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La triste espera de la mujer del marinero protagoniza esta delicada imagen de Van Gogh realizada en septiembre de 1889 tomando como modelo una estampa de Millet, uno de sus pintores favoritos. La explicación de porque retoma imágenes de maestros anteriores - Delacroix y Rembrandt también se incluyen en esta serie - estaría en la falta de inspiración que Vincent sufre en las primeras semanas del otoño al no abandonar el sanatorio de Saint-Paul donde residía por miedo a una nueva crisis. El fuego es el foco de luz de la composición, resbalando por el cuerpo amplio de la mujer e impactando la ropa del pequeño. Las pinceladas empleadas son rápidas, marcando el dibujo a través del color, uniendo los dos conceptos que definen la pintura.
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Con este cuadro, Ramón de Zubiaurre obtuvo en 1924 una primera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes. Esta obra se considera la expresión directa del vasquismo. Aquí vemos como se exalta la raza en la figura del marino, que presenta unas facciones marcadas en una imagen romántica cargada de tópicos conocidos y fácilmente reconocibles.
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Es una obra previa, un ensayo para el gran lienzo sobre El martirio de San Erasmo que Poussin llevó a cabo para la capilla del santo mártir en la basílica de San Pedro del Vaticano en 1629, destinada a ser presentada a los clientes del artista. Sus diferencias respecto a la obra definitiva no son considerables, y se aleja de sus primeras ideas reflejadas en los bocetos conservados en Milán y Florencia.
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Este dibujo muestra un estado intermedio dentro del proceso creativo del lienzo El martirio de San Erasmo, su primer gran encargo oficial, destinado a San Pedro del Vaticano. A diferencia del otro dibujo sobre el martirio de San Erasmo conservado en Milán, las figuras se encuentran ya en su orientación definitiva y la composición es ya casi la que aparecerá en el lienzo. Aparecen ya en el suelo los hábitos del santo, e introduce ya al verdugo que maneja el rodillo. Alguna pequeña salvedad, como los ángeles que sostienen la corona del martirio, o el gesto del soldado a caballo, distintos a los que aparecen en el cuadro, nos muestra claramente la meticulosidad y morosidad con que trabajaba el pintor francés.