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<p>Estando los rusos dispuestos a defenderse y los alemanes a atacar, tan sólo faltaba la fecha de inicio de la confrontación. La primera posibilidad barajada por Hitler fue comenzar la ofensiva el 3 de mayo de 1943, posibilidad rápidamente desechada por cuanto los ingentes preparativos soviéticos eran tan ostensibles que el mismo Führer determinó aplazar la Operación Citadelle hasta no contar con mayores medios. Las noticias facilitadas por el espía "Lucy" permitían al Alto Mando soviético conocer las operaciones y movimientos del enemigo, por lo que los rusos hubieron de movilizarse y desmovilizarse en varias ocasiones más. Tras ordenar aumentar el ritmo de fabricación de carros, Hitler decidió que la nueva fecha sería el 12 de junio. Esta vez el aplazamiento fue causado por problemas lejanos, como fue la rendición de las fuerzas alemanas e italianas en el norte de África. La victoria aliada significaba que acaparaban la totalidad del Norte de África y que esta nueva situación les permitía establecer una cabeza de puente para la invasión del Sur de Europa, bien a través de Italia, bien a través de los Balcanes. Significaba, también, que la invasión podría producirse en cuestión de semanas, lo que abriría un nuevo frente en el Mediterráneo, además del ya establecido en Rusia. Otro motivo de preocupación para Hitler era la postura italiana. Sabía el Führer que las tropas alemanas en Sicilia eran despreciadas por la población, acusadas de inplicarla en una guerra que además iban perdiendo. Tampoco estaba seguro de la fidelidad del ejército italiano, que podría pasarse al bando aliado. Por si fuera poco, no dudaba de su alianza con Mussolini, pero sí de la capacidad de éste para mantenerse en el poder en un momento de especial dificultad. En consecuencia, Hitler se planteó enviar seis divisiones acorazadas Panzer desde el frente ruso, tres de las cuales habrían de ser "SS", en un intento de impresionar a la población y los soldados italianos. Sin embargo, el Cuartel general alemán se opuso, alegando que esas unidades eran imprescindibles para el éxito de la operación Citadelle. En respuesta, Hitler aplazó el envío a la espera de cómo evolucionasen los acontecimientos. Los permanentes retrasos en el comienzo de la ofensiva preocupaban seriamente a los mandos alemanes, en especial Kluge y Manstein. Ambos sabían que los soviéticos llevaban meses preparando sus defensas, y estimaban que todo aplazamiento beneficiaba al enemigo, más aun si coincidía con un desembarco aliado en Europa. Así, el mismo Manstein se mostró en algún momento partidario de abandonar el plan de ataque, mientras que Kluge, deseoso de gloria y prestigio con el que oponerse a su enemigo Guderian, era partidario de continuarlo. El factor que resultó definitivo en la decisión de continuar con los planes previstos fue la intervención de Zeitzler, quien pensó, y así se lo dijo a Hitler, que tantos preparativos soviéticos demostraban la importancia estratégica de la región de Kursk y que, en caso de salir victoriosos, el Ejército Rojo sufriría un golpe del que difícilmente podría recuperarse. No sólo Zeitzler, sino también otros miembros del Estado Mayor alemán, pensaron que los soviéticos preparaban una gran ofensiva, lo que resultaba del todo falso, pues los rusos se estaban preparando para atacar una vez hubieran rechazado la ofensiva alemana. La nueva fecha ordenada por Hitler era el 3 de julio, después cambiada por la noche del 4 al 5 de julio. Entretanto, los soviéticos continuaban preparando sus defensas. En el sector occidental del frente Voronezh, Vatutin dispuso al Treinta y Ocho y al Cuarenta ejércitos, mientras que entre Soldatskoye y Volchansk, en una línea de 112 kms., desplegó a lo más granado de su ejército. En un primer escalón, situó al Sexto y Séptimo ejércitos de Guardias, veteranos de Stalingrado, reforzados con los dos tercios de su artillería orgánica y casi las tres cuartas partes de la Reserva. En un segundo escalón ubicó al Primer Ejército de carros, dominando la zona oriental hacia Oboyan, el transporte por ferrocarril y la carretera hacia el Norte de Kursk, mientras que el Sesenta y Nueve habría de salvaguardar el sector central entre el Sexto y Séptimo ejércitos de Guardias. Un cuerpo de ejército de infantería y otro de carros componían sus fuerzas de reserva. La defensa soviética se organizaba de manera escalonada. Cada ejército se desplegaba en tres o cuatro escalones, estando constituido cada escalón de tres zonas, anterior, media y posterior, de defensa. Incluso en algunas áreas había zonas de defensa intermedias. Por detrás, en el frente Estepa, el mariscal Zhukov desplegó cinco ejércitos, entre ellos el gigantesco Quinto ejército de carros, y seis cuerpos de ejército. Rokossovsky, en la región al Norte del saliente de Kursk, desplegó los ejércitos Sesenta y Sesenta y Cinco para que protegieran la cara occidental del saliente, mientras que, por el Norte, correspondía esta misión al Diecisiete, Trece y Cuarenta y Ocho. Un segundo escalón defensivo lo componía el segundo Ejército de carros, al mismo tiempo que en la reserva se situaban un cuerpo de ejército de infantería, otro de caballería, dos de carros y varias unidades de cañones anti-carro. La estrategia de despliegue soviética estaba especialmente preparada para contrarrestar las técnicas alemanas de avance, en especial las de las divisiones Panzer. Habitualmente, como demostraron con gran efectividad en las campañas de Polonia y Francia, las divisiones Panzer eran lanzadas como punta de lanza contra las defensas enemigas, entre las que abrían un corte estrecho pero profundo. La penetración tras las líneas enemigas permitía después golpearlas desde la retaguardia, mientras la infantería acosaba de frente. Sin embargo, esta técnica era desaconsejada para enfrentarse a defensas en profundidad, como desde luego eran las de Kursk. Así, el Cuarto Ejército Panzer y el destacamento de Ejército "Kempf" adoptaron el dispositivo de ataque "en cuña": los blindados atacarían agrupados en diversas formaciones a manera de cuña, ubicados los Tigers en la punta y los Panzer y Pzkw IV en la base de la retaguardia. Por detrás, avanza la infantería con granadas y ametralladoras móviles mientras que en la base se sitúan unidades de infantería motorizada con morteros móviles. La intención era lanzar sucesivas oleadas de estos ataques, a fin de mermar las defensas soviéticas. Tanto Model como Hoth pensaban, y así lo ordenaron, que la penetración de los Panzer debía mantenerse a toda costa, pues se consideraba un factor esencial en la victoria. Si algún carro quedaba parado por avería, debería apoyar con su fuego el avance del resto de unidades, que atacarían tan sólo las defensas que se interpusieran en su avance, mientras que el resto, se pensaba, quedarían después para la infantería de apoyo. Para los mandos alemanes, la movilidad era básica, más aun sabiendo que los rusos habían preparado extraordinarias defensas. Se temía, por tanto, un ataque estático, que será finalmente el que, obligados por los campos de minas, acabará por producirse. En efecto, para salir de los campos minados los blindados alemanes hubieron de ponerse a tiro de los cañones soviéticos, con lo que la formación en cuña se rompía al retrasar su avance y ser alcanzados por la infantería. La inadecuada táctica empleada produjo que sólo el Cuerpo de Ejército Panzer SS lograse romper varios cinturones defensivos rusos durante la primera semana de combates. En el frente norte, el mando alemán decidió emplear un sistema ofensivo clásico, destinando a la infantería y artillería la misión de abrir una brecha por la que avanzasen las divisiones Panzer, una táctica utilizada con éxito ocho meses antes por Montgomery en El Alamein. Sin embargo, su mayor problema será la carencia de artillería. Por el sur, Hoth y Kempf, subordinados a Manstein, disponían de la mayor fuerza acorazada jamás dispuesta en el ejército alemán. Desplegados de este a oeste a lo largo de una línea de 50 kms., contra Vatutin se oponían el sexto Ejército de Guardias, ubicado al Sudoeste, y las divisiones acorazadas de la Tercera División Panzer Grossdeutschland, 11? Panzer, SS, Leibstandarte, Adolf Hitler, Das Reich, Totenkopf, 6?, 19? y 7? Panzer. El equipamiento de las divisiones SS era extraordinario y superior a lo normal, preparadas para hacer un trabajo rápido y dispersarse rápidamente hacia otros frentes, pues se tenía una confianza enorme en sus propias fuerzas. Previamente al inicio de los combates, ambos contendientes se esforzaron en intentar engañar al enemigo. Los rusos, por ejemplo, construyeron numerosos aeródromos, reales o ficticios, para confundir al enemigo. Los alemanes, por su parte, intentaban hacer creer al Alto Mando ruso que su ataque se produciría de frente contra el saliente, y no por los flancos laterales, engaño en el que los soviéticos no cayeron debido a las informaciones facilitadas por el espionaje. Las acciones de distracción alemanas incluían movilizaciones de carros a plena luz del día, que luego regresaban de noche a sus posiciones. El despliegue real de los efectivos alemanes, con todo, fue espectacular. 900.000 hombres, de ellos 570.000 como fuerza de asalto, 10.000 piezas artilleras, 2.700 carros y cañones de asalto y 2.050 aviones de la Cuarta y Sexta Flota Aérea de la Luftwaffe fueron aprestados para la ofensiva. El Noveno Ejército del general Model, incluido en el Grupo de Ejército Centro, ocupó una línea de frente de 50 kms. con seis divisiones Panzer, dos de infantería motorizada y doce de a pie. Al sur del saliente de Kursk, Manstein desplegó dos grandes unidades de ataque: una, el Cuarto ejército Panzer de Hoth, contaba con cinco divisiones Panzer, una de infantería motorizada y tres de a pie; la otra, el destacamento de Ejército de Kempf, disponía de tres divisiones Panzer y otras tres de infantería de a pie. Los rusos, por su parte, dispusieron de 1.337.000 hombres, 20.220 cañones, morteros y lanzacohetes, 3.066 carros de combate y 2.650 aviones. El despliegue de medios, por el norte del saliente, puso a disposición de Rokossovsky seis ejércitos (cada uno de ellos equivalente a un cuerpo de ejército alemán), superiores en número a los alemanes en proporción de 6 a 4. La superioridad artillera era también abrumadora. Vatutin, por el Sur, pudo oponer a Manstein, Hoth y Kempf también seis ejércitos, en una relación de seis rusos por 5 alemanes, si bien el sector por el que se esperaba el ataque alemán estaba defendido por dos cuerpos de ejército soviéticos. La superioridad rusa se completaba con las fuerzas establecidas por Zhukov en la retaguardia, un grupo de ejército completo, más tres cuerpos de ejército de infantería por detrás de Vatutin y Rokossovsky. Tres agrupaciones aéreas, cada una con 700 aviones, realizarían la cobertura aérea a base de bombarderos de las Fuerzas Aéreas Estratégicas y cazas de las Fuerzas de la Defensa Aérea.</p>
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Dispuestos los rusos a defenderse y los alemanes a atacar, tan sólo faltaba la fecha de inicio de la confrontación. La primera posibilidad barajada por Hitler fue comenzar la ofensiva el 3 de mayo, posibilidad rápidamente desechada por cuanto los ingentes preparativos soviéticos eran tan ostensibles que el mismo Führer determinó aplazar la Operación Zitadelle hasta no contar con mayores medios. Las noticias facilitadas por el espía "Lucy" permitían al Alto Mando soviético conocer las operaciones y movimientos del enemigo, por lo que los rusos hubieron de movilizarse y desmovilizarse en varias ocasiones más. Tras ordenar aumentar el ritmo de fabricación de carros, Hitler decidió que la nueva fecha sería el 12 de junio. Esta vez el aplazamiento fue causado por problemas lejanos, como fue la rendición de las fuerzas alemanas e italianas en el norte de África. La victoria aliada significaba que acaparaban la totalidad del Norte de África y que esta nueva situación les permitía establecer una cabeza de puente para la invasión del Sur de Europa, bien a través de Italia, bien a través de los Balcanes. Significaba, también, que la invasión podría producirse en cuestión de semanas, lo que abriría un nuevo frente en el Mediterráneo, además del ya establecido en Rusia. Otro motivo de preocupación para Hitler era la postura italiana. Sabía el Führer que las tropas alemanas en Sicilia eran despreciadas por la población, acusadas de inmiscuirla en una guerra que además iban perdiendo. Tampoco estaba seguro de la fidelidad del ejército italiano, que podría pasarse al bando aliado. Por si fuera poco, no dudaba de su alianza con Mussolini, pero sí de la capacidad de éste para mantenerse en el poder en un momento de especial dificultad. En consecuencia, Hitler se planteó enviar seis divisiones acorazadas Panzer desde el frente ruso, tres de las cuales habrían de ser "SS", en un intento de impresionar a la población y los soldados italianos. Sin embargo, el Cuartel general alemán se opuso, alegando que esas unidades eran imprescindibles para el éxito de la operación Zitadelle. En respuesta, Hitler aplazó el envío a la espera de cómo evolucionasen los acontecimientos. Los permanentes retrasos en el comienzo de la ofensiva preocupaban seriamente a los mandos alemanes, en especial Kluge y Manstein. Ambos sabían que los soviéticos llevaban meses preparando sus defensas, y estimaban que todo aplazamiento beneficiaba al enemigo, más aun si coincidía con un desembarco aliado en Europa. Así, el mismo Manstein se mostró en algún momento partidario de abandonar el plan de ataque, mientras que Kluge, deseoso de gloria y prestigio con el que oponerse a su enemigo Guderian, era partidario de continuarlo. El factor que resultó definitivo en la decisión de continuar con los planes previstos fue la intervención de Zeitzler, quien pensó, y así se lo dijo a Hitler, que tantos preparativos soviéticos demostraban la importancia estratégica de la región de Kursk y que, en caso de salir victoriosos, el Ejército Rojo sufriría un golpe del que difícilmente podría recuperarse. No sólo Zeitzler, sino también otros miembros del estado Mayor alemán, pensaron que los soviéticos preparaban una gran ofensiva, lo que resultaba del todo falso, pues los rusos se estaban preparando para atacar una vez hubieran rechazado la ofensiva alemana. La nueva fecha ordenada por Hitler era el 3 de julio, después cambiada por la noche del 4 al 5 de julio. Entretanto, los soviéticos continuaban preparando sus defensas. En el sector occidental del frente Voronezh, Vatutin dispuso al Treinta y Ocho y al Cuarenta ejércitos, mientras que entre Soldatskoye y Volchansk, en una línea de 112 kms., desplegó a lo más granado de su ejército. En un primer escalón, situó al Sexto y Séptimo ejércitos de Guardias, veteranos de Stalingrado, reforzados con los dos tercios de su artillería orgánica y casi las tres cuartas partes de la Reserva. En un segundo escalón ubicó al Primer Ejército de carros, dominando la zona oriental hacia Oboyan, el transporte por ferrocarril y la carretera hacia el Norte de Kursk, mientras que el Sesenta y Nueve habría de salvaguardar el sector central entre el Sexto y Séptimo ejércitos de Guardias. Un cuerpo de ejército de infantería y otro de carros componían sus fuerzas de reserva. La defensa soviética se organizaba de manera escalonada. Cada ejército se desplegaba en tres o cuatro escalones, estando constituido cada escalón de tres zonas, anterior, media y posterior, de defensa. Incluso en algunas áreas había zonas de defensa intermedias. Por detrás, en el frente Estepa, el mariscal Zhukov desplegó cinco ejércitos, entre ellos el gigantesco Quinto ejército de carros, y seis cuerpos de ejército. Rokossovsky, en la región al Norte del saliente de Kursk, desplegó los ejércitos Sesenta y Sesenta y Cinco para que protegieran la cara occidental del saliente, mientras que, por el Norte, correspondía esta misión al Diecisiete, Trece y Cuarenta y Ocho. Un segundo escalón defensivo lo componía el segundo Ejército de carros, al mismo tiempo que en la reserva se situaban un cuerpo de ejército de infantería, otro de caballería, dos de carros y varias unidades de cañones anti-carro. La estrategia de despliegue soviética estaba especialmente preparada para contrarrestar las técnicas alemanas de avance, en especial las de las divisiones Panzer. Habitualmente, como demostraron con gran efectividad en las campañas de Polonia y Francia, las divisiones Panzer eran lanzadas como punta de lanza contra las defensas enemigas, entre las que abrían un corte estrecho pero profundo. La penetración tras las líneas enemigas permitía después golpearlas desde la retaguardia, mientras la infantería acosaba de frente. Sin embargo, esta técnica era desaconsejada para enfrentarse a defensas en profundidad, como desde luego eran las de Kursk. Así, el Cuarto Ejército Panzer y el destacamento de Ejército "Kempf" adoptaron el dispositivo de ataque "en cuña": los blindados atacarían agrupados en diversas formaciones a manera de cuña, ubicados los Tigers en la punta y los Panzer y Pzkw IV en la base de la retaguardia. Por detrás, avanza la infantería con granadas y ametralladoras móviles mientras que en la base se sitúan unidades de infantería motorizada con morteros móviles. La intención era lanzar sucesivas oleadas de estos ataques, a fin de mermar las defensas soviéticas. Tanto Model como Hoth pensaban, y así lo ordenaron, que la penetración de los Panzer debía mantenerse a toda costa, pues se consideraba un factor esencial en la victoria. Si algún carro quedaba parado por avería, debería apoyar con su fuego el avance del resto de unidades, que atacarían tan sólo las defensas que se interpusieran en su avance, mientras que el resto, se pensaba, quedarían después para la infantería de apoyo. Para los mandos alemanes, la movilidad era básica, más aun sabiendo que los rusos habían preparado extraordinarias defensas. Se temía, por tanto, un ataque estático, que será finalmente el que, obligados por los campos de minas, acabará por producirse. En efecto, para salir de los campos minados los blindados alemanes hubieron de ponerse a tiro de los cañones soviéticos, con lo que la formación en cuña se rompía al retrasar su avance y ser alcanzados por la infantería. La inadecuada táctica empleada produjo que sólo el Cuerpo de Ejército Panzer SS lograse romper varios cinturones defensivos rusos durante la primera semana de combates. En el frente norte, el mando alemán decidió emplear un sistema ofensivo clásico, destinando a la infantería y artillería la misión de abrir una brecha por la que avanzasen las divisiones Panzer, una táctica utilizada con éxito ocho meses antes por Montgomery en El Alamein. Sin embargo, su mayor problema será la carencia de artillería. Por el sur, Hoth y Kempf, subordinados a Manstein, disponían de la mayor fuerza acorazada jamás dispuesta en el ejército alemán. Desplegados de este a oeste a lo largo de una línea de 50 kms., contra Vatutin se oponían el sexto Ejército de Guardias, ubicado al Sudoeste, y las divisiones acorazadas de la Tercera División Panzer Grossdeutschland, 11? Panzer, SS, Leibstandarte, Adolf Hitler, Das Reich, Totenkopf, 6?, 19? y 7? Panzer. El equipamiento de las divisiones SS era extraordinario y superior a lo normal, preparadas para hacer un trabajo rápido y dispersarse rápidamente hacia otros frentes, pues se tenía una confianza enorme en sus propias fuerzas. Previamente al inicio de los combates, ambos contendientes se esforzaron en intentar engañar al enemigo. Los rusos, por ejemplo, construyeron numerosos aeródromos, reales o ficticios, para confundir al enemigo. Los alemanes, por su parte, intentaban hacer creer al Alto Mando ruso que su ataque se produciría de frente contra el saliente, y no por los flancos laterales, engaño en el que los soviéticos no cayeron debido a las informaciones facilitadas por el espionaje. Las acciones de distracción alemanas incluían movilizaciones de carros a plena luz del día, que luego regresaban de noche a sus posiciones. El despliegue real de los efectivos alemanes, con todo, fue espectacular. 900.000 hombres, de ellos 570.000 como fuerza de asalto, 10.000 piezas artilleras, 2.700 carros y cañones de asalto y 2.050 aviones de la Cuarta y Sexta Flota Aérea de la Lutwaffe fueron aprestados para la ofensiva. El Noveno Ejército del general Model, incluido en el Grupo de Ejército Centro, ocupó una línea de frente de 50 kms. con seis divisiones Panzer, dos de infantería motorizada y doce de a pie. Al sur del saliente de Kursk, Manstein desplegó dos grandes unidades de ataque: una, el Cuarto ejército Panzer de Hoth, contaba con cinco divisiones Panzer, una de infantería motorizada y tres de a pie; la otra, el destacamento de Ejército de Kempf, disponía de tres divisiones Panzer y otras tres de infantería de a pie. Los rusos, por su parte, dispusieron de 1.337.000 hombres, 20.220 cañones, morteros y lanzacohetes, 3.066 carros de combate y 2.650 aviones. El despliegue de medios, por el norte del saliente, puso a disposición de Rokossovsky seis ejércitos (cada uno de ellos equivalente a un cuerpo de ejército alemán), superiores en número a los alemanes en proporción de 6 a 4. La superioridad artillera era también abrumadora. Vatutin, por el Sur, pudo oponer a Manstein, Hoth y Kempf también seis ejércitos, en una relación de seis rusos por 5 alemanes, si bien el sector por el que se esperaba el ataque alemán estaba defendido por dos cuerpos de ejército soviéticos. La superioridad rusa se completaba con las fuerzas establecidas por Zhukov en la retaguardia, un grupo de ejército completo, más tres cuerpos de ejército de infantería por detrás de Vatutin y Rokossovsky. Tres agrupaciones aéreas, cada una con 700 aviones, realizarían la cobertura aérea a base de bombarderos de las Fuerzas Aéreas Estratégicas y cazas de las Fuerzas de la Defensa Aérea.
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Otro hecho que no hay que perder de vista es la situación financiera imperante en el continente.Las guerras de emancipación y las posteriores guerras civiles provocaron la destrucción de una parte considerable de la riqueza nacional que necesariamente habría que cuantificar (molinos, haciendas, campos de labor, etc.) y el éxodo de españoles peninsulares, y también españoles americanos, con destino a la Península y otros puntos de Europa. Todo lo cual generó una importante salida de capitales que dificultó la actividad económica e impidió la financiación de un buen número de actividades productivas. Quizá donde más se dejó notar esta situación fue en la minería, siempre necesitada de fuertes inversiones de capital y más aún cuando se trata de relanzar la actividad después de un período más o menos prolongado de inactividad. Esta fuga de capitales fue alentada por importantes sectores de las oligarquías locales que ante la situación de conflictividad y de inseguridad en que se vivía a consecuencia de las guerras, prefirieron poner su dinero a buen recaudo en bancos ingleses y franceses. La opción por estos últimos era muy clara, pese a pagar tipos de interés menores que en España, debido a la mayor seguridad ofrecida. No se debe olvidar que en España después de la guerra de Independencia y la restauración de Fernando VII hubo que hacer frente al Trienio Constitucional y a la nueva restauración del absolutismo, a lo que siguieron las guerras carlistas. México y Lima, los principales centros mercantiles de la América Hispana, fueron, obviamente, los más afectados por la fuga de capitales. El cónsul británico en Lima, Charles Milner Ricketts, señalaba en 1825 cómo el capital comercial existente en la capital se había contraído hasta llegar sólo al millón de pesos, desde una cantidad que rondaba los 15 millones entre 1790 y 1800. Tengamos en cuenta que entre 1819 y 1825 sólo los buques británicos extrajeron del Perú casi 27 millones de pesos en metálico. Y no se trataba únicamente de retornos efectuados por los comerciantes británicos, sino de remesas de peninsulares y criollos, como ya se ha apuntado. En México se señalaba que los más ricos comerciantes españoles se habían llevado consigo más de cien millones de pesos. Esta situación acabaría desembocando en la expulsión de los españoles de México. Las necesidades fiscales de los nuevos países también se iban a cubrir por la vía de los empréstitos forzosos. Estos comenzaron afectando a los comerciantes españoles, pero en la medida que las necesidades de los gobiernos aumentaban también se hicieron sentir sobre los locales y otros extranjeros, como los británicos. También hay que señalar que este tipo de contribuciones terminaba repercutiendo de forma directa sobre los sectores populares. En Buenos Aires, las contribuciones extraordinarias destinadas a hacer frente a los gastos bélicos, supusieron entre 1812 y 1817 una suma cercana a los 600.000 pesos. Cuando el dinero no alcanzaba, y esto ocurría con bastante frecuencia, los gobiernos debían acudir a los agiotistas. Se trataba de comerciantes especializados en prestar dinero a plazos cortos, o muy cortos, y a un interés elevadísimo dado el riesgo de la operación, que pueden encontrarse en toda América, desde Montevideo hasta México. La dependencia de los gobiernos les permite aumentar rápidamente su influencia política, un elemento fundamental para recuperar el monto de su inversión por vías distintas al pago del capital y de los intereses correspondientes.
obra
La leyenda dice que las jóvenes pueden encontrar a su futuro esposo la víspera de Santa Inés. Esta leyenda inspiró al poeta John Kaeats para publicar en 1819 su poema "La víspera de Santa Inés", poema que sirvió de base a Hunt para realizar este lienzo. Los protagonistas de la escena son Magdalena y Porfirio, los enamorados que aprovechan la embriaguez de los asistentes a la fiesta para escapar. Ambos presentan sigilo en sus movimientos, intentando evitar que los hombres que aparecen en la estancia se despierten al igual que los perros que les acompañan. Al fondo, tras una arquería, podemos apreciar el jolgorio de la fiesta, espacio más iluminado que el primer plano. Las posturas de las figuras son extraordinarias, especialmente el escorzo del hombre que parece proyectarse hacia el espectador. También son dignos de mención los detalles de los vestidos o los cortinajes así como los objetos que se distribuyen por el espacio. Todos los elementos de la escena indican la elevada calidad como dibujante de Hunt. El estudio lumínico puede presentar algunos errores al realizar Hunt esta escena a la luz de las velas, ya que trabajaba durante el día en la escuela de la Royal Academy. En su deseo de presentar el lienzo a la exposición del año 1848, su buen amigo Millais le ayudó en algunas zonas. La obra fue admirada por Dante Gabriel Rossetti, surgiendo entre los tres pintores una estrecha amistad que les llevaría a fundar ese mismo año la Hermandad de los Prerrafaelitas.
Personaje
Arquitecto
Estudió bajo los consejos de Foggini y luego se estableció en Roma para completar su formación. Allí se inspiró especialmente en los ejemplos barrocos que inundaban la ciudad. Entre sus primeras obras sobresale la capilla del Palacio Cellamare, cuya decoración resulta espectacular. De nuevo en Roma entra a trabajar al servicio del papado, primero con Clemente XII y luego con Benedicto XIV. Se hizo cargo de los palacios pontificios y sumó al Palacio del Quirinal el edificio del Secretario de Cuentas y proyectó una nueva ala. A este prolífico autor también se debe la fachada de Santa María Maggiore, entre otras obras. Sus diseños todavía están sujetos a formas clásicas, aunque tienden hacia el clasicismo. Más tarde, se trasladó a Nápoles a instancias de Carlos de Borbón. Allí dejó importantes edificios como el Albergue de los Pobres o las fábricas de porcelanas.
Personaje
Otros
Familia alemana originaria de Graben, cerca de Augsburgo, dedicada a la banca y el comercio. Enriquecidos con la explotación de plata y cobre y las exportaciones de sal, el iniciador de la dinastía es Johannes. Ulrich (1441-1510), su nieto, mantuvo contactos comerciales con Lisboa, Venecia, Amberes y Roma, logrando un título nobiliario en 1504 junto con sus hermanos. Jacob II (1459-1525), uno de ellos, financió la elección de Carlos V como emperador, logrando desde entonces realizar grandes operaciones crediticias con el monarca. Apodado "el Rico", Jacob II logró incrementar la fortuna familiar al prestar a un interés de entre el 12 y el 14 %, cuyo importe era sufragado gracias a la plata americana, sobre la que la familia tenía preferencia. Georg Raymund (1489-1535) y Anton (1494-1560), sobrinos de Jacob II, consiguieron el derecho de fabricación de moneda, bajo la dirección del segundo. Las relaciones con la corona imperial se fueron, con el tiempo, haciendo más estrechas, obligados a librar nuevos préstamos para pagar los anteriores. Así, la bancarrota de 1557 les hizo perder inicialmente 4 millones de florines, finalmente saldados con una pérdida del 40 %. Al hundirse la corona española, la familia cayó en quiebra. El último miembro, Markus (1529-1597), hijo de Anton, continuó con el negocio familia, pero nunca alcanzó el esplendor de los años anteriores. En 1607 se hundió la banca Fugger y algo más tarde el resto de la empresa.
contexto
El monte Fuji, de 3.776 metros de altura, es la montaña más alta del Japón, situada en la isla de Honshu, cerca de Yokohama. Su forma se acerca al tipo ideal de montaña volcánica, con su forma de cono invertido. A partir de los 3.300 metros de altitud comienza la región de las nieves perpetuas, lo que no impide que cada año más de cien mil personas suban a su cumbre para disfrutar de las impresionantes vistas. Pero además esta montaña de origen volcánico -la última erupción fue en 1707- es un lugar de especial significación religiosa, existiendo en su cumbre un santuario en el que se venera a diversas divinidades sintoistas. El monte Fuji, así como el Ontake -3.063 metros de altura, situado al noreste de Nagoya- es considerado el lugar en el que residen los dioses. Desde tiempo inmemorial ha sido tenido por un elemento mágico, debido a su forma peculiar, de indudable belleza, a su altura y las nieves que coronan su cumbre. La representación mitológica representa siempre al Fuji acompañado de la diosa Sengen-Sama. Debido a esta especial significación, el Fuji ha sido siempre objeto de atención artística. Las mejores representaciones corresponden a Katsushita Hokusai (1760-1849), uno de los mejores paisajistas del Japón, quien captó con sus pinceles la grandiosidad y majestuosidad de la montaña mágica, su espiritualidad y su simbolismo. Hokusai utilizó esta imagen para ilustrar más de quinientos libros, mientras que su cima fue representada en cada una de las cuatro estaciones.