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Presenta tres naves que se desarrollan en cuatro tramos y cabecera de tres ábsides ante los que encontramos largos presbiterios.
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La iglesia de San Martín es uno de los mejores ejemplos del Románico en la ciudad de Segovia. Se trata de un templo de tres naves abovedadas con cañón, un crucero rematado por un cimborrio de ladrillo y cabecera tripartita, en la que el ábside central original fue sustituido en una reforma posterior.
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Se trata de una iglesia de una sola nave con dos torres ubicadas en el crucero y a los pies. La de los pies es la llamada Nueva, realizada en ladrillo y sillarejo, con ventanales de medio punto para el campanario y otra fila de arquerías ciegas encima. El interior se cubre con bóveda esquifada. La torre del crucero se llama de los Ajedreces y también está fechada en el último tercio del siglo XII. Recibe ese nombre por la decoración superior en ladrillo, imitando escaques. En el lado sur del templo hallamos un pórtico realizado en arenisca, con columnas pareadas sobre las que se apoyan arcos de medio punto moldurados.
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<p>Edificio sobre el que pudo existir una construcción prerrománica anterior.La iglesia tiene planta de nave y cabecera rectangular, aunque se modificó en el siglo XIX, adoptando la misma anchura que la nave, y tienen añadida la sacristía.&nbsp;</p>
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En la ruta jacobea, en la localidad palentina de Frómista, se levanta, majestuosa, la iglesia de San Martín, quizá restaurada con excesivo fervor por Manuel Aníbal Alvarez en el siglo XIX. En este lugar doña Mayor, viuda del rey Sancho de Navarra, fundó un monasterio benedictino en el año 1066. De este cenobio sólo nos ha quedado la iglesia. Presenta tres naves con un crucero que no se marca en planta y tres ábsides, sobresaliente el mayor. Los arcos son de medio punto, doblados, y los pilares cruciformes, con medias columnas adosadas. Todas las naves se cubren con bóveda de cañón y en el transepto encontramos un cimborrio, de tambor octogonal con ventanas. Al exterior, el templo presenta una rica variedad de volúmenes, a lo que contribuye la diferencia de altura de los ábsides y las dos torrecillas cilíndricas de los pies, donde se alojan las escaleras que permiten el acceso a los campanarios. La decoración de los capiteles resulta muy interesante, si bien algunos de ellos fueron renovados en el siglo XIX. Entre las escenas más atractivas se pueden señalar el perro y el cuervo, la representación del pecado original, la expulsión del paraíso, los Reyes Magos entregando sus presentes, una escena matrimonial o la Orestiada. También son de gran calidad los capiteles con decoración vegetal. En el hastial de la puerta principal encontramos tres curiosas figurillas: un reptil con una gran cola, un hombre que enseña sus dientes y un niño que gatea.