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En el lado oriental de la gran plaza de Chichén Itzá, en cuyo centro se levanta El Castillo, encontramos otra importante construcción: el Templo de los Guerreros, una pirámide escalonada con cuatro cuerpos y planta cuadrada de 40 metros de lado. En la última plataforma se halla el templo, también de planta cuadrada con 21 metros de lado, situándose hacia el lado oriental de la construcción. Al templo se accede por una ancha puerta que se divide en tres vanos por dos columnas en forma de serpiente, delante de las cuales se halla un chac-mool; el interior del templo se divide en dos salas. Las escalinatas están limitadas por alfardas decoradas con relieves de serpientes emplumadas. El Templo de las Mil Columnas es una estructura muy bella e impresionante. Está conectada con el Templo de los Guerreros; se trata de una vasta plaza que tiene forma de un cuadrilátero irregular, de unos 150 m de lado, con algunas estructuras en el lado oriente y en el sur, entre ellas el llamado Mercado, que cierra la plaza por esos lados.
contexto
Montu, el dios tebano de cabeza de halcón, epónimo de Mentuhotep, tenía en su tierra de origen santuarios investidos de gran prestigio, a los que prestaron atención los monarcas de la Dinastía XII, sobre todo Sesostris III. De dos de ellos, demolidos más tarde para reconstruirlos al gusto de otras épocas, la Arqueología ha conseguido encontrar importantes vestigios. Los restos del templo de Medamud hubieron de ser extraídos de los cimientos de otro ptolemaico. Consistían esos restos en columnas, jambas y dinteles de caliza, nada más; la falta de sillares y de otros posibles restos de muros indica que el material de construcción de éstos era el adobe, como es normal también en las pirámides de la época. La planta del templo, que se ha podido reconstruir en el papel con suficientes garantías, ofrece, en primer lugar, y como marco, los muros de dos recintos rectangulares, comprendido el uno dentro del otro. El menor de ellos, correspondiente al santuario propiamente dicho, ocupa dos tercios del área del primero, dejando libre por su flanco oeste un espacioso patio descubierto. Las puertas principales de ambos recintos daban al norte; a éstas debían de seguir en importancia las del muro oriental, que daban acceso a los almacenes y dependencias del templo. Este último se diferencia del que había de ser tipo canónico de templo en el Imperio Nuevo, en que el patio porticado se encuentra a espaldas del naos o cella en lugar de servir de antesala a ésta. Como en el templo de Tod ni siquiera hay patio, parece como si la importancia de este elemento se hiciese sentir únicamente en los templos funerarios, y no en los de los dioses. Como quiera que fuese, el visitante de Medamud, una vez traspuestas las dos puertas de ambos recintos, se encontraba en una ancha antecámara o vestíbulo con una fila de diez columnas y una pared frontera en la que se abrían tres puertas: la del centro daba a la cella, donde se cobijaba el sancta sanctorum con el pedestal de la barca o de la estatua de Montu. Esta parte sacrosanta del templo no era cerrada, sino transitable, provista para ello de una puerta al fondo, igual que la de entrada. Lo mismo ocurría en el fondo de la cella, donde otra puerta comunica con el patio. Así, pues, tanto en planta como en la realidad del alzado, donde la luz contribuiría al efecto de transitoriedad, este templo daba una sensación clarísima de permeabilidad, debida seguramente a su uso preferentemente procesional. En otras palabras, y como ocurre en otros templos, su primordial función en el culto era la de servir de estación en los desfiles procesionales. Las otras dos puertas del vestíbulo, o pronaos, daban acceso a dos cámaras situadas una a continuación de otra, la primera de planta cuadrada y techo apoyado en cuatro columnas, la segunda rectangular y con sólo dos columnas en un caso y dos pilares en otro. Estas cámaras pareadas estaban incomunicadas con la cella que flanqueaban. El patio del fondo se extiende a todo lo ancho del santuario y ofrece dos pórticos, de doce columnas cada uno, en dos filas, a un lado y a otro. Tiene, además, dos puertas, una de comunicación con la cella y otra, en el pórtico del oeste, dando paso a otro patio que se supone pudo estar ocupado por un palacete reservado al rey. En el sector de las dependencias de la mitad meridional del recinto interior se encuentran, además de los almacenes, las habitaciones de los sacerdotes, los graneros, los establos, etc. Sesostris I rehizo por completo otro templo de Montu situado en El-Tod y del que se han recuperado los elementos de piedra y también dibujado la planta con seguridad en sus componentes centrales y probabilidad en los laterales. El templo se alzaba sobre un podio, de 20 metros de ancho y 25 de fondo, y alcanzaba una altura de 3,87 metros. Aunque mucho más pequeño que el de Medamud, ofrece en primer término, como éste, un vestíbulo ancho, sustentado por una fila de cuatro pilares. Sigue una cella con el característico sancta sanctorum de dos puertas axiales. A los dos lados y al fondo, la rodean capillas de diversos usos. En la segunda, a mano izquierda, estaba enterrado en tres cajas de bronce con el nombre de Amenemhet II un tesoro que produjo cierto revuelo al aparecer: compuesto de 10 barras de oro y más de 150 vasijas de plata y otros objetos de plata y de lapislázuli, entre éstos se hallaron varios sellos sumerios de la época de Ur III.
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La importancia de la religión y el mundo de ultratumba en el Antiguo Egipto se manifiesta en el empleo de piedra para este tipo de construcciones, a diferencia de los edificios civiles construidos en adobe. En el Imperio Antiguo destacan la pirámide de Zoser en Sakkara y el conjunto de pirámides de Gizeh, enterramientos de los faraones Kheops, Kefrén y Mikerinos. En época del Imperio Nuevo sobresalen el templo de Hatsepsut en Deir el Bahari, los templos de Karnak y Luxor, el Ramesseun de Tebas y el complejo funerario de Ramsés II en Abu Simbel. En época ptolemaica encontramos los templos de Kom Ombo, Edfú y Dendera. En Oriente Próximo destacan los zigurats, torres escalonadas que se coronaban con una estancia que albergaba la estatua del dios. Los de Ur, Babilonia y Choga Zambil son los más interesantes. Entre los templos sobresalen el de Khafadye y el de Ishchali, dedicado a la diosa Ishtar, así como el famoso templo de Salomón en Jerusalén. La máxima expresión de la arquitectura griega la encontramos en la Acrópolis, el santuario de la diosa Atenea en Atenas. El Partenón, construido por Iktinos y Kallikrates entre los años 447 y 432 a.C., es la culminación estética del mundo griego. El Erecteión y el templo de Atenea Nike completan las joyas arquitectónicas que formaban la acrópolis ateniense. Los templos de Hera y Poseidón en Paestum son un excelente ejemplo del periodo arcaico, mientras que el tholos de Atenea Pronaia en Delfos y el templo de Poseidón en el cabo Sunion son magníficas muestras de la arquitectura del siglo IV a.C. Los romanos, más prácticos a la hora de construir, nos han dejado menos ejemplos de arquitectura religiosa. Entre las obras más relevantes debemos resaltar los Templos de la Fortuna Viril y de Vesta en Roma, la Maison Carré en Nimes y el espectacular Panteón de Agripa en la capital del imperio, edificio dedicado a todos los dioses construido por orden de Adriano.
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La reina Hatshepsut levantó este edificio inspirándose en el que allí mismo erigió Mentuhotep cinco siglos antes. El emplazamiento de este templo es el más grande circo de la montaña tebana, dentro del cual, y una vez más, la arquitectura va a compenetrarse con el paisaje en tan buena armonía como en las pirámides de Giza, pero partiendo de supuestos completamente distintos. La obra se despliega así en profundidad, ganando muy poca altura, pero sí un dilatado fondo en sus tres terrazas consecutivas. Orladas de pórticos las tres, van llamando al viajero hacia el núcleo del santuario, socavado en las entrañas de la roca. Cuando el caminante se vuelve hacia el valle del Nilo, tratando tal vez de divisar Karnak en la remota lejanía, apenas se percata de hallarse en el interior de un templo. Tras desembarcar en un probable portal, tal vez un palacete equivalente al templo del valle de las pirámides clásicas, el visitante antiguo ascendía al templo por una calzada orlada de esfinges a sus dos lados, pues una de las novedades de este monumento va a consistir en el empleo de una elevada cantidad de estatuas y relieves en combinación con la arquitectura. Al final de la calzada, un recinto trapezoidal, poblado de palmeras, ofrecía en su centro dos estanques en forma de T, con sus espesuras de papiros, sus poblaciones de aves, y sus márgenes cubiertas de flores. Pasados los estanques, se alza la subida inclinada hacia la primera terraza. La rampa, escalonada, está montada sobre el eje longitudinal del conjunto, enfilando el spéos en que se hallaban la barca y la estatua de Amón. El pretil que la bordea muestra a ambos lados relieves de leones de gran tamaño, guardianes del sagrado lugar. La misma función desempeñarían, en la segunda rampa, grandes cobras coronadas por halcones. A derecha e izquierda de la rampa, sendos pórticos de pilares cuadrados en la primera fila y de columnas poligonales o protodóricas en la segunda, exornan el escalón existente al borde de la primera terraza. La pared de fondo del pórtico, ataludada y sin decoración de relieves, actúa como muro de contención de la terraza, el mismo papel que al final de ésta hará la pared del fondo de sus pórticos. Los soportes de la primera línea de estos pórticos, muy largos, son en todos ellos pilares; los de la segunda, también pilares o columnas poligonales. Los pilares de los extremos del primer pórtico estaban precedidos de colosos osíricos de la reina -oficialmente rey- y lo mismo todos los de la terraza superior. La segunda terraza es un enorme cuadrado con dos lados abiertos y dos cerrados por pórticos. Por uno de los primeros, mirando al este, se divisa en lontananza el Nilo, y más allá, el Templo de Karnak, hacia el cual dirige el de Hatshepsut su eje longitudinal en clara posición de subordinación. Por el lado sur, también abierto, la terraza forma un escalón sobre el vecino templo de Mentuhotep. El muro de contención tiene el dispositivo ya clásico del muro palacial de salientes y nichos sobre los que se alzan parejas heráldicas de buitre y cobra de los Dos Países. El lado norte está cerrado por un pórtico inacabado de pilares decaexagonales -las mal llamadas columnas protodóricas- que enlazan con las del lado contiguo, dignas verdaderamente de un propíleo griego. Estas preceden en tres hileras de cuatro, formando una a manera de sala hipóstila, a una capilla de Anubis, el dios de cabeza de chacal, que penetra en la roca haciendo los quiebros propios del laberinto del otro mundo. Vienen a continuación dos pórticos largos, dedicado el primero a la génesis de Hatshepsut y el segundo a la expedición al Punt -Somalia-. Por último, en el extremo sur de este mismo lado oriental tiene un santuario simétrico al de Anubis la más grande de las diosas del cantón tebano, Hathor, la vaca celeste. Es probable que antes de esta reina ningún faraón hiciese tanto uso de la escultura como ella en este santuario. Aparte de los centenares de metros de relieves, se han calculado en él veintitrés estatuas de piedra dura, unas cien esfinges de arenisca pintada, otras veintidós de granito y unas cuarenta estatuas osíricas.
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El templo es el monumento más importante de la arquitectura griega. Su objetivo fundamental es custodiar la imagen divina, encontrándose el altar en el exterior. El templo habitualmente se levanta sobre un estilobato, graderío de tres escalones; presenta casi siempre planta rectangular y en su interior encontramos varias subdivisiones: el pronao, vestíbulo abierto flanqueado por la prolongación de los muros laterales; el nao o cella, donde se sitúa la imagen divina; y el opistodomo, espacio similar al pronao. Dependiendo del número de columnas que presenta en su fachada recibe diversos nombres: in antis si presenta dos columnas, tetrástilos si son cuatro, hexástilos si son seis, octástilos si son ocho, decástilos si son diez y dodecástilos si son doce. Si sólo muestra una fila de columnas en su fachada anterior se denomina próstilo. Si la fila aparece ante las dos, se llama anfipróstilo y períptero si las columnas rodean todas las fachadas, pasando a llamarse díptero si tiene doble fila de columnas.