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Las modificaciones que arrastra en el orden provincial la instauración del principado condicionan el sistema de propiedad-explotación vigente en época republicana, especialmente mediante la proyección del nuevo organigrama de provincias senatoriales e imperiales que da lugar al consecuente control de los yacimientos por parte del Senado o del princeps. A su vez, el proceso de delimitación territorial inherente a la fundación de colonias y a la municipalización generan una mayor complejidad en el sistema de propiedad y de explotaciones mineras. De las modificaciones se hace eco el propio Estrabón, quien anota explícitamente que las minas de Carthago Nova, que con anterioridad eran propiedad del Estado, en su época ya eran de particulares; con la nueva situación pueden relacionarse las marcas que se observan en los lingotes de plomo descubiertos en las proximidades de las explotaciones mineras o en el contexto de naufragios producidos cuando se transportaban a Italia. Tal ocurre con los pecios descubiertos en las Islas Baleares: el de Cabrera de fines del siglo I a.C. y comienzos del I d.C. o el de la costa de Las Salinas en Mallorca, con 17 lingotes de plomo, entre el 79-81 d.C. De acuerdo con la información presente en estos testimonios, se puede observar un complejo sistema en el que predomina la propiedad pública y la explotación por concesionarios, organizados en las mencionadas societates, o directamente mediante procuratores del emperador, como ocurre en las provincias imperiales; su extensión se constata en el monopolio que se ejerce sobre determinados yacimientos como los auríferos y, en general, sobre los ricos distritos mineros del Noroeste. La propiedad de algunas colonias sobre yacimientos concretos se documenta en las correspondientes marcas de los lingotes de plomo como en el caso de Colonia Augusta Firma Astigi (Ecija). Posiblemente, este mismo sistema esté presente en parte del distrito minero de Sierra Morena, dado que el territorio de la Colonia Claritas Julia Ucubi (Espejo) tiene una proyección discontinua; y, de cualquier forma, podemos suponer que el sistema tiene precedentes en época republicana, ya que a fines del siglo II a.C. y comienzos del I. a.C. se constatan estampillas en los lingotes con la marca de Carthago Nova Junto con la propiedad pública del Estado o de las colonias, también existen propietarios privados, aunque sobre los mismos poseemos una información más difusa. Las referencias de la tradición literaria de inicios del principado, presentes en Diodoro de Sicilia o en Estrabón, son indicativas de su existencia; de algunas de ellas, se nos ha transmitido su denominación, que hace referencia a sus propietarios, como ocurre con las minas Antoniniana y Samariense en la Betica. Mayor complejidad reviste la interpretación de las marcas de los lingotes donde se constatan la presencia de nombres, tales como Licinius, Manlius, Aemilius, que se documentan también como propios de las elites sociales de las principales ciudades, ya que pueden ser considerados como propietarios, pero también como concesionarios de la explotación del yacimiento con una titularidad pública. Este complejo sistema subsiste durante gran parte del siglo I d.C.; de hecho, los lingotes de plomo estampillados perduran hasta época flavia; no obstante, durante la dinastía julio-claudia se observan importantes modificaciones debido a la intervención imperial en las minas, que con posterioridad simplifican la propiedad y la explotación de los yacimientos en favor del fisco imperial. Concretamente, Tiberio procede a la expropiación de las propiedades mineras de Sexto Mario en Sierra Morena, entre ellas se encontraban las mencionadas minas Samariense y Antoniniana que rentan, según la información que Plinio nos proporciona, entre 200.000 y 255.000 denarios la primera y 400.000 libras la segunda. Las propias guerras civiles en las que se materializan las luchas dinásticas se proyectan sobre la evolución de la propiedad del sector minero, en el que el emperador triunfante procede a expropiar los bienes de sus enemigos, como ocurre concretamente en el caso de los Severos. En la explotación de estos yacimientos el mundo romano utiliza los avances técnicos alcanzados en época helenística. Normalmente la explotación se realiza siguiendo el trazado de las vetas que afloran a la superficie; la profundización en las mismas da lugar a las correspondientes inundaciones y consiguiente evacuación del agua, para lo que se utilizan distintos procedimientos tales como el empleo de la bomba de Ctesibio y las norias, que extraen el agua hasta la parte superior de la mina, o la técnica de galerías inclinadas que permiten evacuarla hasta el piedemonte. Especial complejidad revisten las explotaciones auríferas del noroeste hispano; en ellas, como en otros yacimientos ricos en oro del Sur de Hispania, se emplearon técnicas de explotación superficial de escasa complejidad como el lavado de las arenas. No obstante, Plinio el Joven nos informa de manera pormenorizada sobre la utilización, en las minas de cuarzo aurífero del Noroeste, de la técnica a la que denomina con el nombre de arrugia o ruina montium; consiste, concretamente, en la excavación de galerías y pozos entibados, que son destruidos a continuación mediante el incendio de los soportes de las galerías. Sobre los correspondientes derrumbes se proyectan corrientes de aguas procedentes de ríos desviados, que dan lugar al arrastre del material derrumbado y a la decantación -en proceso de sedimentación- de las partículas de cuarzo y de las de oro. Los rendimientos que proporciona tal sistema son evaluados por Plinio en su fase inicial en 20.000 libras, lo que corresponde a unos 1.500 kg. El impacto que semejante destrucción tuvo sobre el paisaje puede aún contemplarse en el paraje de Las Médulas (León). En la explotación de los yacimientos se emplean esclavos, hombres libres asalariados (mercenaria) o condenados a trabajos forzosos; en consecuencia, en este aspecto se observa una continuidad durante el período altoimperial de los procedimientos de época republicana constatados por los historiadores griegos que visitan la Península como Polibio en el siglo II a.C. y Posidonio a comienzos del I a.C., cuyas referencias se conservan respectivamente en los textos posteriores de Estrabón o de Diodoro de Sicilia. Las inscripciones documentan el empleo de niños de corta edad y de organizaciones suprafamiliares desplazadas desde el norte de la Península a los distritos mineros meridionales, como ocurre concretamente con la gentilidad cántabra de los orgonomescos, documentada en el distrito minero de Castulo (alrededores de Linares). Las modificaciones generales del sistema económico también se proyectan en el ámbito de las explotaciones mineras; de ello poseemos una clara expresión en la organización que nos documentan las Leyes de Vipasca para las minas de Aljustrel en el Alentejo portugués, donde se aprecia la presencia de coloni, cuya situación debe de considerarse como similar a la de los colonos que explotan las grandes propiedades agrarias que el emperador posee en las provincias africanas. En este sentido, la autorización de la explotación minera imperial a estos colonos comporta asimismo que una parte de la producción, estimada en la mitad del mineral, tenga que remitirse al fisco imperial.
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La reconstrucción de los patrones de conducta desarrollados por los hombres del Pleistoceno Inferior y Medio es extremadamente difícil debido tanto a la parquedad de restos conservados como a los problemas que conlleva su interpretación. Aunque esto es igualmente aplicable a cualquier momento de la Prehistoria, en el caso del Paleolítico Inferior su incidencia es bastante mayor porque la ausencia de evidencias que denoten una capacidad simbólica compleja -durante esta fase no hay enterramientos ni manifestaciones artísticas o religiosas claras- aleja a estas poblaciones de los parámetros conocidos en la humanidad actual y dificulta aún más su comprensión al no poderse recurrir a la comparación etnográfica sin grandes precauciones.
obra
Boccioni se propuso la abolición de la línea finita y de la estatua cerrada. Entendía con ello que la forma escultórica no había de cerrarse sobre sí misma, sino desarrollarse en su periferia. El bloque plástico se dotaba de un impulso centrífugo en la medida en que trataba de dar síntesis a la actividad misma del objeto en movimiento, en este caso una figura que camina.
Personaje Escultor
Gran parte de su actividad tiene lugar en Zaragoza. Pasó a la historia como el introductor del renacimiento en Aragón. El retablo de los plateros de Valencia, hoy desparecido, fue la primera obra que ejecutó en colaboración con su progenitor. Como artista independiente ejecutó el Retablo del Pilar en Zaragoza. Aunque es de estilo gótico, en algunas figuras es evidente cierto italianismo. A esta obra le siguió los retablos de la catedral de Huesca, de la iglesia de Santa Engracia de Zaragoza y del convento del Carmen, también en Zaragoza. A finales de la década de los años veinte se trastada a Cataluña, donde ejecuta el retablo del Monasterio de Poblet. En su composición se aprecia claramente la influencia de las formas renacentistas. El retablo de Santo Domingo de la Calzada fue la última obra que inició, aunque no llegó a concluirla.
lugar
fuente
Diseñado por la Marina británica, el proyecto inicial, realizado en 1936 y con el Ark Royal como referencia, contemplaba la creación de dos portaaviones con un peso de 23.368 toneladas. Pero la amenaza de un segundo conflicto a escala mundial cambió las prioridades, por lo que la protección y el armamento se convirtieron en las principales preocupaciones. Para ello se creó una especie de caja acorazada de 152 mm., protegida de posibles ataques, que constituía el hangar. Su construcción concluyó en 1940 en Belfast y un año después fue alcanzado mientras realizaba una misión a Malta. Se arreglaron los desperfectos y entró en servicio en el Pacífico, donde logró superar algunos las ofensivas de los kamikazes. Este portaaviones se desguazó en 1943. A diferencia de los portaaviones estadounidenses que llevaban la coraza abierta, los modelos británicos la llevaban cerrada para evitar mejor los ataques.
lugar
Localidad costera situada en la región de Normandía, al norte de Francia. Es famosa principalmente por la batalla que se desarrolló en sus cercanías durante la Guerra de los Cien Años, el 18 de abril de 1450. La derrota de los ingleses en dicha batalla supuso el final de su dominación en el norte de Francia. Actualmente su población no llega a los 300 habitantes. El monumento más destacado de Formigny es la iglesia de San Martín, levantada en el siglo XIV y con diferentes restauraciones hasta el siglo XIX. Lo más antiguo de la iglesia es la torre, de finales del siglo XIII o principios del XIV. La nave es un claro ejemplo de estilo arquitectónico románico. La fachada principal está decorada con la estatua de San Martín, de principios del siglo XVII, situada en un nicho.
Personaje Religioso
Natural de Roma, Formoso fue nombrado obispo de Porto, realizando importantes misiones diplomáticas en Francia y Bulgaria. En el año 891 accedía al solio pontificio donde se mantuvo hasta que una revuelta liderada por Juan VIII le destronaba y excomulgaba. Al poco tiempo Formoso era restaurado en su cargo, siendo el pontífice que coronaría emperador a Arnulfo en el año 896, participando abiertamente en las disputas dinásticas que se produjeron en estos momentos en Alemania.
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El epígrafe de Checa Cremades, que hemos adoptado, nos parece el que mejor define lo que es la jardinística europea del momento, que surge en estrecho contacto con las realizaciones manieristas italianas al efecto. Sobre ello no queremos dejar de hacer unas breves consideraciones, como fenómeno íntimamente relacionado con el hecho arquitectónico. Los jardines de la villa Medici en Pratolino (alrededores de Florencia), se constituyen en verdadero paradigma para la jardinística europea de fines del siglo XVI e inicios del XVII. Al respecto como en otros muchos sentidos, la labor teórica y práctica del ingeniero francés Salomón de Caus -prolongada hasta bien entrado el seiscientos por Isaac de Caus, presumiblemente su hijo- es fundamental. Su influyente libro "Les raisons de les forces mouvantes" (Frankfort, 1615), difunde por toda Europa, mediante excelentes grabados, las maravillas de Pratolino, con sus grutas, fuentes, ingenios mecánicos, etc. Exiliado voluntariamente de Francia -era protestante-, de Caus desarrolló una importante labor en Inglaterra y Alemania. En este último país, diseñó el famoso Hortus Palatinus (1614-1620) del castillo de Heidelberg, que también reprodujo en grabados de su libro. El acceso a estos jardines es una portada dórica donde los fustes de sus columnas semejan troncos de árboles, adquiriendo así la arquitectura un sentido naturalista directo. Los jardines franceses son acaso los de mayor independencia respecto a Italia. Según podemos colegir a través de los grabados de du Cerceau, se da una tendencia hacia una visión geométrica y racionalizada de la naturaleza, que desembocará en el jardín barroco francés del siglo XVII. De todos modos y en general, se sigue el modelo italiano, planteando una visión lúdica y esotérica de la naturaleza, en plenas coordenadas manieristas, con importantes ejemplos, como el citado de Heidelberg, los jardines de Hellbrun (alrededores de Salzburgo), o los ingleses de Richmond, Hatfield u Oxford, a caballo entre los siglos XVI y XVII. Todos los componentes del jardín manierista italiano, son desarrollados por los europeos: fuentes con sorprendentes juegos de agua, los laberintos, las pérgolas, las grutas, etc.; aquí la arquitectura rústica es ampliamente utilizada, como en la célebre Grotte des Pins (1543) que Francesco Primaticcio realizara en Fontainebleau. También en Fontainebleau hallamos la portada (hacia 1535) del denominado Jardín de Diana que, traduciendo a arquitectura los componentes lúdicos dominantes en el jardín manierista, nos presenta como soportes una suerte de cariátides a lo egipcio. El carácter escenográfico-festivo de esta portada nos sirve de pretexto para incidir sobre la idea del jardín como escenario adecuado para todo tipo de fiestas, torneos, ballets, etc., consustanciales al Manierismo como arte cortesano.
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Sus orígenes están en las corrientes racionalistas de la Ilustración e incluso podrían señalarse antecedentes mucho más lejanos, ya que muchos de estos planteamientos respondían a una larga tradición de la literatura utópica en el pensamiento occidental, que tuvo un momento de esplendor en el periodo renacentista (Moro, Campanella). Esta tradición racionalista, anterior a una verdadera experiencia de desequilibrios sociales que aún no se había producido, provocó la aparición de un buen número de teorizadores proto-socialistas ya durante el siglo XVIII. Mably y Morelly teorizan sobre sociedades comunistas ideales que se ponen como ejemplo de la futura organización social. Las propuestas eran irrealizables pero, por su misma radicalidad, podían considerarse revolucionarias, ya que no podrían llevarse a efecto sin una completa transformación de la realidad existente.Esta es la línea, en cualquier caso, de los socialismos utópicos (término acuñado por L. A. Blanqui en 1839, y del que K. Marx se apropiaría en el Manifiesto Comunista de 1848) que optaban por la presentación de una sociedad ideal basada en los principios del humanismo y la solidaridad. Los llamados socialistas utópicos solían coincidir en el rechazo de la empresa privada y de la libre competencia, en la medida en que empezaron a tomar conciencia de las desigualdades que podría generar, a la vez que procuraban arbitrar nuevas fórmulas para la distribución de beneficios.Un representante característico de esta corriente fue el británico Robert Owen, propietario de una industria en New Lanark (Escocia), en la que trató de mejorar las condiciones de vida de sus obreros a través de cooperativas, viviendas, escuelas y unos horarios adecuados. Al igual que Saint-Simon, estaba convencido de que el progreso científico y técnico proporcionaban los medios para conseguir el aumento de la producción capitalista, pero también para que fuera más humana.A partir de 1827 trató de llevar a la práctica sus ideas de una comunidad ideal en Estados Unidos, que parecía el único país en el que aún podría materializarse la utopía. Sin embargo, la colonia New Harmony, establecida en Indiana, resultó un fracaso y Owen derivó hacia el asociacionismo obrero. En 1834 organizó el Grand National Consolidated Trade Union y, ante el rotundo fracaso experimentado por el movimiento huelguístico de 1835, se dedicó a la organización de cooperativas de consumo que fueron organizadas por sus discípulos, los Pioneros de Rochdale, a partir de 1840. Otro nuevo intento de crear una colonia ideal (Harmony Hall, 1839-1845) culminó en un nuevo fracaso.El socialismo utópico francés fue de carácter más teórico que el británico. Saint-Simon hizo de la ciencia el principio rector de la sociedad y abogó por una sociedad tecnocrática para el desarrollo de la producción. Sus últimos escritos dieron pie a unas formulaciones religiosas que sus discípulos trataron de poner en práctica sin excesivo éxito.Charles Fourier fue también un arquetípico representante del socialismo utópico francés. Su experiencia de viajante de comercio le llevó a desarrollar una preocupación teórica por la organización social (Teoría de los cuatro movimientos, 1808) que hace girar en torno a la idea del falansterio, institución cooperativa en la que sus componentes podrían alternar trabajos según sus gustos, a la vez que se preveía un sistema equilibrado de reparto de beneficios. La década de los cuarenta contempló el intento de sus discípulos de poner en práctica estas ideas en diversos lugares (Estados Unidos, México, y también España). Del fracaso de Sebastián Abreu en Jerez (1842) pueden encontrarse ecos en la obra literaria de Fernán Caballero.Algunos de estos socialismos utópicos estuvieron originados por un contacto más directo de los autores con las condiciones de vida de las clases proletarias. Es el caso de Étienne Cabet cuyo Viaje a Icaria (1840) propone una solución comunista, inspirada en F. Babeuf, en la que desaparece la propiedad privada y se establece el reparto de los beneficios en función de las necesidades. Louis Blanc, un periodista, editor de la Revue de Progrès, se inclinó por las cooperativas de producción (La organización del trabajo, 1839; El derecho al trabajo, 1848) y subrayó el papel impulsor del Estado en la tarea de organización de los Talleres Sociales. La fórmula se puso en práctica tras el triunfo de la revolución de 1848, y generó graves tensiones sociales y políticas. De carácter más práctico que teórico son las aportaciones de Louis Auguste Blanqui en torno a la organización política obrera, o las ideas de Flora Tristán (La unión obrera, 1843) sobre una organización internacional de trabajadores. Todos ellos serán protagonistas de la revolución de 1848 y brindarán algunos de los conceptos teóricos que Karl Marx elaborará más tarde.Pierre-Joseph Proudhon era el único que procedía realmente de la clase obrera y había tenido una formación autodidacta, trabajando como tipógrafo. En 1840 provoca un enorme escándalo con la publicación de ¿Qué es la propiedad? ya que la califica de robo y origen de las miserias del género humano. Inició entonces una tarea de publicista que le llevó al enfrentamiento con Marx (Su Sistema de las contradicciones económicas o filosofa de la miseria, de 1846, provocó Las contradicciones de M. Proudhon o Miseria de la Filosofía, de Marx) que le censuró su espíritu pequeño-burgués. Su idea de llegar a la suplantación del Estado a través de la federación de cooperativas y sindicatos, le dio un carácter preanarquista que le convirtió en el auténtico rival del marxismo desde 1848. Su individualismo, en todo caso, era un tanto inoperante y nostálgico. "No queremos -había escrito- el gobierno del hombre por el hombre, ni la explotación del hombre por el hombre". Proudhon rechazaba todo tipo de socialización y nacionalizaciones, porque entendía que eran tan tiránicas como el propio Estado capitalista, pero su rechazo del Estado y de otras instituciones opresivas no iba acompañado de verdaderas propuestas efectivas para la implantación del nuevo orden que propugnaba.El pensamiento anarquista no adquiriría coherencia hasta que M. Bakunin fundase la Alianza Internacional de la Democracia Socialista en 1868 y le diese un verdadero sentido revolucionario. La base de apoyo de esta fuerza revolucionaria estaría en los jornaleros agrarios de la Europa oriental y mediterránea, y en la gran masa de obreros no especializados que afluían a las grandes ciudades.Bakunin era un noble ruso, que había conocido a Marx y a Proudhon en el París anterior a la revolución de 1848. Deportado a Siberia durante toda la década de los cincuenta, a la vez que era desposeído de su condición de noble, escapó en 1861 para dedicarse a las actividades revolucionarias. Sus procedimientos llevarían a un inevitable choque con Marx en el seno de la I Internacional.También hubo preocupación teórica por la situación de las clases trabajadoras desde los ambientes de inspiración cristiana. La vía elegida por algunos de esos reformadores sociales (Ph. Buchez en Francia, J. Maurice en Inglaterra, o el arzobispo von Ketteler en Renania) fueron las cooperativas de producción.Buchez, al que ha dedicado mucha atención F. Furet, rompió con su pasado sansimoniano y se empeñó en resolver el reto de Comte, tratando de reconciliar la religión con la ciencia a través de la revista L´Européen (1831-1832) desde la que propugnó una moral igualitaria basada en la religión cristiana. Entre 1834 y 1839 publica los cuarenta volúmenes de su Historia parlamentaria de la Revolución Francesa, en la que proporciona una interpretación socialista de la Revolución, aunque con una permanente clave cristiana. Por lo demás, esta preocupación social de inspiración cristiana derivará las más de las veces hacia las actividades simplemente caritativas (Ozanam, Sociedad de San Vicente de Paúl), con renuncia a cualquier planteamiento de reforma.