélica de España no le permite por ahora sostener una guerra con sus propias fuerzas, ni siquiera por un corto período de tiempo, pág, 337. Ricardo de la Cierva, en Hendaya punto final, Barcelona, 1981, da una nueva visión de estos acontecimientos, aunque esta vez el aparato crítico es más elaborado. Si bien no recoge la documentación abierta y los estudios publicados a finales de los años setenta, incluso en España.(22) Donald S. Detwiler and alia, op. cit., pág. 7.(23) Víctor Morales Lezcano, Historia de la no beligerancia española durante la Segunda Guerra Mundial, Las Palmas, 1980, págs. 80-93.(24) Antonio Marquina, Franco quiso participar en la Segunda Guerra Mundial, op. cit.(25) Charles B. Burdick, op. cit., págs. 63-97.(26) Donald S. Detwiler and alia, op. cit., pág. 11.(27) Idem, pág. 12.(28) Idem, págs. 13-21.(29) Véanse estos planes en Charles B. Burdick, op. cit. Antonio Marquina, Aranda contra Franco, op. cit., y "El plan Backbone", Historia 16, 79 (1982), páginas 11-22.(19) Antonio Marquina, Franco quiso participar en la Segunda Guerra Mundial, op. cit.
contexto
(1) Los angloamericanos tuvieron 77.000 bajas (9.000 eran muertos) y habían perdido 733 carros y 600 aviones. Los alemanes contabilizaron 81.000 bajas y perdieron 600 blindados y 300 aviones. (2) Además de los presentes, Francia y China, introducidos en el club por Gran Bretaña y USA, respectivamente. (3) Se supone que las cifras fueron minimizadas por todos. Primero por los alemanes, para no activar más el pánico; luego, por los aliados, estremecidos por la barbarie del caso. (4) El grupo de Ejércitos Vistula contaba con 37 divisiones no muy completas. (5) Los aviones angloamericanos no volverán a Berlín después del día 16 de abril de 1945. (6) Los ejércitos que quedaban en el norte de Italia y Austria sumaban 600.000 hombres; 400.000 había en Noruega; 200.000 en Kurlandia (Letonia). Cifras menores había en Dinamarca, Corintia, Estiria, islas frisonas y Hefgoland, Holanda, Dunkerque, islas normandas, Lorient, Saint Nazaire, La Rochela, islas del Dodecaneso, Rodas y Creta. En Alemania había casi un millón de soldados, una cifra similar en Checoslovaquia y unos doscientos mil en Yugoslavia. (7) Wenck había librado afortunados combates defensivos durante todo el mes de abril frente a los norteamericanos en la línea del Elba. Cuando Berlín fue cercado por las tropas soviéticas, Hitler le ordenó romper el cerco de la capital desde el exterior. Wenck, en un desesperado esfuerzo, alcanzó los arrabales de la capital, pero incapaz de avanzar más se atrincheró en espera de las fuerzas del general Busse. Este recibió la orden de Hitler de sostenerse en el Oder, con la lógica consecuencia de quedar cercado. Luego, con muchos millares de civiles junto a sus tropas, montó una bolsa ambulante que se deslizó lentamente hacia el oeste rechazando los ataques soviéticos, hasta que logró alcanzar las líneas de Wenck, cuando unos soldados apenas si eran capaces ya de andar. (8) En el caos de las comunicaciones alemanas, el almirante no sabía que a esas horas los Ejércitos III y XXI a los que trataba de salvar estaban atravesando las líneas inglesas. Montgomery negociaba duro para conseguir rendiciones inmediatas, que le permitieran mejorar sus posiciones y atrapar el máximo botín de guerra posible, evitando que cayera en manos soviéticas. (9) Tras la firma, los mandos soviéticos, que estuvieron mucho más campechanos que Eisenhower en Reims, ofrecieron una comida a la delegación alemana. Keitel, a su regreso a Flensburgo, hizo constar que el caviar y el champán habían sido de la mejor calidad. (10) No confundirle con Hans Frank, el verdugo de Polonia, ajusticiado en Nürenberg. (11) El general Vlassov, apresado por los alemanes al comienzo de la campaña de Rusia; era un convencido anticomunista que proyectó levantar un ejército de un millón de hombres para combatir a Stalin. Los alemanes colaboraron con desgana en este proyecto y el ejército de Vlassov apenas si logró dos divisiones; una de ellas, la primera división del general Buniachenko, luchó contra los alemanes en Praga, aunque luego colaboraría con ellos en su retirada. Las gentes de Vlassov, con sus jefes y oficiales, fueron entregados por los aliados a los rusos. Se calcula que el 90 por ciento fue ejecutado o murió en los campos de concentración siberianos. (12) Se trata de la línea de demarcación, trazada sobre el río Bug, que lord Curzon, Secretario entonces del Foreign Office, propuso al Consejo Supremo después de la Primera Guerra Mundial como frontera oriental de Polonia. El Consejo la aceptó el 6 de diciembre de 1919. Las tropas polacas deberían retirarse hasta la línea Curzon después de firmarse el armisticio en la guerra polaco-soviética. Se establecía de acuerdo con el criterio de las nacionalidades. Se estableció, luego, por un tratado bilateral entre la URSS y Polonia: el de Riga, en 1921.
contexto
Notas para una biografía Siempre resulta difícil describir la trayectoria vital de un hombre, mas las dificultades alcanzan cotas extremas en algunos casos. La vida de Fernando de Alva Ixtlilxochitl ofrece un buen ejemplo de ello. El autor de la Historia de la nación chichimeca no llevó a cabo grandes hechos de armas, ni alcanzó puestos destacados en la Administración Pública; fue, simplemente, un oscuro funcionario colonial, cuyo único mérito --extraordinario, por otra parte--, consistió en legar a la posteridad unos escritos que versaban sobre la historia de los tiempos antiguos. Por tanto, no debe extrañarnos que ningún escritor virreinal o decimonónico se ocupara de él. Rafael García Granados, en su monumental obra dedicada a los indígenas notables de la República mexicana, sólo recogió el testimonio del propio Ixtlilxochitl y del sabio italiano Lorenzo Boturini, quien se limitó a enumerar los diversos trabajos atribuidos a D. Fernando29. En nuestros días, se ha intensificado el deseo de conocer la vida del tetzcocano en profundidad. Los archivos han proporcionado bastantes datos; pero este tipo de investigación, frustrante y pesada --el descubrimiento de la anécdota más nimia requiere la lectura de decenas de polvorientos y gruesos legajos--, ilumina única y exclusivamente algunas facetas de la existencia de nuestro personaje. La fecha exacta del nacimiento de Ixtlilxochitl30 no se ha podido determinar con exactitud. Alfredo Chavero31 la fijó en 1568; pero, tras el descubrimiento de diversos documentos relacionados con la familia del tetzcocano, parece más lógico situar el natalicio entre 1578 y 158032. Gracias al llamado Códice Chimalpopoca, un manuscrito que perteneció a D. Fernando, conocemos gran parte de su árbol genealógico. Según se desprende de lo anotado en las guardas del documento, Alva Ixtlilxochitl nació del matrimonio formado por el español Juan Pérez de Peraleda33 y la mestiza Ana Cortés, hija de otro español, Juan Grande, y de Cristina Verdugo. Sus bisabuelos fueron Francisco Quetzalmamalitzin y Ana Cortés Iztlilxochitl; sus tatarabuelos Xiuhtototzin, señor de Teotihuacan, y Tecuhcihuatzin, quien tomó el nombre de Magdalena al recibir el bautismo34. Causa cierta extrañeza el hecho de que en esta breve noticia genealógica no se mencione la ascendencia tetzcocana de Ixtlilxochitl, ya que la bisabuela del historiador --Ana Cortés Ixtlilxochitl-- era el fruto de la unión de Ixtlilxochitl, vástago legítimo de Nezahualpilli de Tetzcoco, y de Beatriz Papatzin, hija de Cuitlahuac, penúltimo tlatoani de Tenochtitlan35. El por qué de tal exclusión responde a razones crematísticas. Poco o ningún beneficio podía obtener D. Fernando de sus regios ancestros tetzcocanos, reducidos a la miseria. Por el contrario, los parientes teotihuacanos, que habían ocupado un puesto secundario en la época precortesiana, gozaban de una cierta posición económica durante los primeros tiempos del virreinato. De la infancia del autor de la Historia chichimeca se desconoce casi todo. Probablemente, no disfrutaría de muchos lujos, ya que su padre, un honrado trabajador, carecía de rentas y debía ganar el pan de la familia laborando como maestro de obras del Ayuntamiento de México. Gracias a la poca sangre india que tenía, Alva Ixtlilxochitl pudo ingresar en el Imperial Colegio de Santa Cruz Tlatelolco. Aunque el famoso centro se había convertido en una caricatura de sí mismo, el joven Fernando obtuvo una sólida formación durante los seis años que permaneció allí36. En 1597, cuando el historiador contaba alrededor de veinte años, falleció Cristina Verdugo, cacica de San Juan de Teotihuacan. La muerte de D.? Cristina abría las puertas de la prosperidad a la familia Paraleda-Cortés, pues, a falta de herederos varones, la sucesión del teccalli37 recaía en la hija de la finada. Sin embargo, las esperanzas pronto se desvanecieron, y el ansiado cacicato comenzaría a generar mil y un problemas. El primero surgió hacia 1610, año en que la madre de nuestro cronista tuvo noticia de que algunas personas maliciosamente y con siniestra relación pretenden pedir tierras en las de su patrimonio y señorío natural, y otras que se han entrado en ellas, ocupándolas con labores, estancias y otras granjerías38. Como la familia no tenía posible para seguir pleitos ni pedirlos, Ixtlilxochitl inició los pesados trámites burocráticos para obtener el derecho de amparo. Finalmente, el 12 de septiembre de 1612, Simón de Oliva, justicia mayor de San Juan Teotihuacan amparaba y amparó a los padres de Fernando de Alva. Ese mismo año, el virrey nombró a Ixtlilxochitl juez gobernador de la ciudad de Tetzcoco. D. Fernando cumplió tan bien en el cargo que, una vez transcurrido el tiempo estipulado en el nombramiento, se le concedieron nuevos destinos. Así, entre 1616 y 1618, le encontramos ejercitando en Tlalmanalco, y, trescientos sesenta y cinco días después, en Chalco, donde residió por espacio de varios años. Hacia 1624, el sesudo historiador, el hombre que parecía sentir pasión sólo por la cosas bien hechas, tiene un hijo. Este niño, que recibirá en la pila bautismal el nombre de Juan, es el fruto de una relación ilícita, lo cual resulta bastante sorpendente en un juez gobernador. El carácter bastardo del retoño de Ixtlilxochitl se plasmaría en otro documento. ...conviene probar y averiguar como soy hijo legítimo y natural y único y universal heredero de don Fernando de Alva Isquixochitl, ya difunto, y de Antonia Rodríguez, su legítima mujer, mi madre, que hoy vive, y que me hubieron y procrearon siendo los dos solteros; me criaron y alimentaron, tratándome como a su hijo natural y por tal fui habido y tenido y quedé legitimado por haber contraído el dicho mi padre matrimonio según orden de nuestra Santa Madre Iglesia con la dicha Antonia Rodríguez, mi madre39. ¿Cuándo se casaron el historiador y su concubina? No lo sabemos; pero, desde luego, no antes de que la pareja decidiera traer al mundo dos nuevos hijos, Ana y Diego. Al finalizar el primer cuarto del siglo se abre un vacío documental que finaliza en 1640, año en el que encontramos a nuestro cronista como intérprete del juzgado de Indios. La fecha en que tomó posesión del cargo la ignoramos. La plácida vida de D. Fernando, funcionario de la administración virreinal y escritor en los ratos perdidos, sufrió una fuerte conmoción en el verano de 1643. ¡El cacicato de San Juan Teotihuacan volvía a dar problemas! Dando muestras de una energía increíble en una persona de su edad, la octogenaria Da Ana movilizó a la familia para defender los derechos sobre el teccalli. Las acusaciones de los labradores se basaban esta vez en que los señores de Teotihuacan eran de sangre española y, en consecuencia, no gozaban de derechos sobre el cacicato. Durante un año, Alva Ixtlilxochitl se vio envuelto en un maremagnum de peticiones, decretos, citaciones y otra infinidad de papeles oficiales. El largo pleito tuvo un final feliz, ya que D.? Ana conservó el señorío. Conviene señalar aquí que, a mi entender, la activa participación de D. Fernando en el pleito se debió a que tenía la secreta esperanza de que su primogénito, Juan de Alva, heredara el cacicato. El testamento de Ana Cortés estipulaba que el mayor de sus diez hijos, Francisco de Navas y Peraleda, le sucedería en el señorío. Ixtlilxochitl sólo recibiría las casas de Xoxocotlan que estén en el dicho pueblo de San Juan Teotihuacan, y el sitio enfrente de las dichas casas, mas la otra suerte de tierras de Misquititlan40. Ahora bien, como Francisco de Navas carecía de descendientes, el control del teccalli teotihuacano asaría tarde o temprano al retoño de Fernando de Alva, quien, según la legislación prehispánica y colonial, era la persona más idónea para la sucesión. Sin embargo, el origen ilegítimo de Juan de Alva le impediría el acceso al cacicato. A partir de 1643, la vida de D. Fernando de Alva Ixtlilxochitl entra en el anonimato. Por ironías de la historia, se sabe con exactitud la fecha de su muerte. La partida de entierro del autor de la Historia chichimeca dice así: D. Fernando de Alva, no testó. Enterróse en la capilla de la Preciosa Sangre de Nuestro Sr. Jesu Christo en veinte y seis de octubre de mil seiscientos y cinquenta años No testó ni dexó missas41.
contexto
Apenas conservamos testimonios materiales de un arte griego arcaico en Ampurias. Las noticias sobre el asentamiento primitivo de la Palaiápolis, que se localizaría originariamente en un islote situable hoy en el promontorio de San Martín de Ampurias, prácticamente se reducen a los escasos restos de cerámica jonia -especialmente algunos testimonios de kìlikes o copas anchas con asas horizontales, algunas decoradas con bandas- hallados junto a la actual iglesia de San Martín, los resultados de cuyas prospecciones fueron publicados por Martín Almagro en 1964. De un momento temprano procede la cabeza de león o felino en piedra local recientemente publicada por Enric Sanmartí. Dentro de las limitaciones que nos impone su estado fragmentario, nos abre a una temprana arquitectura focea de la que apenas conservamos restos. De la cabeza vemos hoy los ojos sesgados de felino. En un esquema bien conocido el león abriría las fauces amenazantes, hoy perdidas. Es un trabajo a base de planos angulosos, biselados, típico de artistas arcaicos. En los siglos VI y V a. de C. cabezas de leones mostrando su fiereza decoraban, vivamente pintados y dispuestos en fila, mirando al exterior, cornisas de edificios públicos en Grecia y en el Sur de Italia. Dado su carácter aislado, no podemos precisar en nuestro caso a qué tipo de construcción se asociaba el león de Ampurias. Pero en este enclave occidental el fragmento nos abre al horizonte de un desconocido mundo tardoarcaico, que hasta ahora conocíamos prácticamente tan sólo por los ajuares cerámicos. Las necrópolis ampuritanas han sido ricas en materiales griegos -especialmente cerámica y algunas terracotas y marfiles- que vemos hoy expuestos en los Museos Arqueológicos de Barcelona y de Ampurias. Diversos conjuntos, como los excavados por Martín Almagro en los años 40, reflejan a través del ámbito simbólico y en el espejo de la muerte el universo del allí enterrado: ajuares alusivos al simposio del varón con jarras de vino --enócoes- kìlikes o copas de cerámica ática, tanto de Figuras Negras como, sobre todo, en Figuras Rojas, que se decoran con escenas míticas o con idealizados motivos de palestra o de la vida ateniense. Estos vasos tendrían tal vez para el ampuritano un sentido similar al de la misma lengua. Serían una lejana e ideal referencia modélica, un signo más de su identidad griega. Pero esta cerámica del siglo V testimonia sobre todo una especial riqueza del asentamiento ampuritano en esos años. Refleja las vivas relaciones comerciales entre el extremo occidente y la ciudad de Atenas, que durante ese siglo alcanzó su más plena expansión comercial por el Mediterráneo. Si las jarras y las diversas clases de copas aluden, como decimos, al universo del varón, a su situación idealizadora en la bebida común o sympósion, hay también vasos propios de la mujer como las lecánides y píxidas, concentradas en esta área de Ampurias y en el cercano poblado ibérico, muy helenizado, de Ullastret, donde también se documenta un paralelo uso del vino en las casas del asentamiento. Las lecánides se decoran en ocasiones con temas míticos o cotidianos del entorno femenino. Son frecuentes en este contexto érotes o amores alados y mujeres, a veces en escenas de persecución de sentido ambiguo, tal vez alusivas al mundo del amor o, en su reflejo funerario, al de la muerte. Boda y vida en el allende eran conceptos estrechamente entretejidos en el pensamiento griego clásico. Junto con la cerámica en serie, que responde a una moda extendida en el Mediterráneo -especialmente los recipientes relacionados con el ámbito de la muerte con los alabastrones y los lécitos, que se ofrecían en las tumbas en el ritual funerario- hay también vasos excepcionales que apuntan a la posesión de un personaje notable o a una circunstancia especial. Por ejemplo, la gran pélice Frickenhaus, de taller ático, así llamada por el arqueólogo alemán que la publicó a comienzos de siglo. Se fecha a finales del V o a muy inicios del siglo IV a. C. Posiblemente se realizó con ocasión de una conmemoración dramática ateniense, un festival religioso de la ciudad. Sobre una de sus caras vemos la reunión de diversos personajes míticos en torno a un enorme trípode que coronan démones alados como Nike, la Victoria, en presencia de los dioses Apolo y Dioniso. En el reverso hallamos los pormenores de una acción dramática en torno a un conocido y popular mito griego que describía también uno de los grupos de las metopas del Partenón: la lucha que entablaron centauros y lapitas con ocasión de las bodas de Pirítoo e Hipodamía. En medio del tumulto general, con las ánforas rotas y la crátera con el vino del banquete nupcial derramándose por el suelo, el héroe ateniense Teseo y su amigo Pirítoo luchan en sendos certámenes individuales contra centauros. Griegos y monstruos se resaltan y recuerdan por igual con nombres propios. Teseo es el héroe que encarna por estos años el espíritu democrático de Atenas en lucha contra bandidos y monstruos poseídos de hybris o desorden. Su presencia exalta aquí, como un signo de propaganda política, la participación ateniense en el mito. En el ángulo superior de la escena, la imponente figura de un anciano envuelto en un rico manto bordado alude a una escena teatral. El vaso permite, pues, una lectura conjunta de ambas caras: en el anverso se celebra el triunfo de la representación dramática, con la presencia del poeta o del corego que pagó la representación. El contenido de la obra premiada se especifica en el reverso: el triunfo de los griegos, encabezados por el ateniense Teseo, contra los insolentes y embriagados centauros, desconocedores de las sagradas leyes de la hospitalidad. Se trata de un vaso de encargo que tuvo su sentido con ocasión de una celebración ateniense. ¿Cómo ha llegado a Ampurias? ¿A través de un comercio secundario, un "second hand trade", como postularía en estos casos el investigador británico T. B. L. Webster? ¿Obsequios entre notables ante una transacción comercial entre Atenas y Ampurias sellada con éxito? ¿La demanda puntual de un ampuritano que gusta del lenguaje artístico griego y de la compleja representación de un mito ateniense? No lo sabemos. Se nos escapa hoy a los arqueólogos la justificación concreta de vasos tan específicos y, a la vez, tan alejados de su contexto originario. Pero, en todo caso, su presencia en Ampurias apunta al poder de personajes individuales, de notables, en un emporio occidental floreciente y próspero. El Esculapio de Ampurias -o el Asclepio, como era su nombre griego- sigue siendo, sin duda, la escultura más emblemática de esta ciudad helenística. El culto de este héroe medicinal, introducido en Atenas en el año 412 a. C., caracterizó al mundo griego del primer helenismo. A partir de esa época y, sobre todo, en la segunda mitad del siglo IV a. C., se representa en las estelas áticas atendiendo a los devotos que a él se acercan. En la Grecia de la antigua religión olímpica son éstos años de crisis. Se siente a los antiguos dioses cada vez más alejados de los hombres. Por ello, se buscará a partir de entonces a héroes próximos y comprensivos que ayuden más directamente a los atribulados humanos. En el ámbito griego, escultores famosos como Escopas, Teselinos, Trasimedes de Paros o Cefisódoto, hijo de Praxíteles, esculpieron en esa época estatuas de Asclepio para las diversas ciudades que se lo encargaban, a veces junto a Higía, la personificación de la Salud. Ampurias se sitúa, pues, junto a esas ciudades helenísticas que exaltan al héroe-dios, como Delos, Cos, Atenas, Epidauro o Tegea. La estatua se halló en el año 1909, depositada en una cisterna o pozo del santuario. Suponemos que también en Ampurias el agua jugó, como en Cos y en otros centros medicinales del helenismo, una importante función relacionada con el culto de este héroe curador. ¿Pudo finalmente ser sumergida la efigie del dios en las aguas vinculadas con la curación originaria, en un extendido rito que se prolonga desde el mundo antiguo hasta ciertos cultos populares actuales en torno a las imágenes de santos? Próximos a la efigie de Esculapio se hallaron también por aquellos mismos años dos pies de mármol, de tamaño mayor que el humano, calzados con sandalias. Enric Sanmartí ha propuesto, reciente y sugestivamente, su posible pertenencia a la estatua de otro gran dios curador del helenismo, el egipcio Serapis, que este autor reconstruye de forma hipotética como una divinidad sentada en un trono, envuelto en túnica y manto y apoyado en su cetro. Tendría a sus pies un perro, una de cuyas garras marmóreas también se ha conservado. Desde las viejas excavaciones de la Neápolis se conocía la existencia de un culto a Serapis por una inscripción bilingüe, en latín y en griego, del alejandrino Numas, hijo de Numas, quien devotamente ofrecía la dedicación del templo, de las estatuas y de los pórticos del santuario. Se trata probablemente de la remodelación que paga un rico comerciante o bienhechor -un evergeta helenístico- de origen egipcio. La reedificación de este conjunto, supone Sanmartí, tuvo lugar durante el siglo I a. C. En mármol también, pero en una fecha más incierta a partir de un momento tardohelenístico, podemos situar una estatua fragmentaria de mármol de Afrodita, que suponemos próxima al tipo de la Anadyoméne, esto es, en el momento de salir del mar y secarse los cabellos, tal como la representó una famosísima pintura de Apeles. Características de Ampurias y de su afirmación como emporio o asentamiento comercial con entidad propia serán las acuñaciones de sus monedas, en especial de sus dracmas, que constituyen la unidad metrológica griega basada en los cánones de la plata. Era habitual desde el arcaísmo la plasmación de los símbolos distintivos de las diversas póleis griegas en sus monedas. Estas, como el más preciado monumento escultórico de un santuario, llegaron a convertirse en verdaderas obras de arte y eran también símbolos de orgullo y de prosperidad en cada ciudad. Ampurias quiso también mostrar a través de ellas sus mitos y su religión local. El modelo más habitual de algunos anversos lo constituye la cabeza de Aretusa rodeada de delfines que se inspira en las famosas acuñaciones de Siracusa. Pero la cabeza femenina de las dracmas ampuritanas debe referirse a una divinidad o ninfa local que protege el asentamiento colonial y nunca a las Aretusas u otras ninfas de los modelos. Se ha propuesto aquí a la Artemis ampuritana o a una divinidad que adopta atributos de diosa frugífera, similares a Tanit, en una cierta koiné comercial y de pensamiento con el mundo púnico. El caballo alado del reverso, un Pegaso saltando y, en ocasiones, con la variante de su cabeza transformada en el cuerpo de un pequeño niño, Crisaor, podría aludir a la fuente que brota en el lecho del amor de un dios marino con la ninfa local. Ya en la Antigüedad se asociaba etimológicamente el nombre de Pegaso con el de la fuente, pegé, pues las mismas palabras con frecuencia suscitan mitos. Ampurias actúa como modelo de los pueblos ibéricos del entorno con los que comercia y quienes acuñan, en sus cecas locales, estos motivos de la ninfa frugífera y del caballo alado de las dracmas ampuritanas .Pero para cerrar este apartado dedicado al arte en esta pequeña ciudad griega del extremo occidente nos limitaremos aquí a un ejemplo concreto, un mosaico tardohelenístico con inscripciones en griego. La Neápolis ampuritana nos ofrece, ya en un momento tardohelenístico, un precioso ejemplo de una casa con una pequeña habitación para banquetes, para el simposio. Se trata de un recinto con una puerta disimétrica, característica de estos ámbitos, en los que se aprovecha al máximo el espacio disponible para la colocación de los reducidos lechos convivales. Una inscripción en griego en la entrada, en las teselas blancas del mosaico -realizado con la técnica, helenístico-romana del opus signinum- invita seductoramente a la fiesta a quien traspasa el umbral del cubículo. Hedykoitos no significa otra cosa que "un dulce estar recostado, un dulce lecho" o, si queremos glosarlo, "una dulce sobremesa", aludiendo aún a los viejos usos del simposio griego. Hemos de figurarnos la pequeñez de la habitación que acogería, con el característico aprovechamiento del espacio de estos recintos griegos, a un máximo de siete lechos con catorce comensales bien apretados. Era típica de los banquetes griegos la intimidad de los invitados, proclives al gozo de la conversación reducida o a los pequeños juegos intelectuales, frente a los banquetes masivos oficiales romanos, más despersonalizados y grandiosos. La disposición de los lechos, cuya reconstrucción podemos hoy tan sólo conjeturar, no dejaría mucho lugar para entrar o salir con facilidad de la sala. Pero lo importante era tener un puesto, un lugar en los lechos y participar en la conversación y el vino del Mediterráneo, cuidadosamente mezclado con agua. Este ejemplo, junto con otros mosaicos de la época con inscripciones -como el que saluda al Agathós Daimon, al Buen espíritu- nos indican cómo en época ya políticamente romana se mantienen la lengua y los símbolos más preciosos de la identidad griega: el ritual del simposio o bebida en común, probablemente arraigado en Ampurias desde el arcaísmo, comparte su puesto junto con los viejos démones del azar helenístico que misteriosamente gobiernan las vidas individuales de los hombres.
contexto
Notas sobre el sufragio femenino 1 Valcarcel, A. Prólogo, en Clara Campoamor. La sufragista española. Fagoaga, C. y Saavedra, P., Madrid, Instituto de la Mujer, 2007, 387 pp. p. 17 2 Valcarcel, A. Prólogo, en Clara Campoamor. La sufragista española. Fagoaga, C. y Saavedra, P., Madrid, Instituto de la Mujer, 2007, 387 pp. p. 17 3 Cfr: VALCARCEL, Amelia Prólogo (p. 17), en Clara Campoamor. La sufragista española.. Fagoaga, Concha y Saavedra, Paloma. Madrid: Madrid, Instituto de la Mujer, 2007, 387 pp. 4 Campoamor, C.: El voto femenino y yo. Mi pecado mortal, Prólogo de Blanca Estrella Ruiz Ungo. Madrid, horas y HORAS, 2006, 247 pp, p. 96-97 5 Campoamor, C.: op. cit. p. 99 6 Campoamor, C.: op. cit. p.100 7 Campoamor, C.: op. cit. p.103 8 Campoamor, C.: op. cit. p.107 9 Campoamor, C.: op. cit., p. 113 10 Campoamor, C.: op. cit. p. 116 11 Campoamor, C.: op. cit. p. 116 12 Campoamor, C.: op. cit. p. 117 13 Campoamor, C.: op. cit. p. 118 14 Campoamor, C.: op. cit. p. 165-167 15 Campoamor, C.: op. cit. p. 169 16 Campoamor, C.: op. cit. p. 172 17 Campoamor, C.: op. cit. p. 139 Gráfico
contexto
1 Carta al rey del gobernador Gómez Pérez Dasmariñas, 9 de julio de 1592, AGI Filipinas 18-B.- Carta al rey del gobernador Francisco Tello, 19 de junio de 1598, AGI Filipinas 18-B. Gráfico
contexto
1 Alba, Alfonso, "La riqueza de las familias. Mujer y mercado de trabajo en la España democrática", Ariel, Barcelona, 2000. Gráfico