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museo
La colección del Städtische Kunsthalle de Mannheim está constituida por más de 1.700 pinturas y 600 esculturas, así como unas 30.000 grabados, acuarelas y dibujos, entre ellos algunos de Murillo. Los estilos artísticos de las piezas conservadas van desde el Impresionismo francés y alemán hasta el informalismo, interesándose también por el expresionismo y el "Nuevo profesionalismo". Entre las obras maestras destacan cuadros de Cézanne, Friedrich, Manet, Monet, Van Gogh o Pissarro (siglo XIX), Bacon, M. Beckmann, Otto Dix, George Grosz, Ernst Ludwig Kirchner, Oskar Kokoschka, Fernand Léger, Max Liebermann, Edvard Munch o Emil Nolde (siglo XX). Entre los grandes escultores del siglo XIX que tienen alguna obra en este museo destacan Rodin, Degas, Daumier o Rosso, conservando también un amplio número de piezas de primera fila del siglo XX con obras de Umberto Boccioni, Constantin Brancusi, Max Ernst, Alberto Giacometti, Marino Marini, Mario Merz, Henry Moore, Wilhelm Lehmbruck o Jean Tinguely.
Personaje
Literato
Anne Louise Germaine Necker, Baronesa De Staël-Holstein, es más conocdida como Madame Staël. Hija del financiero Jacques Necker, tendrá en su casa un importante lugar de tertulia política durante la Revolución Francesa. Forzada a abandonar París en 1803 se instaló en el Imperio Alemán, donde visitó Weimar, Berlín, y Viena, volviendo a Francia en algunas ocasiones. Su fama como escritora la alcanzó con "Corinne" novela romántica publicada en 1807. También destacaría "En Alemania" publicada en Londres en 1813 y sus "Cartas", memorias políticas publicadas en 1788. Además escribió novelas, ensayos y trabajos históricos y críticos.
obra
En agosto de 1832 Turner realizó un viaje por tierras escocesas; visitó, entre otros lugares, la cueva de Staffa que había sido descubierta en 1772, convirtiéndose en lugar de peregrinación de los románticos al estar unida a Fingal, padre de Ossian. Durante este viaje a Escocia el maestro londinense se entrevistó con el poeta Walter Scoot, para quien realizó un buen número de ilustraciones que acompañaban a sus escritos. El cuadro que pintó Turner es en realidad una vista del mar desde la cueva, interesándose de nuevo en los efectos atmosféricos y los juegos de luz. También nos llama la atención el efecto del vapor del barco en contacto con la luz, tal y como hará años más tarde en Lluvia, vapor y velocidad, su obra emblemática. La pincelada de Turner está sufriendo un importante cambio al ser ahora más empastada, sin definir tanto los detalles, dejándose influir por Rembrandt.
fuente
Tras el desembarco en Normandía, una de las principales labores desarrolladas por las unidades británicas y norteamericanas fue la de reconocer el terreno y "limpiar" de él las tropas alemanas escondidas. Los vehículos más utilizados para estas tareas fueron el Greyhound M8, el White M3A1 y el Staghound Mk III, que vemos en la ilustración. Usualmente, el Staghound llevaba como armamento principal un cañón de 75 mm, instalado en una torreta de carro de combate Crusader.
Personaje
Político
Nacido en el seno de una pobre familia georgiana, su infancia la vivió en un ambiente de miseria, suciedad y analfabetismo, en medio de frecuentes palizas de su alcoholizado padre. Su madre, sirvienta, aportaba escasos recursos económicos con la esperanza de que el joven Iósiv pudiera ingresar en el seminario y ser sacerdote, una de las escasas salidas a la pobreza. Así sucedió cuando cumplió los catorce años, gracias a una beca, ingresando en el Seminario de Tbilisi, donde llevará una vida austera y dedicada al estudio. Sin embargo, poco antes de cumplir los veinte años será expulsado del seminario, pues ya constan sus actividades en el seno de un grupo socialista. Previamente a la Revolución Rusa, en la que tomará parte de manera muy activa, recorre Rusia de manera clandestina organizando actos en contra del régimen del zar Nicolás II. Ello le obliga a moverse en la clandestinidad, ocultándose bajo distintas identidades, hasta que es apresado y deportado a Siberia. Tras huir de su destierro, se reincorpora a las filas revolucionarias, distribuyendo panfletos y organizando huelgas en contra del poder establecido. Poco más tarde es elevado a la dirección del periódico del partido, Pravda, desde donde continúa con sus actividades de dirección de los bolcheviques, preparando la llegada de Lenin a Petrogrado. Reconocido entre las filas comunistas, en 1922 logra ser nombrado Secretario General del Partido, cargo que aprovecha para manejar los hilos del poder y colocar a seguidores suyos a lo largo de todo el territorio ruso y al frente de los diversos grupos que lo integran. De esta manera se asegura los apoyos suficientes para suceder a Lenin cuando éste abandone la política activa, lo que ocurrirá en 1924. Sus ansias de poder le llevan a ocultar la existencia de un documento redactado por el propio Lenin en el que solicita que Stalin, al que tiene por hombre ambicioso y sin escrúpulos, sea apartado del poder y no pueda postularse como su sucesor. Conseguido el poder, el siguiente paso de Stalin fue realizar una purga entre aquellos dirigentes que pudieran hacerle sombra o discutir sus decisiones. Su mayor víctima fue Trotski, dirigente histórico y creador del Ejército Rojo, a quien obligó a exiliarse en México y quien más tarde resultaría asesinado, por ser una pieza "incómoda" para el gobierno de Stalin. Como máximo dirigente de la Unión Soviética, desarrolló la teoría del "socialismo en un solo país", identificando al comunismo con la URSS, y dictó el primer Plan Quinquenal, para impulsar la industrialización, con la finalidad de aumentar la productividad y convertir a Rusia, país eminentemente agrícola, en una potencia industrial y autosuficiente. Al mismo tiempo, impuso por la fuerza la colectivización del campo, desarrollando una política de terror entre los campesinos que incluyó deportaciones masivas, traslado de pueblos y ejecuciones. En respuesta, muchos campesinas quemaron sus cosechas para evitar la incautación del Estado, pero la política del gobierno acabó imponiéndose. La industrialización a ultranza, provocada por el deseo de Stalin de sacar a Rusia de un atraso económico de varias décadas con respecto a las grandes potencias occidentales, y de paso demostrar la validez de las teorías comunistas, supuso la construcción en la década de los 30 de un sinnúmero de grandes fábricas, altos hornos y refinerías de petróleo. El objetivo era incrementar año tras año la producción, no sólo cumpliendo sino aun superando los Planes Quinquenales fijados desde el gobierno. La productividad se premiaba y fomentaba desde los cargos que dirigían las fábricas, dando lugar a un modo de producción denominado "stajanovismo", pues un obrero, Stajanov, consiguió en un solo día batir todos los records de producción. También el Estado vigilaba los índices de producción, llegando a encarcelar a los responsables de las fábricas si no se cumplían los objetivos previstos. El resultado de todo ello fue una invasión permanente del Estado de todos los rincones de la sociedad rusa, creando un clima de vigilancia constante, en aras del triunfo de la Revolución y el incremento de la productividad. La situación se agravó aun más con el asesinato de Kirov, secretario general del partido, en 1943, que dio lugar a una de las mayores y más sangrientas purgas del siglo XX. En política exterior, temeroso de las ansias expansivas de Hitler por el este europeo, Stalin firmó con el dictador alemán un tratado de paz que implicaba dejar las manos libre a Hitler para iniciar su expansión, siempre y cuando no entrase en suelo soviético. El tratado, considerado ominoso por el resto de potencias europeas, es uno de los capítulos más controvertidos de la historia de la URSS, más aun cuando, tras la invasión de Polonia por Alemania y la subsiguiente declaración de guerra de Francia y Gran Bretaña, la Unión Soviética permaneció inalterable. La invasión de Rusia iniciada por Hitler en 1940 fue probablemente su mayor error táctico, pues significó la entrada en guerra de la URSS al lado de una Francia derrotada y una Inglaterra en muy mala situación. Además, el sagaz Stalin llevaba ya dos años preparando la posible invasión alemana, incrementando hasta el límite la fabricación de armamento y la preparación del Ejército Rojo. Las consignas dadas desde la dirección del Estado, en forma de resistir al enemigo a cualquier precio, la política de tierra quemada propugnada por Stalin y la capacidad de aguante del pueblo ruso, todo ello, provocó que el avance alemán fuera lento y penoso, más aun comparándolo con los éxitos cosechados por la Blitzkrieg en los primeros momentos de la guerra. Kiev retardó el avance nazi seis semanas; Odessa lo hizo en ocho y Moscu rechazó en dos ocasiones la toma alemana. El tiempo, en la forma de "general Invierno", como había sucedido en la época de Napoleón, se aliaba con Rusia. El contraataque soviético, a costa de millones de muertos, no se hizo esperar, desafiando a los hasta entonces ejércitos nazis. Hitler, por su parte, envió a lo más granado de sus tropas y armamento, perfilando un encuentro que sería decisivo en el curso de la Guerra: Stalingrado. En efecto, buscando aprovechar los yacimientos petrolíferos del Caúcaso, Hitler lanzó un poderoso ataque sobre Stalingrado, punto estratégico e importante enclave industrial, preparado por Stalin para una defensa a ultranza. Casa por casa se defendió la población, siendo destruidas las fábricas por los rusos antes de ser abandonadas al avance alemán. Las luchas se desarrollaron cruelmente hasta que el 19 de noviembre los rusos lanzaron un ataque en pinza que cercó a los alemanes y les causó miles de bajas. La rendición alemana en 1943 había dejado a 90.000 soldados vivos de un total de 300.000. La victoria de Stalingrado dio fin al avance nazi y significó una referencia más que simbólica en el curso de la Guerra. El intento de invasión de Rusia no sólo costó a Hitler un costosísimo esfuerzo, sino que le obligó a desatender el flanco occidental, donde los aliados, ahora con apoyo de Estados Unidos, comenzaban a avanzar. El desembarco de Normandía dio, ya en 1944, inicio a una carrera entre los soviéticos y los aliados anglosajones por alcanzar Berlín lo antes posible, anticipando un mundo dividido en dos bloques, comunista y capitalista, que verá la luz a la finalización del conflicto. Efectivamente, tras la rendición alemana en mayo de 1945, Stalin se había asegurado su control sobre buena parte del este de Europa, ratificado en las conferencias de Yalta y Postdam celebradas con los aliados. El "nuevo orden mundial" supone entonces un nuevo desafío para la Unión Soviética, pues parte con cierta desventaja frente al abanderado del capitalismo, los Estados Unidos, quienes ya poseen la bomba atómica, como demostraron en Hiroshima y Nagasaki. Da inicio así el período llamado "guerra fría", en el que ambas superpotencias pugnan por extender su ámbito de influencia a nivel mundial como si jugaran una partida de ajedrez en la que cada pieza fuera un país. La nivelación de ambos contendientes se produjo en 1949, cuando Stalin hizo probar la primera bomba nuclear. Desde entonces, la carrera de armamentos entre ambos contendientes no pararía hasta alcanzar cotas espectaculares, pero eso ya no será contemplado por Stalin, quien morirá en 1953.
contexto
La guerra tocaba a su fin y los aliados tenían bastantes temas sobre los que ponerse de acuerdo. El presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt, cada vez más afectado por la poliomielitis, hubiera deseado celebrar aquel encuentro en los Estados Unidos, en vez de realizar un viaje tan largo. Pero Stalin presionó hasta conseguir que el encuentro tuviera lugar en Yalta. Le convenía jugar en casa, ser el generoso anfitrión y disponer el escenario según sus intereses. Roosevelt cedió porque esperaba de Stalin la aceptación de las Naciones Unidas, su gran sueño, aquella obra que habría de perpetuarle... Churchill cedió a regañadientes; era el menos poderoso de los tres grandes y, además, estaba en difícil situación política porque las elecciones generales británicas debían celebrarse en julio... Churchill y Roosevelt llegaron a Yalta, localidad veraniega de Crimea, el 3 de febrero de 1945. El presidente norteamericano, en atención a su enfermedad, fue hospedado en el palacio de Livadia, antigua residencia de los zares, donde también se celebró la conferencia. Esta dio comienzo el día siguiente con un Stalin en plan encantador, que proponía a Roosevelt como presidente permanente de la conferencia, honor que les correspondía ejercer a cada uno de los tres grandes por turno. Con esa maniobra, el dictador soviético se ganaba aún más el ánimo del presidente norteamericano y restaba peso a Churchill, realmente el único rival que allí tendría la política soviética. En efecto, a Roosevelt le obsesionaba el tema de las Naciones Unidas, conseguir de Stalin que la URSS formase parte de la ONU. El resto casi lo abandonaba por completo en manos de sus asesores. Pero éstos estaban próximos a los intereses políticos soviéticos. El secretario de Estado, Stettinius, era a la sazón un político inexperto; Harry L. Hopkins, la eminencia gris de la Casa Blanca, confesaba abiertamente sus simpatías por Moscú y el cuarto hombre de la delegación USA, Alger Hiss, era un espía a sueldo del Kremlin, como reconocería ante un juzgado de Nueva York en 1950. Churchill, opuesto a parte de lo acordado en Yalta, se encontraba en inferioridad numérica y en debilidad moral, debido a sus acuerdos con Stalin del mes de enero, y política, como se demostraría con su derrota electoral del siguiente verano. A lo largo de 8 sesiones plenarias, de similar número de reuniones de ministros de Exteriores, de 4 banquetes oficiales y de varios centenares de brindis, se concretó en documento en 14 apartados, que trataban de la victoria sobre Alemania, de su ocupación y de las consiguientes indemnizaciones de guerra; de la conferencia para la puesta en marcha de la ONU; de Polonia, de Yugoslavia; de la Europa liberada; de la unidad entre los vencedores de la guerra; de las reuniones que los ministros de exteriores deberían sostener después de Yalta, y, finalmente, se acordaba la entrada de la Unión Soviética en guerra contra Japón inmediatamente después de la rendición de Alemania. De todo esto, lo más importante era la división de Alemania en cuatro zonas de ocupación; con una de ellas, la soviética, se creó la República Democrática Alemana. Las reparaciones de guerra se fijaron en 20.000 millones de dólares, que en un 50 por ciento serían destinados a la URSS, como país más castigado por la guerra. Respecto a Polonia se decidía que perdiera buena parte de sus territorios orientales y que ganase otros en sus fronteras occidentales, a costa de Alemania. Churchill protestó, alegando que era una salvajada que desplazaría a millones de polacos y a millones de alemanes: Stalin se mantuvo firme, aduciendo que de hecho tal fenómeno ya se había producido a causa de la guerra, lo que sólo era verdad a medias. Pero mayor disgusto para el premier británico fue la imposición soviética de su protegido gobierno de Lublin como régimen para Polonia, aceptando a duras penas la participación del Gobierno polaco en el exilio... Londres, que había entrado en guerra a causa de Polonia y que había mantenido unidades militares polacas en su ejército, combatiendo en África, Italia y Francia, se quedó humillada. Roosevelt se sintió al final feliz cuando Stalin accedió a formar parte de las Naciones Unidas, aunque pretendió que figurasen por separado las 16 repúblicas que entonces formaban la Unión Soviética. Era excesivo, pero al final logró que figurasen Rusia, Bielorrusia y Ucrania. Otra victoria de Stalin fue conseguir el derecho al veto para los cinco grandes (2) en el Consejo de Seguridad. El 11 de febrero se despidieron Stalin, Churchill y Roosevelt. Fue la última entrevista que sostuvieron y quizás fue la más trascendental para el mundo; hijas de Yalta fueron la división de Alemania, la configuración geográfica y política de Polonia, la presencia soviética en el Extremo Oriente, el telón de acero, la escasa operatividad de la ONU, etc. Pero aún no era el momento para los análisis. Las fisuras entre aliados comenzaban a verse, pero eran mucho menores de lo que Hitler creía y deseaba. Toda Centroeuropa era un inmenso campo de batalla donde combatían 12 millones de hombres y donde la guerra era cuestión de semanas.
contexto
Aunque viera con esperanzas el progreso aliado en el norte de África, Stalin realmente no había sentido respiro alguno en los primeros meses de 1943, porque Hitler destinó al frente del desierto fuerzas que, en comparación con los niveles de medios empleados en el Este, podían considerarse simbólicas. Pese al triunfo de Stalingrado y los progresos de sus ofensivas, la réplica de los Ejercitos del Sur y la amenaza sobre el saliente de Kursk que ejercían los nazis preocupaban mucho en Moscú. Se unía a esto un retraso aliado en abrir el segundo frente y la suspensión de los envíos de alimentos, materias primas y pertrechos porque todos los transportes se estaban utilizando en África o concentrando para el desembarco en Italia. Especial irritación le producían a Stalin las críticas casi universales en la prensa británica y norteamericana por el descubrimiento de las fosas de Katyn, donde casi 15.000 polacos- en su mayoría jefes y oficiales- habían sido asesinados por el ejercito soviético. La indignación del gobierno polaco en el exilio se complemento con la de los yugoslavos y sus protectores británicos a causa de los ataques de los guerrilleros de Tito a los monárquicos de Mihajlovic. Los comunistas trataban mas de exterminar a sus enemigos políticos que a los alemanes... La prensa soviética devolvió improperios, acusando a los británicos de estar preparando una invasión a Yugoslavia, en vez de pensar en el segundo frente, y recordó viejos agravios, como la financiación e inspiración británica del ejercito polaco de Anders... Una posible cumbre de los tres grandes fue pospuesta sine die. Moscú comenzó a temer que Washington y Londres le estuvieran utilizando como parachoques del nazismo y que tratarían de aplastarle después de que se desengrasase en su lucha con Alemania. Sea por esa tirantez y estas sospechas, sea por otras razones, lo cierto es que Stalin trató de entrar en negociaciones con Hitler, para lo cual se hicieron intentos ante sus diplomáticos en Estocolmo, al tiempo que Tito se relacionaba con los representantes nazis en Zagreb. Cuando Hitler se entero del caso monto en cólera. Sobre el contacto en Yugoslavia dijo: "¡Con los rebeldes no se negocia, se les fusila¡". El diplomático Peter Kleist, esperado por los soviéticos en Estocolmo, fue detenido en el aeropuerto berlinés de Tempelhof y ridiculizado por su superior Ribbentrop por haber caído en esa burda provocación judía. Hitler creía que Stalin estaba tratando de utilizar esta posible negociación para que los aliados se apresuraran a abrir el segundo frente y para que reanudasen los suministros. Probablemente se estaba equivocando el dictador nazi porque en septiembre del mismo año, Moscú trato de nuevo de ponerse en contacto con los negociadores de Berlin. Hubo algunos contactos en Estocolmo y, sobre todo, en Sofía, donde ambos países tenían embajada. Ribbentrop se tomó el asunto en serio, quizás angustiado por la serie ininterrumpida de reveses que registraba la Wehrmacht. Hitler se mostró impermeable. Seguía pensando que Stalin trataba de utilizarle para picar a sus aliados occidentales, quizás lanzarle contra los angloamericanos en Italia y que tomados se despedazasen en el segundo frente, mientras que la URSS incrementaba su poderío y se aprestaba a aniquilar lo que quedase. No es posible saber qué podía haber de cierto en esta segunda hipótesis, pero es seguro que la primera estaba equivocada. Para esa época, Stalin ya tenía cuanto deseaba: su segundo frente y la promesa de abrir un tercero en Francia al año siguiente, además de la renovación de los suministros en cantidades cada día más importantes.