Busqueda de contenidos

contexto
Una iniciativa importante para la educación de la mujer fue la Institución Teresiana fundada por Pedro Poveda a comienzos de siglo. Su objetivo principal era facilitar el acceso de la mujer al mundo de la cultura y las diversas profesiones. Las primeras actividades de Poveda fueron de tipo social en Guadix, tratando de aplicar el espíritu de la encíclica "Rerum Novarum". Al trasladarse a Madrid en 1905, viendo la difícil situación de la sociedad, comprendió que era necesario facilitar a las mujeres una educación más adecuada para valerse en la vida. Allí fundó la primera residencia universitaria femenina de España, en Goya, 46, donde coincidían normalistas de la Escuela Superior, y universitarias, profesoras y promotoras de iniciativas sociales. De ella salieron el Hogar de Universitarias católicas, la Casa Social de la Universitaria católica, La Liga Femenina de Orientación y Cultura, etc. En toda España comenzaron pronto, por impulso de Poveda, Academias, Centros pedagógicos, escuelas modelo, residencias, ligas y asociaciones universitarias, bibliotecas, concursos pedagógicos, etc. En 1915 fundó el Boletín de las academias teresianas, que recogía la vida de las distintas iniciativas de promoción de las mujeres, y aportaciones de María de Echarri, Isabel del Castillo, Josefina Olóriz, Carmen Cuesta, etc. Gracias a esas iniciativas, miles de mujeres se prepararon para los estudios de las Escuelas Normales, la Escuela Superior del Magisterio y las Facultades Universitarias. La labor de Poveda es una de las aportaciones principales del primer tercio de siglo, en la formación y perfeccionamiento del profesorado.
contexto
Además de los monasterios existían otros tipos de instituciones religiosas.
contexto
Frente al abigarrado y dividido mosaico de instancias políticas diversas, apenas si funcionaba algún organismo común que pudiera representar a todas, aunque sólo fuera un esbozo de gobierno central. La figura del emperador aparecía como la cúspide simbólica de todo el entramado imperial. Su designación no venía por línea hereditaria, sino que estaba en función de la decisión que tomaran los siete príncipes electores cada vez que se debía escoger un nuevo emperador. No obstante, desde el nombramiento de Alberto II de Austria (1438-1439), la elección imperial se vinculaba a la Casa de los Habsburgo. La otra institución básica existente era la Dieta o "Reichstag", que debía ser el complemento adecuado para la correcta dirección del Gobierno imperial, pero su mayor interés fue el de representar la defensa de las llamadas libertades germánicas (que no eran otra cosa que los derechos y privilegios de que gozaban las muchas circunscripciones autónomas que componían el conjunto imperial) frente a las posibles intromisiones y afanes centralizadores del emperador. La Dieta la componían tres cámaras separadas: la de los príncipes electores, la de los príncipes territoriales de menor categoría, incluidos los prelados y otras dignidades eclesiásticas, y la de las ciudades. No tenía una sede fija, no mostraba operatividad en sus reuniones ya que las disputas internas, las rivalidades entre sus componentes y los intereses contrapuestos de los en ella representados hacían muy difícil que se tomaran decisiones en firme y que pudieran aplicarse en la práctica. Al contrario de lo que estaba ocurriendo en Francia, España o Inglaterra, en el seno del Imperio germánico no surgió una estructura de poder unitario, con tendencia hacia el absolutismo, sino que por el contrario se mantuvieron en vigor los viejos poderes medievales, disgregadores e independientes. La descomposición imperial pudo comprobarse con toda nitidez durante la larga etapa de Federico III de Estiria (1440-1493). Fue precisamente por entonces cuando, inspiradas mayormente por el arzobispo de Maguncia, se plantearon algunas reformas que intentaban hacer funcionar y dinamizar el caótico y debilitado entramado imperial, aunque sólo fuera sobre la base de que se aceptase una paz territorial que acabase con los enfrentamientos que tan frecuentemente se producían entre los Estados imperiales, la formación de una especie de órgano superior de justicia que arbitrase en los conflictos entre partes litigantes, y a ser posible la utilización de una moneda común, que junto a la creación de un impuesto general, dotara a la Administración imperial de recursos propios y de mayores posibilidades de actuación. Estas propuestas apenas si saldrían adelante, iniciándose algunas con muchas dificultades, olvidándose otras. Así, respecto al que se podría haber llamado Tribunal Supremo, se logró aprobar en la Dieta reunida en Worms (1495), ya en la etapa de Maximiliano I, la formación de una Cámara Imperial de justicia que al empezar su actuación lograría apaciguar, momentáneamente, las luchas entre los señores interviniendo en los casos importantes de litigio. Menor éxito tuvo la aplicación del subsidio general para financiar el ejército imperial, acordándose como mal menor la sustitución del impuesto por una matrícula (número determinado de posibles combatientes), que estaría en función de los recursos de las distintas zonas. Un logro de Federico III cara a una mayor estabilidad política, que a la vez serviría para reforzar el continuismo de la dinastía reinante, fue el que se reconociera, estando él todavía vivo y ejerciendo el poder, a su hijo como rey de romanos, lo que venía a convertir casi en hereditaria la sucesión. También cabe en su haber el lograr realizar una hábil política matrimonial, al casar a su hijo Maximiliano con María de Borgoña, con lo que se unían a los Estados patrimoniales de los Habsburgo (Austria, Estiria, Carintia, Carniola, Tirol y parte de Alsacia) los territorios de los Países Bajos, Luxemburgo, Artois y el Franco Condado, acumulándose así una buena parte de lo que en el futuro serían las posesiones del Imperio de Carlos V, que se aumentarían posteriormente como resultado de la continuación por la dinastía austriaca de la exitosa táctica de enlaces nupciales, cuyos inmediatos protagonistas iban a ser Felipe, el hijo de Maximiliano, y Juana, una de las hijas de los Reyes Católicos, de cuya unión matrimonial nacería el príncipe Carlos, destinado a heredar el inmenso patrimonio poseído por las casas reales de Habsburgo, Borgoña y Trastámara, que constituiría el soporte fundamental de su inmenso dominio territorial. Pero antes de llegarse a tal situación, el organismo imperial pasó por serios apuros. Perdido el poder soberano central desde la concesión de la "Bula de Oro" en favor de la autonomía ,jurisdiccional de los grandes y medianos señores, el desinterés mostrado hacia las cuestiones del Imperio por Federico III, volcado a su vez hacia la defensa de sus intereses patrimoniales austriacos, no hizo más que agudizar este deterioro, reflejado en los abundantes conflictos que se siguieron dando entre los diversos poderes locales, luchas internas motivadas por las ambiciones personales, por los roces jurisdiccionales y, en última instancia, por la ausencia de una autoridad superior, soberana y con control efectivo sobre las enfrentadas instancias feudales. Esta descomposición se plasmó dentro del Imperio con la proclamación de algunas Monarquías de corte nacionalista, casos de Hungría y de Bohemia, detectándose asimismo en la cada vez más amenazante penetración turca sobre las tierras imperiales.
contexto
En el año 483 a.C., después de la primera secesión de la plebe, se instituyeron los tribuni plebis o tribunos de la plebe. Inicialmente eran dos y a partir del 456-459 a.C. llegaron a ser diez. Los plebeyos recurrieron a medios de naturaleza religiosa para declarar el carácter inviolable de sus jefes, los tribunos. Estos convocaban y presidían las asambleas de la plebe. Las decisiones que se aprobaban por mayoría tenían un carácter vinculante. El cuadro que estas asambleas utilizaron como instrumento organizativo fue el de las tribus creadas por Servio Tulio. En el 495 a.C., según Tito Livio, el número de tribus romanas era de veintiuno: cuatro urbanas y diecisiete rústicas. A la cabeza de cada una de estas tribus había un tribuno que poseía atribuciones de carácter administrativo, económico (percepción del tributo), militar (levas del contingente que cada tribu debía aportar) y civil. Esta organización administrativa era común a todos los ciudadanos, patricios y plebeyos, puesto que unos y otros convivían en las mismas tribus. Estos cuadros administrativos fueron los utilizados por los plebeyos para su organización. Así, el nombre elegido para los jefes de la plebe se vincula a las tribus y sus asambleas se designan Concilia plebis tributa. Conviene tener en cuenta que los tribunos de la plebe no eran los tribunos de las tribus territoriales urbanas o rústicas. Estos eran preexistentes a los primeros y sólo la coincidencia del nombre tenían en común. Además de los tribunos de la plebe, se crearon también los ediles de la plebe. Su función inicial fue administrar el templo de Ceres, en el que estaba depositado el tesoro de la plebe y a donde iba a parar el patrimonio de los culpables sentenciados con penas capitales en las asambleas de la plebe.
contexto
Las instituciones políticas de la República parecen haber sido creaciones empíricas marcadas por las diversas vicisitudes de la historia de Roma y la necesidad de adecuarse a ellas. La magistratura consular no fue creada inmediatamente después de la caída de la monarquía. Es de suponer que los pretores o cualquiera de los binomios que cubrieron el vacío político en aquellos años ya cumpliera uno de los requisitos inherentes al consulado: el de la anualidad, y que tendieran a cumplir el de la colegialidad ya antes del 449, año en el que los supremos magistrados son designados cónsules. Esta colegialidad podría venir expresada por el propio nombre si ciertamente el término cónsules derivase de consodes, del verbo sedeo, los que se sientan juntos. Pero tal etimología no es segura. El régimen consular se basa, pues, en la colegialidad y anualidad. Los cónsules ostentan el poder en términos de absoluta igualdad y cada uno de ellos, en virtud de la capacidad de intercessio, puede oponerse a la acción o propuestas del otro. Los cónsules eran elegidos por los Comicios Centuriados y recibían la investidura, por la Lex curiata de imperio, de manos de los representantes de las curias primitivas, creadas durante la primera fase de la monarquía romana. Estas curias no fueron suprimidas hasta la creación por Servio Tulio de los Comicios Centuriados, pero perdieron prácticamente todas sus atribuciones y quedaron reducidas a cumplir una simple formalidad: la de realizar la investidura de los cónsules, los supremos magistrados. A los cónsules les correspondía el imperium y los auspicios. Después de los cónsules venía el pretor, magistrado con imperium pero inferior a los cónsules, que era el titular de la jurisdicción. Los cuestores eran colaboradores de los cónsules y tenían funciones administrativas y jurídicas a su cargo. El primer cuestor plebeyo se remonta al 409 a.C. La concepción colegial de los cónsules ofrecía en ocasiones el inconveniente, frente a los graves peligros de orden externo o interno (como las sublevaciones de la plebe), de no contar con una unidad de mando fuerte. Cuando esta necesidad se presentaba, se procedía al nombramiento de un dictador. Esta magistratura, la dictadura, tenía carácter extraordinario y su limitación en el tiempo era de seis meses. El carácter empírico y utilitario de las magistraturas romanas llevó a la creación de una nueva magistratura a partir del 444 a.C., los tribunos militares con poder consular o, sencillamente, los tribunos consulares. Las fuentes nos ofrecen una visión de la creación de los mismos totalmente mediatizada por los enfrentamientos patricio-plebeyos. Según éstas, se trataría de un invento patricio para satisfacer a los plebeyos sin necesidad de perder el monopolio del consulado. La explicación de esta magistratura, sin embargo, parece más sencilla. Los cónsules, siempre patricios entre el 444-367, se vieron obligados por la complejidad de las tareas militares, administrativas y jurídicas, a delegar parte de sus competencias en una serie de colaboradores que eligieron entre los tribunos militares, es decir, los oficiales que componían el Estado mayor de cada legión. Como el ejército en el siglo V a.C. estaba compuesto por dos legiones y los tribunos de cada legión eran seis, el total de tribunos militares era de doce. De éstos, probablemente los propios cónsules (o tal vez el Senado) eligieron a tres, a los que los otorgaron potestad consular con el fin de que pudieran realizar las tareas asignadas pos los cónsules. Creados los tribunos consulares, los plebeyos añadieron la nueva magistratura a sus objetivos y ciertamente ésta resultó ser más abierta que el consulado, puesto que a partir del 400 a.C. ya hay constancia de plebeyos entre los tribunos consulares. Otra magistratura del siglo V fue la censura, cuyo origen la tradición sitúa en el 443 a.C. Los censores fueron dos y a ellos correspondía la elaboración del censo que se renovaba cada cinco años. Ejercían además la vigilancia sobre las costumbres, la cura morum, que les facilitaba el control de las actividades públicas de los ciudadanos y, frecuentemente, también de las privadas. Su permanencia en el cargo era de ocho meses y carecían de imperium o poder de mando. Por último, además del Senado y de los Comicios Centuriados, durante el siglo V se procedió a la elección de los Decemviri, para recopilar y redactar las leyes de las XII Tablas. Durante sus años de existencia constituyeron una magistratura con imperium, como el poder consular. La elección de esta comisión, los Decemviri, tuvo lugar en el 451 y se suspendieron las magistraturas ordinarias para sustituirlas por esta comisión, integrada mayoritariamente por patricios que, además de escribir las leyes, asumió el gobierno de la ciudad. La historia de esta comisión es bastante confusa. Inicialmente, parece que estos decemviros contaron con el apoyo de todos los ciudadanos. Cicerón dice que también los tribunos de la plebe abdicaron aquel año en pro de los decemviros. De este modo, concentrando en sus manos todas las magistraturas y el consenso general, procedieron al gobierno de la ciudad y elaboraron las diez primeras tablas de leyes. Al año siguiente se eligió una segunda comisión de decemviros, puesto que la tarea no había sido terminada. En esta segunda comisión había bastantes elementos plebeyos, pero su gobierno degeneró en tiranía e intentó, en el 449 continuar en el poder. Los diez Tarquinios, como se les designaba, fueron abatidos por una revuelta popular y se restauró el consulado.
monumento
El Instituto de Bachillerato Aguilar y Eslava ocupa un antiguo caserón, típico de la arquitectura civil del Seiscientos. Levantado en estilo barroco, destaca su portada de mármol rojo, un material muy usado en la villa debido a la proximidad de canteras de este material. En su interior, el Patio de Columnas cuenta con una hermosa vidriera. Además, el visitante puede apreciar en este espacio educativo, uno de los más antiguos de Andalucía, numerosos lienzos, algunos de ellos dedicados a la patrona del Instituto, la Virgen de la Inmaculada. Por último, mencionar que en el interior existen también una magnífica Biblioteca y un excelente Museo de Historia Natural, con fondos resultantes de una labor recopilatoria e investigadora de más de trescientos años.
museo
El Instituto de Estudios Orientales de la Academia Rusa, que fue fundado en 1818, es renombrado por su trabajo de pionero en la promoción de los estudios budistas en Europa. Entre sus muchos logros están la recopilación y publicación de la versión sánscrita del Sutra del Loto.