Roma fue la capital oficiosa del mundo europeo durante varios siglos. Por esa razón, existían allí importantes colonias extranjeras, como la española, la francesa, la flamenca, etc. Cada comunidad poseía sus propias instituciones y la iglesia de San Luis de los Franceses representaba el lugar de oración para la colonia francesa. Está dedicada nada menos que a San Luis, rey de Francia, para mayor representatividad. Roma se preocupaba de honrar los monumentos de los extranjeros, que frecuentemente simbolizaban lo que hoy día las embajadas. Por esta razón, en la iglesia trabajaron los mejores artistas de Roma: la fachada es del arquitecto renacentista Giacomo della Porta. El interior lo adornaron pintores de la talla de Caravaggio, Bassano, Domenichino y Guido Reni. Entre las tumbas que se encuentran en el interior del templo destaca la de Claudio de Lorena.
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<p>Los proyectos de reconstrucción de la pequeña iglesia adquirida por la colonia francesa en 1478 datan del reinado de Francisco I. Se había previsto ya construir un edificio redondo del que se aprovecharon algunos fragmentos como las salamandras (emblemas del rey) en la parte inferior de la fachada. Posteriormente los planos se modificaron y durante el siglo XVI, varios arquitectos se sucedieron para construir la iglesia que fue terminada en torno a 1589. Se cree que la sobria fachada de la iglesia es obra de Domenico Fontana, Entre 1756 y 1764 el interior se decoró de nuevo, en la bóveda se pintó La Apoteosis de San Luis y en el Altar Mayor la Asunción, realizada por Bassano. En la Capilla Contarelli, situada al fondo a la izquierda, donde se conservan tres de las obras más destacadas de Caravaggio: La vocación de San Mateo; el Martirio de San Mateo y San Mateo y el ángel. En esta iglesia podemos contemplar también los frescos de Vida de Santa Cecilia por El Domenichino, el monumento a Pauline de Beaumont y algunas célebres tumbas como la del pintor Claudio de Lorena.</p>
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La iglesia de San Luis se sitúa en la que fuera casa de los Señores Enríquez de Riera, cediendo el terreno doña Lucía de Medina a la Compañía de Jesús para la construcción de un Noviciado, a condición de dedicarse el templo a san Luis, rey de Francia y poder ella ser enterrada en la Capilla Mayor. Para atribuir esta obra a un círculo artístico vale el estudio comparado de los detalles arquitectónicos, ya que cada elemento gráfico interviene como un seguro testimonio documental. Esta obra, construida por Leonardo de Figueroa, se pone en relación con alguna de las personalidades artísticas del Colegio Romano ya que la concepción planimétrica y distributiva del espacio central en cruz griega, con su domo imponente, se acompaña con ejes diagonales que se proyectan en sistema cruzado, encuadrados y reforzados por pareadas columnas salomónicas. La precisión del proyecto y su calidad está en relación con obras en las que la Orden jesuita utiliza el centralismo clásico. Se considera también una recreación simplificada de la iglesia de Santa Inés en Roma, obra de Rainaldi. En el aspecto decorativo se mantiene una filiación con la tradición barroca sevillana. La fachada presenta dos cuerpos en los que se alternan piedra y ladrillo, flanqueando la estructura dos torres de sección poligonal, con chapiteles vidriados que aportan una atractiva policromía al conjunto. El conjunto en su interior es de gran belleza por la riqueza de los elementos decorativos, entre los que destacan las pinturas de la cúpula, obra de Lucas Valdés, y el Retablo Mayor de Pedro Duque Cornejo, joya del Barroco realizada en 1730, presidida por el lienzo de Zurbarán dedicado a San Luis de los Franceses, patrono del templo. En la actualidad, el edificio es propiedad de la Diputación de Sevilla.
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Esta feligresía, aneja de la parroquia de Santa María de Cuiña y perteneciente al arciprestazgo de Ulloa, es de origen medieval. Como muchas otras ermitas de la zona su estructura original se identifica con el estilo románico.
obra
En San Marcello, Fontana hace una cita libre de los grandes maestros, especialmente de Borromini. La ligera concavidad confiere elasticidad a su estructura que vibra por el empleo plástico de los haces de columnas (casi quinientistas), que flanquean el pórtico, o por el uso pictórico de las turgentes palmas, que funcionan como volutas de enlace del alto cuerpo central con las alas más bajas.
obra
La curvatura de esta fachada la convertirá en una de las más populares, con su libre y fantasiosa interpretación de los grandes maestros. Se antepone a la iglesia que había sido construida siguiendo los diseños de Sansovino y Antonio da Sangallo el Joven.
monumento
<p>Colaborador del gran maestro Carlo Rainaldi, Fontana fue la figura dominante de la arquitectura romana del final del siglo XVII, con su libre y fantasiosa interpretación de los grandes maestros, como se aprecia en la fachada de San Marcello al Corso (1682-83), destacando también como teórico de la arquitectura con sus consideraciones sobre la basílica de San Pietro. En San Marcello, Fontana hace una cita libre de los grandes maestros, especialmente de Borromini. La ligera concavidad confiere elasticidad a su estructura que vibra por el empleo plástico de los haces de columnas (casi quinientistas), que flanquean el pórtico, o por el uso pictórico de las turgentes palmas, que funcionan como volutas de enlace del alto cuerpo central con las alas más bajas. A destacar, la ventana puesta en el centro del edículo superior que no ilumina, ni ventila, pero sí activa el vacío.</p>
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En este templo se conservan algunos cuadros de Sebastiano Ricci y un pequeño cuadro de Tiziano sobre el asunto bíblico de Tobías y el ángel.