La revolución en las costumbres -no del 68 sino de esos años "largos años sesenta"- fue mucho más decisiva y duradera. Antes que nada supuso una creciente influencia de las actitudes de la gente joven que llegó a tener su propia subcultura propia. Ya Alfred Sauvy había escrito en 1959 un libro titulado La montée des jeunes. Una constatación obvia de cualquier analista es que en los años sesenta había más gente joven y con más dinero que gastar porque el "baby boom" precedente alcanzó su máximo en 1947, con lo que en 1960 esos niños habían cumplido 13 años. Además, esos jóvenes eran más acomodados que sus mayores. En 1957 un tan Eugene Gilbert publicó un libro dedicado tan sólo a la publicidad dirigida a la gente joven. Ese mismo año se estrenó Look Back in anger de Osborne en donde por vez primera se hablaba de los "young angry men" dispuestos a discrepar a fondo de la generación precedente. Lo hicieron, ante todo, en expresiones subculturales aunque no se debe olvidar que la ampliación de la mayoría de edad y el derecho de voto a los 18 años se consiguieron en este momento. Los años centrales de los sesenta fueron fundamentalmente "los años ingleses" porque este país dio la sensación de establecer la pauta fundamental en cultura juvenil no sólo en Europa sino en todo el mundo. Así se percibe en la música. Sólo en Gran Bretaña hubiera sido posible que, por ejemplo, el jefe del "shadow cabinet", el laborista Harold Wilson se fotografiara con los "Beatles" o que recibieran con posterioridad la condecoración que les convertía en "Members of British Empire" (1965). Incluso su forma de vestir -a veces con recuerdos eduardianos- era una especie de ironía con respecto a la tradición británica. A fines de 1963 ocho de las veinte canciones más vendidas en Gran Bretaña procedían de discos de "The Beatles" y en 1964 con el tour de los Beatles en Norteamérica se hizo patente esta hegemonía. Hubo un momento en que llegaron a tener cinco canciones en la lista de éxitos norteamericana. Lo característico de "The Beatles" fue ser un producto de la clase obrera británica pero "The Rolling Stones" procedían de una clase social superior (su cantante, Mick Jagger, estudiaba en la London School of Economics).
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Existen dos hipótesis sobre la interpretación de esta estampa: los efectos del alcohol provocan que el hombre ebrio no se percate del incendio que acabará con la casa o la lascivia de los ancianos al aceptar el fuego y el calor como símbolos de la lujuria. El aspecto desarreglado del hombre invita a dudar sobre la autenticidad de ambas lecturas, aunque el título hace pensar más bien en la primera.
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Continuación de Las mugeres dan valor, aquí exhibe Goya el papel fiero de la mujer motivado por las circunstancias; las majas que poblaban el mundo de los cartones se han convertido en auténticos soldados que no dudan en atravesar franceses con su garrocha como la que aquí contemplamos. No deja el artista cuestionar la irracionalidad de la guerra.
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Para los taoístas era uno de los "Tres Puros" que habitan los tres cielos. Representa el Cielo de Jade, junto con Yuan Sih Tein Tsun que simboliza el Cielo Eterno.
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Los duendes-clérigos se desperezan en esta última estampa de la serie de los Caprichos, en la que Goya vuelve a aludir a la ociosidad del estamento clerical. Pérez Sánchez apunta a un mensaje ilustrado en el título, ya es hora de que esa realidad inútil desaparezca y triunfe la luz de la razón sobre los fantasmas de la ignorancia, la superstición y la incultura.
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La mujer vuelve a ser la protagonista de este episodio, mostrando Goya la otra cara de la guerra, la que sufren las mujeres desprotegidas ante el enemigo. Las violaciones y vejaciones a las que serán sometidas están en la mente del pintor, dedicándoles también su espacio como se observa en Amarga presencia o Tampoco.
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La apariencia inicialmente absurda de esta estampa esconde una nueva crítica de Goya a la prostitución al referirse a que estas mozas no sentarán la cabeza a menos que se pongan la silla sobre ella. Los hombres que las acompañan ríen su idea. Con escenas como ésta, el maestro se adelanta a su tiempo
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En relación con Todos caerán, Goya vuelve a aludir a la prostitución al presentar a las jóvenes provistas de escobas expulsando a los incautos clientes, presentados como pájaros desplumados. Tras las prostitutas se presentan las celestinas, vestidas con hábitos monjiles y provistas de rosarios, relacionadas con la crítica anticlerical presente en toda la serie.