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De todas las versiones que el pintor impresionista realizó sobre el tema de la catedral de Rouen, probablemente ésta sea la más atrevida en el proceso de desmaterialización de los objetos por efecto de la atmósfera. A este respecto, dicha serie - una de las más conocidas y apreciadas por crítica especializada y gran público - parece haberle servido como introducción antes de afrontar retos mayores, como el que tendría lugar aproximadamente siete años después, en 1900 y 1901, durante sus estancias en Londres y las series que allí realizó sobre el Parlamento o los Puentes de Waterloo y Charing Cross. En la imagen que podemos contemplar ahora, la niebla ha cubierto casi por entero la enorme masa de piedra que es la catedral. Sus perfiles y volúmenes se han disuelto en una sinfonía de tonos azules y malvas, colores que han sido aplicados con pequeñas pinceladas.
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El proyecto de realizar una serie sobre la catedral de Rouen escapa con mucho a cualquier precedente de la historia de la pintura. Monet acepta casi una misión religiosa, la del arte, y decide estudiar cada ínfimo cambio de luz o de atmósfera en la ciudad y sus consecuencias en la imagen final que el espectador tiene de ese edificio. En esta ocasión, se ha elegido un momento de intensa luminosidad determinado por una hora cercana al mediodía. Bajo esa luz tan fuerte, la portada de la catedral se transforma en un ser vivo, que parece moverse y avanzar. El pintor pone especial énfasis en la elección de los colores, principalmente azules y dorados, que se introducen en cada uno de los huecos arquitectónicos de la catedral, siendo muy evidente en las tres puertas de entrada, los pórticos, a las que dota de intensa vida.
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Salisbury es uno de los edificios más entroncados con lo francés. Su fachada occidental, aunque inglesa, está inspirada directamente por modelos de la Ile-de-France. Las galerías de esculturas superpuestas o incluso el desarrollo del gablete sobre la puerta principal y las laterales..., todo hace pensar en la acomodación de un tipo de fachada foráneo. Sin embargo, el conjunto se enmarca por derecho propio en lo que se ha venido conociendo como Early English. Se denomina así a la primera etapa del gótico inglés, caracterizado por el uso de capiteles simples, molduras muy marcadas y el contraste cromático en los interiores, consecuencia del uso del mármol negro de Purbeck en determinadas zonas. También otros elementos definen, en planta, la arquitectura gótica insular: la cabecera plana, el doble transepto, etcétera.
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La relación de Constable con el obispo de Salisbury, John Fisher, se inició gracias al sobrino de éste -que por cierto se llamaba igual- quien era uno de los mejores amigos del pintor. Ya en 1821 Constable había realizado una primera vista de la catedral desde los campos del obispo que no había sido del agrado del cliente. Volverá a realizar diferentes vistas del templo que culminarán en este lienzo que contemplamos, presentado a la exposición de la Royal Academy de 1831 pero retocado años después. Y es que para una ideología conservadora como la que hacía gala Constable, la Iglesia era uno de los pilares del Estado, eligiendo como símbolo de este planteamiento uno de los edificios más importantes de Inglaterra: la catedral gótica de Salisbury cuya elevada aguja se construyó posteriormente. En la década de 1820 los gobiernos liberales intentaron sacar adelante una serie de leyes liberalizadoras que contaron con la absoluta oposición de los conservadores, entre ellos Constable y Fisher. El arco iris que contemplamos tras el templo podría ser una alusión a los gobiernos de tendencia más conservadora que se imponían en esos años de la década de 1830, aunque posiblemente no se trate más que de un efecto atmosférico tan del gusto del artista, incluyendo así efectos de luz y sombra. El excelente cielo tormentoso ve como un brillante arco iris -tomado de las obras de Rubens y Ruysdael- lo rompe para crear un acertado contraste que acentúa el aspecto tenebroso de la escena. La impresionante mole de la catedral recibe una iluminación malva -claro antecedente de los impresionistas-. En primer plano y vadeando el río observamos una carreta tirada por tres caballos, recordando las escenas del Stour, mientras que un pescador aparece en la zona de entre las cañas. En la zona de la izquierda, entre los árboles, observamos un cementerio, motivo romántico por excelencia. La descompensación hacia la izquierda es muy habitual en estos años, dejando en la derecha una amplia perspectiva bañada por los primeros rayos del sol, tras la tormenta de verano, resaltando las tonalidades de la hierba. Como bien podemos observar, las pinceladas son rápidas y empastadas en algunas zonas del lienzo, especialmente el cielo, ofreciéndonos Constable en esta obra la culminación de su estilo al presentar elementos pintorescos, naturalistas y expresionistas.
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Tras el fallecimiento de su esposa María en 1828, Constable se traslada durante una temporada a Salisbury invitado por el tío de su buen amigo John Fisher, el obispo de la diócesis. Constable intentará superar el duro golpe de la muerte de María refugiándose en la pintura, mostrando un cambio significativo respecto a sus trabajos anteriores, más alegres y coloristas. Como bien podemos aquí observar, la paleta del maestro se ha hecho más oscura y los cielos más dramáticos, reflejando el sentimiento de melancolía hacia los tiempos pasados.Fue el propio Fisher quien encargó a su amigo una imagen de la catedral, para lo que Constable realizó varios bocetos, uno de ellos éste que contemplamos, en el que apenas existen variaciones con la obra definitiva que guarda la National Gallery de Londres. Resulta curioso que el maestro emplee elementos característicos del valle del Stour y sus obras anteriores: la carreta está tomada de El carro de heno mientras que el sauce reproduce el árbol que aparece en el Salto del caballo, así como el perro o la embarcación.El cielo es oscuro y tormentoso, trabajado de manera empastada al aplicar la espátula, resaltando entre las nubes la catedral de Salisbury, una de las joyas del Gótico inglés, con su elevada aguja. La masa de árboles de la zona izquierda descompensa la composición, al abrir el paisaje por la derecha, siendo este esquema uno de los favoritos de sus últimos años. El naturalismo y el pintoresquismo que caracteriza sus obras iniciales va dejando paso a una pintura más sentimental, incluso podíamos decir que expresionista -"pintar es para mí sólo otra palabra para sentir" escribió en 1821 a un amigo-.El empleo de tonalidades oscuras y cielos nublados ha sido interpretado por algunos especialistas como una referencia a las "tormentas" políticas que se vivían en Inglaterra en aquellos momentos, cuando las medidas reformistas estaban intentado salir adelante con el absoluto rechazo de los conservadores, en cuyas filas se incluían tanto Constable como el obispo Fisher, considerando que negras expectativas se ciñen sobre la Iglesia y el Estado.
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Entre los mejores amigos de Constable debemos destacar al reverendo John Fisher, cuyo tío llamado del mismo modo era obispo de Salisbury. Este John Fisher será uno de sus mejores clientes y anfitriones, pasando numerosas estancias en su compañía. Esta es la razón por la que la catedral de Salisbury se convertirá en uno de sus temas favoritos, realizando numerosas imágenes que tienen a este maravilloso templo gótico como protagonista. En esta ocasión nos hallamos ante un sensacional dibujo realizado por Constable el 20 de agosto de 1823, contemplando la enorme masa de la iglesia desde la orilla del río. Podemos apreciar los firmes y seguros trazos del maestro, consiguiendo crear un admirable claroscuro gracias a la modulación de las tonalidades grisáceas, sin renunciar a efectos lumínicos ni atmosféricos que tanto le interesan en estos momentos. Pero también se plantean las escenas protagonizadas por la catedral como una oportunidad del autor para mostrar un simbolismo moral, al considerar a la Iglesia anglicana como uno de los pilares de la sociedad británica.