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Seguramente, tal y como era habitual en todos los pintores, su obsesión por la pintura de paisaje llegaba a una ansiedad difícil de soportar. Por ello precisamente de vez en cuando Monet decidía distraer su atención elaborando un cuadro de género distinto. Como sabemos, la pintura de bodegones había sido desde el Barroco una de las más prestigiosas y había llevado a toda una revolución en la jerarquía de los géneros, que hasta entonces había estado coronada por las pinturas de historia, tanto mitológicas como reales. Seguramente porque Monet reconocía el valor pionero, rupturista, que había tenido en su momento la pintura de bodegones, realiza este homenaje personal, al que eso sí aporta su peculiar visión.
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Los impresionistas se dedicaron a representar con especial interés paisajes a diferentes horas del día. Las naturalezas muertas no eran temas habituales por lo que Gauguin se entusiasmó con esta temática durante su estancia bretona y más tarde en Tahití, quizá para diferenciarse de sus antiguos compañeros. Así surgen obras como Naturaleza muerta con abanico o ésta que contemplamos, tomada en la posada donde se alojaba. Una bandeja con un exquisito jamón y un vaso de vino han sido colocados sobre una mesa de metal, recortándose sobre una especie de papel pintado en tonos anaranjados y malvas, colores complementarios. El soberbio dibujo se compagina con la pincelada rápida y suelta, en un conjunto de gran atractivo en el que hay referencias a Cézanne, uno de los maestros que más influyeron en Gauguin junto a Degas y Pissarro.
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En los últimos años de su vida, Manet realiza una importante serie de bodegones de pequeño formato. La enfermedad le impedía moverse con facilidad, por lo que estas escenas serán una especie de relajo para el artista. Esta Naturaleza muerta con jamón rompe con la tradición de los bodegones europeos desde el Renacimiento, donde aparecen habitualmente flores, pescados, piezas de caza o frutas, pero no una pieza de jamón. Quizá sea una muestra más del deseo del autor de relacionar su obra con la vida moderna, como venía haciendo en la mayor parte de sus cuadros. El espacio plano empleado por el artista supone una clara influencia de los grabados japoneses, igual que el papel pintado del fondo, similar a los que aparecen en Nana o en Dama de los abanicos.
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Para la Escuela de La Haya en la que Vincent adquirió su primera formación artística los modelos barrocos serán fundamentales, especialmente en lo referente al paisaje. El joven artista también se inspirará en los maestros antiguos a la hora de realizar naturalezas muertas, especialmente en Rembrandt cuyo colorido, iluminación y empastamiento sorprenderán a Van Gogh. Sin embargo, Vincent aportará modernismo a sus trabajos al eliminar las tradicionales escenas de caza o las flores de sus composiciones, incorporando objetos de cerámica, metal o porcelana para constrastar las diferentes calidades. De esta manera puede avanzar en su aprendizaje. Los objetos se recortan sobre un fondo neutro muy oscuro, recibiendo un potente foco de luz procedente de la izquierda que resalta su volumen. El color blanco y azul del tarro que aparece en el centro contrasta con la oscuridad de los objetos que le rodean, creando una acertada simetría en el conjunto.
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Los objetos situados sobre la mesa aparecen como si siempre hubieran estado alli y como si pudieran quedarse para siempre. Esa insistencia en lo eterno, lo no sometido a la tiranía del tiempo, es lo que caracteriza a los pintores del Realismo Mágico, en la línea de los italianos, a los que conocían a través de la revista "Valori Plastici" y es también lo que les diferencia de la Nueva Objetividad, presionada por las circunstancias políticas del momento.
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El escándalo provocado por el Desayuno en la hierba de Manet en el Salón de París de 1863 llevará a este pintor a convertirse en el líder de la "vanguardia" artística parisina. Manet era el personaje más importante de la tertulia que se reunía en el café Guerbois donde Cézanne le conoció. A pesar de admirar la pintura de Manet, el joven artista de Aix no sintió especial atracción por su persona, despreciando sus intervenciones vanidosas en las tertulias del Guerbois. Los bodegones pintados por Cézanne en esta época están claramente influidos por Manet como bien podemos apreciar en este ejemplo. El cuchillo en diagonal hacia el espectador será una referencia a la pintura del Barroco -Chardin es otra de sus preferencias en esta temática-, intentado conseguir el efecto de la tercera dimensión a través del trampantojo. Sin embargo, el joven provenzal emplea una perspectiva alzada para presentar las frutas sobre el mantel, mientras que los cacharros se ven de frente. Esta mezcla de perspectivas, que también utilizaba Degas, será muy habitual en las obras precubistas de Picasso. Un intenso foco de luz inunda el espacio, sin llegar a crear efectos de claroscuro como en otras obras, resaltando las diferentes tonalidades aplicadas con un toque fluido, abandonando paulatinamente esa pincelada dramática que caracteriza su primera etapa como se aprecian en los retratos del tío Dominique.
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En el otoño de 1884 Van Gogh sentirá una especial tracción hacia las naturalezas muertas, realizando una amplia serie. Esta temática sería muy apreciada entre la burguesía holandesa desde el Barroco por lo que la demanda era bastante alta. Vincent tomará las características clásicas aportando cierta modernidad en los elementos que conforman el bodegón. Los objetos se ubican sobre una mesa, recortados ante un fondo neutro, iluminados desde la izquierda por un potente foco de luz que provoca acentuados contrastes de claroscuro. Las tonalidades dominantes son oscuras, animadas por algunas zonas blanquecinas que se acentúan con los brillos. Los diferentes objetos se agrupan en un reducido espacio, creando una cierta angustia. Al no aparecer flores ni caza no tendrá esta naturaleza muerta ningún significado en relación con los sentidos sino que es una representación naturalista de lo que rodea al artista, de la misma manera que presenta un ternero recién nacido o un paisaje.
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La novedad de este bodegón respecto a los modelos barrocos en los que Van Gogh se inspiró la encontramos en la aportación de elementos modernos como los zuecos, contrastando con objetos tradicionales como la loza o las botellas. Los elementos se ubican sobre una mesa, formando una acentuada diagonal, recortándose ante un fondo neutro que contrasta con la claridad de los objetos a excepción de la botella. Un potente foco de luz procedente de la izquierda ilumina la composición, destacando el abocetamiento de los componentes de la naturaleza muerta, contactando Vincent con el estilo rápido y empastado de Rembrandt.