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La información sobre la cueva guipuzcoana de Altxerri fue publicada primero por J. M. de Barandiarán y sus colaboradores y luego fue objeto de una monografía de J. Altuna y J. M. Apellániz (1976).
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La cueva guipuzcoana de Altxerri fue descubierta en 1962; publicada primero por J. M. de Barandiarán y sus colaboradores y luego fue objeto de una monografía de J. Altuna y J. M. Apellániz (1976). En ella dichos autores distinguieron ocho conjuntos de grabados con un total de unas 100 figuras, algunas de las cuales representan animales no muy frecuentes en el arte paleolítico peninsular, como el zorro, el reno y algunos peces (platijas). Las superficies sobre las que se trazaron las obras de arte con frecuencia habían recibido una preparación previa. También aquí algunas figuras están en posición vertical. Todo el conjunto pertenece al Estilo IV reciente (Magdaleniense avanzado) del sistema de Leroi-Gourhan.
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La cueva cántabra de Covalanas contiene 20 figuras de animales (de ellas, 17 ciervas), cuya silueta está diestramente realizada con la técnica de puntillado que corresponde al Estilo III tardío, correspondiente al Solutrense final cantábrico (contemporáneo del Magdaleniense inicial francés). Seis de las ciervas forman probablemente una escena y aquí hay que recordar la rareza de las composiciones en el arte paleolítico. Las pinturas de la cueva fueron descubiertas en 1903 por L. Sierra y H. Alcalde del Río, y luego publicadas en "Les cavernes de la region cantabrique".
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Otro núcleo troglodítico asturiano se halla en los alrededores de la población de Ramales de la Victoria, en la zona limítrofe entre Santander y Vizcaya. En él destaca la cueva de Covalanas, que contiene 20 figuras de animales (de ellas, 17 ciervas), cuya silueta está diestramente realizada con la técnica de puntillado que corresponde al Estilo III tardío, correspondiente al Solutrense final cantábrico (contemporáneo del Magdaleniense inicial francés). Seis de las ciervas forman probablemente una escena y aquí hay que recordar la rareza de las composiciones en el arte paleolítico.
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Las paredes de la cavidad contienen unas 150 figuras zoomorfas, un centenar de manos y otro centenar de signos.
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Los signos están presentes en la mayor parte de las cuevas paleolíticas. La denominación de "tectiformes" se debe al abate Breuil en su primera gran monografía sobre Altamira. Aquí nos encontramos con un grupo de signos procedente de la cueva del Castillo, en el pueblo de Puente Viesgo, en la orilla izquierda del Pas. La cueva fue descubierta en 1903 por Hermilio Alcalde del Río. En sus paredes se han hallado unas 150 figuras zoomorfas, un centenar de manos y otro centenar de signos.
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A Altamira le sigue en interés el núcleo troglodítico del Monte del Castillo, en el pueblo de Puente Viesgo, en la orilla izquierda del río Pas. La cueva de El Castillo, descubierta en 1903 por H. Alcalde del Río -publicada en "Les cavernes de la region cantabrique"-, fue objeto de importantes excavaciones dirigidas por Obermaier y Breuil (estudiadas por V. Cabrera).
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En 1903 Hermilio Alcalde del Río descubre la Cueva de El Castillo en el municipio de Puente Viesgo. En su interior se encuentra el llamado rincón de los tectiformes, comparable al de la cueva de la Pasiega.
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La Cueva de El Castillo es una de las conjuntos de arte paleolítico más sobresalientes de la Prehistoria española, a la altura de otras como las de La Pasiega, Las monedas y Las Chimeneas, de Puente Viesgo. El hallazgo de esta cueva se debe a H. Alcalde del Río, quien, en 1903, las descubrió como yacimiento arqueológico. Alcalde fue también quien, junto a H. Obermaier y H. Breuil, se encargó de la exploración sistemática del yacimiento a lo largo de varias campañas, en las que se descubrió el acceso a la zona con pinturas. La Cueva del Castillo es en realidad un conjunto complejo de galerías paralelas en las que se suceden los paneles con pinturas y grabados de bisontes, caballos, ciervos, manos de negativo y signos, así como puntuaciones y un pequeño mamut. El yacimiento exterior, el primero en el que se comprobó empíricamente la secuencia industrial del Paleolítico europeo, prácticamente se mantuvo inédito hasta que, en 1980 se reiniciaron las excavaciones bajo la dirección de V. Cabrera. La larga secuencia cubre niveles achelenses, musterienses, vasconienses, auriñacienses, gravetienses, solutrenses, magdalenienses y azilienses.