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La miniatura ocupa un lugar de excepción en el Gótico Internacional. Carlos V, Jean de Berry, todos los duques de Borgoña, el mariscal Boucicaut y muchos otros fueron coleccionistas. El libro imprescindible es el "Libro de Horas". Contiene numerosas oraciones para las horas del día. Hay partes dedicadas a Difuntos, a Santos, Horas de la Virgen y de la Pasión, etc. Esto da lugar a que se ilumine cada ciclo con imágenes alusivas. Hay que añadir el calendario del comienzo, con zodiaco o no, y escenas de tradición antigua más o menos renovada. Salvo casos especiales, es de tamaño relativamente reducido, como manual que es, aunque será posteriormente cuando se hagan muy pequeños. Una de las grandes personalidades del momento se conoce como Maestro de las Horas Boucicaut, precisamente por un Libro de Horas encargado por este personaje. No sabemos quién es, pero se sospecha si será Jacques Coene, importante miniaturista activo en París, y viajero probable al norte de Italia. La obra del maestro es una de las más avanzadas en la recuperación del espacio. En el David o la Huida a Egipto despliega un amplio paisaje, donde parte de la profundidad se obtiene por planos sucesivos, con alguna ingenuidad por medio. La severidad de sus figuras se encuentra en otros manuscritos.
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A lo largo del siglo XIII y hasta bien entrado el XIV se crea y desarrolla en Francia e Inglaterra un modelo de miniatura que será exportado a otras zonas de Europa. Las figuras y los objetos representados tienen un fuerte componente lineal, empleando colores brillantes y planos, sin gradaciones ni tonos. Las figuras se convierten, por lo tanto, en siluetas irreales y etéreas, determinada su expresividad por la exagerada gesticulación. El artista no se interesó por la representación del espacio, destacando los personajes sobre un fondo neutro, dorado o geometrizado. Estas características vendrán determinadas por la influencia de la vidriera. El Misal de Enrique de Chichester es un claro ejemplo de este interesante estilo.
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La miniatura de la corte de San Luis, siguiendo con las pautas marcadas ya en época de su madre Blanca de Castilla, utiliza figuras de escasa corporeidad y rostros largos, presta escasa atención a la ambientación espacial y trata con equidad lo decorativo y lo figurativo. El Salterio, que es paradigmático de este período, pudo pertenecer a la Sainte-Chapelle, y destaca por la riqueza temática veterotestamentaria, ajena al texto de los Salmos.