El lienzo de mayor tamaño que Goya pintó está dedicado a recoger una de las sesiones de la Junta de la Compañía Real de Filipinas presidida por Fernando VII, la figura central de la composición donde confluyen todas las miradas. A su lado se encuentran Miguel de Lardizabal -ministro de Indias- y José Luis Munárriz, presidente de la Compañía. La escena tiene cierta complicación ya que el gran espacio vacío del centro es tremendamente antipictórico. A ambos lados del lienzo encontramos diversas sillas ocupadas por los miembros de la institución mientras que al fondo se sitúa la mesa de presidencia con el "Deseado" en su calidad de miembro más distinguido. La luz penetra por el amplio ventanal de la derecha, inundando buena parte de la sala para crear un atractivo juego lumínico y atmosférico que recuerda a las obras de Velázquez. Todos los personajes están individualizados, creando un espectacular catálogo expresivo de la nobleza y la aristocracia española. Los tonos rojizos dominan el conjunto, aplicados con una factura suelta, demostrando Goya su calidad como el mejor retratista de su tiempo, aunque pronto será sustituido por Vicente López.La Compañía Real de Filipinas se había constituido en 1733 con el objetivo de establecer una línea de navegación de Cádiz a Manila. Debido a su escasa actividad, en 1785 Cabarrús aumentó el capital, involucrando al propio Carlos III. Obtenía el privilegio de comerciar con África, las Indias y Filipinas durante 20 años, enviando productos nacionales y extranjeros e importando numerosos artículos no sólo a España sino a Europa y América. La mala administración en el reinado de Fernando VII provocó su crisis, disolviéndose en 1834.
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fuente
Al igual que su gemelo, el Hiyo, es también resultado de la transformación y adaptación para fines bélicos de un buque comercial. Juntos prestaron servicio en Truk y, ya el Junyo en solitario, en la batalla de Santa Cruz, donde sus aviones hundieron al portaaviones norteamericano Hornet. Tras tomar parte en la batalla de las Marianas, en la que fue averiado, resultó alcanzado por los torpedos de un submarino norteamericano en 1944, lo que le dejó definitivamente fuera de combate.
acepcion
En la mitología romana, padre de todos los dioses. Su equivalente griego es Zeus. Hijo de Saturno y Cibeles y hermano de Ceres, Plutón y Neptuno, Júpiter contrajo matrimonio con Juno. De esta unión nació Marte, Ilítia y Febe, aunque tuvo otros hijos como Febo, Diana, Minerva, Baco, Vulcano, Mercurio o el héroe Hércules.
obra
La Corte de los Gonzaga encargó a Correggio, al final de su vida, una serie dedicada a "Los amores de Zeus" de la que forman parte el Rapto de Ganímedes y esta bella escena. Io era una bella princesa hija de Inaco, rey de Argos. Su hermosura cautivó una vez más a Zeus, quien se convirtió en densa niebla para tomarla. Sorprendida por ese fenómeno, Juno, la esposa de Zeus, acudió al lugar donde estaban los amantes teniendo el tiempo suficiente Zeus de convertir a la joven en ternera. Juno desconfió de esa atractiva ternera por lo que se la pidió a su marido como regalo. La diosa entregó la ternera a Argos, pastor que tenía cien pares de ojos; Zeus confió a su hijo Hermes que matara al pastor, consiguiendo dormir a Argos con las monótonas notas de un caramillo. Los cien pares de ojos del pastor fueron recogidos por Juno y colocados en la cola del pavo real, su animal favorito. Correggio nos muestra a la joven y bella princesa desnuda, sobre un paño blanco que contrasta con los tonos grises de la niebla, que toma forma humana para abrazar y besar a Io. La figura de la joven resalta por sus atractivas proporciones, destacando gracias al potente foco de luz con el que ha sido bañada por el maestro. La sensación atmosférica que se crea y la gracia de la composición son elementos característicos de la pintura de Antonio Allegri.
obra
Watteau es el pintor del universo de la fiesta galante; no se trata de una interpretación realista de la sociedad en sus actividades cotidianas pero, como apunta Francastel, sí es el pintor fiel de esa sociedad en vías de formación, la primera generación del siglo de las luces, ricos amateurs, burgueses que desean el poder pero también la cultura, que buscan llegar a los primeros puestos para hacer evidente su éxito. No son muy numerosas las escenas mitológicas en el catálogo de Watteau, catálogo por cierto complicado de fechar por la generalmente mala conservación de sus pinturas; sus contemporáneos ya comentan su carácter impaciente y el poco cuidado que ponía en la técnica: aplicaba un óleo graso en capas espesas sobre cuadros desigualmente secos; no secaba ni limpiaba regularmente su paleta, con lo que el polvo y los restos de los colores precedentes se mezclaban con los nuevos. Antíope era una joven de extraordinaria belleza que fue seducida por Júpiter, convirtiéndose antes en sátiro. Watteau nos presenta a la joven durmiendo, desnuda, ligeramente cubierta por una tela que Júpiter levanta para contemplar su bello y sensual cuerpo. El dios tiene forma de sátiro y se coloca en posición contraria a la joven, creándose un juego de contrastes de gran belleza tanto por las posturas como por los colores de la correspondiente carnación, nacarada la de Antíope y rojiza la del dios convertido en sátiro. La escena se desarrolla en un paisaje de tonos también rojizos, que hace resaltar aún más la blancura de la piel de Antíope. Una de las referencias obligadas que debemos manifestar en esta pintura es Correggio, artista muy admirado en el siglo XVIII y que servirá como modelo para buena parte de artistas, Carracci y Reni entre otros.
obra
El tema de este lienzo es el mismo que Ingres realiza en otros muchos cuadros: la Odalisca con una esclava, el estudio de Mujer dormida, etc. Siempre el cuerpo femenino como objeto sensual y estéticamente hermoso. Ingres vive en una época de puritanismo represivo y no puede tratar el tema crudamente, sino que ha de camuflarlo bajo el contexto de historias mitológicas adecuadas. En este caso, la bella mujer que aparece en tantas de sus obras es la protagonista de un relato griego marcadamente erótico: las aventuras de Júpiter con heroínas y ninfas, en este caso la cazadora Antíope, que está descansando en el bosque con las armas abandonadas tras la jornada. Júpiter abre la maleza guiado por Cupido para encontrar a la joven en un claro.
obra
Se encuadra dentro de la serie de dibujos de asunto mitológico realizados por Poussin entre 1627 y 1630, junto a Dos amorcillos combatiendo o Teseo abandonando a Ariadna. Representa los amores de Júpiter y Antíope, hija del dios fluvial Asopo. Júpiter, guiado por el amor, se presenta en forma de sátiro ante Antíope; como fruto de la unión, nacerán los mellizos Anfión y Zeto. Al igual que en otras obras de este primer periodo italiano, como en El imperio de Flora o La danza de la vida humana, Poussin representa al dios solar Apolo surcando el cielo sobre su carro, al fondo de la composición.