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obra
Tanto el autor como la identidad de la modelo están muy discutidos hoy día. Generalmente se considera obra de Leonardo, aunque algunos críticos prefieren considerar que se trata de una pintura de su discípulo Boltraffio. Sin embargo, la pose de la muchacha, su expresión a un tiempo misteriosa y melancólica, el suavísimo modelado de las facciones a través de la luz, hacen pensar en la experta mano de Leonardo más que en Boltraffio, que no era un gran artista, pese a imitar el estilo de su maestro.La identidad de la muchacha es también un problema. El título por el que se la conoce es La Belle Ferronière. Desde la muerte de Leonardo se ha conservado en las colecciones reales de Francia (recordemos que Luis XII fue el último protector de Leonardo, quien murió en Francia). Por ello, algunos creen que se trata de la amante de Enrique II, rey francés, conocida por dicho sobrenombre. Sin embargo, la posible fecha de realización hace pensar que se trata del retrato de otra de las numerosas amantes del duque de Milán, Ludovico. Sería así el retrato de Lucrezia Crivelli, muy similar a los retratos de otras amantes de Ludovico como Cecilia Gallerani o Ginevra de Benci, todas ellas mujeres muy jóvenes de una belleza misteriosa que Leonardo captó de manera inigualable.
contexto
Guiado por su vocación universal, Justiniano construyó a lo largo y ancho de todo el Imperio. Rávena al oeste y Belén y Jerusalén al este, o las realizaciones de Efeso o el monte Sinaí, dan una idea de la envergadura de su labor. Pero sus esfuerzos más intensos se dirigieron al corazón del Estado. Constantino y Teodosio habían transformado Byzantium de una ciudad colonial menor en la capital del mundo civilizado, aunque tuviera que competir con rivales de la talla de Alejandría, Antioquía o la vieja Roma. Justiniano hizo de Constantinopla el centro del pensamiento, el arte y la cultura contemporáneos, superando claramente a las demás hasta hacerla digna de su imperial majestad. Y dado que el plan general de la ciudad había sido perfilado con anterioridad, su tarea se orientaría en otra dirección. Los documentos nos hablan de que mandó levantar edificios religiosos como Santa Irene o Santa Sofía, que habían sido afectadas por la insurrección Nika, o la de los santos Sergio y Baco, al sur del Gran Palacio, una zona que no había sido afectada por los disturbios. Y del mismo modo que el obelisco de Teodosio o la columna de Arcadio habían sido erigidos para perdurar como hitos de la memoria histórica del Imperio, las obras públicas de las que Justiniano se ocupó -Basílica Cisterna, Filoxeno- nos muestran su afán cívico y los importantes trabajos que llevó a cabo en el Gran Palacio, donde sus partidarios se habían refugiado durante la revuelta, revelan el carácter de este recinto, ostentoso podio de su magnífico dominio.
contexto
La atención a los necesitados se realizaba en la Edad Media desde los supuestos de la beneficencia. Esta se plasmó básicamente en la erección de hospitales, en los cuales se procuraba ofrecer a los acogidos cuidados materiales, pero también asistencia espiritual. Los hospitales de la época medieval desempeñaban una triple función: atendían enfermos; actuaban como asilos, recogiendo a los menesterosos y funcionaban asimismo como hospederías, pues daban cobijo temporal a peregrinos y viajeros de condición modesta. La mayor parte de los hospitales medievales era de fundación eclesiástica, aunque también los había, particularmente a lo largo de la ruta jacobea, de creación regia. En los dos últimos siglos de la Edad Media, no obstante, se produjeron importantes novedades en el terreno hospitalario. Por de pronto se crearon numerosos centros nuevos. Sólo en Madrid se fundaron, en el transcurso del siglo XIV, nueve hospitales. Uno de ellos se llamaba, muy expresivamente, de los pestosos, lo que pone de relieve la estrecha conexión con las epidemias que se propagaron durante el citado siglo. En Sevilla, como consecuencia de la peste de landre de 1383, surgió el hospital de San Cosme y San Damián, conocido popularmente como de las bubas. Recordemos, entre otros, el hospital de Santiago, de Vitoria, que fue posible gracias a la magnanimidad del noble Fernán Pérez de Ayala o el de Santa María de la Piedad, en Medina del Campo, fundado por el obispo Lope Barrientos. Pero quizá lo más significativo de cuanto ocurrió en los siglos XIV y XV en materia de hospitales fue la proliferación de los erigidos por gremios y cofradías. El hospital sevillano de San Bernardo fue creado por la hermandad del mismo nombre y la cofradía de Santa Margarita fue la fundadora de un hospital en Salamanca. El famoso hospital de las Cinco Llagas, en Astorga, procedía de la fusión de cinco cofradías, cada una de las cuales había tenido su propio centro hospitalario. Paralelamente se observan, en los hospitales de fines de la Edad Media, dos notas distintivas muy singulares. Por una parte nos encontramos con un mínimo de especialización: centros para apestosos, para dementes, para mujeres perdidas, para peregrinos, etcétera. Pero al mismo tiempo avanza, por más que de forma tímida, la tendencia secularizadora. Síntomas de la misma fueron la creciente preocupación mostrada por las autoridades municipales en las instituciones caritativas, pero también el papel, cada día más notorio, de los propios reyes en la administración de los centros hospitalarios.
obra
Entre las pocas personas que se relacionó Van Gogh durante su estancia en Arles estaba la familia del cartero Roulin. Aquí contemplamos el retrato de su esposa, Augustine Roulin, quien recientemente había tenido un niño llamado Marcelle por lo que aparece con una cuerda en las manos que sirve para mover la cuna del bebé. Su amplia figura se recorta sobre un fondo tremendamente simbolista lleno de crisantemos, posiblemente como alusión a la fecundidad. El recuerdo hacia Gauguin al contemplar esta imagen es muy emotivo; quizá sea una de las estampas de Vincent en las que encontremos una mayor similitud con el estilo de su amigo, recordándonos a La Bella Angela. Todos los contornos han sido claramente marcados con una línea oscura, relacionándose con las vidrieras medievales y los camafeos antiguos, como hacía su amigo Bernard. El colorido utilizado - a base de tonos oscuros - y su aplicación totalmente plana - véase el suelo - también son una clara alusión a Gauguin. Incluso el rostro de Madame Roulin recuerda a las bretonas que utilizaba Paul como modelos. Los únicos retazos personales serían las manos y el tono verdoso de la falda, donde la pincelada se hace más suelta y empastada.
Personaje
Mujer presente entre las tropas de Hernán Cortés, desposada con Olmos de Portillo. Es mencionada en las Crónicas de Bernal Díaz del Castillo.