Los autores de la vanguardia del siglo XX encontraron en Cézanne a una de sus fuentes más admiradas, especialmente el cubismo como bien podemos contemplar en este lienzo. La protagonista será una vez más la montaña Sainte-Victoire y el paisaje de su alrededor, construyendo el cuadro con pinceladas diagonales, verticales y horizontales que configuran un entramado similar al mosaico. De esta manera, a través del color se consigue construir la forma, siendo ésta la máxima del maestro de Aix ya que deseaba "pintar como Poussin, pero a partir de la naturaleza". Los tonos se aplican sin apenas mezclar sobre el lienzo, apreciándose en algunas zonas el color de la tela, en un proceso pictórico similar a la acuarela. Emile Bernard nos cuenta cómo era la fórmula de trabajo de Cézanne: "Su método era singular, bastante complicado y completamente al margen de los medios habituales. Empezaba por la sombra y con una mancha, que recubría con una segunda más amplia y luego con una tercera, hasta que todas las tonalidades, a modo de pantallas, modelasen, coloreándolo, el objeto".
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obra
Leonardo escogía con sumo cuidado los papeles sobre los que trabajaba al carboncillo. Los papeles teñidos en rosa, rojo o azul son muy frecuentes en su obra y contribuyen a distinguir sus esbozos. En este caso, la textura recia y porosa del papel apoya el dibujo con la cadena montañosa, contribuyendo a dar una idea de paisaje agreste, visto desde la lejanía. Estos estudios de paisaje y en especial los de montañas eran auténticas herramientas de trabajo para el maestro, quien más tarde incluía sus apuntes en los fondos de cuadros más importantes. Esta costumbre también la tenía el alemán Alberto Durero, que se dedicó a captar todos aquellos lugares por los que pasó, así como aquellos objetos o personas que le llamaban la atención. De esta manera, los artistas del XV y del XVI se construían un nutrido archivo de imágenes que poder recuperar en momentos de necesidad para terminar una obra.
obra
Los paisajes también atraerán a Courbet, que introduce en ellos una importante novedad que tendrá su repercusión en el Impresionismo: están tomados a "plein air", es decir, directamente del natural, aunque más tarde los retocara en el taller. Este concepto supone incorporar el interés por la luz y el color, como apreciamos en esta escena, ejecutada en uno de los numerosos viajes que el artista realizó por Francia, especialmente en los últimos años de la década de 1850 cuando expuso sus cuadros en diferentes ciudades del país, llegando incluso a mostrar sus obras en Bélgica. La representación verídica de la naturaleza es la máxima del Realismo, como observamos en estas montañas tomadas al atardecer, apreciándose los últimos toques de luz en las rocas así como las tonalidades verdes que se apagan a medida que la luz se consume. El trazo firme y seguro de sus composiciones con figuras también se aprecia en esta atractiva obra.
obra
Las montañas y las colinas de su Provenza natal serán para Cézanne su principal fuente de inspiración. No se interesará especialmente por los paisajes urbanos como harán sus compañeros Renoir, Pissarro o Monet sino que la naturaleza -"quiero pintar como Poussin, pero a partir de la naturaleza" dijo el maestro en una ocasión- le servirá como vehículo para experimentar nuevos valores pictóricos, en su deseo de "convertir el Impresionismo en algo sólido y duradero, como el arte que se conserva en los museos". Cézanne busca alcanzar la forma y el volumen a través del color y para ello nos ofrece una visión arquitectónica de la naturaleza que le rodea. Las tonalidades son aplicadas con pinceladas que forman bloques compactos de color, reduciendo el motivo a sus líneas geométricas elementales, anteponiéndose de esta manera al cubismo. Así, cada uno de los elementos de la composición parece tener autonomía, formando entre todos un armónico conjunto en el que la luz ocupa un papel secundario. El cielo carece de nubes recortándose sobre él la silueta de la montaña Sainte-Victoire, uno de sus temas favoritos.
lugar
Localidad cacereña, con un papel destacado en la Reconquista de Extremadura. Destaca su castillo emplazado en un elevado cerro.
acepcion
Herejía iniciada en la segunda mitad del siglo II en Frigia (Asia Menor) por Montano. De corte apocalíptico y semi-místico, aseguraba que la Santa Jerusalén descendería sobre la villa de Pepuza con la ayuda de sus discípulas Prisca y Maximilia. Creían en la inminente llegada de Cristo y en que luego no habría perdón. Su expansión fue rápida. Contaron con el apoyo de Tertuliano que se convirtió a esta causa en el año 207, sin embargo este movimiento no tardó en extinguirse y sólo pervivió unos años en Frigia.
lugar
Montblanc es, en la actualidad, la capital de la Conca de Barberà. Centro comercial e industrial de la comarca, cuenta con una población que supera los 6.000 habitantes. La historia de la comarca se remonta al Paleolítico. También se han encontrado restos de asentamientos ibéricos y de la dominación romana en la zona. Tras varios siglos de abandono, vuelven a encontrarse signos de ocupación en la época de la Reconquista, entre los siglos X y XI. Será en la centuria siguiente cuando se establezca el primer núcleo de población definitiva, en las confluencias de los ríos Francolí y Anguera. Ramón Berenguer IV otorga, en el año 1155, la primera carta fundacional. La localidad se llamó Vila-salva ya que estaba exenta de impuestos. Alfonso I ordenará el traslado de la villa a un lugar más fácil de defender, a medio camino entre Tarragona y Lérida. El nuevo núcleo urbano pasará a denominarse Montblanc, dotándose de carta fundacional en el año 1163. En ella se alude a la conservación de los derechos otorgados a sus habitantes en la primera carta. Entre los siglos XIII y XIV la villa va a vivir su momento de máximo esplendor. Se levantarán importantes construcciones como el castillo, la iglesia románica de Santa María o el convento de San Francisco. Montblanc se convierte en el centro administrativo, político y militar de una extensa región y en una de las villas más importantes del sur de Cataluña. En el siglo XIV será en cuatro ocasiones sede de las Cortes y en 1387 se crea el ducado de Montblanc. En la segunda mitad de esta centuria, la villa entrará en un periodo de decadencia, con una serie de epidemias que serán el preludio de tres centurias de recesión, las que van entre los siglos XV y XVIII. En la Guerra dels Segadors (1640), Montblanc perderá definitivamente su peso económico y político. En el siglo XVIII se inicia una nueva etapa de crecimiento económico y demográfico, que tendrá su reflejo en la construcción de importantes infraestructuras. La viña sustituirá al cereal hasta convertirse en monocultivo. Este periodo de esplendor alcanza hasta 1860, momento en el que se inicia una nueva etapa de decadencia que durará más de 70 años. En 1947 la villa es declarada Conjunto Monumental y Artístico, restaurándose buena parte de sus monumentos. En la década de los 70 del siglo XX el desarrollo industrial traerá consigo un importante crecimiento demográfico. La recuperación de las instituciones democráticas será el estímulo que llevará a Montblanc a convertirse en un referente en el campo festivo, lúdico y cultural.
Personaje
Escultor
Las primeras noticias que se tienen de este artista se remontan a 1337, fecha en que es reclamado por la Corona de Aragón. Poco tiempo después fue llamado, junto con Pere de Guines, para la realización del mausoleo que el rey Pedro el Ceremonioso ordenó que construyeran en el monasterio de Poblet. Sin embargo, esta obra no se inició de inmediato, sino que aún habría que esperar algunos años. Entre tanto realizó diecinueve esculturas de monarcas de Cataluña en alabastro para la decoración del Palacio Real de Barcelona. De este trabajo nada se conserva, aunque parece ser que fue una de sus mejores obras. Para poner en marcha este encargo trasladó su taller a Gerona, por la proximidad de las canteras de alabastro. En esta cuidad llegó a convertirse en uno de los escultores más reclamados por el círculo religioso. A esta época pertenece el sepulcro de San Daniel, para el Monasterio de San Daniel y el Santo Sepulcro de la Colegiata de San Félix, entre otras obras. Es probable que en estando en esta ciudad conociese a Jaume Cascalls, del que se hizo socio a finales de la década de los años cuarenta. Con él trabajó en las Sepulturas reales de Poblet. Hacia 1368 esculpió el retablo de la catedral de Tarragona. Este autor se convirtió en baluarte de la corriente áulica catalana.