A lo largo de toda su carrera Van Gogh ejecutará numerosas naturalezas muertas, siguiendo los ejemplos del Barroco Holandés que tanto admiró. Lógicamente, Vincent renueva la tradición al emplear unos objetos más modernos y una coloración más viva, especialmente en la etapa de Arles. La principal novedad con las obras ejecutadas en París - Jarrón con margaritas y anémonas - la encontramos en las tonalidades empleadas y en el dibujismo con el que muestra los diferentes objetos. Los elementos se depositan sobre una mesa cubierta con un mantel azul y se recortan ante un fondo verdoso. Cada uno de ellos está trazado con absoluta maestría, recordando las obras de Cèzanne interesado en recuperar la forma que estaba perdiendo el Impresionismo. Así los objetos se hacen tremendamente volumétricos, marcando incluso sus contornos con una línea oscura. La pincelada empastada del mantel contrasta con la minuciosidad de la cafetera o la jarra de cuadros en segundo término, resultando una obra sorprendentemente curiosa.
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Las naturalezas muertas serán una temática habitual en la pintura holandesa debido a la importante demanda de este tipo de asuntos por parte de la burguesía, dueña del poder político y económico desde el siglo XVI. Van Gogh retoma la tradición con la ejecución de una importante serie de bodegones ejecutada en septiembre de 1885 aportando novedades como el empleo de patatas por modelos u objetos cotidianos como sombreros, pipas o zuecos. Los objetos se ubican sobre una mesa, recibiendo un ligero foco de luz que apenas los destaca de la profunda oscuridad del fondo.
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Uno de los temas favoritos de Cézanne eran los bodegones, quizá por la riqueza volumétrica de los elementos que los integran. No debemos olvidar que algunos maestros impresionistas estaban abandonando las formas en sus cuadros de manera cada vez más descarada, interesándose exclusivamente por los efectos atmosféricos, como era el caso de Monet. Contra esa paulatina desaparición de forma y volumen reaccionarán algunos maestros, en especial Gauguin y Cézanne. Ambos deseaban recuperar conceptos clásicos para aportar un nuevo aire al movimiento, anticipando estilos más vanguardistas. Ese interés por el volumen, por la línea, se aprecia claramente en esta naturaleza muerta; sin embargo, Paul no deseaba dejar de lado el color, ya que "la forma alcanza sólo su plenitud cuando el color posee su mayor riqueza", mostrando una amplia variedad de tonalidades, del blanco al rosa pasando por el azul o el verde. La aplicación del color se realiza de manera rápida y contundente, apreciándose claramente en el lienzo los toques del pincel y de la espátula. Cézanne emplea una perspectiva fotográfica muy corriente entre sus contemporáneos, cortando los planos pictóricos para aportar mayor modernidad a sus obras.
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Dentro de la serie de naturalezas muertas pintada por Van Gogh en septiembre de 1885 encontramos algunos ejemplos tremendamente oscuros como éste que contemplamos. El fondo neutro ocupa la mayor superficie del lienzo, engullendo los objetos de primer término. Una ligera luz resalta las cebollas y el tarro de jengibre elaborados con una pincelada suelta y abocetada, recordando a Rembrandt.
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La relación entre Van Gogh y Pissarro se estableció al poco de llegar el joven holandés a París. Aun siendo el más anciano del grupo impresionista, Pissarro intentó mantener siempre su unión, sin conseguirlo. También gustaba de proteger a los jóvenes artistas por lo que para Vincent fue el padre amable y cariñoso que no había tenido en la vida real. Esta composición está dedicada a Lucien, quien continuó el estilo de su padre, estableciéndose en Inglaterra en 1890 para fundar la Eragny Press influyendo poderosamente en la impresión e ilustración de libros. Vincent presenta un cesto de manzanas sobre una mesa contemplado desde una perspectiva alzada - muy admirada por Degas - contrastando la calidad casi minuciosa del cesto y las piezas de fruta con la rapidez y la soltura de la pincelada del mantel o la pared. Las manzanas están perfectamente delimitadas por una línea oscura, acercándose al estilo de Cèzanne, reaccionando contra la pérdida de forma en la que estaba cayendo el impresionismo. Los colores claros empleados son una característica del holandés, utilizando sombras coloreadas como hacían los impresionistas.
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A lo largo del mes de septiembre de 1885 Vincent trabajará especialmente en la ejecución de naturalezas muertas con los elementos más cercanos: peras, manzanas, patatas, cebollas, objetos metálicos o cerámicas. Así surge una amplia serie en la que hallamos evidentes referencias al Barroco al emplear una iluminación inspirada en Rembrandt al igual que la pincelada empastada utilizada. Los objetos se recortan sobre un fondo muy oscuro, creando un tremendo contraste con las zonas iluminadas. La modernidad la encontramos en la eliminación de elementos exóticos o alegóricos, siendo un bodegón tremendamente naturalista.
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En este curioso bodegón encontramos influencias de la pintura barroca así como cierta relación con la obra de Cèzanne al dotar de un volumen esquemático a las manzanas que conforman la composición. La perspectiva alzada empleada también es un signo de modernismo, conjugando Vincent en este trabajo la tradición con el modernidad.