Desde mediados del siglo XX, el claustro y la primitiva Escuela de la Catedral han pasado a formar parte del Museo Catedralicio. Fue inaugurado en 1954 y desde entonces se han llevado a cabo diferentes ampliaciones, incorporándose la Sala Capitular. Está compuesto por diez salas y alberga entre sus más de 500 piezas algunas de gran valor, como la arqueta de San Genadio, del siglo X, regalo de Alfonso III El Magno, el Cristo en madera de boj, obra de Gaspar Becerra, y una interesante colección de cruces de plata que abarca desde el siglo XV hasta el XVIII. En la orfebrería destacan un cáliz de Álvaro del Portillo (siglo X) y dos portapaces de Sebastián de Encalada, y en las obras pictóricas merecen especial atención los cuadros de Nicolás de Brujas y Conrado Giacquinto; no faltan marfiles, esmaltes, coral, ornamentos y cordobanes. Actualmente, el Museo Catedralicio presenta un aspecto renovado, iniciándose la visita desde la antigua Capilla de San Ildefonso y pasando por diferentes salas hasta completar las diez que forman el museo.
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Este Museo de la Catedral de Granada se encuentra en la Sacristía de la Capilla Real de Granada, situada en pleno casco histórico de la ciudad, entre la Gran Vía de Colón y la calle Oficios. Unido y comunicado con otros importantes edificios como la Lonja -por donde se accede al museo-, Catedral e Iglesia del Sagrario, fue edificada sobre el solar de la Mezquita Mayor musulmana, por Real Cédula del 13 de septiembre de 1504 con el objetivo de convertir esta capilla en mausoleo -panteón real- de la nueva dinastía de los Austrias; objetivo éste que no se cumplió ya que Carlos V la sustituiría por la Catedral y posteriormente Felipe II se decidiría por El Escorial. Se trata de una obra maestra de la arquitectura conmemorativa gótica, trazada por Enrique Egas (1507-1517), siguiendo los deseos de austeridad de la reina Isabel la Católica. Al ser construida en varias etapas, en ella encontramos varios estilos artísticos (Gótico, Renacimiento y Barroco) y los más importantes artistas del momento. Tiene planta rectangular y cabecera poligonal, donde en alto se ubica la Capilla Mayor y cuatro capillas laterales. Se cubre con bóvedas nervadas adornadas con florones dorados. A través de una portada de arco carpanel sobre el que aparece el grupo escultórico de la Anunciación, (obra de Jacobo Florentino) nos adentramos en la Sacristía, también de planta rectangular y cubierta con bóvedas nervadas. Las importantes obras que nos encontramos en el interior le dan a la Capilla Real caracter de museo, por citar algunas: Retablo de la Capilla Mayor, renacentista obra de F. Bigarny y Alonso Berruguete; los sepulcros de los Reyes Católicos y de sus hijos, Juana la Loca y Felipe el Hermoso, que suponen la introducción del Renacimiento en la Capilla Real; La Reja plateresca de Bartolomé de Jaén, los Retablos-Relicarios de Alonso de Mena, etc. La Capilla Real fue declarada Monumento Histórico Artístico el 19/05/1884, teniendo la consideración de Bien de Interés Cultural (B.I.C.) en la actual legislación del Patrimonio Histórico Español (16/1985 de 25 Junio) y la Ley del Patrimonio Histórico Andaluz (1/1991 de 3 de Julio). Los fondos del museo lo constituyen fundamentalmente el legado de los Reyes Católicos y otros del Emperador Carlos V y la Emperatriz Isabel, siendo objetos de muy diversa naturaleza: joyas, reliquias, ornamentos, libros, tapices y pinturas. El museo se creó por Real Orden de 3 de Julio de 1913. Durante algún tiempo se expusieron en la Lonja, pero desde 1945, en que se terminó la restauración de las bóvedas de la Sacristía, volvieron a colocarse en este lugar y fue abierto al público como museo. Por Decreto de 1 de Mayo de 1962 se declaró Monumento Histórico Artístico las colecciones y el edificio.
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El Museo catedralicio de Salamanca contiene pinturas y esculturas de los siglos XV, XVI y XVII. Como obras más importantes destacan el Tríptico de San Andrés, de Juan de Flandes y la Virgen de la Rosa. En escultura destaca el sepulcro de Anaya, del siglo XV, atribuido a Francisco de Salamanca.
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El recorrido de visita de las colecciones permanentes comienza con el claustro bajo, con las obras góticas mas antiguas. Las capillas claustrales deben constituirse como parte esencial del Museo. El recorrido por el claustro bajo se inicia por la Capilla del Salvador con la ubicación de obras tan importantes como la cabeza del Salvador (ca. 1390), el retablo de la Santa Cena de Joan Reixach (1454), el retablo de San Lucas (ca. 1451), el retablo de la Vida de María atribuido a Martín Torner y la tabla con el Abrazo ante la puerta dorada, del Maestro de la Santa Cruz (ca. 1395-1400). En la capilla contigua se incide en los primeros momentos artísticos de la Catedral, presidiendo la sala el retablo de Santa Clara y Eulalia de Pere Serra, de estilo italo-gótico (ca. 1400-1405). A continuación la Sala Capitular (1417), con la muestra del retablo de la Visitación (ca. 1460-70), del Maestro de Segorbe y una pequeña selección de lienzos de la Galería de Obispos. Con piezas de la entidad de la Virgen con el Niño atribuida a Donatello, el tríptico de esmaltes de Limoges o la escultura del San Onofre, este corpus de obras se sitúa al comienzo de la sección del renacimiento para resaltar la influencia, tanto italiana como francesa o castellana, en el desarrollo inicial del nuevo arte renacentista en la diócesis, a caballo entre la tradición bajomedieval de los artistas y la asunción de los nuevos parámetros estilísticos importados. A continuación el primer renacimiento valenciano, con el grupo de obras que constituyen una primera introducción de los procedimientos pictóricos renacentistas en la diócesis, con unas realizaciones adscritas a la influencia de la pintura de los Hernandos y del foco valentino en la Seo de Segorbe. Entre las principales obras de la Galería del Barroco encontramos, entre otras, la Cruz procesional atribuida al taller de Juan Ribalta, el Fragmento de Camino del Calvario (ca. 1625-1630), de Francisco Ribalta, la Santa Cena, de Gregorio Bauzá (ca. 1635) o los Portadores del racimo y la Caída del Maná, del Círculo de Ribalta (ca. 1635-1637). A continuación se presenta la variadísima colección de pintura barroca de los siglos XVII y XVIII del Museo, toda una selección de muy variados estilos, la mayoría de ella procedente de retablos históricamente desmantelados de la catedral misma y del claustro. Destaca un San Francisco de Asís en contemplación del crucifijo, de talleres andaluces, Santo Tomás de Villanueva entre colegiales o la Cena en Emaús, ambas de Gaspar Huerta (Finales del S. XVII), el San Miguel de Miguel Posadas (ca. 1740-1750). Todo ello complementado por una serie de obras escultóricas y de orfebrería, como la Virgen con el Niño, en plata y carnaduras, obra de Eloy Camanyas o las imponentes custodias barrocas de la catedral.
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A este hermoso templo construido entre los siglos XII y XIII, se añadió posteriormente un claustro de estilo gótico tardío y una torre barroca. En la catedral destaca el Retablo Mayor (1554), obra de Juan de Juni y la reja plateresca (1515) de Juan Francés. En las salas del museo, situadas alrededor del claustro, se conservan piezas de orfebrería como una fantástica arqueta mozárabe de rubíes o una custodia de Juan de Arfe del siglo XVI. Destacan también los retablos que se exponen, procedentes de iglesias abandonadas de la zona y especialmente el códice mozárabe del Beato de Osma que se encuentra en la sacristía y el sepulcro de San Pedro de Osma en la sala capitular.
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Será en el año 1884 cuando el pintor Santiago Rusiñol se entusiasmará con la localidad costera de Sitges, en las cercanías de Barcelona. El artista decidió comprar dos casas de pescadores que daban al mar, en junto a la playa de San Sebastián, tras la iglesia y al lado de un lugar conocido como "El Racó de la Calma", para trasladar allí sus colecciones artísticas. Unificó las fachadas de las dos casas -llamadas can Sense y can Falua- y reconstruyó su interior, empleando el estilo neogótico, tomando incluso las ventanas del antiguo castillo suburense que se había derribado recientemente para construir el Ayuntamiento. Rusiñol empleó la planta baja como vivienda, cuatro dependencias hoy decoradas con pinturas del propio artista, de Casas, Nonell, Zuloaga, Picasso o Clarassó, entre otros, así como objetos cerámicos. La planta superior es un excelente salón de estilo neogótico en el que se pueden contemplar dos cuadros de El Greco, junto a pinturas de los maestros modernistas antes citados, así como la colección de objetos de hierro forjado adquirida por Rusiñol. En el Cau Ferrat se desarrollaron las famosas Fiestas Modernistas entre 1894 y 1897.
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Museo fundado por el financiero italiano Henri Cernuschi (1821- 1898). Conserva obras de arte chino que abarcan desde la antigüedad hasta el siglo XIV. De entres ellas destacan los objetos de bronce de los siglos XVI al III a. C. o las figurillas funerarias del siglo III a. C. al XII d. C.
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Palacio-museo, casa histórica, museo de ambiente, es un referente obligado para conocer la vida de la aristocracia madrileña de finales del siglo XIX e inicios del XX. Como museo de colección refleja el gusto artístico de la época, a través de las obras de arte y objetos cotidianos conservados en estancias originales, que trasmiten el sentimiento y encanto de lo habitado. La disposición de los mismos, de carácter decimonónico, obedece a criterios del XVII marqués de Cerralbo, Don Enrique de Aguilera y Gamboa (1845- 1922), que destacó como político, académico, coleccionista y arqueólogo. El palacio fue concebido con un doble función, como vivienda y museo para albergar las obras de arte reunidas por lo marqueses de Cerralbo, con el fin de que las colecciones "...perduren siempre reunidas y sirvan para el estudio de los aficionados a la ciencia y al arte". El Estado aceptó el legado testamentario por RR.OO de 10 de abril y 24 de septiembre de 1924. El museo consta de treinta y cinco estancias, distribuidas en tres plantas.