Los dibujos de El Bosco carecen del misterio de sus grandes obras, con escenas infernales en las que podemos intuir trasfondos de significados ocultos. Sin embargo, no carecen del encanto de sus figuras llenas de fantasía e imaginación. Parece ser que el método de trabajo de El Bosco consistía en tomar objetos reales y unirlos, mezclarlos, colocarlos en situaciones absurdas. Este es el caso del monstruo hueco que ahora contemplamos. Se trata de un posible ensayo para el monstruo del Infierno Musical que flanquea el Jardín de las Delicias. Por su aspecto podemos ver que el cuerpo se trata de un tronco podrido, hueco por la carcoma, en cuyo interior se ha instalado una mesa de banquete con diversos comensales. El monstruo tiene unas extrañas piernas, nudosas, llenas de raíces, pero asentadas sobre barcas que podrían patinar o hundirse en el agua. En la cabeza tiene un enorme sombrero del que sale una jarra, con una escalera y un hombrecillo que trepa por ella. El hombre se estira desesperadamente, tratando de alcanzar un árbol que nace de la espalda del monstruo en el que está posada una lechuza: la herejía. El paisaje es hermoso, muy similar a aquéllos en los que El Bosco sitúa con frecuencia el Edén. Sin embargo, la presencia del monstruo altera por completo la apacibilidad del paisaje y nos habla de la inconstancia del hombre, del peligro del vicio y el pecado, así como la presencia continua de la herejía acechando nuestras debilidades.
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Alberto Durero aprovechó su visita a Venecia para recopilar información sobre la cultura clásica. Hizo copias de grabados italianos, de estatuas romanas y escuchó leyendas sobre mitología grecorromana. Fruto de este aprendizaje es este grabado sobre un Monstruo Marino, que probablemente tenga su origen en un cuento italiano de Poggio Bracciolini, un humanista y escritor. Durero realiza una composición muy impactante, basada en el protagonismo del cuerpo fantástico del monstruo sobre las olas del mar, que ha robado a una princesa durante su baño, ante la desesperación de sus acompañantes en la orilla.
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Escultura de bulto redondo, con cuerpo asexuado y cabeza de leona, en la que no encontramos aun pretensiones de belleza estética, que presenta similitudes con las figurillas encontradas en las capas más profundas de Ur.
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En varias ocasiones hemos tenido ocasión de disfrutar con pliegues de papel rellenados con multitud de personajillos fantásticos que se suponen obra de El Bosco. Así tenemos ante nosotros una serie de diversos diablos y animales, con algunos rostros humanos, que parecen un manual o repertorio del que podría echar mano el autor a la hora de rellenar sus imaginativas obras mayores, al óleo.
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Este dibujo hace pareja con otro de igual título en el Museo Ashmolean. Representa un variado muestrario de monstruos e invenciones fantásticas, dispuestos a invadir la superficie de los cuadros del maestro neerlandés, Jerónimo Bosco.
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Este dibujo es muy similar a otros del mismo autor que podemos repasar entre su producción. Se trata de diversos estudios sobre figuras monstruosas, esta vez vistas con curiosidad, sin el carácter agresivo de otros dibujos. Muestran un catálogo fantástico de híbridos, mezclas anatómicas y de diferentes especies.
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El jurista Edward Phillips encargó la construcción de una suntuosa mansión en las afueras de Montacute. Las obras finalizaron en 1599; el edificio presenta una planta en U, con cortas alas que se rematan con hastiales de clara inspiración flamenca. El pabellón de entrada de la fachada presenta aún reminiscencias góticas, coronándose con motivos heráldicos típicos de los Tudor, al ser edificado en 1546, acoplándose ambas partes de manera acertada. La mansión presenta parteluces en las ventanas, molduras que dividen linealmente el muro y decoración con pináculos y obeliscos.