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Fortuny sentirá una especial admiración hacia el barrio granadino del Albaicín, antiguo barrio árabe poblado por gitanos, algunos de ellos habitando en cuevas. Allí buscará numerosos modelos para sus trabajos como en esta pequeña tabla donde la principal protagonista es la iluminación empleada, anticipando los trabajos de Sorolla dentro del más puro luminismo. El burro se ubica en el centro de la composición, recibiendo un potente foco de luz solar que diluye los contornos y crea una sensación atmosférica cercana al Impresionismo. Una potente base de dibujo no impide que los colores sean aplicados de manera fluida, sin atender a detalles superfluos, contrastando las dos figuras algo más trabajadas con el abocetamiento del espacio que las rodea, sin tratar algunas zonas de la madera. Con estos trabajos Fortuny demuestra su admiración hacia los conceptos lumínicos y atmosféricos que podían haber transformado radicalmente la concepción pictórica del panorama artístico español.
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Desde los primeros años de la década de los años 20 y hasta mediados, Salvador Dalí muestra ciertos préstamos estéticos del artista uruguayo Rafael Barradas. Éste había llegado a Madrid en 1918 introduciendo notas del futurismo y el cubismo en la vanguardia española. Esta obra nos remite a la llamada "tertulia de los alfareros", donde Rafael Barradas y Alberto Sánchez inician una íntima relación artística que se desarrolla sobre todo en las páginas de la revista madrileña "Alfar", a la que tiene acceso Salvador Dalí. Este Retrato de gitano recuerda algunas imágenes realizadas por esos dos artistas, donde existe todavía ciertas notas de la vanguardia pero, en paralelo, donde se hace patente la vuelta al orden, a la figuración, de Barradas. Para algunos historiadores, este interior donde está representado el gitano podría ser una de las habitaciones de la Residencia por la aparición de cuadros detrás de la figura y por el desorden, casi caótico, de la habitación, tal y como describen muchos de los que por allí pasaron durante aquellos años. Entre ellos, uno de los testimonios más conocidos es el del poeta Rafael Alberti.
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La atracción hacia lo español que se puso de manifiesto en el Segundo Imperio Francés llevará a Manet a realizar algunos aguafuertes protagonizados por gitanos, considerados personajes románticos por los escritores que habían visitado España. El gitano se sitúa en primer plano en una postura orgullosa, portando en la espalda su imprescindible guitarra; a su lado, la mujer cuida del pequeño mientras un joven bebe de un botijo. Al fondo apreciamos el paisaje, sucintamente esbozado. Los trazos son muy acertados, dotando de dignidad casi escultórica a las figuras, transmitiendo Manet su facilidad para el dibujo y su admiración hacia el Barroco español.
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Degas no quiso precipitarse a la hora de realizar el retrato de la Familia Bellelli, con la que estaba emparentado, por lo que realizó un buen número de estudios y dibujos preparatorios en los que demuestra su calidad como dibujante - véase a Giovanna Bellelli, Giulia Bellelli sentada o Laura Bellelli -.
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Mientras que en el estudio de Giulia Bellelli sólo se nos mostraba la cabeza de la pequeña, en esta imagen Degas ofrece a grandes rasgos la posición que ocupará su prima en el lienzo definitivo. Destaca el contraste entre el rostro muy estudiado y el cuerpo, obtenido a base de largos trazos.
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El personaje aquí representado es uno de los miembros de la poderosa familia Médici; Giuliano era el hermano menor de Lorenzo el Magnífico, quien tenía en sus manos el poder de la ciudad en aquellos momentos. Giuliano fue asesinado en una conjura para eliminar del poder a los Médici por parte de la familia Pazzi. El 26 de abril de 1478, mientras se celebraba una misa en la catedral florentina, el joven Giuliano encontró la muerte mientras su hermano conseguía salvar la vida al refugiarse en la sacristía. En este retrato Botticelli lo muestra con los ojos bajos, interpretándose como una alusión a su temprano fallecimiento. Sin embargo, también se especula sobre la tristeza por la muerte de la joven Simonetta Vespucci en 1476, a la edad de 18 años. Simonetta era el amor platónico de Giuliano, sintiendo profundamente su pérdida por lo que aquí aparecería con los ojos caídos en referencia a su tristeza. La figura se presenta de tres cuartos, casi de perfil, recortada su cabeza sobre una ventana en la que no existe referencia espacial. Su ropaje rojizo contrasta con la palidez del rostro, destacando el abatido gesto y la seguridad de la línea con que Botticelli ejecuta la figura. El modelado lumínico no es tan pronunciado como en el Retrato de dama, pero el personaje adquiere la misma sensación escultórica que Sandro aprendió de Donatello y Verrocchio.
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El diseño del Giulio Cesare, a cargo del ingeniero Masdea, y sus dos buques gemelos se remontan a 1908. En la Primera Guerra Mundial entra en servicio en el Adriático, sin embargo a finales de la década de los años treinta es remodelado casi en su totalidad. Como resultado de esta reconversión se incrementó el blindaje y el armamento, además de introducir nueva maquinaria. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial fue alcanzado por el acorazado británico Warspite en el mar Jónico. Unos meses después, en 1941, volvió a sufrir una avería en Nápoles. Durante el desarrollo del conflicto participó en distintas operaciones, hasta septiembre de 1943, fecha en que capituló en Malta ante los aliados. Cuando terminó la guerra pasó a manos del ejército ruso. A partir de este momento operó en el Mar Negro, hasta 1955, con el nombre de Novorossik.