La obra de Gaudí es conocida de una manera muy desigual. Unas -como la Casa Batlló o la Milà- por su evidente espectacularidad e inmejorable emplazamiento, son visitadas a diario por miles de personas, mientras que otras, ya sea por ubicarse salpicadas por la geografía urbana de Barcelona, o, quizá, por mantener, todavía, un uso privado, no tienen el mismo eco entre los visitantes que acuden a Cataluña para encontrarse con Gaudí. Son obras que pasan casi desapercibidas, pero que deben dejar de serlo, para que, todo aquel verdaderamente interesado en Gaudí, pueda llegar a tener un conocimiento más completo y racional de su obra. Gaudí ponía tanto interés en el diseño de una mirilla de puerta como en el de la torre de un campanario. Todos y cada uno de los elementos de una obra eran importantes para él porque todos estaban implicados en un proceso creativo-conceptual mucho más amplio que el mero diseño individual: el arte total, concepto básico para entender el trabajo del arquitecto y, por extensión, de la época del Modernismo. En esta ruta vamos a poder conocer los Pabellones y la verja de la Finca Güell, el Colegio de Teresianas, la Casa Calvet, la Finca Miralles, la Torre Bellesguard la Casa Vicens y el Palacio Güell.
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Durante su estancia en Burdeos, donde pasó exiliado sus últimos años, Goya comentó en alguna ocasión haber toreado en su juventud. Desconocemos la certeza de esa noticia pero sí es cierto la gran afición a la tauromaquia que manifestará el artista. No en balde, durante la convalecencia de la enfermedad que le dejó sordo en 1792 realizó una serie de escenas taurinas de la que El gayumbo forma parte, acompañando a Pase de capa o Suerte de matar. Un grupo de hombres sujeta a un toro por los cuernos con una larga cuerda mientras los perros de presa pelean con el bicho. Al fondo observamos una enorme cucaña con una multitud de figurillas observando el espectáculo. Las edificaciones de una ciudad cierran el espacio, creando un atractivo juego perspectívico. Goya intenta transmitir con este cuadro las diversiones de los españoles a fines del siglo XVIII, en ese ambiente festivo que caracteriza buena parte de sus cartones. Los toques de pincel con que ha aplicado el color son rápidos y ligeros, sin reparar en detalles superfluos para transmitir sensaciones ambientales a través de la luz.