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El auge que tomó la fiesta de los toros en los primeros años del siglo XX, momento de máxima rivalidad entre los toreros Joselito y Belmonte, llevaría a las autoridades municipales madrileñas a plantear la necesidad de construir una nueva plaza al quedarse pequeña la situada en la carretera de Aragón. El propio Joselito se implicó personalmente en el proyecto de la nueva plaza, situada en una zona marginal de la ciudad llamada de las "Ventas del Espíritu Santo", no muy recomendable por estar situada en el paso de todos los cortejos fúnebres que se dirigían al Cementerio de la Almudena. El arquitecto José Espeliú, amigo íntimo del matador, se hizo responsable del diseño de la nueva plaza, eligiendo el estilo neomudéjar para construir un edificio monumental, con una capacidad de 23.000 espectadores y un ruedo de 60 metros de diámetro. Los cuatro pisos están horadados por arquerías de diferentes estilos -herradura, tumido, trilobulado y de medio punto, según nos elevamos- configurando un conjunto de gran impacto visual en el que la decoración de azulejo tiene un papel crucial. A cada uno de los puntos cardinales se abre una portada, siendo la más importante -la Puerta Grande- la que da a la calle de Alcalá. Las obras se prolongaron unos diez años, finalizándolas Manuel Muñoz Monasterio. Pero tras concluir los trabajos el Ayuntamiento no dio los necesarios permisos para urbanizar el entorno de la plaza, prolongando su inauguración oficial hasta 1934, aunque la primera corrida se celebró tres años antes. El cartel inaugural era el mejor de la época: Juan Belmonte, Marcial Lalanda y Joaquín Rodríguez "Cagancho".
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El interrumpido proceso de la formación de Zocodover muestra el choque del Concejo de Toledo con Felipe II, pues queriendo el primero hacer una plaza, para lo cual había enviado al monarca dos proyectos (1590), acabó presentando una traza definitiva Juan de Herrera que es la que el rey impuso a la ciudad.
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También Toledo tuvo ocasión de contar con una Plaza Mayor, aprovechando y ampliando la que se había formado en los años de los Reyes Católicos, tras derribar unos edificios. Su nombre de Zocodover arrastra y recuerda su anterior función de mercado, de zoco, si bien parece que era de caballerías. El interrumpido proceso de la formación de Zocodover muestra el choque del Concejo de Toledo con Felipe II, pues queriendo el primero hacer una plaza, para lo cual había enviado al monarca dos proyectos (1590), acabó presentando una traza definitiva Juan de Herrera que es la que el rey impuso a la ciudad. Ante la demora en poner en ejecución el proyecto de Herrera, continuamente apoyado y exigido por Felipe II, este ordenó "que ninguna persona de qualquier calidad y condición que sea pueda hedificar ni rehedificar en la dicha plaza de Zocodover, si no fuese conforme a la dicha traza y orden, y lo que contra ella se hiciere o se pretendiere hazer se impida y estorbe". Los problemas de las expropiaciones y derribos para regularizar la plaza impidieron terminar ésta de acuerdo con lo proyectado por Herrera, que sólo puede reconocerse en dos de sus lados tal y cómo se llegaron a terminar a comienzos del siglo XVII. La plaza de Zocodover, que se arroga para sí la representatividad de la verdadera Plaza Mayor de Toledo, más modesta, irregular y destinada al mercado de diario, muestra tras muchos avatares, los sobrios pero recios pilares de los soportales, así como la nueva proporción y ritmo de los amplios y numerosos huecos abalconados de sus fachadas. Su aspecto es, en efecto, en todo diferente al de la Plaza Mayor de Valladolid.
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En 1536 el papa Paulo III encarga a Miguel Ángel la remodelación de la plaza del Capitolio. Se accede a este espacio público a través de una escalera culminada por las estatuas en mármol de Cástor y Pólux. En el centro de la plaza se erige la estatua ecuestre de Marco Aurelio, un original en bronce de época romana instalado aquí en 1538. Al fondo se alza el Palacio Senatorial, coronado por la torre de Martín V. La escalera con dos rampas convergentes es obra de Miguel Ángel y ante ella se sitúan las estatuas de los ríos Nilo y Tíber. En los extremos de la plaza se levantan el Palacio de los Conservadores y el Palacio Nuevo, cuyas fachadas se disponen convergentemente hacia el Palacio Senatorial, actual ayuntamiento de la ciudad.
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Las obras de este palacio comenzaron en 1563, todavía en vida de Miguel Ángel, pero fueron continuadas por Guido Guidetti y Giacomo della Porta hasta 1568. La fachada fue rematada por una balaustrada y estatuas y el pórtico con arcadas fue decorado con estucos y trofeos. El pórtico fue separado con seis puertas que albergaban las sedes de los gremios de comerciantes más importantes de la ciudad. Las labores de construcción continuaron en el palacio durante el siglo XVIII.
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Uno de los mayores logros urbanísticos de Miguel Ángel será el diseño de la plaza del Capitolio, espacio en el que se integran tres palacios. El de la izquierda es el Palazzo Nuovo, con dos plantas y coronado por una cornisa típicamente renacentista. El primer piso queda retranqueado para mostrar una loggia con columnas jónicas mientras que en el superior se abren grandes ventanales coronados por frontones semicirculares. En la actualidad, es la sede del Museo Capitolino.