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Personaje Literato Religioso
Nacido en La Parrilla, obispado de Cuenca, estudió en el convento de San Francisco de Cartagena, pasando a enseñar teología y artes en el convento de Santa Fe de Bogotá en 1604. En 1623 alcanzó el cargo de Provincial, comenzando ese mismo año a escribir noticias de historia basadas en los materiales recopilados durante muchos años y en la propia experiencia personal vivida en las reducciones de indios pijaos, a las que acudió acompañando al presidente de la Real Audiencia, don Juan de Borja. Pasó por Venezuela como visitador y en Coro embarcó hacia las Antillas, regresando más tarde a Santa Fe. Viajó también por Antioquía, Cartagena y Santa María. De su obra, "Noticias Historiales de las Conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales", se sabe que escribió los dos primeros tomos en año y medio a pesar de sufrir fuertes ataques de gota. Aunque no participó directamente en la conquista, sí conoció a buena parte de sus protagonistas y consultó los manuscritos existentes ya en la época, por lo que podemos considerar su obra como un excelente documento para conocer los sucesos del siglo XVI en Nueva Granada. De su obra, sólo se publicó la primera parte en Cuenca en 1627, debiendo esperar hasta 1882 para ver la luz de forma completa en Bogotá. Se desconocen la fecha y lugar de su fallecimiento, aunque es posible que éste sucediera en España.
contexto
Si Fernando de Casas gusta de la ornamentación naturalista refinada y de detalle, de modo que para él el muro es soporte de una ornamentación, el otro gran arquitecto de esta generación, Simón Rodríguez (1697-1752), opta por valorar el material en sí mismo, dominando a la perfección la estereotomía de un granito que, en sus manos, se geometriza y convierte en el elemento volumétrico desafiante de la estática en esa sucesión de placas que han dado nombre a esta peculiar fase del barroco gallego. Discípulo probable de Domingo de Andrade, de él toma, no el sentido decorativo (que será patrimonio de Fernando de Casas) sino el interés por los volúmenes y las estructuras arquitectónicas, a lo que hay que añadir su dedicación a la retablística y la carpintería, de donde puede proceder la decoración de virutas y placados, que se completarán con las enseñanzas que pudo recopilar de su conocimiento a distintos tratados de arquitectura (Dietterlin, Vredeman de Vries, Caramuel, fray Lorenzo de San Nicolás...). Aparte de su peculiar interpretación del tratamiento del material, a base del juego de volúmenes geométricos que caracteriza el llamado estilo de placas, Simón Rodríguez es también un anticlásico en cuanto a la concepción estructural del edificio, y prueba de ello es el desafío a la estática y a las normas de la construcción en la fachada del convento de Santa Clara (1719), uno de los edificios más audaces del barroco español, fachada ficticia tras la cual no se halla la iglesia sino simplemente la portería del convento y un pequeño jardín por el que se accede al recinto religioso. El efecto dominante de la fachada es el de un gran retablo pétreo, una obra de marquetería en la cual los distintos elementos decorativos van ganando volumen y fuerza plástica a medida que ascienden en el muro. La decoración se concentra en la calle central, en la que alternan los espacios macizos y huecos flanqueados por una indescriptible variedad de molduras, placas semicirculares y cilíndricas, grapas, volutas, frontones partidos... hasta culminar en el abigarrado frontón triangular que cobija en su parte central el escudo de la Orden y que está rematado central y lateralmente por tres insólitos cilindros que dan un indudable aire de modernidad a la fachada, casi de sensibilidad cubista, como han apuntado tanto Weisbach como Bonet. Según Folgar de la Calle, tal tipo de remate puede inspirarse en algunos grabados de Serlio contenidos en su "Libro Extraordinario", grabados que ya habían inspirado a otras obras españolas del siglo XVII, pero nunca con la audacia y la fuerza plástica de la fachada Clarisa. Es muy personal también la concepción de sus retablos que, como señala Folgar de la Calle, se convierten en sus manos en escenarios en los que obliga al espectador a penetrar en su profundidad para abarcarlos íntegramente; véase por ejemplo el retablo de la iglesia de la Compañía de Jesús de Santiago (1727), calificado por Otero Túñez como el más barroco y también el más original de los retablos compostelanos. Concebido como una inmensa máquina teatral que sale al encuentro del espectador, en él se rompe con todo sometimiento a un esquema clásico: las calles y cuerpos desaparecen y se enmascaran por el dinámico movimiento de los diferentes planos, el entablamento se quiebra e individualiza sobre cada columna y, sobre el capitel, un cilindro incrementa el efecto de inestabilidad; la decoración naturalista, menuda y refinada de elementos vegetales y trapos colgantes, recorre las columnas panzudas y la gigantesca placa del remate vuela sobre el plano del retablo hasta cerrarse con su masa la dominante tensión vertical de esta calle central. En 1729 Simón Rodríguez dio las trazas y dirigió las obras de la capilla del Cristo del convento de Conxo (Santiago) destinada a cobijar una imagen del Crucificado atribuida a Gregorio Fernández, donde no sólo se ocupó de la arquitectura sino que diseñó también los retablos y sepulcros. La capilla es de planta de cruz con una nave, crucero de un tramo y capilla mayor rectangular a la que se adosa el camarín; los muros se articulan por medio de pilastras rematadas en su parte superior por movidas placas y el crucero se cubre con cúpula. La tipología de los sepulcros de esta capilla es muy novedosa, ya que se aparta del esquema de los escurialenses para limitarse a un juego de cilindros y volutas que recuerdan a los de la fachada de Santa Clara y que se repiten en la fachada posterior del Colegio de Ejercitantes. A partir de 1740 la actividad artística de Simón Rodríguez empieza a decaer, sin duda por el peso de la edad, aunque en estos años finales lleva a cabo obras importantes, como la iglesia de San Francisco de Santiago (1740), la capilla de la Tercera Orden Franciscana de La Coruña (1743), quizá la intervención de la iglesia de San Nicolás de La Coruña, y la iglesia del convento de Santa Clara de Allariz (1749). La iglesia de San Francisco fue cuidadosamente supervisada en su construcción por el arquitecto, pero no pudo evitar que quedase inconclusa a su muerte y que en su fachada interviniese un dictamen de la Academia de San Fernando que obligó a normalizar la traza y a eliminar los excesos barrocos, razón por la cual tan sólo el primer cuerpo mantiene la estructura diseñada por el arquitecto, mientras que los cuerpos se han transformado en un sentido neoclásico. El interior de la iglesia sí responde al planteamiento de Simón Rodríguez, dominando el juego volumétrico de los placados de piedra, el vuelo de las cornisas o la presencia de puertas y marcos de retablos decorados con estos mismos motivos. Simón Rodríguez muere en 1752 sin llegar a ver concluida la iglesia franciscana, y justamente el mismo año en que se funda en Madrid la Academia de Bellas Artes de San Fernando, que tan virulentamente atacó las libertades compositivas practicadas por el arquitecto y los artistas de su generación, los llamados "fatuos delirantes".
Personaje Pintor
De la mano de Memmo di Filippucio, su maestro, aprendió la técnica del fresco y estudió la obra de Giotto. Una de sus creaciones más tempranas, realizada hacia 1315, fue la "Majestad" del Palacio Público de Siena. Para su ejecución se inspiró en la Majestad que ha ya había pintado Duccio para la catedral de Siena. En esta obra además se aprecia la influencia de Giotto en la distribución del espacio. También enriquecieron su trayectoria profesional fueron las figuras que Giovanni Pisano realizó en la catedral de Siena, al ejercer una notable repercusión sobre su obra. En esta época estudia a fondo los esmaltes, los marfiles y las miniaturas que se desarrollaron en las escuelas del gótico francés. Hacia 1317 conoce a los angevinos y pinta "San Ludovico de Toulouse coronando a Roberto de Anjou" y "Escenas de la vida de San Martín". Estas últimas fueron realizadas a petición del cardenal Gentile de Montefiore para la Iglesia de San Francisco de Asís. De este conjunto destaca la conjunción de elementos sagrados y profanos. En este tiempo, Martini realizó otras obras como el retrato de Guidorico da Fogliano, o los polípticos que actualmente se encuentran en el Museo Nacional de Pisa y el Museo dell'Opera del Duomo de Orvieto. También relató en varias escenas la vida del beato Angostino Novello y realizó la Anunciación de los Uffizi. Al comienzo de la década de los cuarenta se traslada a Aviñón, donde entra al servicio del pontífice Benedicto XII. En estas fechas entabla una profunda amistad con Petrarca. Para éste realizó la miniatura "Vergilius cum notis Petrarcae" y un retrato de Laura, cuyo paradero se desconoce, aunque es importante conocer su existencia por tratarse del primer cuadro de este género sin carácter funerario. El dominio de Martini sobre la línea sería recuperado por el gótico internacional.
Personaje Pintor
Ingresa en la Escuela de Bellas Artes de Málaga, donde es discípulo de Bernardo Ferrándiz. Su siguiente destino fue la capital italiana, donde pinta Huída del Centauro Neso con la ninfa Deyanira y gana una beca de la Diputación Provincial de Málaga. Gracias a esta circunstancia consigue prolongar su estancia en Roma. Su aprendizaje, por tanto, aparece completamente condicionado por el clasicismo de la época. Prueba de ello es la Decapitación de San Pedro, que ocuparía un lugar preferencial en la catedral de Málaga. En este tiempo las críticas no son favorables, por lo que se decide a emprender un viaje a Tierra Santa. De regreso en su país natal se instala en Palencia y es contratado por el Instituto de esta localidad para impartir clases de dibujo. Luego se traslada a Barcelona y consigue una plaza de profesor en la Escuela de Artes Decorativas de Barcelona. Como docente sigue ascendiendo hasta ser elegido catedrático de la Escuela de San Fernando de Madrid. Su maestría como dibujante le permitió trabajar en populares diarios como "La Ilustración Española y Americana". También pertenece a su autoría las ilustraciones de una edición de 1901, de las "Leyendas" de Zorrilla. De su legado el cuadro más importante fue Flevit super illam, con el que logró la primera medalla de la Exposición Nacional celebrada en 1892. Al otro lado del Atlántico participó en la Exposición Universal de Chicago. Fue autor de numerosos encargos religiosos y de retratos. Sus hijos Bernardo, Rafael, Ramón y Enrique continuaron su tradición.
obra
Attilio Simonetti será uno de los mejores amigos y discípulos de Fortuny en Roma, protagonizando algunos retratos con su porte elegante, como observamos en este pequeño lienzo donde se recorta su figura ante la ciudad de Roma. La luz de atardecer define una escena muy intimista, resaltando la figura del pintor, vestido con un oscuro traje y un sombrero. La factura fluida y el colorido empleado definen una composición donde Fortuny parece acercarse a los "macchiaioli" y al Impresionismo.
obra
Attilio Simonetti y Joaquín Agrasot serán dos de los mejores amigos de Fortuny durante su estancia en Roma. Gracias a Simonetti conocemos el carácter y el tipo de vida que llevaba el pintor catalán mientras que con Agrasot compartía estudio y vivienda en un antiguo y destartalado palacio de la via Flaminia, uniéndose Tapiró y Moragas al grupo. Este abocetado retrato doble es una muestra de los felices años pasados por el artista en la Ciudad Eterna. Sus dos amigos posan en posturas enfrentadas ante lo que se intuye como una edificación romana, ataviados ambos con sus característicos trajes oscuros, llevándose las manos al regazo. La pincelada es absolutamente fluida, sin recurrir a ningún detalle, manifestando así la diferencia entre los trabajos que Fortuny hace por gusto y los que coloca en los canales oficiales de venta como el Camellero o el Coleccionista de estampas, con los que también disfruta pero que no le llenan de satisfacción.
termino
termino
acepcion
Compra o venta de un bien espiritual, a cambio de un bien material. Dentro de esta definición cabe hablar de sacramentos, cargos religiosos, reliquias, etc. Este concepto deriva de Simón el Mago, que quiso comprarle a San Pedro el poder para imponer las manos. El Cristianismo considera esta práctica un pecado contra el Primer Mandamiento.
acepcion
Compra o venta deliberada de cosas espirituales, como los sacramentos y sacramentales, o temporales inseparablemente anejas a las espirituales, como las prebendas y beneficios eclesiásticos.