Es este uno de los edificios más emblemáticos de Venecia ya que era la residencia privada del dux, la sede del Gobierno y el palacio de Justicia de la Serenisima República. El palacio se empieza a construir en el siglo X tomando el esquema característico de los palacios bizantinos con planta rectangular y torre en uno de sus ángulos. Sin embargo, en el siglo XIV se remodela desde sus cimientos, pero los trabajos continuaron hasta que en el siglo XVII se completaron definitivamente. En las fachadas llama la atención del viajero lo que se ha denominado "la inversión de masas", es decir el contraste entre la ligereza de la parte inferior del edificio y el bloque cerrado de la parte alta, como si los principios arquitectónicos se hubieran variado. Los elementos más característicos del gótico veneciano: pináculos, calados etc. se encuentran presentes en estas fachadas, especialmente en la llamada Puerta de la Carta que sirve de acceso principal al edificio. En el interior sobresalen la Escalera de los Gigantes, la Escalera de Oro y la decoración de las paredes y techos de las principales salas, trabajos en los que participaron los más insignes artistas de la República como Tiziano, Tintoretto o Veronés.
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Monet va a Venecia en fecha muy tardía, en los años 1908 y 1909. Como él confesaría, lo que le encantaba era la "luz nueva" de esa ciudad italiana, que consigue transportar al grupo de pinturas en las que trabajará hasta 1912, año en que 29 de ellas forman parte de una exposición celebrada en la parisina galería Bernheim-Jeune. El artista no queda nunca satisfecho de los lienzos, viéndose obligado, tras la muerte de Alice y la imposibilidad de viajar solo, a completarlos de memoria, recuperando las sensaciones que había tenido años atrás. Sin embargo, estas obras constituyen una parte muy preciada de todo su legado porque se sitúan en terrenos nuevos respecto a lienzos anteriores. Los edificios se hallan disociados de su ambiente y vibran mediante las pinceladas dinámicas - en dirección vertical y horizontal - y mediante la utilización abstracta de los colores.
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El Palacio Episcopal de Astorga es uno de los edificios más atractivos de la primera etapa de Gaudí, atraído aún por las corrientes historicistas, especialmente el gótico. El palacio está construido en granito blanco del Bierzo, destacando el tratamiento del espacio interior como un todo continuo donde la luz ocupa el papel protagonista. El tratamiento de los detalles dota al edificio de una gran elegancia, recordando a los castillos inventados por la fantasía popular.
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El rey Alfonso VIII donó al arzobispo Jiménez de Rada diversos solares sobre los que se edificó el Palacio Episcopal, un inmueble de grandes dimensiones cuya portada principal fue diseñada por Covarrubias. Al fondo contemplamos el arco sobre la calle que se construyó para unir el palacio con la catedral primada.
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Las reformas del palacio Episcopal, iniciado en época medieval, continuaron en las centurias siguientes, especialmente en el siglo XVIII cuando el cardenal Lorenzana hizo derribar casi todo el edificio para levantar uno de nueva planta.