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La protagonista de este lienzo es la hija mayor del amigo de infancia de Degas, Paul Valpinçon. Hortense ha sido retratada a la edad de nueve años, mientras que el pintor estuvo en Normandía al abandonar París, tras la entrada de las tropas prusianas durante la guerra franco-prusiana de 1870. Se sugiere que formaría pareja con Mujer con crisantemos - si es cierto que esta obra fuese un retrato de su madre - al aparecer ambas figuras en la zona derecha del cuadro acompañadas de elementos florales. La niña viste el tradicional delantal blanco con que protege su vestido negro; sobre los hombros lleva un chal de mujer mayor, igual que el sombrero. Quizá intente mostrar el artista la afición de los niños a vestirse como personas mayores para aparentar más edad o se relacione con la vanidad femenina, tema que tratará en las obras sobre sombrererías. La pequeña se apoya sobre una mesa cubierta por un mantel con decoración floral, en relación con el papel pintado de la pared y el mantón que sale del cesto de la labor. En su mano derecha porta un cuarto de manzana, que según la propia modelo contaba años después, se comió provocando la ira de Degas. La atención del pintor se centra en el bello rostro de la muchacha así como en el equilibrio de las masas de color. Degas alterna un espacio oscuro con otro claro, jugando con las tonalidades para realizar una escena sumamente equilibrada, sin dejar ningún elemento al azar. El propio pintor comentaba que había que meditar los cuadros como si se tratara de un asesinato, atando todos los cabos. La influencia de la estampa japonesa, tan habitual en la pintura impresionista, se aprecia en el papel del fondo y en las masas de color plano del mantel.
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El "Palais de Glace" fue inaugurado en 1894 por Jules Roques, actuando en sus pistas diversas bailarinas formando parte de revistas sobre hielo entre las que destaca Jane Avril. Estaba situado en Rond Pont du Champs-Elysées y allí acudía Toulouse-Lautrec con frecuencia. Este boceto que contemplamos protagonizado por Mademoiselle Liane de Lancy es un apunte para el dibujo que publicó la revista "Le Rire" el 20 de enero de 1896, apareciendo también el crítico simbolista Edouard Dujardin. La diva aparece de perfil, en una postura que refuerza su elegancia, apoyándose a la barandilla de la pista. Viste un recargado sombrero y un traje de amplias mangas obtenidos en este apunte con la habitual rapidez de trazos, creando la figura a través de poderosas líneas que demuestran la capacidad de dibujante de Henri.
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La relación entre Degas y los Rouart fue muy intensa por lo que el pintor les consideraba como su propia familia. Fruto de ese contacto surge este retrato de Alexis y sus hijos Madeline y Henri. Son los colores los que dominan el conjunto, en relación con la pintura de Gauguin, aplicados de forma rápida. Qué gran diferencia con la Familia Bellelli en la que las expresiones de las figuras interesaban tanto como la tonalidad empleada. Pero aquí se demuestra la evolución de un artista, más preocupado en su etapa final por el color que por la forma.
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En el mismo año que Delacroix realizó la Barca de Dante se fecha este excelente retrato de Mme. Anne-Françoise Bornot. Igual que ocurre en su Autorretrato, el pintor centra toda su atención en la expresión del rostro de la anciana, especialmente en los cansados ojillos negros. Cubre su cabeza con un tocado de encaje casi transparente, adornado con sendos lazos azules. El manto negro que cubre el vestido se confunde con el oscuro fondo, obteniéndose un espectacular efecto volumétrico. La pincelada empleada es bastante rápida, sin apenas interesarse por los detalles. La luz dorada procedente de la izquierda ilumina gradualmente la figura, enlazando así con la retratística del Barroco holandés.
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La actriz belga Berthe Bady fue una de las mujeres que más impresionaron a Toulouse-Lautrec. En este retrato que contemplamos el pintor utilizó modelos tomados del Neoclasicismo, concretamente de Ingres, quizá para otorgar a la actriz mayor elegancia y distinción de la que poseía. Ésa es la razón por la que vemos a Berthe sentada en una silla de época, llevándose la mano derecha a la cara y apoyando el brazo en la pierna, un gesto que provoca que nuestra atención se dirija al bello rostro. Igual que en el retrato de Paul Leclercq, Henri emplea pinceladas verticales para otorgar verticalidad a la composición, recurriendo al encaje de los hombros para romper con esa uniformidad. Las pinceladas utilizadas por Lautrec son largas y rápidas, aplicadas sobre el cartón de manera que son claramente perceptibles.
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La mujer que aquí contemplamos era la esposa de Friedrich-Ludwig de Rutté, arquitecto suizo que trabajaría en París en la década de 1870. Mme. de Rutté se separa del espectador a través de una barrera de elementos que la hacen distante y fría, actitudes reforzadas por la expresión de su rostro. El jarrón con las flores equilibra la figura que se desplaza a la derecha, resultando similar a la Joven sentada que realizara en Nueva Orleans. La pincelada suelta crea un ambiente espacial que recuerda a Velázquez.
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La especialidad de Ingres será este tipo de retratos, muy del gusto de la sociedad francesa del Neoclasicismo. Los detalles que consigue el artista con su exquisito dibujo se convierten en el elemento de mayor atracción para sus clientes. En este caso sobresale el estampado del vestido de la dama y la elegancia de la pose. Incluso la figura se refleja en el espejo situado en el fondo, creando un atractivo juego de perspectiva. Las joyas, los bordados, la textura de la piel, la madera, todos los detalles están realizados a la perfección, resultando un conjunto sumamente equilibrado en el que los colores tiene un papel protagonista. El blanco del vestido contrasta con el rojo del sillón y ambos con las tonalidades oscuras de los muebles. La expresión de la modelo no ha sido olvidada, centrando el artista la atención en el bello rostro de Mme. Moitessier, en el que apreciamos cierta influencia de las Madonnas de Rafael, el gran maestro para el pintor francés.
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Berthe Marie Bachoux, casada con Charles Jentaud en 1872, era prima del vizconde Ludovic Lepic y vecina de Degas, frecuentando el pintor su casa. Fruto de esta relación surgió este retrato en el que la dama se mira a un espejo preparada para salir. Viste elegante capa, sombrero y manguito. En el espejo pega un fogonazo de luz procedente de la ventana, obtenida a base de tonalidades blancas que también se repetirán en el sillón de la derecha. Los colores son aplicados con rápidos toques de pincel, eliminando el preciosismo para crear un conjunto totalmente atmosférico en el que la luz disuelve los contornos, a excepción de la nariz de la dama donde recoge toda su personalidad. Las líneas verticales vuelven a organizar la composición como ocurría en Bailarina posando para un fotógrafo.
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Toulouse-Lautrec conoció a René Grenier en el taller de Cormon, entablando una estrecha amistad que llevará a Henri a instalarse en su piso de la rue Fontaine en 1884, a pesar de la negativa de la madre del artista. Lautrec vivió con los Grenier un periodo que fluctúa entre los cinco meses y los dos años, periodo durante el cual conocerá a todos los artistas que frecuentaban "Le Chat Noir" gracias a sus amigos, cuyas fiestas de disfraces eran famosas entre la bohemia. Parece que entre los habitantes del piso de los Grenier existía alguna relación sexual como atestigua un dibujo en el que Lily hace una felación a Lautrec. Lily Grenier era una hermosa campesina rubia a la que encantaba disfrazarse y vivir bien; ésta es la razón por la que aparece aquí con un quimono, recordando la influencia de lo japonés en la sociedad francesa del siglo XIX, especialmente entre los artistas impresionistas. La figura de la dama se recorta ante un fondo plano consiguiendo una magnífica sensación volumétrica, reforzada con la pincelada suelta característica de estos momentos al igual que la austeridad de los tonos. Pero el centro de atención del retrato es el rostro de Lily donde consigue recoger la personalidad de la modelo, destacando la fuerza de su mirada en la que apreciamos su potente carácter. El mechón del cabello rojo que cae sobre su ojo recuerda al retrato de Carmen Gaudin. Lily también posó en alguna ocasión para Degas.
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Existe un buen número de dibujos que servirán como bocetos para las publicaciones efectuadas por Toulouse-Lautrec en los diversos periódicos y revistas de París como éste que observamos donde una mujer contempla con un atractivo gesto a su pequeño perro. La seguridad y la firmeza de la línea se conjuga con la captación psicológica de la modelo para obtener un sensacional resultado.