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La plaza de toros de la Maestranza es propiedad del Real Cuerpo de Maestranza de Caballería de Sevilla, gracias a la concesión realizada por el monarca Felipe V en agradecimiento por el apoyo recibido de la Hermandad durante la guerra de Sucesión. El cuerpo de Maestranza se creó en 1670, durante el reinado de Carlos II, aunque sus orígenes se remontan a la conquista de la capital hispalense por Fernando III, cuando los caballeros que acompañaron al monarca en la batalla fundaron una cofradía bajo advocación de San Hermengildo. Su sede está situada al lado de la plaza, realizada por Aníbal González, en 1929. La plaza fue construida por Vicente San Martín en 1761, siendo una de las más antiguas de España. Ya desde 1707 existía en el arenal una plaza cuadrada de madera dedicada expresamente a los juegos del toro. Un incendio del recinto provocó la remodelación del mismo, completándose ahora con un muro exterior de fábrica. En 1763, se edificó la zona central, presidida por el palco del príncipe, en honor a Felipe de Borbón, hijo de Felipe V y primer hermano mayor de la corporación. Dos años después, el escultor portugués Cayetano de Acosta realizó la ornamentación del citado palco, en el cual, sobre la cornisa, aparecen dos representaciones simbólicas de los ríos Guadalquivir y Po, éste último en honor del citado príncipe de Parma. Las edificaciones de alrededor y la propia plaza forman una manzana casi triangular. La Maestranza tiene, tanto en el exterior como en el interior, forma de polígono irregular, consecuencia de una obra realizada a lo largo de 120 años. La pequeña capilla de los toreros está presidida por una imagen de la virgen de los Dolores, atribuida a Juan de Astorga, que goza de gran devoción entre los toreros y a la que han donado numerosos exvotos. Las obras de la plaza de toros finalizaron en 1881 y, actualmente, cuenta con un aforo de 14.000 personas y una superficie ovoidal. Bajo las gradas, a la altura de los tendidos 10 y 12, se encuentra el Museo Taurino inaugurado en 1989. En el exterior, cuenta con una fachada realizada entre 1761-1787, articulada mediante dos nítidos volúmenes cúbicos que encierran una portada, llamada del Príncipe, de ejecución pétrea con columnas dóricas sobre plintos en el primer cuerpo, fuertes pilastras en el segundo y elegante balaustrada. Una vez pasada la puerta principal, y bajo el ya descrito palco del príncipe, se ubica la hermosa reja de hierro forjado que, antiguamente, cerraba la capilla de la virgen del Rosario.
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Para la construcción de la Plaza de toros de Valencia, Monleón se inspiró en el anfiteatro romano de Nimes -según unos autores-, en el Coliseo romano -según otros- o en el Teatro Marcelo. No cabe duda de que es una de las plazas más bellas de España, con sus 52 metros de diámetro en el ruedo -posteriormente reducido- y su capacidad para 16.851 espectadores sentados -también reducida a 12.884 localidades-. Su estilo arquitectónico es dórico sencillo y su estructura forma un polígono de 48 lados, con 384 arcos al exterior, realizados en ladrillo siguiendo el neomudéjar.
obra
En abril de 1888 Vincent había asistido a la inauguración de la temporada taurina en Arles, causándole una profunda impresión el colorido de la fiesta. Evocando esa primavera realizará este imagen en diciembre, intentando huir mentalmente de la presión a la que le sometía Gauguin quien obligaba a realizar obras de memoria, olvidando la naturaleza como referencia directa. La vista de la plaza está realizada desde la zona más elevada, quedando la arena y el toro al fondo. El gentío que abarrota el coso disfruta de la faena mientras algunas mujeres cuchichean en primer plano. La escena está tremendamente abocetada, abundando los colores oscuros a diferencia de las imágenes otoñales. Buena parte de la culpa la tiene Gauguin, existiendo entre ambos cierta tensión que estallará en la noche del 23 de octubre al marcharse Paul y Vincent cortarse una oreja como señal de arrepentimiento.
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Se trata de un original coso taurino excavado en la roca, que fuera inaugurado en 1892. Con capacidad para 7.000 espectadores, cuenta con dos pisos, con palcos en el superior. Lagartijo y Torerito inauguraron la plaza 17 de agosto de 1892, lidiando seis toros de la ganadería de Eduardo Miura. Dos años antes Rafael Guerra "Guerrita" había realizado una lidia de seis toros. En 1932 se celebró una corrida en honor del hijo de Priego Niceto Alcalá-Zamora, a la sazón el primer Presidente que tuvo la II República. En dicha corrida faenaron Marcial Lalanda, Manuel Bienvenida y Domingo Ortega. En 1892 se celebró una corrida en conmemoración del centenario de la plaza, con participación de los diestros Litri, Julio Aparicio y Finito de Córdoba.
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Los asuntos taurinos habían sido tratados durante el Romanticismo por los costumbristas sevillanos, interesándose Fortuny también por esta temática aunque desde un punto de vista diferente ya que será la luz la principal preocupación del maestro catalán, quedando los aspectos decorativos y arquitectónicos en un segundo plano. Fortuny nos ofrece una amplia vista de la Maestranza con la silueta de la catedral y la Giralda al fondo, en un espectacular aspecto atmosférico que diluye los contornos al igual que harán Monet o Pisarro. En primer pleno hallamos una zona de sombra para observar en zona intermedia los tendidos de sol ocupados por un buen número de figurillas, creando la sensación de masa de manera acertada. La luz resalta la tonalidad amarillenta del albero, provocando acentuados contrastes cromáticos. La pincelada es fluida y empastada, existiendo cierta sintonía con Goya.
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El auge que tomó la fiesta de los toros en los primeros años del siglo XX, momento de máxima rivalidad entre los toreros Joselito y Belmonte, llevaría a las autoridades municipales madrileñas a plantear la necesidad de construir una nueva plaza al quedarse pequeña la situada en la carretera de Aragón. El propio Joselito se implicó personalmente en el proyecto de la nueva plaza, situada en una zona marginal de la ciudad llamada de las "Ventas del Espíritu Santo", no muy recomendable por estar situada en el paso de todos los cortejos fúnebres que se dirigían al Cementerio de la Almudena. El arquitecto José Espeliú, amigo íntimo del matador, se hizo responsable del diseño de la nueva plaza, eligiendo el estilo neomudéjar para construir un edificio monumental, con una capacidad de 23.000 espectadores y un ruedo de 60 metros de diámetro. Los cuatro pisos están horadados por arquerías de diferentes estilos -herradura, tumido, trilobulado y de medio punto, según nos elevamos- configurando un conjunto de gran impacto visual en el que la decoración de azulejo tiene un papel crucial. A cada uno de los puntos cardinales se abre una portada, siendo la más importante -la Puerta Grande- la que da a la calle de Alcalá. Las obras se prolongaron unos diez años, finalizándolas Manuel Muñoz Monasterio. Pero tras concluir los trabajos el Ayuntamiento no dio los necesarios permisos para urbanizar el entorno de la plaza, prolongando su inauguración oficial hasta 1934, aunque la primera corrida se celebró tres años antes. El cartel inaugural era el mejor de la época: Juan Belmonte, Marcial Lalanda y Joaquín Rodríguez "Cagancho".