Dentro del ciclo pasionista realizó también Juan de Mesa otra creación magistral: el Nazareno, en el que nos ofrece una versión de mayor hondura dramática que la de Montañés, por cuanto ha intensificado las huellas del sufrimiento, patentes en el rostro y en la curvatura de la espalda, según lo vemos en el impresionante Jesús del Gran Poder de Sevilla y en el Nazareno de La Rambla (Córdoba).
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Veronés recoge en esta escena un episodio narrado por San Mateo en su Evangelio. Jesús, al entrar en Cafarnaum, recibió la visita de un centurión romano que le suplicó para que curara a su siervo paralítico. Así, contemplamos en el lienzo a Cristo junto a sus acompañantes a la izquierda, en el centro al centurión con sus soldados y a la derecha la lujosa entrada del palacio del centurión, custodiado por la guardia. La expresividad de las figuras es la característica que define el pasaje. Todos reflejan claramente su estado de ánimo: desesperación en el centurión o tranquilidad en el gesto de Jesús. Los personajes van ataviados con ricos ropajes, iluminados por una luz de atardecer que provoca una excelente sensación de atmósfera en el ambiente y hace que la gama cromática sea más homogénea, destacando el negro manto de Cristo. Este delicado lienzo fue adquirido en Inglaterra para Felipe IV, quien lo envió a El Escorial.
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Este sensacional lienzo permaneció oculto en un almacén de la Academia de San Fernando hasta la exposición de la obra de Cano que se celebró en Granada en el año 1954. Formaba parte de la serie de pinturas realizadas por el maestro granadino para el refectorio de la Cartuja de Santa María de las Cuevas en Sevilla. Cano se inspiró en una composición del mismo tema realizada por Aniballe Carracci, al colocar el pozo en el centro de la composición. Se trata de una obra cargada de elegancia en la que destacan el sobresaliente dibujo, la estudiada composición y la brillante ejecución, empleando tonalidades rosas para la túnica de Cristo y azules para el manto. La sensación atmosférica es una muestra de la admiración por la escuela veneciana manifestada por el maestro granadino, especialmente por Tiziano y Veronés. El paisaje del fondo aumenta la brillantez del conjunto, demostrando Cano una vez más que es uno de los mejores creadores del Siglo de Oro.
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Lienzo barroco, podemos advertir las características típicas del estilo en varios puntos. Uno de ellos es lo complicado de la composición, que pone el punto de atención en el ángulo superior derecho, con un centro prácticamente vacío. La forma que el espectador tiene de llegar hasta allí es siguiendo con la mirada a todos los personajes que aparecen en la escena, puesto que todos ellos miran y se orientan con sus gestos a la figura elevada de Jesús niño. El lugar donde se desarrolla la acción es de lo más heterogéneo. El artista sevillano ha imaginado un templo pagano compuesto por elementos tan diversos como una galería gótica de bóvedas de crucería, un pilar renacentista cubierto de relieves de vegetación exuberante, una balaustrada de fantasía, en el mejor barroco de Borromini, y un altar o podio, donde Jesús se ha encaramado, que muy bien podría recordar los sagrarios de mármol y oro de las iglesias granadinas y sevillanas. Lo mismo podría aplicarse a los vestidos de los personajes, que van desde las sencillas túnicas con manto romano de San José, la Virgen y Jesús, hasta los turbantes y los brocados de las batas de los doctores judíos, entre los que incluso aparece uno con gorro frigio rojo. Este toque extravagante es propio del Barroco, que trata de sorprender y embelesar la vista y los sentidos, lo cual consigue con otros recursos. Uno de ellos es la mezcla de perspectivas: una galería en tremenda fuga diagonal hacia el fondo, un primer plano abigarrado de personajes y una galería lejana, de serenidad clásica. Los colores también cooperan con la diversidad, puesto que son densos, alegres, luminosos, con predominio de rojos y dorados, al mejor estilo de Murillo. La escena muestra a Jesús subido en una especie de altar, para poder ser visto por los doctores judíos, que consultan los pliegos de la Ley y le formulan preguntas sin salir de su asombro. En la galería elevada, un grupo de curiosos contempla tranquilamente la escena. Por la izquierda, con grandes gestos de desesperación, asoman los padres de Jesús, que al fin le han encontrado. Es una ingeniosa composición de un maestro del Barroco sevillano, Valdés Leal.
acepcion
Eran las inscripciones realizadas sobre los huesos y caparazones, convirtiéndose en la primera forma de escritura china. Inicialmente estos huesos fueron empleados en los rituales de adivinación que realizaban los chamanes de la dinastía Shang en sus invocaciones a los antepasados y dioses.
acepcion
Cuerda que empleaban los pueblos taínos del Caribe americano para sujetar las hamacas. En las crónicas aparece escrito como hico.