El patio constituye el núcleo principal del edificio y se ordena de acuerdo a una composición modular inspirada en la arquitectura italiana más culta. De planta cuadrada y con dos pisos arquitrabados, sus soportes están formados por columnas con capiteles sobre los que descansan zapatas de madera que, además de su propia función constructiva, son adaptadas con el objeto de aplicarse en relación con el sistema de proporciones que informa todo el conjunto.
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monumento
El palacio de Cogolludo en Guadalajara es el primero que coincide con la tipología renacentista. Algo posterior es el palacio de don Antonio de Mendoza en Guadalajara (levantado por Lorenzo Vázquez en 1506) que, en comparación con los ejemplos precedentes, muestra una atención diferente a las distintas partes que lo componen. Si su fachada corresponde a un diseño mucho más modesto que los anteriores, su patio constituye el núcleo principal del edificio y se ordena de acuerdo a una composición modular inspirada en la arquitectura italiana más culta. De planta cuadrada y con dos pisos arquitrabados, sus soportes están formados por columnas con capiteles sobre los que descansan zapatas de madera que, además de su propia función constructiva, son adaptadas con el objeto de aplicarse en relación con el sistema de proporciones que informa todo el conjunto.
monumento
<p>El Pazo de Doncos es una casa señorial de estilo neoclásico, construida a comienzos del siglo XIX. Su situación: en Doncos, As Nogais, en la montaña lucense — trabaja como símbolo de la arquitectura señorial de la zona. En su momento, fue considerada una de las casas-palacio más representativas de la montaña lucense e incluso de toda la provincia de Lugo.</p><p>Es un edificio rectangular con tres plantas más ático. La fachada cuenta con siete ventanas frontales por planta. Está rodeado por un muro de piedra con un portón de acceso que conduce a un jardín o espacio ajardinado.A la izquierda de la fachada principal hay una capilla neoclásica, con su retablo, lo que le da un carácter señorial y religioso al conjunto. También hay un palomar independiente en el recinto. </p><p>Fue edificado por orden del primer (y único) marqués de Vilapún (título nobiliario local), cuya larga ascendencia se remonta a antiguos linajes. Se cree que el diseño del edificio fue obra — al menos en parte — de un técnico ligado a las infraestructuras viales de la época, el ingeniero Carlos Lemaur, quien dirigió obras de la antigua carretera de Castilla a Galicia. A lo largo del tiempo la propiedad cambió de manos. Antes de su destrucción en parte por la invasión napoleónica, albergaba linajes de nobleza local.</p><p>En 2002 el edificio fue objeto de una importante restauración, que reformó su fachada (antes de piedra vista, pasó a lucir un color ocre) y reacondicionó su estructura — lo que devolvió al pazo su esplendor como una de las residencias señoriales más destacadas de la zona. </p><p>El Pazo de Doncos convive con otros elementos patrimoniales del entorno: cerca se encuentra la Torre de Doncos — una antigua fortaleza medieval —, lo que evidencia la larga historia defensiva y señorial de la zona. El pazo, aunque es de propiedad privada, forma parte del patrimonio arquitectónico del municipio y representa una buena muestra de arquitectura señorial rural gallega. Su restauración ha despertado interés local, no solo como símbolo histórico sino también como parte del atractivo cultural de As Nogais, especialmente para quienes recorren la zona de montaña, sus pueblos y su patrimonio. </p>
monumento
El monte de El Pardo, cercano a Madrid, fue muy visitado por los monarcas españoles desde la Edad Media debido a su alto valor cinegético. En la primera mitad del siglo XV, Enrique IV construyó un castillo, reedificado por Carlos I en 1553, finalizado cinco años después, ya durante el reinado de Felipe II. Se trataba de un edificio de aires medievales, con aspecto de castillo, torres en los ángulos y rodeado de un foso. El Real Sitio de El Pardo experimenta en el siglo XVIII una profunda transformación. El vasto territorio, propiedad casi en su totalidad del municipio de Madrid, es transferido a la Corona, operación que fue llevada a cabo por Felipe V, por Fernando VI y por Carlos III. En 1762, El Pardo ya como propiedad real, se extendía desde Alcobendas a Torrelodones de este a oeste, y desde Colmenar a Madrid por la línea norte-sur. Los Reyes ampliaron la construcción palacial trazada por Carlos V duplicando el edificio y trazando en el eje medio un porte cochere, al modo europeo por obra de Francisco Sabatini. Francisco Carlier remodeló las torres al estilo de los palacios franceses y construyó la Capilla Real, modificó el viejo claustro con balcones angulares en galería al mismo tiempo que cerraba las antiguas galerías de zapatas imprimiendo unidad a los cuatro lienzos del interior. En el entorno del palacio se crearon edificios monumentales como elementos de servicio palacial. Casa de Oficios, Cocheras, Caballerizas, Cuarteles, Teatro, Casa de Infantes, Pajarera, Casa del Príncipe de Asturias, etcétera, se conformaron alrededor del palacio en un cinturón monumental. En el vértice del Palacio, en su costado occidental, se configuró una ciudad con unidades de abastecimiento y entidades domésticas de gran relieve, en la que se incluyeron mesones, fondas, postas, teatro, etcétera. Desde el epicentro palacial los nuevos caminos enlazaron la ciudad con el territorio dividido en diecisiete cuarteles, cada uno con una vivienda real de consideración artística diversa. Entre ellos destacan Viñuelas, Quinta, Navachescas y Zarzuela. El territorio fue urbanizado en una empresa de gran envergadura dirigida por especialistas europeos. Fue empresa, tanto en lo artístico como en lo productivo, de gran alcance, que congregó a especialistas de varias categorías, como Nangle, Rodolphe, Sttiliguert, Sabatini, Carlier, Marquet y otros. El Palacio de El Pardo fue utilizado por el general Franco como residencia y desde 1983 ha sido adecuado como residencia de Jefes de Estado extranjeros en visita oficial.
monumento
Palacio barroco de hermosa fachada construido en el siglo XVIII, uno de los mejores ejemplos de la arquitectura civil de Logroño. Su nombre se debe a que allí residió el general Baldomero Espartero, gracias a contraer matrimonio en 1827 con la logroñesa Jacinta Martínez de Sicilia. La muerte de ambos sin descendencia hizo que el Estado se hiciera cargo, en 1884, del edificio para albergar el Palacio Episcopal. Esta función, sin embargo, nunca se cumplio, a pesar de que sobre la fachada llegó a colocarse un escudo eclesiástico. Tras pasar por usos diversos, en 1971 pasó a contener el Museo de La Rioja.
obra
Cuando Pio Piacentini presentó el diseño de esta edificio se abrió una viva polémica, ya que su fachada sin ventanas y su macizo volumen le convertían en un edificio poco italiano, lloviendo las críticas desde diversos sectores de la sociedad romana. El aspecto neoclásico del exterior -con la fachada en forma de arco de triunfo- se repite en el interior al disponer grandes espacios diáfanos separados por columnas. Una reciente restauración ha permitido al edificio convertirse en uno de los espacios culturales más importantes de Roma.
monumento
Edificio realizado por Pio Piacentini a finales del siglo XIX, suscitó alguna polémica en el momento de su construcción ya que su fachada sin ventanas, su volumen macizo y su estilo considerado "poco italiano" fueron vivamente criticados. En su interior, grandes espacios diáfanos separados por columnas dan al conjunto un carácter neoclásico. Recientemente restaurado, este edificio tiene la ambición de convertirse en el "espacio cultural" que le faltaba a Roma. Alberga exposiciones temporales, una cinemateca y, en el último piso, un autoservicio.
monumento
Fabio Nelli era un agente financiero hijo de un italiano. Amasó una importante fortuna en Sevilla y ya mayor decidió regresar a Valladolid, su ciudad natal, donde ordenó construir este palacio siguiendo un estilo italianizante. Juan de la Lastra realizó los planos, planteando un espacio cuadrangular con cuatro torres en las esquinas, inspirados en El Escorial. La primera portada fue obra de Diego Praves pero no debió satisfacer al cliente ya que en 1594 se encargó la actual a Pedro de Mazuecos, apreciándose en ella una rica ornamentación que constituye una portada triunfal a lo romano. Tras el zaguán se accede al patio con arquerías en cuyas enjutas encontramos medallones. En la derecha arranca la escalera de tipo claustral, trazada en 1582 por Francisco de la Maza. En la actualidad, el Palacio es la sede del Museo de Valladolid.