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El 4 de marzo de 1881 Renoir está en Argel junto a sus amigos Cordey, Lestringuez y Lhote. El mes de estancia en África será de gran importancia para el maestro ya que descubrirá una nueva luz y un colorido diferente al de Francia, realizando un buen número de paisajes y escenas cotidianas como esta fiesta que contemplamos. Renoir se había dejado seducir por lo oriental en las pinturas de Delacroix y ahora tenía la oportunidad de poder ver todo eso con sus propios ojos y plasmarlo en sus lienzos para crear unas escenas de gran belleza. La potente luz del norte de África ha sido captada de manera espectacular por Renoir, así como la agitación y la algarabía de la fiesta, utilizando para ello rápidas pinceladas y un vibrante y variado colorido en el que abundan los blancos y los rojos. Los rápidos trazos van configurando cada uno de los participantes en la fiesta mientras que para las construcciones del fondo emplea un modelado más acentuado, recordando los trabajos de su buen amigo Cézanne. Las sombras son coloreadas, como corresponde al impresionismo, así como la iluminación tomada directamente del natural. De esta manera, Renoir se sitúa en sintonía con Monet antes de llegar al momento de crisis que supondrá el periodo seco.
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Mattia Preti se hace eco en este lienzo de las enseñanzas tenebristas de Caravaggio, combinadas con la grandiosidad del barroco más clasicista. Deshecha el marco ajustado para la escena, con figuras rotundas que se vienen encima del espectador, para volcarse en un espacio mucho más amplio y de figuras más proporcionadas. También elude el dramatismo salvaje de Caravaggio con símbolos sutiles: la criada que trae la bandeja a Salomé no lleva la cabeza de San Juan Bautista, sino su cruz de cañas, el atributo del mártir. Sin embargo, sí que recurre plenamente a los recursos de iluminación de Caravaggio, dejando toda la escena en una gran oscuridad para destacar con un foco artificial y sesgado el rostro de la princesa y su busto, adornado con hermosas joyas. A su lado, Herodes parece presentar el trofeo que la bella pidió por su baile.