Durante la India budista, es decir, desde el siglo III a. C. hasta el siglo V d. C., fueron también muy importantes los santuarios rupestres. Las cuevas, naturales y excavadas, que en principio estaban reservadas a los ascetas, se convierten en el hábitat preferido de los monjes y peregrinos budistas. El ritual monacal imponía a sus miembros vivir como mendicantes por los pueblos y ciudades, ayudando y dando ejemplo a la gente; las numerosas comunidades (shanga) aprovechaban los meses de lluvias monzónicas para reunirse y discutir la doctrina en unos improvisados monasterios de madera, que eran prácticamente abandonados año tras año. Pronto observaron que las cuevas, apartadas del bullicio urbano, eran un refugio idóneo para la meditación, y un lugar protegido del calor y la humedad sofocante. Por otra parte, tenían la ventaja de resistir mucho mejor que los edificios leñosos la acción devastadora del clima y los insectos. De esta forma, y por razones de índole funcional, el budismo elevó la excavación de cuevas a una categoría arquitectónica mayor, pues desde este momento los santuarios rupestres se convierten en los espacios más característicos, hasta el punto de poderse afirmar que el arte excavado constituye la arquitectura tradicional india. Además, los santuarios rupestres budistas petrifican al detalle los edificios de madera coetáneos; esto les añade un importante valor documental, pues sin ellos nunca hubiéramos conocido la antigua arquitectura sacra, como nos ocurre con los palacios y demás obras civiles desaparecidas. La técnica de excavación, que a primera vista puede parecer muy rudimentaria, es una consecuencia inmediata del factor geográfico, y precisa de un profundo conocimiento de la piedra y de una paciente habilidad. Las cordilleras Ghats Occidentales y Orientales, que bordean como columnas vertebrales la meseta del Dekkan aislándola de la costa, están formadas escalonadamente a base de estratos geológicos de arenisca dura y blanda. Entre dos estratos duros se puede excavar el blando con relativa facilidad: primero se abre un túnel por la parte superior (profundizando longitudinalmente a lo largo del futuro espacio), en el suelo del mismo túnel se excavan pozos o canales en los que se insertan vigas de madera que, al mojarlas, funcionan como un barreno natural resquebrajando la roca; de esta forma se extraen tantos bloques cúbicos de piedra como sean necesarios, siempre desde arriba hacia abajo y de dentro afuera, de manera que la parte más antigua de cualquier santuario rupestre es la superior interna y la parte más tardía es la inferior externa. Obreros y escultores trabajan a la par, y en cuevas sin vaciar por completo podemos entrar en un desconcertante escenario, primorosamente labrado, en el que pisamos capiteles y tocamos la alta bóveda con la mano. Por supuesto, ningún elemento arquitectónico cumple su función y no es raro presenciar el espectáculo asombroso de un soporte colgando desde el techo como una estalactita. Los santuarios rupestres budistas ofrecen dos tipos: chaityas y viharas. La chaitya es el templo, que debido a su carácter sagrado no evolucionará, salvo en tamaño y decoración. El nombre deriva del término sánscrito chitya, que significa ceniza: las cenizas funerarias de la stupa, que se convierte a su vez en el objeto de culto del templo. Es por tanto un templo de peregrinación, y en función de la stupa se determinan el espacio, la iluminación y la acústica. La estructura espacial en tres naves con cabecera absidial (donde se halla la stupa) es muy similar a la de nuestras iglesias primitivas. La nave central, más ancha y alta, aparece cubierta con la bóveda de kudú típicamente india (sucesión de arcos formados por haces elásticos leñosos), que se apoyan en pilares, que imitan la inclinación de las vigas de madera. Hay que recordar constantemente que estas cuevas traducen a la piedra todo el lenguaje de la madera; por tanto, ningún elemento arquitectónico cumple su función. Las naves laterales, más angostas y bajas, se prolongan por detrás de la stupa a manera de girola y están destinadas a la circunvalación (pradakshina) del fiel. Los vihara resultan menos extraordinarios, aunque son mucho más numerosos, pues en torno a una chaitya suele haber varios viharas. Vihara significa lugar de reunión y sirve de vivienda, refectorio, biblioteca, aula, taller, etc.; es la estancia de los monjes que cuidan del templo. El carácter utilitario es la causa fundamental de su constante evolución hasta la actualidad. Los viharas originales constan de un gran espacio cuadrado central, a cuyo alrededor se abren las innumerables celdas de los monjes. La cubierta plana, adintelada, contrasta con la sacralidad que siempre significa la bóveda de kudú. La técnica de excavación no es tan rigurosa como en el templo, por lo que el espacio puede variar dependiendo de la dureza del estrato geológico.
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Personaje
Científico
Ha pasado a la historia como el descubridor de las cuevas de Altamira. En 1875 entra por primera vez en este recinto y aprecia la existencia de unos trazos negros en las paredes, sin embargo, en esta ocasión no piensa que sean relevantes. Cuatro años después vuelve a las cuevas y realizando excavaciones encuentra restos prehistóricos. Estudia el resto de las paredes y es entonces cuando descubre todas las pinturas de animales. Este hallazgo le animó a publicar "Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la provincia de Santander" (Santander, 1880), donde recogía en cuatro litografías sus descubrimientos. A pesar de que Sautoula estaba convencido de la importancia de este hallazgo, comenzaron a surgir dudas, e, incluso, se llegó a cuestionar la autenticidad de la obra. Tuvieron que pasar casi veinte años para que su labor fuera reconocida. En este sentido, fue determinante el descubrimiento de la gruta La Mouthe en 1895 por el francés Rivière. Los descubrimientos e investigaciones posteriores en España y Francia fueron decisivos para conocer la relevancia de las cuevas de Altamira.
Personaje
Científico
Su educación discurre entre París y la localidad germana de Heidelberg. En esta última acude a las clases de Karl Krause. De vuelta en España se convirtió en uno de los primeros profesores especializados en Filosofía del Derecho de la Universidad de Madrid. Desde la universidad ejerció una enorme difusión de la línea de pensamiento de su maestro, inaugurando así el "krausismo". Esta corriente fue determinante en el área educativa afectando tanto al sistema de enseñanza español como hispanoamericano. Su ideología queda reflejada en obras como "Ideal del Humanidad para Vida", de 1860.
Personaje
Arquitecto
Dentro del panorama arquitectónico español de la segunda mitad del siglo XVII, destaca Francisco Sanz Cortés. Entre su producción arquitectónica cabe citar el Palacio de Arguillo de Zaragoza, construido entre 1659 y 1661. Este edificio, que en la actualidad alberga el Museo Pablo Gargallo, es uno de los mejores ejemplos de la evolución de la arquitectura civil de Zaragoza. También es el responsable de las reformas realizadas en la iglesia de San Pedro el Viejo de Madrid.
contexto
A partir de los Homo erectus, la diversidad y la variabilidad aumenta, lo que ha causado numerosos problemas de clasificación dentro de los Homo sapiens. Así nos encontramos con fósiles cuyas denominaciones han oscilado entre Homo sapiens arcaicos, presapiens, Homo erectus, anteneandertales y preneandertales. Si muchos de los fósiles africanos, se han asociado dependiendo de los restos a presapiens, para muchos restos europeos A. de Lumley ha propuesto el término anteneandertales, recogiendo una constelación de los mismos vinculada a los rasgos que recuerdan al Homo erectus. Estos problemas aumentan con las diferentes circunstancias de los hallazgos, especialmente los más antiguos, que ofrecen muchas dificultades a la hora de establecer una cronología y las características del contexto. En resumen, por áreas geográficas a fin de no recargar el texto definiendo cada espécimen, podemos decir que, en general, estos restos superan los 1.000 centímetros cúbicos de capacidad endocraneal. Su cronología oscila, probablemente, entre los 500.000 y 200.000 años, aunque algunos pueden ser más antiguos, y presentan una gran mezcla de atributos diferentes, incluso dentro de las mismas regiones. Quizá su caracterización radica en la enorme diversidad que presentan, a lo que se suma un probable dimorfismo sexual, por lo que sólo comentaremos algunos de los especímenes. En Africa, los restos que presentan mayor tendencia hacia los rasgos del Homo sapiens, lo constituyen los hallazgos de Elandsfontein (Africa del Sur), Broken Hill (Zambia) y Kébibat y Salé en Marruecos. Con tendencia mixta entre Homo erectus y Homo sapiens tenemos los de Cave of Hearths (Africa del Sur), el lago Ndutu (Eyasi, Tanzania) y Kapthurin (Kenia). Los restos de Bodo, que proceden de Melka Kunturé (Etiopía), según muchos paleoantropólogos deben ser incluidos dentro del Homo erectus, para otros a pesar de sus rasgos muy arcaicos, tiene algunos muy evolucionados que los sitúan entre ambos. El problema de Bodo es que se trata de un hallazgo ocasional, con una cronología incierta. En Asia los restos de Dali, Xuujiayao (norte de China), Yinkou (noreste de China) y Maba (sur de China) y Narmada (centro-norte de la India) muestran los rasgos más cercanos al Homo sapiens, mientras que Ngandong (río Solo, Java), casi todos los autores lo engloban entre los Homo sapiens arcaicos, si bien otros prefieren considerarlos Homo erectus. En Europa, el panorama es distinto. Durante mucho tiempo los defensores de una evolución continua hacia el Homo sapiens sapiens, creyeron ver rasgos en algunos especímenes que podían acercarse más a esta subespecie y que denominaron presapiens, diferenciándolos de los que presentaban características más en la línea de los neandertales, y que denominaron preneandertales. Las revisiones actuales han llevado a considerar todos los restos antiguos dentro de la categoría de sapiens arcaicos mucho más cerca de la evolución hacia el neandertal, por lo que en la actualidad predomina la descripción de anteneandertales, propuesta, como ya dijimos, por A. de Lumley. Los anteneandertales son un fenómeno europeo y se distinguen por tener caracteres arcaicos, que el neandertal habrá olvidado, de especies más antiguas y otras comunes con la especie Homo sapienes sapiens, como es el que la anchura máxima del cráneo esté a nivel del parietal. El estado de conservación es muy fragmentario en estos individuos anteriores a la glaciación würmiense por lo que resultaría de excepcional valor el hallazgo de un cráneo completo. Los caracteres derivados (que representan el fósil director) puede aparecer indistintamente y al mismo tiempo dada la evolución en mosaico, por lo que se considera que el neandertal posterior es el resultado de una evolución incierta divergente con el Homo sapiens sapiens, aunque tienen un origen común, por lo que es difícil situarse para la interpretación de los fósiles, ya que cuando son antiguos, ¿están en la línea del neandertal, o en la del hombre sapiens moderno?, o ¿hay que situarlos antes de la separación divergente? Todos los fósiles son europeos y muy difíciles de datar en su mayoría, o muy imprecisos. Entre los especímenes destaca La Caune de l'Arago (Tautavel, Francia), con cerca de 50 restos, de los cuales el más conocido es que presenta una porción de cráneo con la cara. La cronología ha suscitado muchas discusiones, aunque la mayoría de los prehistoriadores admiten una antigüedad entre los 300/400.000 años. Primero fue clasificado como Homo erectus, por sus muchos caracteres arcaicos, pero el predominio de un carácter neandertal en la región infraorbital ha llevado a considerarlo como un anteneandertal. Para algunos autores se encuentra ya una vez pasado el punto de divergencia entre neandertal y sapiens, ya en la línea que deriva hacia los neandertales. Otros restos de l'Arago, como las mandíbulas, tienen rasgos arcaizantes que podrían muy bien pertenecer al erectus, pero la aparición del cráneo mantiene la tendencia a clasificarlos como anteneandertales. La mandíbula de Mauer es un resto aislado, mal datado, que parece situarse en algo más de 400.000 años. Un resto descubierto accidentalmente, y cuya datación, también discutida, se encuentra entre los 700/200.000 años, es el cráneo de Petralona (Grecia), que presenta rasgos neandertales como en la cara y otros más arcaizantes como es mantener la anchura máxima del cráneo en el occipital, rasgo típico del erectus. Vertesszöllos (Hungría), yacimiento al aire libre, en las orillas del Danubio, presenta un occipital asociado a industrias líticas y cuya datación oscila alrededor de 300.000 años. Retiene características arcaizantes, pero presenta una capacidad endocraneana de 1.470 centímetros cúbicos, claramente sapiens. Otros yacimientos como Steinheim, Bilzingsleben (Alemania), Swanscombe y Pontnewydd (Reino Unido), Fontechevade, La Chaise, la Biache-Saint Vaast, Montmaurin, Le Lazaret (Francia) y Atapuerca (España) presentan también rasgos hacia los neandertales. El complejo kárstico de Atapuerca, Burgos, viene ofreciendo desde hace años en una sima de Cueva Mayor una cantidad de restos humanos considerable, más de cien, entre dientes aislados, mandíbulas, fragmentos de cráneo y restos postcraneales. Como en los casos anteriores presentan rasgos arcaicos, unidos a otros en la línea del neandertal. Las dataciones obtenidas oscilan entre 350/200.000 años, y los restos se encuentran asociados a fauna del Pleistoceno Medio. Así en el desarrollo de los neandertales clásicos se observan tres períodos consecutivos: En el primero, situado en una cronología entre 350/200.000 años, aparecen los caracteres neandertales independientes, aunque lo más frecuente es que se den dentro de una estructura craneal arcaica, cuya morfología general no es neandertal. En el segundo período, que oscila entre 200 a 100.000 años, los caracteres aún no están claramente definidos, pero la arquitectura general de los neandertales se va observando en la morfología, por ejemplo, en La-Biache-Saint-Vaast, con una cronología alrededor de 220.000 años. Por último, y a partir del 100.000, aproximadamente, se encuentran ya los neandertales clásicos.
contexto
El hombre de Neandertal ha sido asociado a determinada fase cultural. En un principio, Hrdlicka mantuvo, de 1927 a 1940, su clasificación como un estadio morfológico en la evolución del hombre. Cuando los hallazgos se hicieron cada vez más numerosos, en los 15 ó 20 últimos años se han sucedido criterios diferentes. Primeramente se le otorgó una atribución taxonómica con el rango de especie; así era denominado Homo neanderthalensis frente al Homo sapiens, u hombre moderno. Era una forma de situarlo como predecesor del Cro-Magnon. En la segunda fase se le consideró dentro de la especie sapiens, con rango de subespecie, y es como tal que se le clasifica actualmente Homo sapiens neanderthalensis frente al Homo sapiens sapiens, rompiendo la ecuación de antecesor del hombre moderno; con el tiempo, se ha demostrado que en algunos yacimientos aparece la contemporaneidad con formas del hombre moderno, como en los yacimientos de Próximo Oriente. Los caracteres del neandertal muestran un sapiens arcaico y específico, constituyendo una población importante con características únicas. Los rasgos que se desglosan de los neandertales típicos se corresponden con los neandertales clásicos que encontramos en la primera mitad de la glaciación würmiense, aproximadamente entre los 100.000 y 35.000 años. Existen muchos restos, comprendiendo una lista de 350 individuos, pero en su mayoría están representados por pequeños fragmentos, especialmente fragmentos de húmeros y falanges. En Europa Occidental destacan por ser muy completos tres esqueletos adultos de la Chapelle aux Saints, La Ferrassie y La Quina y unos seis o siete cráneos conocidos, en los que la mayoría presentan rota la base occipital. Con todo ello nuestro conocimiento es pobre, pues a pesar de tener muchos restos éstos están mal representados. El descubrimiento del neandertal ha sido un largo proceso, en el cual, irónicamente, son los primeros restos fósiles humanos que se conocieron a partir del siglo pasado, y que, sin embargo, su reconocimiento como tales se produciría casi al mismo tiempo que el Pithecanthropus de Dubois. El primer resto hallado era una calota de un niño encontrado en la cueva de Engis (Bélgica) en 1829-1830, seguido en 1848 por un cráneo adulto en Forbes Quarry en Gibraltar. Aún así no fueron reconocidos hasta que en 1856 se encontró un cráneo en una cueva en el valle del Neander, cerca de Düsseldorf en Alemania. Un anatomista (Schaaffhansen) lo reconoció como un antepasado más antiguo que los celtas y los germanos. A pesar de que Darwin los conocía no los menciona en su publicación sobre "El origen de las especies", en 1859. El primero que los menciona es T. Huxley, en el centro de los debates sobre las teorías de la evolución. Hasta que fueron reconocidos totalmente con hallazgos posteriores, como el de Spy en Bélgica; asociados claramente con faunas fósiles e industria, pasaron por ser, gracias a R. Wirchow, hombres actuales deformados por alguna enfermedad. Por lo general se le considera un ser pequeño de 1,65 metros de altura, muy robusto y con fuertes articulaciones, presentando en el cráneo y cara muchos caracteres particulares. Entre ellos tenemos una elevada capacidad endocraneal que presenta un gran cerebro, como el de La Chapelle aux Saints, que alcanza los 1.625 centímetros cúbicos, o el de Amud que supera los 1.700. La media, sin embargo, es de 1.465, teniendo en cuenta que los dos tercios son masculinos. El problema del dimorfismo sexual es una de las variables de la antropología, considerándose que la diferencia sexual sería muy parecida a la del hombre moderno, si bien no hay una base científica para demostrarlo. En el cráneo se observan varios atributos característicos, y en general muestran un cráneo largo, ancho y poco alto. En el Homo erectus la anchura máxima se encontraba cerca de la base del cráneo; en el neandertal, así como en el Homo sapiens, la anchura máxima se encuentra en los parietales, pero el hombre moderno presenta una mayor altura. Otra diferencia es la presencia de un torus occipital más bajo que en el Homo erectus, que alarga la fisonomía del cráneo. El frontal también muestra una altura reducida, pero su anchura es semejante al moderno, presentando asimismo un torus supraorbital. Por todo, si bien la capacidad endocraneal es semejante al hombre moderno, la organización de la cavidad craneal es diferente. La cara del neandertal era muy grande, impresión aguzada por la baja altura del frontal. Bajo la proyección del torus, las órbitas son redondeadas y separadas presentando una forma diferente al hombre moderno, con una región suborbital más plana que en el moderno, que la presenta cóncava. Para algunos antropólogos es una adaptación al frío. Sin embargo, sabemos que los neandertales vivieron tanto en climas fríos como templados e incluso cálidos. Las mandíbulas son espesas y robustas, presentando la parte anterior plana, a diferencia del hombre moderno cuya forma es parabólica. A ello se suma la presencia de un espacio libre entre el tercer molar y la rama ascendente y como rasgo muy distintivo no se presenta el mentón (barbilla), característica del Homo sapiens sapiens. La dentición, sin embargo, no presenta rasgos inequívocos, siendo un poco más grande que en el moderno. Quizá los rasgos distintivos radican en la presencia de taurodontismo y la forma de articular los incisivos. El taurodontismo significa una cavidad alveolar más grande y la tendencia a fundirse las raíces de los molares. Los incisivos del maxilar superior y la mandíbula cierran paralelamente a modo de tenazas, a diferencia de los nuestros, que cierran en tijera yuxtaponiéndose los superiores a los inferiores. Estas diferencias para algunos antropólogos como L. Brace tienen la explicación en que los dientes han sido utilizados como herramientas, además de la función masticatoria. Esta explicación se ha llevado al extremo de pensar que la cara se transforma y especializa en función de la tecnología. Este rasgo no se presenta en todos los restos, por lo cual la ecuación sobre si es más primitivo por utilizar la dentición, al contrario que el hombre moderno cuyo utillaje es más completo, resulta demasiado simplista, ya que en poblaciones cazadoras actuales la dentición anterior se utiliza para ablandar pieles perteneciendo todos ellos al Homo sapiens sapiens. En cuanto a los restos postcraneales, observamos algunas diferencias. Por ejemplo, las vértebras cervicales son más espesas y pegadas, produciendo una elevación en la inserción de las costillas, lo que parece inducir en una postura algo inclinada del cuerpo hacia adelante. En la escápula se observa una pequeña cresta que separa las mitades dorsal y ventral, relacionadas con un músculo especial que nos sirve para controlar el gesto. El brazo presenta una gran robustez, ya que el radio ofrece una curvatura, relacionada con una musculatura muy fuerte. Para E. Trinkaus y C. Howells esta musculatura era más apropiada para lanzar objetos (entre ellos, armas arrojadizas) que en los hombres modernos. Los coxales, si seguimos las características que presentan los restos de La Chapelle aux Saints, se distinguen de los modernos en su morfología, siendo más planos con la rama ascendente más ancha. En el área del pubis se observa una apertura del canal más grande que en los modernos. Esta característica ha sido interpretada por E. Trinkaus como una gestación más larga, de 10 meses, con el fin de que los bebés estuvieran mejor adaptados que en el caso de los modernos, que son prematuros. Este hecho redundaría en asegurar al nuevo niño la adaptación, porque no tendrían medios suficientes, como los hombres modernos. Evidentemente esta interpretación ha tenido numerosas refutaciones. En primer lugar, la interpretación no se basa en un conjunto de restos, sino exclusivamente en La Chapelle aux Saints, un individuo masculino de edad avanzada, con lo cual puede no ser una pauta común, dada la variabilidad que se encuentra en general en los individuos actuales y que afecta a muchas especies animales. En segundo lugar, cuando nos referimos a las poblaciones fósiles, deberíamos reflexionar sobre la amplitud cronológica en la que nos movemos, casi 100.000 anos para el neandertal, amplitud que puede haber llevado a una mayor diversidad de caracteres de los que normalmente se tienen en cuenta. Finalmente debemos recordar que no sólo la gestación de los niños humanos modernos se produce a los nueve meses, sino que en los primates más cercanos, el gorila y el chimpancé también se corresponde con nueve meses, por lo cual no podemos aceptar esta propuesta. Un problema constante es el que se relaciona con la continuidad o discontinuidad del neandertal hacia el hombre moderno; los defensores de la primera propuesta se basan en la mayor semejanza que existe entre los sapiens arcaicos y el hombre moderno que la que se encuentra entre neandertales y sapiens. En estas propuestas los prehistoriadores se definen a lo largo de la historia de formas diferentes. A principios de siglo los antropólogos se fijan en las diferencias, pensando en una sucesión del neandertal hacia el hombre moderno muy rápida. Entre los prehistoriadores de la mitad del siglo XX se establece la relación cultural con los hombres fósiles. Así el Paleolítico Superior se asocia con el hombre moderno, y el Paleolítico Medio con el hombre de neandertal en Europa. La evolución querían que fuera europea, de ahí que algunos restos, que hoy se consideran preneandertales, fueran denominados presapiens. En la actualidad la coetaneidad de neandertales con el sapiens durante el Musteriense y la no existencia de presapiens en Europa, ha llevado a algunos autores a plantear la teoría por la cual las culturas del Paleolítico Superior, fundamentalmente el Auriñaciense, proceden del Este, suplantando en un lapso de tiempo corto a los neandertales europeos. Una de las primeras industrias del Chatelperroniense deja un lugar para la continuidad al neandertal, ya que sus restos han aparecido asociados en Arcy sur Cure y Saint Cesaire. Sin embargo, hasta que no estén completamente publicados no debe afirmarse tan categóricamente estas relaciones, ya que las clasificaciones del hombre de neandertal se basan muchas veces en los rasgos más arcaicos que se encuentran en determinados fósiles y no el conjunto morfológico de todos ellos, teniendo en cuenta la variabilidad individual, la variabilidad cronológica y las diferentes condiciones de los hallazgos. El problema de la aparición del Homo sapiens sapiens u hombre moderno se mantiene aún en debate.
Personaje
Militar
Político
Hijo de Ardashir, Sapor I heredó el trono persa a la muerte de su padre, continuando la política militar contra los romanos. Valeriano combatió contra él, saliendo derrotado el romano en Edesea, lo que le valió la prisión. La conquista de Armenia será el siguiente paso de este monarca antes de fallecer.
Personaje
Militar
Político
Sapor II alcanzó el trono en el año 310, continuando la política contraria a Roma iniciada por sus antecesores. Expandió sus zonas de influencia a costa del Imperio Romano, derrotando a las legiones en numerosas ocasiones, incluidas las dirigidas por el propio emperador Juliano. Sus hazañas le valieron el nombre de Sapor el Grande.