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Jan Steen no abandona su habitual sentido del humor ni su interés por la sociedad de su época para retratar uno de los momentos más importantes en la vida de una familia flamenca del siglo XVII: el nacimiento del primogénito varón. La escena es una vorágine de personajes, objetos y acciones, en cuyo centro destaca la orgullosa figura del padre con el pequeño en brazos, al que exhibe ante familiares y amigos. La fiesta del bautizo era la más importante, también llamada fiesta de cristianar, puesto que al pequeño se le introducía en la comunidad religiosa y era admitido como un miembro más. La esposa recién parida está en un rincón, cansada y atendida por las criadas en su cama. Al lado se ha preparado la mesa para los invitados. Ya está instalada la cuna y una de las mujeres de la casa está también encinta, con un abultado vientre que indica que pronto saldrá de cuentas. De entre todo el movimiento destacan dos puntos de atención: la criada de espaldas, con justillo y medias rojas, que inmediatamente atraen la mirada del espectador y la conducen al siguiente punto rojo, el bebé. Por otro lado, tenemos el maravilloso bodegón del ángulo inferior derecho, donde las tres mujeres preparan el banquete. Hay pan en alusión a la riqueza que trae un hijo al hogar, pero también cáscaras de huevos rotos, un símbolo de mortalidad: la muerte está presente incluso en el momento del nacimiento.
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Una vez asentado en Argenteuil desde 1872, Monet se integró en la vida del campo y representó la fiesta popular en este lienzo, alejada del ajetreo y bullicio de la fiesta urbana. Una fila de banderas tricolores y diversas construcciones festivas en la zona derecha aluden al carácter festivo del momento, así como el bullicio de la gente que se arremolina ante las casetas, tocados con sombreros negros los hombres y gorros blancos las mujeres. La técnica es tremendamente esbozada, realizando los diferentes elementos de la composición a través de rápidos y empastados toques de pincel, especialmente en el cielo donde podemos apreciar el movimiento parabólico de la pincelada. El tiempo es ligeramente nublado y eso se aprecia no sólo en el cielo sino en la sensación atmosférica que se crea y el empleo de colores fríos, así como la ausencia de sombras. Una vez más, Monet se interesa por recoger en sus obras sensaciones cromáticas y lumínicas, sin renunciar en este caso a representar la vida moderna de la misma manera que hacía Manet o sugería Courbet.
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A finales de la década de 1870 Pissarro pasó una temporada por la región de Pontoise; en Ermitage realizó diversas escenas como Huerto en Ermitage o esta bella imagen de tiendas en la fiesta del pueblo. El bullicio y la alegría de un día festivo casi se palpan en el ambiente, sin olvidar el pintor los aspectos impresionistas en los efectos lumínicos y atmosféricos. Pissarro sale a la calle para realizar esta composición directamente del natural, recogiendo la luz de ese momento concreto. Esa fuerte iluminación produce sombras coloreadas, preferentemente malvas, como se aprecia en los techos de las casetas o en la pared de la casa del fondo. La pincelada empleada es vigorosa, sin detenerse en detalles superfluos; muestra una impresión, una sensación, por lo que la pintura se hace más sentimental y recoge el estado del pintor.
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No es muy habitual que Turner incluya figuras en sus composiciones, gustando más del denominado paisaje puro. Sin embargo, algunas de sus obras -especialmente las mitológicas o inspiradas en leyendas clásicas- sí están animadas por figuras como esta escena veneciana pintada en los años centrales de la década de 1840. Si bien las figuras ocupan los laterales de la composición, el auténtico protagonista es el efecto atmosférico creado que envuelve todo el conjunto con una tonalidad grisácea reflejo de las nubes que encapotan el cielo. Resulta evidente que en estas últimas composiciones, Turner se interesa especialmente por efectos cromáticos, lumínicos y atmosféricos, dejando de lado aspectos superfluos como la minuciosidad o los detalles, dotando de una sensacional aureola de romanticismo a todos sus trabajos. Bien es cierto que buena parte de estas pinturas atmosféricas serán un excelente punto de referencia para los impresionistas, especialmente Monet.
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Esta escena podría representar una alusión al amor, al aparecer una joven cantando junto a dos hombres tocando instrumentos musicales. La música en el siglo XVII hacía referencia al amor por la seducción que produce. Además, las figuras están vestidas con ricos ropajes, por lo que no parece una escena de la vida cotidiana, incluso podría ser un prostíbulo de lujo al aparecer la anciana que sería la celestina. La manera de trabajar de Rembrandt ha seguido una ligera evolución con respecto a las obras realizadas anteriormente como la Escena Histórica, sobre todo por la pincelada algo más suelta. La fuerte luz penetra por la izquierda provocando interesantes contrastes de luz y sombra e iluminando la figura principal que es la cantante. En esto, igual que en el rico y variado colorido se aprecia la influencia de su maestro Pieter Lastman e indirectamente del italiano Caravaggio.Una de las zonas más llamativas del cuadro es el bodegón de libros que se observa en la parte baja, realizado con un gran detalle, a pesar de la pincelada suelta a la que se aludía anteriormente.
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Según las propias palabras de la artista surrealista gallega: "...Las fiestas populares en España son manifestaciones que giran con el año. Son una revelación pagana y expresan las discordias con el orden existente. En el arte popular, están las alternativas de España, las batallas de las dos corrientes contarrias y decisivas: el monstruo y la tragedia frente al hombre y el poder...".