Al igual que el resto de la arquitectura europea de la segunda mitad del siglo XIX, en Bélgica encontramos una fuerte tendencia hacia el eclecticismo. El gusto hacia lo gigantesco que se desarrolla en este joven país se pone de manifiesto en la campaña de construcciones llevada a cabo en su capital, Bruselas, como bien podemos observar en el palacio de Justicia, dominando la ciudad desde su estratégico emplazamiento. Su autor, Joseph Poelaert, dotó al exterior del edificio de un aspecto que recuerda a las construcciones de las antiguas civilizaciones orientales, recurriendo para ello a la unificación de elementos de estilos históricos como el asirio, el egipcio, el jónico o el dórico.
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La continuidad del clasicismo monumental de época napoleónica en la Francia de la Restauración tiene un significativo ejemplo en este noble edificio administrativo construido con un frente de veinticinco columnas corintias y caracterizado por soluciones doctrinarias. El interior está constituido igualmente por citas arqueológicas de tradición romana que buscan la sobriedad tanto en la decoración, como en las estructuras, algo que se propiciaba en los concursos para los edificios de representación pública. Tengamos en cuenta que Baltard, que representa la tradición académica conservadora, se formó en la época de los visionarios y enseñó con Durand en la Escuela Politécnica de París.
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Cuando se proyectó la ejecución de este gigantesco edificio fue presupuestado en 8 millones de liras, pero durante las obras el presupuesto fue creciendo hasta los 40 millones finales, debido a que estaba situado sobre terrenos pantanosos que hubo que desecar y reafirmar. Calderini eligió el estilo neobarroco para el diseño del enorme edificio. La portada principal está coronada por una cuadriga de bronce realizada por Ettore Ximenes. Estatuas de juristas italianos decoran el exterior, mientras que el interior está engalanado con frescos de Cesare Maccari.
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El impresionante Palacio de Justicia de Lyon fue construido entre 1835 y 1847 por Louis Pierre Baltard siguiendo las normas del Neoclasicismo académico. La amplia fachada presenta 24 colosales columnas de orden corintio, integrándose el edificio de manera espectacular en la orilla del río Saône ya que su aspecto longitudinal está pensado para dotar de monumentalidad a la fachada, cuando se contempla desde la otra orilla del río. En el interior destaca la amplia y solemne sala de los pasos perdidos donde Baltard evoca las antiguas termas romanas.