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En 1464 con la ordenación de Pietro Barbo como Pablo II, el modesto Palazzo Venezia tomaba otro rumbo ya que el nuevo papa siguió viviendo en este edificio y realizó importantes mejoras. Se multiplicó por quince la superficie del nuevo edificio, se construyó una nueva planta y se creó un jardín colgante, coronándose el palacio con una contundente torre. El jardín está rodeado por una loggia de dos pisos con arcos de medio punto, con capiteles corintios el inferior y jónicos el superior, coronado por merlones y ménsulas. Este espacio es una reconstrucción a imitación del original que fue destruido en 1911.
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El patio del Palazzo Venezia -destinado a albergar a los cardenales venecianos pertenecientes a la basílica de San Marco- presenta dos plantas con una loggia de arcos de medio punto con medias columnas adosadas entre ellos. Sobre este patio se erige la torre de Marco Barbo. En la edificación del patio intervino Giuliano da Maiano y posiblemente Bernardo Rossellino.
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Este palacio fue proyectado por Lorenzo Boschetti en 1749 para la familia noble Venier. Solamente la planta baja está acabada. El apelativo dei Leoni viene motivado por el león vivo que los Vernier tenían en su jardín. Actualemente, el palacio es la sede del Peggy Guggenheim Museum.
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Primer estado de la litografía que serviría para un programa de mano del "Théâtre Libre" con motivo de la interpretación de la obra "Le Missionaire". Esta imagen que contemplamos apenas se diferencia de la versión definitiva a excepción de la grafía con los actores y el título de la obra que aquí no vemos. La protagonista es una mujer mirando con sus anteojos al escenario desde uno de los palcos más importantes del teatro, acompañada de un hombre con gesto prepotente que se repite en la dama. La composición recuerda a Renoir manifestándose en este caso una mayor admiración hacia la línea.
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Esta litografía que contemplamos fue elaborada por Toulouse-Lautrec para uno de los programas de mano del "Théâtre Libre", concretamente para la interpretación de "Le Missionnaire". La relación con una obra del mismo tema de Renoir es significativa aunque encontramos un mayor sintetismo en la utilización de las líneas muy común en la producción de Lautrec, destacando así mismo la captación expresiva de las figuras, manifestando cierta ironía en los rostros de ambos protagonistas. Existe un estudio preparatorio.
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Buena parte de los impresionistas se interesarán por mostrar la vida moderna en sus lienzos, especialmente las diversiones de la burguesía. Así Degas ofrece imágenes de actuaciones en la Ópera o Manet la música en el parque de las Tullerías. Para no distanciarse de los maestros que tanto admiraba, Eva Gonzalès también realizó escenas modernas, en este caso un palco en el "Théâtre des Italiens" ocupado por una atractiva joven vestida con un escotado traje de noche azul con puntillas blancas. Su mano derecha está enguantada y en la izquierda porta unos prismáticos; la acompaña un galán vestido con elegante chaqué, representado de perfil. Las cortinas de terciopelo rojo y un ramo de flores completan la composición, en donde la artista ha sabido interpretar perfectamente la sensación de perspectiva al sacar el brazo de la joven hacia el espectador. Las luces del teatro impactan en la protagonista, como si se tratara de una diva. El dibujo es soberbio, interesándose por las calidades de las telas y la volumetría de las figuras. Sin embargo, la pincelada del ramo de flores es más abocetada, anticipando obras posteriores como Despertar.
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Entre los pintores impresionistas existió una gran afición a pintar los palcos de los teatros. Degas, Berthe Morisot, Renoir, Manet o Mary Cassatt tienen en su catálogo alguna obra con esta temática en su afán de mostrar con sus pinceles la vida cotidiana de la burguesía a la que pertenecían. Toulouse-Lautrec, como cronista de su tiempo, no puede dejar de lado los trabajos protagonizados por palcos como esta litografía que contemplamos, donde copia una obra ejecutada sobre cartón el año anterior. Este deseo de repetir asuntos lo englobamos en el afán de Henri por dar la mayor publicidad posible a sus trabajos, realizando numerosas litografías de los cuadros que él consideraba más carismáticos, vendiéndose en papel de calidad a un precio unitario de 20 francos. El inglés en el Moulin o Cha-U-Kao en el Moulin forman también parte de esta sensacional serie donde observamos cierta influencia de la estampa japonesa al emplear colores planos así como un avance hacia el modernismo por el aspecto general de la composición.