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La Conferencia de Teherán, en la que se reunían por primera vez Roosevelt, Stalin y Churchill, acabó por definir y perfilar el asalto a la Fortaleza europea mediante la invasión de Francia, continuando la labor de dirección estratégica iniciada en las conferencias de Washinton (mayo 1943) y Québec (agosto 1943). La discusión se centró en la cuestión del "segundo frente", suscitada vivamente por Stalin desde hacía tiempo para aflojar la presión alemana en el frente oriental. Previendo ya la victoria final de los aliados, Stalin expuso sus reivindicaciones territoriales en Polonia para cuando acabase el conflicto. Para apoyar la invasión de Francia por la costa de Normandía -"Operación Overlord"-, se aprobó finalmente un plan norteamericano, según el cual habría de producirse un segundo desembarco en el sur del país -"Operación Dragoon"-.
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El asalto a la Fortaleza europea, planteado por vez primera en la Conferencia de Casablanca de enero de 1943, fue perfilado en la siguiente Conferencia (Washington, mayo de 1943) y luego definido definitivamente en la de Québec (agosto 1943). A pesar de las quejas de MacArthur por la carencia de barcos de guerra en el Pacífico, Rossevelt y Churchill decidieron, en la Conferencia de Washington, concentrar el esfuerzo de guerra en Europa, donde, después de los exítos obtenidos en Sicilia, se esperaba desembarcar en Italia y formar un Ejército norteamericano en Gran Bretaña para afrontar la invasión de Francia, inicialmente fijada para el 1 de mayo de 1944. Además, en la Conferencia, se designaron los objetivos de los bombardeos estratégicos en suelo alemán. Por otro lado, se discutió en detalle la estrategia de la guerra en el Pacífico, según la cual los británicos habrían de emprender una ofensiva limitada en Birmania y los norteamericanos dieron un giro a su estrategia en China, aminorando su apoyo a Chian-Kai-Chek e intensificando las operaciones aéreas.
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Denominada en clave "Argonauta", entre el 4 y el 11 de febrero de 1945 se desarrolló la segunda Conferencia interaliada en la que se encuentran los tres grandes líderes: Stalin, Roosevelt y Churchill. Los acuerdos que se adoptaron fueron encaminados, dada la cercanía de una victoria aliada sobre Alemania y Japón, a organizar la posterior posguerra. Así, se estableció el reparto de las zonas de ocupación de Alemania, continuando con los trabajos de la Comisión Consultiva Europea y se acordó un principio de compromiso sobre la composición y el peso político en las votaciones de las Naciones Unidas, a pesar de la petición de Stalin de que fueran aceptadas en la ONU como miembros las 16 repúblicas soviéticas. Finalmente, Roosevelt y Churchill admitieron que formasen parte de la ONU sólo Bielorrusia y Ucrania. Otra disposición aceptada fue el establecimiento del derecho de veto para los miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Sin embargo, quedaron sin solucionar cuestiones como el reparto de Polonia o las persistentes diferencias entre los aliados sobre política europea. Por último, Stalin firmó un protocolo secreto según el cual, apenas firmada la capitulación alemana, la URSS declararía la guerra a Japón.
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Palmaroli pasará los veranos en la localidad costera de Trouville, lugar de moda entre la burguesía parisina. Allí surgirán sus cuadritos de playa siendo la Confesión el mejor de los que pintó. En el lienzo aparecen un hombre y una mujer en la playa, sentados en unos sillones de mimbre, manteniendo un romance, al que alude al título del cuadro. El joven es Vicente Palmaroli Reboulet, hijo del pintor, a la edad de catorce años, vestido con un traje oscuro que supone la única nota diferente en esta suave melodía de tonalidades claras. Palmaroli hace gala de una atractiva perspectiva obtenida a través de la disposición de objetos en profundidad, cerrando el conjunto con el horizonte en la lejanía. Pero la nota más destacada del trabajo será la luminosidad y el realismo con que trata el tema, empleando una pincelada rápida y detallista que recuerda las obras de Fortuny, envolviendo el asunto en un ambiente romántico muy admirado por la burguesía decimonónica. El lienzo fue adquirido en 1931 por el protagonista de la escena por 1.000 pesetas, donándolo a su muerte al Museo del Prado.
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Giotto vuelve a escenificar un milagro de la vida de San Francisco para una de las últimas escenas del ciclo narrativo de Asís. La mujer de Benevento había muerto en pecado. Será el santo el que la resucitará para que confiese, tras lo cual la mujer vuelve a morir. El espacio está constituido de forma similar a la escena de La curación del hombre de Lérida, con la estructuración a partir de la misma caja espacial de interior, con elementos arquitectónicos de medidas estilizadas. Sobre el fondo del muro final, en tonalidades amarillas, se recortan las gamas verdosas de las túnicas, la mujer de Benevento y la ropa de cama. La mujer aparece incorporada de su lecho confesando su pecado a un clérigo, que la escucha atento. A ambos lados de la cama, los ejes verticales de algunos personajes que asisten al acontecimiento. Tras la muerte-resurrección-muerte de la anciana, un demonio huye confundido sobrevolando la habitación. En el extremo superior izquierdo, el santo se presenta en escorzo, arrodillado ante Dios Padre, sobre el fondo del cielo. Posiblemente, ésta sea la única participación de Giotto en toda la escena.
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La fábrica de caramelos británica J.& E. Bella encargó a Toulouse-Lautrec este cartel para publicidad de sus productos. La joven que protagoniza la composición porta la sonrisa de Jeanne Grenier, obteniendo Lautrec como resultado una de sus obras más innovadoras al combinar eficazmente la seguridad de la línea y el color, creando incluso un cierto aspecto vaporoso gracias a la tinta espolvoreada.
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Los pintores prerrafaelitas reaccionaron contra el arte académico, interesado por la temática de paisaje y los retratos, introduciendo referencias morales y sociales derivadas de la nueva sociedad creada en Inglaterra tras la Revolución Industrial. En esta ocasión, Millais nos muestra un hecho bastante habitual en aquellos tiempos: un padre solicita a su hija que le haga entrega de la carta que acaba de recibir del cartero, mostrándose la muchacha reacia a la entrega por considerar que se trata de su correspondencia privada. Esta es la razón del título del lienzo: Confía en mí. La escena tiene lugar en el interior de una casa de la aristocracia, vistiendo ambos modelos elegantes trajes y presentando una mesa con el servicio del té. Los gestos y las expresiones de los modelos indican la facilidad del pintor a la hora de hacer retratos. Millais se presenta como un artista interesado por los detalles tanto de los objetos que hay sobre la mesa como de las calidades de los vestidos, prestando atención a lo anecdótico y lo cotidiano.
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Entre los impresionistas Renoir será el pintor de la figura humana, interesándose especialmente por escenas intimistas en las que recoge retazos de la vida cotidiana del París decimonónico. Este es un bello ejemplo para el que posaron las modelos Eva y Laurenzie, más conocida como "la polaca". Las dos figuras están al aire libre, bañadas por la brillante luz, fundiéndose con el entorno de la naturaleza que las rodea. Las pinceladas son rápidas y empastadas, creando una sensación de abocetamiento habitual en la pintura impresionista. Las tonalidades apagadas dominan el conjunto, contrastando con los blancos de cuellos, puños y adornos.