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lugar
La antigua Uaset egipcia, hoy llamada Luxor, también fue denominada por los griegos Tebaï. Aunque ya empezó a ser importante con la XI dinastía, a fines del siglo XXI a.C., su mayor expansión la vivió con la XVIII dinastía (h. 1570 a.C.), cuando sus príncipes lograron expulsar a los hicsos y Tebas se convirtió en la dominadora del Valle del Nilo, comenzando entonces la auténtica época imperial de Egipto. A partir de este momento la ciudad, consagrada a Amón, comienza a embellecerse y agrandarse con los templos de Karnak y Luxor, así como con tumbas majestuosamente decoradas, en las necrópolis situadas en la orilla occidental del Nilo, como los valles de las Reinas y de los Reyes, así como el templo erigido por Hatsheptsut en Deir el-Bahari. El prestigio y significación de Tebas continuó incluso cuando dejó de ser capital a favor de Menfis o Per-Rameses, continuando levantándose santuarios y tumbas para los reyes.
contexto
El territorio que los faraones del Reino Medio habían gobernado estaba dividido durante el Segundo Periodo Intermedio en tres unidades políticas diferentes, de las que eran conscientes los propios egipcios, según se desprende la Tablilla Carnarvon I. El norte se encontraba bajo control de los hicsos, con capital en Avaris; el Egipto Medio estaba administrado desde Tebas por los faraones de la XVII dinastía, tributarios de los hicsos y, por último, el sur se hallaba aglutinado en el reino independiente de Kush. En estas condiciones era prácticamente imposible el acceso directo al oro nubio y tal vez por ello renunciaron los faraones a un dominio real sobre el Egipto central y meridional, conformándose con la recaudación de tributos anuales. Tal situación permitió a los faraones de la XVII dinastía mantener una total autonomía, como se desprende de su actividad constructiva, magníficamente expresada en el templo del dios fecundador Min, el toro que cubre a las hembras, situado en Coptos, o en el santuario de Osiris en Abidos. El Papiro de Turín señala quince faraones tebanos; sin embargo, la arqueología sólo ha corroborado la existencia de diez, varios de los cuales llevan el nombre de Antef. No obstante, durante el reinado de Sekenenré, contemporáneo del hicso Apofis, parece que se inician las hostilidades, según recuerda un texto tardío, aparentemente corroborado por las huellas de violencia que presenta la momia del faraón hallada en la necrópolis real de Dar Abu el-Naga. No son pruebas determinantes, es cierto, y por ello los estudiosos prefieren atribuir el inicio de la reunificación a su hijo Kamose, del que se conserva información más precisa, gracias a la Tablilla de Carnarvon y a dos estelas reales. Transmiten estos textos un relato más o menos coherente de los acontecimientos que justifican la conducta del faraón. Este se lamenta de compartir el poder con los soberanos extranjeros: "A qué se reduce mi poder, si un jefe está en Avaris y otro en Kush y yo permanezco sentado entre un asiático y un nubio...". Y en virtud de tal queja propone a sus reticentes consejeros emprender una guerra de unificación, cuyos avatares nos son desconocidos por el estado fragmentario del texto. En la otra estela encontramos a Kamose profiriendo amenazas contra la población de Avaris, que ha resistido a su incursión, aunque el faraón tebano obtiene un considerable botín como consecuencia de su campaña, que no ha servido para aglutinar a los egipcios contra los hicsos, ya que muchas poblaciones del Delta y del Valle Medio se mantienen fieles al rey de Avaris. Esa misma inscripción nos permite deducir que Kamose había atacado -extremo confirmado epigráficamente- también al rey de Kush, a pesar de los peligros que suponía la apertura de dos frentes con posibilidades reales de actuar combinadamente contra él, según se desprende del intento en tal sentido de Apofis que envía un mensajero, interceptado por Kamose, al rey de Kush para entablar una acción combinada contra Tebas. El relato del faraón tebano no presume victoria alguna; ignoramos, por tanto, qué ocurrió en los años finales de Kamose, con el que se extingue la dinastía XVII. Hacia 1570 sube al trono tebano el príncipe Ahmosis, con el que se inaugura la dinastía XVIII y con ella el Imperio Nuevo. Será precisamente Ahmosis quien expulse definitivamente a los hicsos. Desgraciadamente no se conserva ningún relato oficial sobre el desarrollo de las operaciones, pero narraciones autobiográficas, como la del oficial homónimo Ahmosis, permiten saber que hubo varias campañas contra Avaris antes de que cayera en manos de la dinastía tebana. Después los asiáticos fueron perseguidos hasta territorio de Canaán, pues en Palestina se encontraban los enclaves de la retaguardia hicsa, que sucumbieron asimismo ante el ataque de Ahmosis. En efecto, parece que había cierta continuidad territorial entre las ciudades amuralladas de Palestina y Avaris, de manera que la presencia hicsa en Egipto no es más que una proyección en el Delta de la cultura del Bronce Medio palestino. Los hicsos fueron, pues, reabsorbidos en sus territorios de origen y no pueden ser rastreados arqueológicamente con posterioridad. La unidad de la zona septentrional y la seguridad en la frontera asiática permitieron al faraón dedicar su atención a los asuntos nubios. Las tres campañas contra Kush no bastan para ejercer un control real sobre el territorio nubio y sus herederos habrán de mantener abierto el frente meridional que garantizaba la afluencia de materias primas inexistentes en Egipto. La unificación de Egipto facilita la elaboración de un sistema imaginario que se prolonga a lo largo del tiempo, según el cual los hicsos -caracterizados por todas las connotaciones culturales negativas- se opondrían como bloque unitario y antagónico a los egipcios, lógicamente depositarios de los valores positivos. Esta manipulación de la realidad histórica tenía como objetivo someter la lógica de los acontecimientos a un discurso ético destinado a justificar el nuevo orden establecido. Ya se ha señalado cómo la penetración de los invasores asiáticos no estuvo acompañada por una actividad de destrucción sistemática. La propia obra edilicia de los hicsos pone de manifiesto cómo en realidad lo único que se aprecia es un cambio en el grupo dominante, pero no en las relaciones sociales ni en los procedimientos culturales. Es más, las referencias relativamente inconexas de la expulsión ponen de manifiesto el arbitrio del conflicto interétnico que pretende la propaganda faraónica. En realidad, la pretensión nacionalista del grupo dominante es un instrumento para justificar la posición de quienes acaudillaron el movimiento supuestamente liberador que no hace más que perpetuar las condiciones reales de existencia de cada grupo social. Cuando la creación histórica simpatiza con una determinada acción política puede tergiversar el complejo entramado que caracteriza a la realidad simplificándola injustificadamente en exceso. Así pues, la expulsión de los hicsos restauraba la lógica de la dominación egipcia, no la eliminaba. El Imperio Nuevo se muestra contundente como expresión del alcance de la liberación, efectiva sólo para aquellos que se benefician del nuevo orden establecido.
termino
acepcion
Piedra blanca de Tecalco (México), de gran calidad, usada para la realización de objetos artísticos.
termino
acepcion
En Mesoamérica, voz que define la casa de los tecuhtli.
obra
La bóveda del techo de la Estancia de Heliodoro está dividida en cuatro escenas alrededor del medallón con el escudo de Julio II. Las escenas asemejan a un tapiz al crear clavos y anillos fingidos sobre las que parecen sujetarse. Los asuntos representados son la Zarza ardiente - sobre la Expulsión del Heliodoro -, la Escalera de Jacob - sobre la Liberación de san Pedro -, la Aparición de Dios a Noé - sobre el Encuentro de Atila y León Magno -, y el Sacrificio de Isaac - sobre la Misa de Bolsena -. En las cuatro escenas encontramos ecos de Miguel Ángel y la escultura clásica y toscana, lo que hace pensar a los especialistas en su temprana fecha de ejecución, aunque otros críticos apuntan a que fue rehecha en 1513-1514 reduciéndose los ocho paños iniciales a los cuatro actuales.
obra
El papa Julio II eligió el segundo piso del palacio de Nicolás III en el Vaticano para establecer su residencia definitiva tras regresar de sus campañas militares en 1507. Despreciaba así las habitaciones inferiores que habían sido decoradas para Alejandro VI por parte de Pinturicchio. Tras algunas modificaciones arquitectónicas realizadas por Bramante se inició la decoración de las salas en la que trabajarían numerosos artistas como Sodoma, Lotto, Bramantino, Ripanda, Perugino, Signorelli o Rafael. Sanzio llegó a fines de 1508 desde Florencia, posiblemente por consejo de Bramante, trabajando en primer lugar en la Disputa del Sacramento. Tras finalizar este trabajo recibió el título de "scriptor brevium" gracias al cual podía modificar los trabajos de pintores anteriores y decorar las Estancias a su gusto.La Estancia de la Signatura fue la primera decorada por Rafael entre 1508 y 1511, al mismo tiempo que Miguel Ángel trabajaba en la Capilla Sixtina. El nombre de la Estancia viene determinado por haber sido utilizada como sede del Tribunal Eclesiástico de la "Signatura Gratiae". En la vivienda de Julio II se utilizaba como biblioteca, eligiéndose como decoración frescos referentes a la Filosofía - la Escuela de Atenas -, la Teología - Disputa del Sacramento -, la Poesía - el Parnaso - y la Justicia - las Virtudes Teologales -.La bóveda está dividida en trece secciones por grutescos organizadas en torno a un octógono central con amorcillos que sostienen un escudo pontificio bajo un cielo azulado. A su alrededor encontramos cuatro medallones con las representaciones de las Artes Liberales: la Filosofía, la Poesía, la Justicia y la Teología mientras que en los ángulos se aprecian - inscritos en rectángulos - las escenas del Pecado Original, el juicio de Salomón, la Astronomía y Apolo y Marsias. Entre los lunetos y los rectángulos se inscriben dos temáticas divididas por una cornisa: la monocroma recoge un asunto histórico derivado de Tito Livio; la polícroma trata asuntos mitológicos tomados de Higino, ambos trabajos realizados por Sodoma.
obra
Durante la estancia de Rubens en Inglaterra entre 1629 y 1630 recibió del rey Carlos I uno de los encargos más importantes: la decoración del techo de la Banqueting House en el Palacio de Whitehall, construido por Iñigo Jones en 1619. La Banqueting House se empleaba como sala de conciertos y otras fiestas cortesanas, sirviendo igualmente para recibir a los embajadores extranjeros. El programa decorativo posiblemente fue trazado por Rubens con la colaboración del propio Jones. Dicho programa estaba constituido por nueve paneles integrados en molduras doradas dedicados a exaltar el reinado de Jacobo I, padre de Carlos I, y la monarquía de los Estuardo. Al igual que en la serie de María de Medicis, el maestro flamenco debía magnificar un insignificante reinado, utilizando todos sus recursos alegóricos. Se equiparó el reinado de Jacobo con el prudente Salomón, quien había otorgado a su pueblo el don de la paz.El panel central está dedicado a la Apoteosis de Jacobo I, realizando Rubens varios bocetos y un estudio previo que fue presentado a Carlos I. Dos largos frisos con putti y animales simbolizando la felicidad de los tiempos acompañan en los laterales a la Apoteosis. La Unión de Escocia e Inglaterra está flanqueada por las alegorías de Hércules derrotando a la Discordia y Minerva venciendo a la sedición mientras que el panel del Reinado pacífico del rey Jacobo está acompañado de la Generosidad triunfando sobre la avaricia y la Razón dominando a la intemperancia. Para la ejecución del techo Rubens se inspiró en las obras de Tintoretto, Tiziano y especialmente Veronés, empleando una perspectiva de "sotto in sù" muy habitual en el Renacimiento veneciano. Las telas fueron elaboradas en gran parte por los colaboradores del taller, siendo finalizadas en 1634. Sin embargo, las dificultades financieras del monarca inglés retrasaron el embarque hasta diciembre de 1635.