El caso de Ulrico Schmidl La comparación de las fechas dadas por Schmidl con las de los documentos confirmaba este juicio. Las de los documentos, segurísimas, no eran las de Schmidl. Este, por tanto, se equivocaba en forma sistemática. Pues bien: un destacado estudioso paraguayo, matemático, arqueólogo, ingeniero y especialista en malaria, el doctor Vicente Pistillo S., ha podido comprobar que Schmidl no se equivocó en absoluto al darnos las fechas que consigna en su obra23. Utilizaba un calendario diferente al oficial, o sea, al que usamos en la actualidad. Notorio es que en la Edad Media y en tiempos modernos se emplearon, indistintamente, varios calendarios. Las fechas para iniciar el año cristiano eran varias. Había métodos cronológicos nacionales, provinciales y eclesiásticos. Los calendarios Julianos más usados fueron tres: el que empezaba cuando el sol tiene en apariencia su mayor diámetro; el que empezaba el día de la Encarnación, y el que tomaba como principio el día del nacimiento de Cristo. Groussac no ignoró estos hechos, pero no se le ocurrió aplicarlos a Schmidl. Según el primer calendario, Cristo es encarnado el 25 de marzo y nace el 25 de diciembre; según el segundo, Cristo es encarnado el primero de enero y nace el primero de octubre, y, según el tercero, Cristo es encarnado el primero de marzo y nace el primero de enero del año siguiente. Schmidl utilizó el calendario a nativitate. El ingeniero Pistilli S. demuestra que, para comprender la cronología de Schmidl, hay que sumar un año a la fecha oficial y restarle una semana. O sea: una fecha oficial coincidirá con la de Schmidl si se le agregan 358 días. Las fechas de Schmidl difieren de las oficiales en un año menos una semana. La fecha de San Bartolomé, por ejemplo, que se celebra el 24 de agosto, será, según Schmidl, el 17 de agosto, con un año menos de diferencia. El calendario Juliano a nativitate de Schmidl no es, por tanto, el nuestro. Ello explica las diferencias y demuestra que el lansquenete no era tan olvidadizo o ignorante como se suponía24. Otra observación respecto a Schmidl. Ella sirve para demostrar cómo los historiadores de la conquista del Río de la Plata, tan desdeñados por algunos autores, son, en cambio, dignos de la mayor confianza. Se ha dicho que Schmidl, en tantos años de permanencia en Paraguay, no aprendió a escribir correctamente una sola palabra española. Edmundo Wernicke ha probado, en su traducción, que los supuestos errores ortográficos de Schmidl no son tales. Schmidl utilizaba la letra i para dar el sonido sostenido a la primera sílaba y aun para acentuarla. Así escribía mesaina para decir mesana, cristali para que se leyera cristal, ainta para anta y agais para agás. Del mismo modo empleaba la e muda para que se leyera río cuando escribía rieo. En el idioma alemán, explicó Wernicke, los diptongos ei y ai suenan igualmente ai. Para escribir la palabra española raíz debía hacerlo Reise. Si hubiera escrito raíz se hubiera leído, en su idioma, reiz. Por ello, también, escribía meis z para que se leyera maíz. Si hubiera escrito así esta palabra habría sido leída en alemán maz. El ignorante no era Schmidl. Los ignorantes hemos sido nosotros25.
Busqueda de contenidos
contexto
No es posible, sin embargo, terminar estas rápidas observaciones sin volver sobre un caso excepcional bien estudiado sobre la marcha por sus propias víctimas, que revela hasta el extremo los horrores de la inanición. Se trata del hambre padecida por los holandeses, entre noviembre de 1944 y mayo de 1945, cuando las autoridades alemanas de ocupación cortaron todos los suministros a la zona occidental, en respuesta a la huelga de ferrocarriles desencadenada en septiembre contra el invasor. Después de la ocupación alemana en mayo de 1940, un 60 por 100 de la producción agraria holandesa se requisó y se suprimió toda importación de alimentos. A fuerza de aprovechar pastos para cultivar patatas y sacrificar pollos y cerdos, el Gobierno holandés consiguió mantener la distribución al nivel de unas 1.600-1.800 calorías diarias entre 1941 y 1944. No era el hambre todavía. El racionamiento procuraba atender las necesidades de cada uno, privilegiando a los que se empleaban en tareas de gran esfuerzo, a las mujeres y a los niños. En el invierno de 1944-45, al producirse el corte de suministros, la ración se redujo drásticamente hasta poco más de 600 calorías, que en enero de 1945 fue, también, la ración distribuida a los trabajadores. No obstante, se procuró al máximo seguir atendiendo especialmente a los niños y a las mujeres embarazadas y lactantes. La ciudad, como siempre, tropezó con penalidades mucho mayores para complementar por otros medios esta mínima ración. El frío contribuyó a las dificultades de distribución. Se racionó la remolacha azucarera, y hasta los bulbos de los tulipanes quedaron incluidos, en ocasiones, entre los artículos alimenticios. Desde la ciudad al campo, se caminaba ansiosamente a la busca de un puñado de patatas. Los más débiles murieron en las cunetas, a veces cuando volvían con su pobre hallazgo. La atención médica se volcó sobre el horror sufrido por los holandeses. La dieta, se dijo, no era insuficiente en vitaminas, sino en calorías. A pesar del racionamiento anterior hasta entonces, los médicos sólo habían observado pérdidas de peso y aumento -ligero- de la tuberculosis. Ahora, incluso, los trastornos mentales se multiplicaron, manifestándose en forma de apatía, indiferencia u obsesiones en torno a los alimentos. En enero del 45, al cuarto mes de escasez, entraron en los hospitales los primeros casos de edema de hambre, a veces hasta con hemorragias cutáneas, que pronto se multiplicaron. Pero tampoco los hospitales podían garantizarles una alimentación adecuada. Los médicos y las enfermeras contaban con una rebanada de pan para desayunar, dos patatas y un puñado de hortalizas para comer, y una o dos rebanadas de pan, un plato de sopa de remolacha y una taza de sucedáneo de café para cenar. Un mes más tarde, en febrero, los hospitales no podían hacerse cargo de los enfermos, y se limitaban a entregar una ración suplementaria de 400 gramos de pan y 500 de judías, junto con un poco de leche, a los más afectados, aquellos que habían perdido un 25 por 100 de su peso normal. Pronto se elevó al 33 por 100 el tope para la prestación de asistencia, pero entonces muchos enfermos morían en la calle sin llegar al hospital. Otros muchos esperaron su fin, debilitados, directamente en su cama. Destinada toda la grasa a la alimentación, dejó también de fabricarse el jabón. Tras muchos años, volvieron chinches y piojos, y reaparecieron también en el campo la disentería y las tifoideas. Trastornos en el comportamiento y en la convivencia social acompañaron lógicamente, a los horrores del hambre: hubo niños que murieron porque sus padres vendieron los cupones destinados al racionamiento infantil; y hubo adultos que murieron aplastados bajo los muros de las casas -abandonadas, para aprovechar mejor el calor de unas pocas viviendas- que se hallaban saqueando. Durante los seis primeros meses de 1945 en Amsterdam, Rotterdam, La Haya y Utrecht murieron cerca de 18.000 personas, de una población de dos millones en total. Al llegar la liberación, en mayo de 1945, los holandeses salieron con júbilo a las calles para recibir alimentos. Tal fuerza les guiaba que un observador, entonces poco afortunado, como el Times, todavía esperaba encontrar situaciones más horribles. Las perspectivas inmediatas que aguardaban a los europeos no eran halagüeñas.
obra
Las tendencias rococó son más evidentes en pintores como Sebastiano Ricci, aunque no olvidan nunca la lección de la pintura veneciana. Se trata de una mirada permanente a la propia gran tradición de Venecia, de Veronés a Luca Giordano, haciendo historia incluso con las imitaciones de las técnicas pictóricas del pasado. En El castigo del Amor, fresco que formaba parte de la decoración del techo del Palazzo Marucelli de Florencia, Ricci nos presenta a la muchacha llorando en primer plano por la que el pobre Amor es desplumado literalmente. Las figuras están pintadas con una perspectiva de "sotto in sù" destacando sus excelentes anatomías así como las tonalidades brillantes de las telas que ligeramente cubren sus desnudeces. El dinamismo de las figuras, especialmente el grupo de la zona superior, contrasta con la quietud del grupo inferior, a pesar de las posturas escorzadas que presentan. El resultado es una obra brillante que enlaza con la pintura barroca del siglo anterior.
obra
Esta imagen del castillo de Dolbadern, al norte de Gales, es significativa del primer estilo de Turner, al estar interesado por los colores oscuros, el dramatismo y lo imponente de los temas. El viaje realizado al norte de Gales en 1798 sirvió al pintor británico para tomar un buen número de bocetos y realizar acuarelas de la zona. Estos estudios se convertirán dos años después en cuadros al óleo, lienzos que pierden la frescura y la inmediatez de la imagen tomada del natural, dando paso a una escena salida de la imaginación del artista aunque exista un poso de realidad. Los paisajes del artista británico son siempre adornados con varias figuras que otorgan mayor alegría y dinamismo a la composición, haciendo reflexionar al espectador sobre la grandeza de la naturaleza en relación con el ser humano, mostrando así una de las primeras lecciones de ecología y vinculándose directamente con el pensamiento romántico que también mostrará Friedrich. Los juegos de luz y sombra son muy apreciados por Turner; quizá sea ésta la causa de su posterior interés por Rembrandt. El cuadro fue expuesto en la Royal Academy de Londres en 1800 y regalado dos años después por Turner a la institución al ser elegido miembro de la Academia.
video
En la villa vallisoletana de Medina del Campo se alza uno de los castillos más importantes de Castilla. Recibe el nombre de castillo de la Mota por estar situado sobre una pequeña elevación del terreno, lo que hace aún más señorial su figura. Castillo de remoto origen, Alfonso VIII procedió a su reconstrucción y los Reyes Católicos a su renovación, siendo también blasonado por éstos. La fortaleza consta de dos recintos. El exterior está constituido por la barbacana que rodea todo el perímetro. Se accede por un puente levadizo defendido por torres cilíndricas. El siguiente espacio es el patio de armas, que da paso al recinto interior. Este ámbito está constituido por un patio cuadrado, rodeado de cuatro torres. Aquí se disponían las dependencias del castillo. La Torre del Homenaje domina el conjunto. Se trata de la más alta de Castilla, con 40 metros, dos garitones y coronada por un balconcillo con almenas. Fue construida en el siglo XV. En este castillo se produjeron importantes hechos de la historia de España. Aquí residió durante una temporada la reina Juana de Castilla, antes de convertirse en prisión, por donde pasaron ilustres personajes como Hernando Pizarro, don Rodrigo Calderón, el duque Fernando de Calabria, César Borgia o el conde de Aranda. Y es en este castillo donde fallece la reina Isabel la Católica en el año 1504.
obra
En 1840 Turner visitó varios países europeos, entre ellos Alemania. Tuvo interés por conocer el castillo de Rosenau, residencia habitual del príncipe Alberto de Coburgo, en aquellos momentos esposo de la reina Victoria I de Inglaterra. esta imagen que contemplamos fue realizada a su regreso a Londres para lo que utilizaría bocetos tomados directamente del natural, práctica habitual en el maestro británico aunque posteriormente la naturaleza fuera distorsionada por su fantasía en los lienzos definitivos. Esta es una de las razones por las que sus paisajes presentan grandes dosis de romanticismo. Simepre interesado por las atmósferas, el maestro londinense nos presenta una vista preciosa de los alrededores del castillo con el sol semioculto por las nubes pero iluminando con su dorada luz toda la campiña y reflejándose en las cristalinas aguas del río. Pero curiosamente, el castillo casi desaparece envuelto en la potente luz solar. Los colores claros utilizados convierten la imagen más alegre y placentera, a lo que también contribuyen las figurillas que contemplamos en primer plano y las que aparecen más difuminadas, tras las primeras.