Construida en el año 1314, durante el reinado de Alfonso XI, se trata de una estructura con planta cuadrada a la que se accede atravesando un pequeño patio con atrio de columnas y una puerta en el lado derecho. Está situada en la Calle de los Judíos, cerca de la Plaza Maimónides. Es uno de los tres únicos monumentos hebreos de este género existentes en España, junto con las dos de Toledo. La sinagoga fue templo hebreo hasta 1492, año en que los Reyes Católicos decretaron la expulsión de los judíos de la Península. Posteriormente, fue instalado en su recinto interior un hospital para hidrófobos y en 1558 fue puesta bajo advocación de San Crispín, patrón de los zapateros, que instalaron su cofradía en la sinagoga. La restauración del edificio comenzó en el siglo XIX. La sinagoga tiene dos habitaciones, un pequeño atrio y la sala de oración, y todos los muros se encuentran decorados por yesería típica del arte mudéjar de la época. El muro oriental dispone de una abertura para el tabernáculo, donde se guardaban los rollos del Pentateuco o Ley Judía. La decoración se completa con inscripciones de salmos hebreos, recuerdo fiel de la época en que las tres religiones monoteístas coincidieron en un solo espacio vital, Córdoba; dicha decoración puede admirarse en sus bellos balcones. También el estuco está decorado con la línea cursiva típica de los árabes, incorporando inscripciones hebreas. La sinagoga es bastante pequeña en relación a otras y se cree que su tamaño reducido se debe a las restricciones que las autoridades cristianas hicieron a los judíos.
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monumento
Construida hacia el año 245, la sinagoga de Dura-Europos se compone de una escuela, un comedor, un patio y lugar para el culto totalmente pintado, incluso el techo de barro. Representan escenas del Antiguo Testamento como el paso del Mar Rojo, la infancia de Moisés, Elías y el hijo de la viuda. La sala, que señala el lado hacia el cual deben orientarse los fieles al orar (al igual que el mihrab de las mezquitas) contaba además con una especie de púlpito elevado al que se accedía por una escalera de piedra y que podría asemejarse al minbar de una mezquita. En éste y los demás edificios de Dura son importantes ciertas pinturas y relieves, de aire provincial (Heliodoro en la Casa de los escribas, Baribonnaia en el templo de Zeus Theos). La Casa Cristiana (s. III) destaca por el baptisterio y los frescos representando el Buen Pastor, la curación del paralítico, la Samaritana en el pozo y Adán y Eva. La bóveda está pintada de azul y estrellas, a modo de cielo. Estas pinturas narrativas junto con las de la sinagoga son capitales para la historia de la pintura universal.
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En época medieval, la judería de Toledo era una de las mayores de España. Aislado por muros, el barrio judío contaba con diversos edificios públicos como escuelas, llamadas madrisas, baños o, el más importante de todos, la sinagoga, lugar de oración y reunión de la comunidad. En su punto álgido, la judería toledana contaba con diez sinagogas, destruidas durante la revuelta antijudía de 1391. La costumbre marcaba que en todo lugar en el que hubiese diez familias judías se instalase un lugar para la oración. La de Santa María la Blanca, en Toledo, fue construida en el siglo XIII, con un estilo muy influido tanto por el arte almohade como por el mozárabe. Posible sinagoga mayor de la aljama toledana, dos centurias más tarde fue convertida en templo cristiano, bajo la advocación de Santa María la Blanca. Al frente de la sinagoga se encontraba el rabino, quien además ejercía de juez, instructor e inspector de la vida de la comunidad. Éste iba cubierto por un manto llamado talit. En su frente y sus brazos llevaba unos cordones grabados con textos sagrados, llamados filacterias. En la sinagoga, la actividad religiosa principal es la lectura de la Torah, los rollos de la Ley. Estos se conservan en un arca o nicho, llamada el Hejal, situada en la pared que mira hacia Jerusalén. En las sinagogas tradicionales, como la de Santa María la Blanca, el centro de la estancia lo ocupaba la Tebá, un atril, enfrentado al arca, en el que se situaba el oficiante y desde el que leía los rollos de la Torah a la concurrencia. En los laterales solían colocarse asientos para los congregados más notables, mirando hacia dentro. El resto de los fieles varones se situaba detrás. A ambos lados del cuerpo central solían hallarse las galerías para las mujeres, aunque en Santa María la Blanca no se ha podido determinar su lugar exacto. A veces las mujeres se hallaban ocultas detrás de un enrejado o de una cortina, y eran dirigidas en la plegaria por una mujer instruida.
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De las diez sinagogas que contaba la ciudad de Toledo en la Edad Media sólo dos quedan hoy en pie: el Tránsito y Santa María la Blanca. Santa María la Blanca fue probablemente construida a finales del siglo XII por Abraham ibn Alfajar, consejero del rey Alfonso VIII. En 1250 fue reconstruida tras sufrir un incendio. Recibió el nombre de Santa María la Blanca en 1411, cuando tras la predicación de San Vicente Ferrer fue otorgada a los cristianos. El edificio fue puesto bajo la advocación de una copia de la Virgen Blanca conservada en el coro de la catedral. Presenta planta basilical de cinco naves que van decreciendo en altura desde la central a las laterales. Las naves están separadas por grandes arcos de herradura que se apoyan sobre pilares ochavados con anchos capiteles, decorados piñas y grandes volutas, finamente tallados a trépano. La influencia almohade se pone de manifiesto en la decoración de los muros mientras que la tradición gótica queda representada en los pilares octogonales. El motivo decorativo predominante es un friso de arquerías en la parte alta y a lo largo de las naves laterales. El edificio sufrió importantes modificaciones en época cristiana, encargadas por el cardenal Silíceo a Covarrubias. Durante la Guerra de la Independencia se utilizó como almacén de pertrechos militares.
obra
La sinagoga de Santa María la Blanca fue probablemente construida a finales del siglo XII por Abraham ibn Alfajar, consejero del rey Alfonso VIII. En 1250 fue reconstruida tras sufrir un incendio.
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La sinagoga de Santa María la Blanca fue probablemente construida a finales del siglo XII por Abraham ibn Alfajar, consejero del rey Alfonso VIII. En 1250 fue reconstruida tras sufrir un incendio. Recibió el nombre de Santa María la Blanca en 1411, cuando, tras la predicación de San Vicente Ferrer, la sinagoga fue otorgada a los cristianos.
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De las diez sinagogas que contaba la ciudad de Toledo en la Edad Media sólo dos quedan hoy en pie: el Tránsito y Santa María la Blanca. Santa María la Blanca fue probablemente construida a finales del siglo XII por Abraham ibn Alfajar, consejero del rey Alfonso VIII. En 1250 fue reconstruida tras sufrir un incendio. Recibió el nombre de Santa María la Blanca en 1411, cuando, tras la predicación de San Vicente Ferrer, la sinagoga fue otorgada a los cristianos. El edificio fue puesto bajo la advocación de una copia de la Virgen Blanca conservada en el coro de la catedral. Presenta planta basilical de cinco naves que van decreciendo en altura desde la central a las laterales. Las naves están separadas por grandes arcos de herradura que se apoyan sobre pilares ochavados con anchos capiteles, decorados piñas y grandes volutas, finamente tallados a trépano. La influencia almohade se pone de manifiesto en la decoración de los muros mientras que la tradición gótica queda representada en los pilares octogonales. El motivo decorativo predominante es un friso de arquerías en la parte alta y a lo largo de las naves laterales. El edificio sufrió importantes modificaciones en época cristiana, encargadas por el cardenal Silíceo a Covarrubias. Durante la Guerra de la Independencia se utilizó como almacén de pertrechos militares.
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La sinagoga del Tránsito fue mandada edificar entre 1354 y 1357 por el judío Samuel Haleví Abulafia, tesorero y consejero del monarca Pedro I.