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obra
Vincent trasladará a lienzo en el otoño de 1887 tres estampas japonesas - Ciruelo en flor y Oiran son sus compañeras - destacando esta imagen que contemplamos. Este tipo de estampas servirán a Van Gogh para intensificar los tonos de sus cuadros mientras que los libros japoneses - con sus grabados y estampas en negro - sirvieron para depurar su técnica dibujística y aplicar los toques de pincel empleando la línea, la espiral y el punto en sus composiciones. Las líneas rojas y verdes que envuelven la escena son un añadido del holandés, inspirándose en el gran maestro Hiroshige para ejecutar este trabajo. El interés por mostrar los efectos atmosféricos relaciona esta obra con los impresionistas. La lluvia será un estado más de la atmósfera y debe ser plasmada en el lienzo como ya había hecho William Turner. El elevado interés por lo oriental en la Francia de finales del siglo XIX no afectará exclusivamente a los artistas sino que la nobleza y la burguesía empezaron a decorar los salones de sus casas con estampas y motivos orientales. Incluso esta afición llegaría a los palacios reales que decorarán al menos una estancia con motivos orientales.
obra
Durante el Segundo Imperio Francés se puso de moda lo oriental, vistiendo quimonos las más elegantes damas parisinas en las fiestas de postín. Esa admiración hacia todo lo que procedía de Japón llevará a los artistas a incluir en sus producciones una serie de elementos relacionados con el mundo nipón, incluso la estampa japonesa revolucionará la pintura desde su introducción con los impresionistas. Fortuny no llegará a tanto pero también ejecutará algunas escenas protagonizadas por figuras vestidas con indumentarias japonesas como ésta que contemplamos, portando una amplia sombrilla y un abanico; unos anchos pantalones, zuecos de elevada plataforma y una amplia camisa forman el vestuario de la mujer, cuyos rasgos orientales apenas son visibles. La figura se recorta ante un fondo neutro, proyectando su sombra en el suelo para crear el volumen y la ligera profundidad existente. El perfilado dibujo se compagina con una pincelada rápida y precisa que nos ofrece todo lujo de detalles, manifestando el estilo característico del pintor catalán. La luz ocupa un papel relevante al bañar el cuerpo de la japonesa y dotarlo de mayor viveza.
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Si lo oriental y lo exótico se habían puesto de moda en el Romanticismo todo lo relacionado con el mundo japonés tendrá enorme éxito en las cuatro últimas décadas del siglo XIX. Las estampas japonesas influirán en la obra de todos los impresionistas, marcando la planitud de numerosas escenas. Buena prueba de esta atracción hacia lo japonés será esta obra en la que Camille, la mujer de Monet, posa con una peluca rubia, vestida con un kimono sobre una alfombra típicamente oriental. La pared está repleta de abanicos con decoración japonesa. El dibujo es más preciosista, interesándose en algunos detalles, quizá por su deseo de conseguir algo de dinero. Los colores rojos, verdes y amarillos otorgan enorme alegría a un lienzo que fue vendido por 2.000 francos durante la segunda exposición del grupo impresionista, dinero que no palió la necesidad financiera de los Monet.
contexto
¿Por qué, aparte el valor y las defensas de los alemanes, la primera batalla de Cassino terminó con la derrota aliada?. Entre las múltiples razones hay que subrayar la inexperiencia de las tropas americanas y sus mandos, quienes por primera vez se enfrentaban, después del episodio de Troina, en Sicilia, a una potente línea defensiva alemana; desde los primeros días, la ofensiva no tuvo la potencia necesaria como para destruir las defensas alemanas; todo se hizo demasiado rápidamente para apoyar el desembarco de Anzio, resolviendo esos primeros ataques en una serie de combates sucesivos que en ningún punto del frente fueron determinantes. Sólo en un caso los aliados amenazaron seriamente las posiciones enemigas: cuando los franceses, con su movimiento hacia el norte, consiguieron avanzar peligrosamente sobre la "línea Gustav", aunque, bloqueado por aquél movimiento, von Senger reforzó sus defensas. Después de un mes de combates, las posiciones aliadas mejoraron: la mayor conquista fue la cabeza de puente más allá del Rapido, al norte de Cassino. Posición difícil de defender, expuesta al ataque enemigo, sin embargo, era la única vía de acceso al Monte de Cassino, identificado ya como el eje de todo el sistema defensivo alemán.
Personaje
Hija de Malinalli y Juan Jaramillo. Casada con Luis de Quesada. Al morir su padre, reclamó a la Corona que le fueran devueltos los bienes de su madre, Malinalli, ya que su padre, Jaramillo los legó a su segunda mujer, Beatriz de Andrade, y no a su hija. Muerta la propia María Jaramillo, Don Luis de Quesada siguió la reclamación. Al fin, la encomienda de Xilotepec se dividió en dos partes, una para cada litigante.
lugar
Al norte de la provincia de Cáceres se ubica Jarandilla de la Vera, uno de los pueblos más pintorescos de la región. Se levanta Jarandilla entre sierras y gargantas, en un entorno natural privilegiado. La comarca de La Vera -y, con ella, el lugar en el que se asienta la actual Jarandilla- perteneció a la antigua Lusitania. Los pueblos pre-romanos que ocuparon esta región dejaron numerosos restos, entre los que se cuentan pinturas rupestres, asentamientos castreños, sepulcros y piezas de cerámica, entre otros. También pasaron por aquí los romanos, quienes impusieron a la localidad el nombre de Municipium Flavium Vivertorum. El amplio programa constructivo romano, presente en toda la Península, dejó en el área de Jarandilla algunos elementos interesantes, como diversos puentes y calzadas, una villa y una importante necrópolis, la de La Berrocosa. Se han encontrado, además, restos de sepulturas e inscripciones. Del periodo visigodo apenas quedan pocos restos, siendo lo más destacado la pila bautismal que se guarda en la iglesia de Santa María de la Torre. Los visigodos fueron sustituidos en el siglo VIII por los musulmanes, quienes dieron a la localidad el nombre de Xarandiella y dejaron algunos -pocos- restos de su cultura, como las técnicas de cultivo, ciertas muestras de arte mudéjar y algunas partes de la iglesia de Santa María de la Torre. A comienzos del siglo XIII Alfonso VII conquistó Jarandilla y otras poblaciones de la comarca. A partir de entonces, éste y otros núcleos de población de La Vera pasan a depender de Plasencia, situación que se prolongará hasta 1369. Más tarde, Jarandilla es donada como señorío por el monarca Enrique II a D.Garcíálvarez de Toledo, Maestre de la Orden de Santiago. Algún tiempo después la villa es entregada a los Condes de Oropesa para pasar, finalmente, a los dominios del Ducado de Alba. Carlos II, a finales del siglo XVII, transforma el Señorío de Jarandilla en un Marquesado. Actualmente, Jarandilla es una viva localidad de La Vera cacereña, entre cuyos principales atractivos se encuentra el tipismo de algunas de sus calles, los paisajes que la rodean y sus monumentos. El más interesante de éstos es su castillo, en el que llegó a hospedarse Carlos V, aunque tampoco conviene olvidarse de su iglesia, levantada bajo la advocación de Nuestra Señora de la Torre.
lugar
fuente
Conjunto de cabos (cuerdas) de un buque; obenques, estais, burdas...
Personaje Literato
"Amor se escribe sin hache", su primera novela, refleja ya muchas de las características que definirían su posterior literatura. En clave de humor, realiza una irónica descripción de la realidad, una realidad que no le gustaba, según declaraban los que le conocían. Su humor en más de una ocasión fue fuente de inspiración para el semanario "La Codorniz", que sucedería a "La ametralladora", la revista de humor que se publicaba en los años de la guerra. Sin duda, Jardiel Poncela destacó como dramaturgo. El enredo y la comedia eran los dos ingredientes que definían sus obras. Los diálogos eran ágiles y estaban escritos con un gran sentido del humor. Planteaba situaciones cotidianas desde un punto de vista crítico. Dentro de su producción teatral cabe mencionar obras como "Margarita, Armando y su padre", "Usted tiene ojos de mujer fatal", "Angelina o el honor de un brigadier", "Un drama en 1880", "Los ladrones somos gentes honrada", "Eloisa está debajo de un almendro" y "Los habitantes de la casa deshabitada". Es también autor de otras obras como "Espérame en Siberia, vida mía", "¿Pero hubo alguna vez once mil vírgenes?". Tradición e innovación se fusionan en sus obras, donde aborda la comedia costumbrista burguesa, al tiempo que se adentra en las últimas tendencias del teatro. Sus comedias se aproximan al denominado "teatro del absurdo".