Busqueda de contenidos

contexto
La inflexión de la trayectoria cultural de Tartessos en la época orientalizante tiene en los cambios cerámicos una inmejorable prueba material. Persisten cierto tiempo algunas de las producciones típicas de la etapa anterior, como las cerámicas bruñidas, aunque rarificándose y perdiendo su antigua lozanía; pero lo más claro es la sustitución de la anterior producción alfarera, por la importada e imitada de los colonos orientales. Se impone ahora la cerámica a torno rápido y, más genéricamente, la fabricada con las mejoras técnicas que incluyen el empleo de aquél entre sus medios de producción principales. El mejor modelado se complementa con el perfeccionamiento en los procedimientos de acabado y decoración de los vasos -engobes, bruñidos y espatulados, pintados- y en las técnicas de cocción. Los fenicios aportaban su alta tecnología y una rica gama de vasos, desde ánforas y recipientes grandes para el transporte y el almacenamiento, a las vasijas y platos de mesa y de ceremonia, de gran calidad. Destaca de su producción la cerámica de engobe rojo, bruñido y lustroso, tan hermosa que explica su amplia aceptación entre los tartesios. Además de importarla, hubo alfarerías dedicadas a la producción de cerámicas fenicias en las ciudades tartesias, seguramente regentadas por artesanos semitas emigrados. Lo más interesante es destacar el sesgo particular que, en función de la demanda tartésica, adoptaba la producción de estas cerámicas de raigambre fenicia. No se fabrican algunas de las formas características en los ámbitos puramente fenicios -de Oriente o de las colonias y factorías de nuestras costas-, por ejemplo, los jarros de boca de seta o cierto tipo de soporte. Se hacen, en cambio, con la nueva tecnología y con engobe rojo, recipientes ajenos a los fenicios pero muy arraigados en la tradición tartésica: sobre todo, carretes de apoyo de la forma característica de diávolo, y vasos caliciformes, llamados a chardon. Son también formas antiguas de origen oriental, pero ausentes en el repertorio fenicio. La alfarería orientalizante entre los tartesios es mucho más rica, pero si el propósito fuera no ser exhaustivos, sino destacar lo más definitoriamente tartésico, bastaría con referirse a dos tipos cerámicos perfectamente apropiados al caso. Uno de ellos lo constituyen unas anforillas caracterizadas como urnas de tipo Cruz del Negro, por la denominación de una célebre necrópolis orientalizante de las inmediaciones de Carmona. Los vasos adoptan forma esférica, con cuello cilíndrico -a menudo con un baquetón central- y asas circulares y menudas apoyadas en el hombro y unidas al cuello. Se decoran, sobre el fondo claro del vaso, cocido a fuego oxidante, con bandas y otros temas geométricos sencillos, en rojo o en tonos negruzcos. Es una forma rara en Oriente y propia de la alfarería chipriota de los siglos IX y VIII a. C. Presente en Cartago, Motia, Mogador y otros centros semitas del Mediterráneo, aparece en Toscanos o en Frigiliana, en Málaga, pero es especialmente abundante en los yacimientos tartésicos del interior, sobre todo en el entorno del bajo valle del Guadalquivir, desde donde debió difundirse por las comarcas de aguas arriba del río, por el Sudeste y Levante, y llegar hasta Agullana (Gerona) y el sur de Francia. Cronológicamente son propias del siglo VII, y perduran en el VI a. C. Más interesantes, si cabe, son las cerámicas con decoración figurada, propias casi exclusivamente de yacimientos tartésicos, y valoradas muy recientemente por la investigación arqueológica. Con una rica gama de formas, que incluye vasos grandes, poliansados, de buen modelado, su faceta más rica y característica la constituye la decoración. Preparadas las paredes externas con un engobe de tonos claros -anaranjado o amarillento-, se representan motivos muy característicos del repertorio orientalizante: toros, grifos y otros animales pasantes -a veces de gran tamaño, en un amplio friso corrido-, flores de papiro y de loto y otros temas vegetales y geométricos. A menudo se perfilan pintando el fondo del vaso en color rojizo o acastañado y dejándolo en reserva para la silueta de la figura, contorneada en negro y completada con otros trazos pintados, un procedimiento similar al que emplearán después los decoradores de la cerámica griega de figuras rojas. El uso de pigmentos de diversos tonos dan al vaso un hermoso aspecto polícromo. También se pintan directamente las figuras y los motivos geométricos, fundamentalmente en rojo, sobre el fondo claro. Esta cerámica orientalizante se ha documentado ya en numerosos yacimientos de la cuenca media y baja del Guadalquivir (Carmona; Cerro Macareno; Mesa de Setefilla y el Castillo, en Lora del Río; Montemolín, en Marchena -en éste y en el anterior se han hallado algunos de los ejemplares más hermosos-; Estepa; Alcolea del Río; la Saetilla, en Palma del Río, Córdoba; Colina de los Quemados; etc.), y más esporádicamente en otras zonas (Cástulo, Jaén; Villaricos, en Almería). Debió de ser la vajilla doméstica de lujo -aparece generalmente en poblados-, inspirada en las técnicas y la iconografía orientalizantes, aunque sea de producción local, no importada. Pueden buscarse paralelos o precedentes en algunas cerámicas orientales, sobre todo chipriotas, pero no sería extraño que el traslado de los motivos, ya que no se conocen cerámicas importadas de tipo similar, se hiciera a través de telas, muebles u otros elementos perecederos, o fuera traído por artesanos inmigrados. Cronológicamente -aunque la cuestión se halla en pleno debate científico- parece bastante probada una producción a lo largo de la segunda mitad del siglo VII y el VI a. C.
contexto
Lugar habitado desde muy antiguo por íberos, griegos, fenicios, cartagineses, romanos, godos y árabes, su estratégica situación en pleno estrecho de Gibraltar ha hecho que ella puerta de entrada o salida a la península Ibérica. Los romanos establecieron allí una colonia, Portus Albus, cercana a las poblaciones de Baelo Claudia y Carteia. La entrada de los árabes en la Península supone la fundación de una ciudad, que llamarán Al-Yazira-Al-Hadra, Isla Verde, debido a un islote cercano dominado por ese color. Es ésta una etapa de esplendor, en la que se convierte en una de las principales poblaciones del sur de al-Andalus, beneficiada por su privilegiada situación geográfica. Parece ser que en ella nació Almanzor, el gran caudillo andalusí. De su importancia da fe el hecho de que dominara uno de los reinos taifas en que se dividió el Califato. Al-Himyari la describe como una ciudad "róspera, agradable para vivir, se beneficia a la vez a las producciones de su suelo y de las de su mar, todo contribuye a hacer allí la vida fácil". Otro cronista, al-Idrisi, dice que "está bien poblada". En el siglo IX Algeciras fue dotada con una muralla. Más tarde, el califa de Córdoba Abd al-Rahman III mandó construir unos astilleros para fabricar barcos de guerra. Durante este periodo la ciudad fue capital de una Kora o provincia islámica, que incluía el actual Campo de Gibraltar y parte de Alcalá de los Gazules y Estepona, llegando hasta Gaucín por el norte. Palacios, mezquitas, baños, dos murallas y un hospital edificado en época almohade hacían de Algeciras una de las principales ciudades de al-Andalus. Tan codiciada pieza no podía por menos que llamar la atención de los monarcas cristianos. Alfonso X, Sancho IV y Fernando IV intentarán si éxito hacerse con la plaza. Por fin, en el año 1344 fue conquistada por Alfonso XI, no sin antes sufrir un asedio de casi dos años. La entrada del monarca se produjo el 28 de marzo de ese año, un Domingo de Ramos, lo que convirtió a Santa María de la Palma en la Patrona de Algeciras. La caída de Algeciras convierte más débil aun al ya languideciente reino de Granada, por lo que, en 1369, el sultán Muhammad V se apresura a reconquistarla. La presión cristiana es cada vez más fuerte, persuadiendo al sultán nazarí de que no podrá conservar Algeciras por mucho tiempo. Ante esto, decide incendiarla. La ciudad quedó arrasada, no resurgiendo como ciudad sino hasta principios del siglo XVIII.
monumento
La Alhambra es una ciudad palatina fortificada que sirvió como residencia de la corte de los sultanes nazaríes. Se emplaza en la parte más elevada de una colina que se alza en la margen izquierda del río Darro, frente a la alcazaba del Albaycín. Se recomienda acceder a la Alhambra por la Puerta de la Justicia, emplazada en el lienzo sur de la muralla y realizada en el año 1348. Desde aquí se llega a la Puerta del Vino, hoy aislada, y frente a cuya fachada oriental se alza la alcazaba, obra de Muhammad I. La alcazaba tiene planta rectangular irregular y consta de dos recintos: uno exterior a modo de barbacana y otro interior, más elevado, fortificado por altas torres entre las que destacan la del Homenaje y la de la Vela. El interior de la alcazaba funcionaba como patio de armas. Adosada al lado norte de la alcazaba encontramos la Puerta de las Armas. La visita a la zona de palacios árabes se inicia por el mexuar, estancia donde se reunía el consejo de visires. Desde aquí se pasa al llamado Cuarto Dorado, palacio que fue muy reformado en época de Fernando el Católico. La siguiente estancia es el Palacio de Comares donde se ubica la famosa Torre de Comares y el patio de la Alberca o de los Arrayanes, espacio de planta rectangular con una gran alberca en el centro. En el pórtico norte encontramos la sala de la barca, adosada a la Torre. En el ángulo entre los palacios de Comares y Leones se halla el Baño Real, con tres partes claramente diferenciadas. El Palacio de Leones se dispone en dirección este-oeste, ordenándose sus dependencias en torno a un patio rectangular en cuyo centro se ubica la famosa Fuente de los Leones. El patio está rodeado por pórticos en todos sus lados, destacando los pabellones que avanzan hacia el jardín en sus lados cortos. En estos laterales encontramos la sala de los Mocárabes y la sala de los Reyes mientras que en los lados largos se hallan la sala de las Dos Hermanas y la sala de los Abencerrajes. Al salir de la casa Real Vieja encontramos el Partal, conjunto que corresponde al sultanato de Muhammad III junto a la desaparecida mezquita aljama, espacio hoy ocupado por la iglesia de Santa María de la Alhambra, diseñada por Juan de Herrera en el siglo XVI. La mezquita de La Alhambra era de tres naves en dirección a la quibla, más ancha la central. El Partal responde a la tipología de palacio sin patio y básicamente está formado por un pabellón real en relación íntima con una alberca y jardines. Anexo a los palacios nazaríes encontramos el palacio de Carlos V, proyectado por Pedro Machuca. El arquitecto eligió una planta cuadrangular con un patio circular, tomando como referentes las ideas renacentistas italianas de Alberti y Rafael. Muhammad II será el encargado de construir el Generalife, edificado fuera del recinto de la Alhambra en dirección noreste. El palacio está emplazado en medio de la zona de huertas y se distribuye básicamente en dos terrazas. En la inferior se disponen dos patios cuadrangulares y en la superior se ubica el Patio de la Acequia, de planta rectangular, con un pabellón originalmente en el centro. El patio se organizaba como patio de crucero, con cuatro cajas de jardín ochavadas. El patio se rodeaba de pabellones, destacando el ubicado en el lado norte.
obra
La Alhambra de Granada constituye un conjunto monumental único en España. Surgida primero como castillo, se convirtió después en palacio y más tarde en una pequeña ciudad, residencia de los sultanes nazaritas. Su historia, poblada de leyendas y embrujos, la ha convertido en un fetiche del turismo mundial. Dos millones de personas la visitan todos los años.