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El mundo del circo servirá como punto de referencia para buena parte de los pintores de vanguardia. Signac, Picasso, Degas o el propio Toulouse-Lautrec se inspiran en este espectáculo para realizar numerosas escenas. Henri elaboró en los últimos años del siglo XIX una serie de dibujos de la que forman parte la Payaso en el circo y este jinete que contemplamos. Lautrec renuncia a cualquier referencia al público para interesarse en la función, concretamente las habilidades del jockey y el movimiento del caballo alrededor de la pista. La seguridad de la línea presente en todos los trabajos del maestro se pone claramente de manifiesto en esta composición, obteniendo el volumen, la perspectiva y el dinamismo a través de un dibujo firme y seguro que se aleja del estilo tradicional representado por Ingres.
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Internado en el sanatorio de la avenue de Madrid en Neuilly debido al consumo abusivo de alcohol, Toulouse-Lautrec realizará de memoria numerosas escenas del mundo del circo como Jinete de circo, Payaso, En el circo: caballo, mono y domador o esta composición que contemplamos elaboradas con lápices de colores. Henri desea evadirse del mundo que le rodea y busca su inspiración en uno de los espectáculos más admirados por él y que más repercusión tendrá entre los artistas de la época. La seguridad en el dibujo que exhibe Lautrec es un elemento común a toda su producción, pero parece reforzarse en esta serie obteniendo una calidad difícilmente superable.
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Este soldado de caballería ligera del reino de Granada, de mediados del s. XIV, combate de una forma peculiar, muy diferente de la propia de la caballería pesada centroeuropea del mismo período. Su montura, sin protección metálica, aunque con un freno muy eficaz, es apropiada para tácticas de combate basadas en rehuir el choque con tropas pesadas. Se mantiene el uso de la cota de malla, en lugar de la coraza de lámina de acero. El peculiar escudo de cuero es una adarga, de probable origen norteafricano y generalizado en la Península Ibérica. A menudo se importaban del Egipto mameluco y de Oriente otras piezas de la armadura, como el casco.
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Existen ciertas dudas sobre la autoría de este Jinete polaco que aquí observamos. Algunos especialistas lo consideran obra auténtica de Rembrandt mientras que otros apuestan por su taller, sin especificar cual de los ayudantes procedió a la ejecución. Es una de las pocas imágenes ecuestres que tenemos del maestro por lo que resulta de gran importancia. El jinete aparece al aire libre, ante un paisaje montañoso que recuerda ligeramente a Hobbema o Van Ruisdael. La inserción de la figura en el paisaje resulta perfecta gracias a la luz dorada empleada, característica definitiva de la pintura de Rembrandt. El potente foco impacta en la espalda del jinete y la grupa del caballo, resolviendo con acierto la disposición de las sombras. Las pinceladas son rápidas, dentro de la "manera áspera" que identifica las últimas obras del maestro, más interesado por crear efectos atmosféricos que por los detalles, siguiendo a su admirado Tiziano.
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La más antigua estatua ecuestre de Grecia representa a un personaje de alcurnia, como indica su aspecto distinguido, su peinado elegantísimo, la corona de hojas, la barba cuidada y el bigote, que iba pintado. Se ha pensado que pudiera ser uno de los hijos de Pisistrato. Es obra de un taller ático, -se piensa que la Kore del Peplo es de la misma mano- admirable por la calidad y la vitalidad del modelado. La cabeza original se guarda en el Louvre; el cuerpo del jinete y del caballo se conserva en el Museo de la Acrópolis con una reproducción de la cabeza del Louvre.