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El primer duque de Buckingham, George Villiers, fue una de las figuras más relevantes de la Inglaterra del siglo XVII. Favorito del rey Jacobo I, continuó ocupando el cargo de primer ministro con Carlos I. Rubens y el duque se encontraron por primera vez en mayo de 1625 en París, con motivo de la boda por poderes entre la princesa Enriqueta María y el rey Carlos I. El pintor estaba dando los últimos retoques a la serie de María de Medicis y durante las tres semanas que el duque permaneció en la corte francesa encargó este retrato ecuestre.Antes de realizar el lienzo definitivo -el primer retrato ecuestre que llegaba a Inglaterra y que por desgracia fue destruido en un incendio en 1949- Rubens pintó varios "modelli" tanto del rostro como de la composición definitiva, donde podemos hacernos cargo de la monumentalidad del trabajo final. El duque aparece con el caballo en corveta -difícil ejercicio hípico que simboliza el control del poder- vestido con armadura de ceremonia, capa roja ondeando al viento y portando en su mano derecha el bastón de general. Al fondo podemos observar una flota y en primer plano a Neptuno, dios del mar, y una nereida. La razón de la presencia de estas figuras y de los barcos estaría motivada por el reciente nombramiento de Buckingham como almirante de la flota. Sobre el duque encontramos la figura de la Gloria que le cubre de flores y hace soplar un viento favorable.La postura del caballo será repetida por el maestro flamenco en los retratos ecuestres de Felipe IV y el cardenal-infante don Fernando. Esta fórmula barroca por excelencia será repetida por Van Dyck y Velázquez.Una vez que el retrato fue concluido, se envió por barco a Londres, llegando en 1627. Un año después, el duque era asesinado.
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Durante 1625 Rubens se traslada a París para entregar la serie de María de Medicis, destinada a la decoración del Palacio de Luxemburgo. En esta estancia parisina conoció al duque de Buckingham, George Villiers, uno de los personajes más influyentes en la corte de Londres. El propio pintor acudirá a la corte inglesa en abril de 1629, permaneciendo allí durante un periodo de nueve meses. El objetivo de su viaje sería alcanzar un tratado de paz entre España e Inglaterra que pusiera fin al conflicto hispano-holandés.El duque era un gran coleccionista de arte y posiblemente en este encuentro Rubens reciba el encargo para la decoración de York House, la residencia del duque en Londres, donde pintará la Glorificación del duque de Buckingham. En estos momentos, el pintor flamenco realizará este espectacular retrato para el que utilizará la tiza, material preferido por el artista para estos estudios, como se puede apreciar en los de sus hijos. La arrogante mirada del duque se convierte en el principal protagonista de este retrato, interesándose Rubens en resaltar la personalidad de su cliente. Este rostro será el modelo que utilice también el maestro en el retrato ecuestre del duque.
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El George Washington es uno de los superportaaviones de la clase Nimitz construidos hasta la fecha. Su construcción se inició en 1986, dotándole de completos sistemas de control de daños, incluyendo un blindaje de 63 mm. de grosor. Cuenta con 4 montacargas y 4 catapultas de vapor; transporta además 2.540 toneladas de armas y municiones de aviación. Tiene capacidad para transportar entre 90 y 95 aparatos, destacando los F-14 Tomcat. El George Washington ha participado en diferentes contiendas bélicas, como la Guerra del Golfo, y en operaciones de mantenimiento de la paz de la ONU.
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El crítico Phillipe Burty escribió en la "Republique Française" un artículo elogiando los retratos de las señoras Daudet, Charpentier y Samary presentados por Renoir a la tercera exposición de los impresionistas, celebrada en abril de 1877. La razón de las favorables críticas debemos encontrarla en la facilidad mostrada por el pintor a lo largo de toda su vida para el arte del retrato, convirtiéndose en uno de los mejores especialistas de su tiempo. En esta ocasión se nos muestra a Georges Rivière de perfil, en un estilo totalmente impresionista ya que el color y la luz parecen diluir los contornos del rostro; sin embargo, encontramos una interesante referencia a la personalidad del modelo al interesarse Renoir por captar su gesto. El estilo rápido y empastado recuerda a los pasteles pintados por Manet en estas fechas, al igual que el contraste entre las tonalidades oscuras del traje y el cabello frente al resto de la obra, mucho más claro.
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