Eneas era hijo de Afrodita y de Anquises. Natural de Troya, sobrevivió a la destrucción de la ciudad por parte de los griegos y huyó. Después de vagar por diversos territorios, llegó a las costas del Lacio donde recibió el amistoso recibimiento de Latino, rey de las tribus de la zona. Latino entregó a su hija Lavinia al recién llegado como esposa y posiblemente de este enlace nacería el futuro fundador de Alba Longa, Ascanio
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obra
Este es uno de los primeros grupos escultóricos realizados por Bernini. Se trata de un encargo del cardenal Scipione Borghese, inspirándose el autor con gran fidelidad en la "Eneida" de Virgilio. Anquises es representado como un paralítico llevado a hombros por Eneas, una actuación ejemplar como ejemplar es la calidad de este grupo escultórico.
contexto
Enemistad entre mexicanos y tlaxcaltecas Viendo, pues, de cuán buena gana hablaban y conversaban, les preguntaron por Moctezuma, y cuán grande y rico señor era. Ellos lo encarecieron grandemente y como hombres que lo habían probado y que, según afirmaban, hacía noventa o cien años que tenían guerra con él y con su padre Axaxaca y con otros tíos y abuelos suyos; y decían que el oro y plata y las demás riquezas y tesoros que aquel rey tenía eran más de lo que ellos podían decir, según todos contaban. El señorío que tenía era de toda la tierra que ellos sabían. La gente innumerable, pues juntaban doscientos y trescientos mil hombres para una batalla; y si quisiese, que los doblaría; y que de eso eran ellos buenos testigos, por haber peleado muchas veces con ellos. Engrandecían tanto las cosas de Moctezuma, especialmente Maxixcacín, que deseaba que no se metiesen en peligro entre los de Culúa, que no acababan, y muchos españoles sospechaban mal. Cortés les dijo que estaba determinado, con todo aquello que oía, de llegar a México a ver a Moctezuma; por tanto, que viesen lo que mandaban que negociase con él de su parte y provecho, que lo haría, como estaban obligados, porque tenía por cierto que Moctezuma haría por él lo que le rogase. Ellos le rogaron por licencia para sacar algodón y sal, pues no la comían a derechas durante aquellos años en que duraron las guerras, si no era alguno de ellos, que o la compraba a escondidas o de algunos vecinos amigos, a peso de oro, porque Moctezuma mataba al que la vendía y sacaba fuera de sus reinos para vendérsela a ellos. Al preguntar cuál era la causa de aquellas guerras y ruin vecindad que Moctezuma les hacia, dijeron que enemistades viejas y amor a la libertad y exención. Mas, según los embajadores afirmaban, y a lo que después Moctezuma dijo, y otros muchos en México, no era así, sino por otras razones muy diversas, si ya no decimos que cada uno alegaba su derecho, justificando su partido; y eran las razones, porque los mancebos mexicanos y de Culúa ejercitasen sus personas en la guerra allí cerca, sin ir lejos a Pánuco y Tecoantepec, que eran fronteras muy alejadas; y también por tener allí siempre gente que sacrificar a sus dioses, tomada en guerra; y así, para hacer fiestas y sacrificio enviaban a Tlaxcallan el ejército a cautivar cuantos hombres necesitaban para aquel año; que averiguado está que si Moctezuma quisiera, en un día los sujetara y matara a todos, haciendo la guerra de veras; pero como no quería más que cazar hombres para sus dioses y bocas, no enviaba sobre ellos sino pocos; y así, algunas veces los vencían los de Tlaxcallan. Gran placer experimentaba Cortés viendo la discordia, las guerras y contradicción tan grande entre aquellos sus nuevos amigos y Moctezuma, que era muy a su propósito, creyendo por aquella vía sojuzgar más pronto a todos. Y así, trataba con los unos y con los otros en secreto, por llevar el negocio bien de raíz. A todas estas cosas estaban muchos de Huexocinco que habían estado en guerra contra los nuestros. Iban y venían a su ciudad, que también es república, al estilo de Tlaxcallan, y tan amiga y unida con ella, que son una misma cosa para contra Moctezuma, que los tenía oprimidos también, y para las carnicerías de sus templos de México; y se dieron a Cortés para el servicio y vasallaje del emperador.
acepcion
Etapa intermedia entre el Neolítico y la Edad del Bronce, denominada también Edad del Cobre o Calcolítico.
lugar
Esta localidad, situada a 28 kilómetros de Pamplona, está estrechamente vinculada al Camino de Santiago procedente de Jaca. Se trata de la última población antes de llegar a Puente la Reina, lugar donde se unen este Camino y el procedente de Roncesvalles. La iglesia parroquial está dedicada a Santa María Magdalena, lo que hace pensar en la existencia de un hospital en la villa. En las cercanías se encuentra la ermita de Nuestra Señora de Eunate.
contexto
La muerte de la madre tenía para la unidad familiar consecuencias distintas que la del padre desde el punto de vista legal. La esperanza de vida era mayor para los hombres que para las mujeres -muchas morían de sobreparto, en su mayoría jóvenes- lo que hacía que la muerte de la esposa determinara la disolución de la unidad conyugal. Había más viudos que viudas. Estos solían contraer nuevas nupcias, mientras que las mujeres mantenían su estado. El viudo mantenía la patria potestad e incluso incrementaba sus facultades matrimoniales: administraba la herencia de la difunta, que engrosaba la herencia correspondiente a los hijos. Cuando el que moría era el esposo, la viuda conservaba la potestad sobre sus hijos mientras fueran menores de edad y con la condición de que no se casara hasta pasado un año. Los testamentos comenzaban con una declaración de fe. Se reconocía la creencia en Dios y las devociones concretas. En el caso de negras, mulatas o zambas libres manifestaban también su identificación étnica. Luego daban relación de sus bienes y de las transacciones económicas que hubieran realizado hasta el momento de hacer testamento. Era también usual que fundaran una capellanía y aseguraran su mantenimiento con lo que proveían la celebración de misas por la eterna salvación de su alma y la de sus allegados. Si tenían esclavos declaraban cómo debían queda. Muchos de ellos recibían como herencia la cantidad suficiente para comprar su libertad, o quedaban directamente libres por la voluntad de su dueña. Se ocupaban también de que quedaran en buena situación sus criadas, ahijados y familiares. Las familias de las clases altas tenían un enterramiento propio en la iglesia, señal del puesto de honor que ocupaban en la sociedad. Las propias mujeres de estas familias (como Juana de Rojas) se ocuparon de su entierro y de las misas a celebrar tras su fallecimiento. Entierros, misas, y su seguro, como era la fundación de capellanías, legados, limosnas y obras pías de todo tipo cobraban una gran importancia en la última hora y preocupaban a los hombres y las mujeres durante toda su vida. Los testamentos están llenos de recomendaciones sobre estas materias, reflejan los linajes y la vida afectiva de las familias y son un testigo perfecto de la actitud del hombre y de la mujer ante la muerte. Un ejemplo ilustrativo es el de Doña Mariana Quispe Asarpay, descendiente de Atahualpa, enterrada en la iglesia mayor del Cuzco con la presencia del cura y el sacristán de la iglesia portando la cruz alta, asistidos por cuatro acompañantes y redoble de campanas. Antes de proceder al entierro, se ofreció una misa cantada. La difunta fue amortajada con el hábito de Santa Clara, tal como pidió en su testamento. En lo que toca a los descendientes de los incas, el curso de sus destinos fue más bien desigual, y hacia mitad del siglo XVII, varios de ellos pasaban necesidades y privaciones y, en consecuencia, debieron resignarse a tener funerales muy modestos. Gráfico Los funerales de los personajes más importantes tenían lugar en las iglesias más destacadas de la ciudad. En ellas caciques, funcionarios indígenas y artesanos acomodados tenían sepulturas en su calidad de mayordomos, miembros fundadores o veinticuatros de las cofradías allí radicadas. Doña Constanza Caxachumbi, conocida como "cacica" de Chinchaycocha, ordenó su funeral, dispuso que este tuviera lugar en San Francisco de Lima, por ser ella patrona y fundadora de la capilla de Nuestra Señora de la Candelaria. Dejó limosnas suficientes para que el cura de Santa Ana, su parroquia, acompañase su entierro llevando la cruz alta, y que además, participasen del cortejo cuatro clérigos, cuatro frailes y las cofradías de españoles e indios de la ciudad. En todas las iglesias y monasterios de Lima se dijeron misas por el alma de doña Constanza. Estos funerales estaban en consonancia con la calidad de la difunta, una de las personas más destacadas de la oligarquía india que residía en Lima en ese tiempo. Era dueña de propiedades inmuebles, procedía de una familia de acaudalados caciques de la sierra central, y estaba casada con un influyente funcionario indígena, don Diego Solsol, intérprete de la lengua general ante la Real Audiencia.
contexto
Juana de Castilla, la tercera hija de los Reyes Católicos, heredó el más vasto imperio de su tiempo. Se casó a los 16 años con Felipe de Habsburgo (El Hermoso), por ello, se fue a vivir a Flandes, muy lejos de su hogar. Cuando los arreglos matrimoniales se hicieron, nadie podía prever que esta joven pareja estaba destinada a convertirse en los reyes del fantástico imperio que abrazaba el territorio más grande nunca visto bajo el mismo soberano y que de ellos surgiría la nueva dinastía que iba a reinar en España durante dos siglos. Juana tuvo que adaptarse a vivir como una joven recién casada en una corte extraña, donde lo único que le hizo salir adelante fue el extraordinario amor que sintió por Felipe desde el primer instante en que lo conoció. Gráfico Amor sería su salvación y su escudo pero también su perdición, ya que la mantendría celosamente alerta, siempre atenta a cualquier movimiento de su esposo. Esta actitud de sospecha continua permitió que el delirio de celos se hiciera presa en ella y que la enfermedad mental se convirtiera en su única compañía por el resto de su vida. Muerto bajo extrañas circunstancias en Burgos, Felipe tuvo que esperar su descanso definitivo, mientras que una Juana enajenada se dedicaba a vagar sin rumbo en procesión detrás de su féretro durante casi tres años, con el objetivo de llevarlo a enterrar a Granada. Por Dra. María Beatriz Quintanilla Madero (21)