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Personaje Literato
Se inició en la carrera del sacerdocio, aunque más tarde ingresa en un colegio laico en Grenoble. Sin ser todavía mayor de edad se traslada a París, y se alista en el ejército de Napoleón. Stendhal pondría fin a su carrera militar en 1802 para disfrutar de los ambientes parisinos más bohemios. Sin embargo, este ritmo de vida rápidamente le deja sin recursos económicos, por lo que se reengancha en el ejército. Caído el gobierno de Bonaparte se marcha a Italia. En este país se interesa por el arte y escribe "Historia de la pintura italiana" en 1817, bajo el sobrenombre de Stendhal. En 1821 vuelve a Francia tras ser inculpado por el Estado italiano de apoyar a los independentistas. Durante este tiempo se instaló en París, donde se relacionó con los intelectuales de la época. Escribe "Sobre el amor" en 1822, una narración que analiza el papel de la mujer y otros temas de índole similar. Con Luis Felipe I de Orleans le hacen miembro del cuerpo diplomático y le envían a Civitavecchia, cerca de Roma. Obsesionado una vez más con los problemas sociales publica "El rojo y el negro" en 1830 y nueve años después "La cartuja de Parma".
obra
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Manet era un pintor muy agradecido con los escritores que defendían sus obras; habitualmente les hacía un retrato como muestra de su agradecimiento. Así surgen los retratos de Zola o Duret, e incluso éste de Mallarmé. Stéphane Mallarmé sentía gran atracción por Baudelaire, siendo éste el primer punto de contacto entre el escritor y el pintor, que se conocieron gracias al éxito de Manet con Le Bon Bock. Pero además, hay que añadir la defensa que realizó el poeta a los cuadros de Manet rechazados por el jurado del Salón de 1874 - Baile de máscaras en la ópera -. Posteriormente, escribió un artículo en el que por primera vez se cataloga a Manet como integrante del grupo impresionista, a pesar de no participar en ninguna de sus exposiciones. Esta gran defensa de la producción del pintor indica la estrecha relación que une a ambos personajes. El modelo se encuentra en el estudio del pintor - el papel japonés recuerda a la Dama de los abanicos - sentado en un sillón. Emplea una perspectiva de abajo arriba, quizá para resaltar aún más la figura. Viste levita negra y pantalón gris, el tradicional traje de los burgueses de aquellos momentos. Con su mano derecha - en la que sujeta un grueso cigarro que produce una columna de humo - juega con las páginas de un libro abierto. La pincelada empleada por Manet es ahora muy suelta, a base de rápidos toques de color que semejan manchas. Los tradicionales detalles de las primeras obras - Lola de Valencia o Guitarrista español - han desaparecido y dan paso a un estilo más libre e intimista, que caracteriza sus últimas obras, totalmente alejadas del deseo de escandalizar de las primeras - Olimpia o Desayuno en la hierba -. Incluso el contraste entre las tonalidades claras y oscuras no es tan pronunciado, quizá por la sensación atmosférica que ha creado.
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El poeta Stéphane Mallarmé reflejó las ideas filosóficas de Francia en los últimos años del siglo XIX, especialmente en un turbulento momento después del Segundo Imperio. Mallarmé consideraba que la poesía era una expresión del misterio de la existencia humana y sólo daba forma auténtica a la vida en la tierra. En este sentido, fue un precursor de las ideas existencialistas, relacionándose con los planteamientos que también tenían los impresionistas de captar en sus trabajos lo que se presentaba ante sus ojos.Renoir realizó en 1891 algunos grabados para el libro de poemas publicado por Mallarmé titulado "Pages". En este retrato realizado por estas fechas el pintor ha sabido captar la personalidad del poeta, centrando su atención especialmente en la intensa mirada que se dirige hacia el espectador. El retrato goza del clasicismo que en aquellos momentos presentan buena parte de los trabajos del maestro, sintiéndose atraído por Rafael, Ingres, Tiziano o Velázquez. La volumétrica figura aparece en primer plano y recibe el foco de luz desde la izquierda, en sintonía con el esquema renacentista iniciado en la escuela veneciana. El resultado es una obra marcada por la personalidad del modelo, lo que convierte a Renoir en uno de los mejores retratistas de su tiempo.