También conocida como de las Lágrimas, está situada en la parte alta del pueblo, a escasos metros del parque Federico García Lorca y a los pies de la sierra de la Alfaguara. Está fechada en el siglo XI y los árabes la conocían con el nombre de Ayn damar o fuente de lágrimas. Se trata del vestigio actual más importante dejado por los árabes de época califal en Alfacar. El pueblo de Víznar nació como consecuencia de la conducción de agua desde la Fuente Grande hasta el Albaicín granadino a través de la acequia de Aydanamar.
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obra
La Fuente fue proyectada por Carles Buïgas como uno de los elementos de la Luz, hilo conductor de la Exposición, se encuentra en la plaza que lleva el nombre de su diseñador.
monumento
Proyectada por Carlos Buïgas como uno de los elementos de la Luz, hilo conductor de la Exposición, se encuentra en la plaza que lleva el nombre de su diseñador. Desgraciadamente fueron mutiladas en los años 40 del siglo XX, siendo restauradas por el propio autor en 1944-45. Recientemente se han vuelto a restaurar, modernizándose toda la maquinaria y los equipos de control, conservándose todo el equipamiento original, con un acertado criterio museográfico.
monumento
En el costado este del palacio de Luxemburgo se sitúa una bella fuente. Su construcción se atribuye a Salomón de Brosse; cuenta con un nicho central con grupo escultórico -fechado en 1863- en el que Polifemo sorprende a Galatea con el pastor Acis, mientras en la parte posterior un bajorrelieve de Valois representa a Leda con el cisne. La fuente data del siglo XVI y copia el estilo de las fuentes tipo "gruta italiana".
monumento
Para aliviar la sed de los peregrinos que llegaban a Villalval fue levantada en tiempos esta denominada Fuente Romana, muy próxima a la Ruta Jacobea. Construida en un estilo que se asemeja al de otras fuentes, como las de los monasterios de Santo Domingo de Silos y de San Juan de Ortega, esta bella fuente está formada por una estructura abovedada, con un arco de medio punto.
obra
Fotografía cedida por la Sociedade Anónima de Xestión do Plan Xacobeo
lugar
Localidad de la provincia de Granada, está situada a 17 Km. de la capital. Se encuentra situada en la Vega de Granada, teniendo como eje el río Genil. Fuente Vaqueros es internacionalmente conocida por ser el lugar de nacimiento del poeta Federico García Lorca. La historia de Fuente Vaqueros es similar a la de otros lugares de la Vega granadina, es decir, estuvo poblada desde la antigüedad y vivió la grandeza de Elvira y, posteriormente, de la corte nazarí. Debido a su cercanía a Granada soportó los conflictos entre cristianos y musulmanes durante la última etapa de la Reconquista. Cuando Granada pasó a manos cristianas en 1492, Fernando e Isabel distribuyeron entre los nobles las tierras de la Vega, reservando como coto de caza y lugar de recreo la finca conocida como Soto de Roma, origen del núcleo poblacional. En el siglo XVIII, Carlos III regaló el Soto a Richard Wall, quien proyectó la construcción del cementerio y la ejecución de la parroquia de Fuente Vaqueros, hoy destruida. Tras la muerte de Wall el Soto volvió a control de la Corona, pasando luego a Manuel Godoy. En 1813 las Cortes de Cádiz decidieron donarlo todo y a perpetuidad al primer duque de Wellington, como recompensa de los servicios prestados en la Guerra de Independencia. Sin embargo, en 1858 se encontraba sumido en la miseria y sólo contaba con 400 habitantes. Sin embargo, a partir del inicio del siglo XX la población se recuperó, llegando hasta los dos mil habitantes. El municipio de Fuente Vaqueros estuvo en poder del duque hasta 1940, cuando fue vendiendo poco a poco las tierras a los campesinos, dando lugar a la actual Fuente Vaqueros.
contexto
El amplísimo lapso de tiempo abarcado por las culturas del Próximo Oriente ha contribuido enormemente a proporcionar una copiosa documentación para la reconstrucción histórica. Inicialmente podemos distinguir dos secuencias informativas que mantienen una relación dialéctica entre sí y frente a los investigadores que las manejan: la arqueología y los textos literarios. Arqueólogos y filólogos difieren en sus procedimientos y, en buena lógica, sus resultados pueden ser con frecuencia divergentes. Esa realidad contribuye al progreso de la discusión que mantiene vivas las disciplinas dedicadas al estudio del Próximo Oriente, entre las que cabe destacar la Egiptología, la Asiriología, la Hititología y los estudios bíblicos. En el origen de la orientalística se encuentra, naturalmente, la exégesis bíblica. Gracias al libro sagrado de los judíos se logra una secuencia coherente de los acontecimientos, sobre la que se van articulando los documentos descubiertos con posterioridad. El desciframiento de las lenguas ha ido poniendo a disposición de los estudiosos abundante información que procede, en su inmensa mayoría, de los palacios exhumados por los arqueólogos. De esta manera se va tejiendo una doble interpretación que en muchas ocasiones no es coincidente en sus resultados. El caso más reciente y uno de los más espectaculares es el de Ebla, cuyo archivo con miles de tablillas, muchas aún inéditas, ha permitido una reconstrucción histórica más rica de lo esperado. No menos llamativo resulta el ensayo para hallar la concordia entre Menes, Aha y Narmer -nombres proporcionados por las diferentes series informativas- en torno a la unificación egipcia. La doble secuencia -no siempre dispar- se reproduce en casi todos los yacimientos importantes, entre los que cabría recordar a modo de ejemplo los casos de Mari, Tell el-Amarna o Ugarit. Pero la información literaria no se reduce exclusivamente a las crónicas o los anales que registran los hechos gloriosos de los monarcas o a la administración palacial. A ello hay que añadir las inscripciones reales, la literatura pseudohistoriográfica y una ingente cantidad de textos religiosos, que nos permite acceder al mundo sobrenatural de aquellas poblaciones. Y no menos atractiva es la creación literaria y científica que nos sitúa en una privilegiada posición para comprenderlos en una dimensión que nunca podría habernos facilitado la arqueología. Esta, por su parte, proporciona datos fiables e indiscutibles en ocasiones por su carácter empírico. A pesar de ello, la combinación de sus procedimientos con los de otras disciplinas no ha logrado resolver uno de los problemas más espinosos de la historia del Próximo Oriente, como es la cronología. La imposibilidad de obtener una datación firme obliga a la adopción de compromisos que sin ser satisfactorios resuelven transitoriamente los conflictos. Por estos motivos conviene tener presente que las fechas proporcionadas no superan el límite de lo hipotético y por ello es más importante conocer las sincronías y la periodización, que proporcionan una imagen suficientemente fidedigna del discurso de la historia del Próximo Oriente.