Las obras de Lorenzo Tiepolo que más han llamado la atención son sus tipos populares españoles. El interés por estos trabajos ya surgió en la época, como se pone de manifiesto en estas palabras de Ceán Bermúdez: "Sus obras en este género fueron entonces muy celebradas, y aún se conservan con estimación en poder de los aficionados". Sin duda, el gran número de copias conservadas de alguno de estos tipos populares demuestra su éxito, motivado por la novedad del tema y el particular tratamiento de los personajes representados. Tiepolo presenta composiciones abigarradas y asfixiantes, en las que se desafían los procedimientos habituales de representación de grupos y donde los planos se amontonan sin apenas espacios, con sujetos que tienen actitudes que inquietan al espectador.
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Si los personajes negativos de las obras de Daumier eran los abogados, los médicos o los profesionales de la Justicia - es decir, los integrantes de la burguesía - los positivos serán los trabajadores, las lavanderas, los campesinos o los actores de feria, enlazando así con el Realismo de su amigo Courbet. En este caso una mujer regresa de lavar la ropa en el Sena acompañada de su hija, que lleva en su mano la paleta para sacudir. Suben por una empinada escalera, lo que está suponiendo un gran esfuerzo a la pequeña como apreciamos por su gesto, mientras la madre la mira casi con compasión. Curiosamente, Daumier no define los rostros, pero las expresiones de ambas figuras están soberbiamente captadas. Al fondo podemos vislumbrar los tejados de los edificios parisinos sobre los que se recortan madre e hija, obtenidas a contraluz. La ejecución no puede ser más rápida, aplicando una pincelada densa que diluye los negros contornos que sirven de base. Los colores oscuros, tristes, pueden sintonizar con la vida de ambas mujeres mientras que la luz del fondo podría tratarse de un halo de esperanza.
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Los especialistas no se ponen de acuerdo en el número exacto de dibujos que realizó Rembrandt durante su vida. Las cifras iniciales barajaban los 1.500 pero en la actualidad se han reducido a la mitad. En sus primeros años de Leiden y Amsterdam apenas ejecutó dibujos para extenderse desde ese momento hasta el final de su vida. Algunos son bocetos preparatorios pero la mayoría han estado motivados por el deseo de captar la realidad que circundaba al maestro como esta Mujer con niño bajando la escalera, donde se interesa por el equilibrio entre el movimiento tranquilo y sosegado de la madre frente al dinamismo vertiginoso del pequeño. Los trazos son seguros, exhibiéndose como un dibujante hábil y preciso gracias a su estancia en el taller de Pieter Lastman, teniendo la suficiente capacidad de sintetizar las formas mediante rápidos trazos.
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Apenas conocemos datos sobre esta obra ya que apareció a la luz pública a la muerte de Degas. Los rayos X han puesto de manifiesto que está pintada sobre un retrato inacabado de una joven vestida de negro, La Mujer con paraguas está realizada sin dibujo preparatorio y con un toque seguro y preciso que define sus principales elementos: la cabeza, los hombros y los brazos. El rostro de la mujer es lo que más nos llama la atención con una naturalidad digna del propio Goya. Especialmente destacan sus vivos y expresivos ojos que nos miran indirectamente. Su elegante vestimenta nos hace suponer que nos encontramos ante una burguesa parisina.