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La Cueva de Altamira es hoy en día uno de los más sobresalientes ejemplos del arte universal, aunque su historia -la historia del reconocimiento oficial de sus pinturas- es ciertamente reciente y no ha estado exenta de polémica. La cueva fue descubierta de manera casual en 1879 por M. Sanz de Sautuola, en una época en la que la Ciencia oficial no admitía la existencia del Arte Paleolítico. El hallazgo dio lugar a áridas disputas en el seno de la comunidad científica durante más de 20 años, hasta que en 1902 Cartailhac publicó su "Mea culpa d'un scéptique" y sus representaciones parietales fueron aceptadas por los prehistoriadores franceses más reticentes. La cueva fue habitada durante los periodos Solutrense y Magdaleniense inferior. Tiene un recorrido complejo de 270 metros y un trazado irregular a través de varias salas, todas ellas con pinturas y grabados paleolíticos, entre los que destaca el techo de los polícromos, considerado por Breuil la Capilla Sixtina del Arte Paleolítico y donde se localizan los famosos bisontes. Las pinturas fueron hechas hace unos 15.000 años, y representan a bisontes, caballos, ciervas, toros, signos y máscaras zoomorfas.Las pinturas están realizadas con pinturas ocres de origen natural, de color rojo sangre y contornos en negro. En ocasiones, el artista utilizó los salientes de las paredes para dar a las figuras sensación de relieve. En conjunto, se trata de 70 grabados realizados en la roca y cerca de 100 figuras pintadas, en las que merece la pena atender al gran realismo de las imágenes y al excelente uso de la policromía. En el vestíbulo existía un yacimiento excavado de antiguo, en el que se encontraron niveles solutrenses y magdalenienses con interesantes piezas de arte mueble. En definitiva, se puede afirmar que las pinturas de Altamira son el más importante logro de la Humanidad en el periodo paleolítico. Es de lamentar que las visitas incontroladas y las obras de protección que el yacimiento ha sufrido a lo largo de este siglo hayan deteriorado casi irreparablemente las pinturas, hasta el extremo de que ni siquiera el cierre de la cueva garantice, sin un estudio en profundidad que todavía no se ha hecho, la conservación del más valioso de los elementos del Patrimonio Arqueológico peninsular.
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La información sobre la cueva guipuzcoana de Altxerri fue publicada primero por J. M. de Barandiarán y sus colaboradores y luego fue objeto de una monografía de J. Altuna y J. M. Apellániz (1976).
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La cueva guipuzcoana de Altxerri fue descubierta en 1962; publicada primero por J. M. de Barandiarán y sus colaboradores y luego fue objeto de una monografía de J. Altuna y J. M. Apellániz (1976). En ella dichos autores distinguieron ocho conjuntos de grabados con un total de unas 100 figuras, algunas de las cuales representan animales no muy frecuentes en el arte paleolítico peninsular, como el zorro, el reno y algunos peces (platijas). Las superficies sobre las que se trazaron las obras de arte con frecuencia habían recibido una preparación previa. También aquí algunas figuras están en posición vertical. Todo el conjunto pertenece al Estilo IV reciente (Magdaleniense avanzado) del sistema de Leroi-Gourhan.
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La cueva cántabra de Covalanas contiene 20 figuras de animales (de ellas, 17 ciervas), cuya silueta está diestramente realizada con la técnica de puntillado que corresponde al Estilo III tardío, correspondiente al Solutrense final cantábrico (contemporáneo del Magdaleniense inicial francés). Seis de las ciervas forman probablemente una escena y aquí hay que recordar la rareza de las composiciones en el arte paleolítico. Las pinturas de la cueva fueron descubiertas en 1903 por L. Sierra y H. Alcalde del Río, y luego publicadas en "Les cavernes de la region cantabrique".
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Otro núcleo troglodítico asturiano se halla en los alrededores de la población de Ramales de la Victoria, en la zona limítrofe entre Santander y Vizcaya. En él destaca la cueva de Covalanas, que contiene 20 figuras de animales (de ellas, 17 ciervas), cuya silueta está diestramente realizada con la técnica de puntillado que corresponde al Estilo III tardío, correspondiente al Solutrense final cantábrico (contemporáneo del Magdaleniense inicial francés). Seis de las ciervas forman probablemente una escena y aquí hay que recordar la rareza de las composiciones en el arte paleolítico.
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Las paredes de la cavidad contienen unas 150 figuras zoomorfas, un centenar de manos y otro centenar de signos.
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Los signos están presentes en la mayor parte de las cuevas paleolíticas. La denominación de "tectiformes" se debe al abate Breuil en su primera gran monografía sobre Altamira. Aquí nos encontramos con un grupo de signos procedente de la cueva del Castillo, en el pueblo de Puente Viesgo, en la orilla izquierda del Pas. La cueva fue descubierta en 1903 por Hermilio Alcalde del Río. En sus paredes se han hallado unas 150 figuras zoomorfas, un centenar de manos y otro centenar de signos.
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A Altamira le sigue en interés el núcleo troglodítico del Monte del Castillo, en el pueblo de Puente Viesgo, en la orilla izquierda del río Pas. La cueva de El Castillo, descubierta en 1903 por H. Alcalde del Río -publicada en "Les cavernes de la region cantabrique"-, fue objeto de importantes excavaciones dirigidas por Obermaier y Breuil (estudiadas por V. Cabrera).
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En 1903 Hermilio Alcalde del Río descubre la Cueva de El Castillo en el municipio de Puente Viesgo. En su interior se encuentra el llamado rincón de los tectiformes, comparable al de la cueva de la Pasiega.