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acepcion
Escuela China de pensamiento que recoge un conjunto de normas morales, políticas y religiosas, fundadas por Confucio en el siglo V a. C. Esta doctrina, practicada por chinos y japoneses, se convirtió en religión del estado chino en el siglo II a.C. Entre los seguidores más directos de Confucio hay que destacar a Mencio y Xunzi.
contexto
A las 10,30 de la noche del domingo 8 de febrero los centinelas de la XXII brigada australiana dieron la alarma. Sus líneas telefónicas estaban cortadas por el continuo fuego artillero que habían soportado durante 18 horas ininterrumpidas y por los bombardeos de la aviación japonesa, con lo que no pudieron contar con el apoyo de la artillería propia, ni con las baterías de focos que habían logrado instalar. Disparando desde muy corta distancia contra las sombras que comenzaban a moverse por la playa y cargando contra ellas a la bayoneta consiguieron aniquilar a la primera oleada japonesa, pero la segunda logró formar ya una cabeza de puente y los pequeños grupos de combate japoneses, eludiendo las posiciones australianas, comenzaron a infiltrarse entre las unidades de la XXII brigada, tomándolas por detrás o de flanco, dislocando su sistema defensivo y haciéndolas pelear en tal confusión que a la mañana del día siguiente esa brigada había desaparecido como unidad de combate. Sus hombres, en total desorden, habían retrocedido hasta el punto de que el lunes se les podía hallar en Bukit Timah (a 20 kilómetros de la costa) y hasta en la ciudad de Singapur (a 30 kilómetros). Desde la torre del palacio del sultán de Johore, donde había instalado su cuartel general, Yamashita podía seguir cómodamente las evoluciones de sus hombres. Unos 4.000 operaban ya en la isla y atacaban el aeródromo de Tengah, a unos 8 kilómetros de la costa, mientras un enjambre de pequeñas embarcaciones seguían transportado tropas y material a la otra orilla. Al caer el día, las tropas australianas se habían retirado hasta un buen escalón de defensa, la denominada línea Jurong, que se apoyaba en los ríos Jurong y Kranji. Clave para la defensa de estas posiciones era que los japoneses no lograsen desembarcar en la orilla este del Kranji. Los australianos defendieron con tesón ese punto y los japoneses hubieron de desistir en sus ataques, esperando encontrar puntos más débiles en las defensas de la línea. Sin embargo, nunca pudieron averiguarse los motivos, los australianos abandonaron sus posiciones en la madrugada del día 10 y toda la línea Jurong se desplomó en esa jornada. Los críticos militares, aunque no responsabilicen a Percival de estos desastres, le reprochan su tozudez de seguir esperando un ataque al este de la calzada y de mantener inactivas a dos divisiones que, al menos teóricamente, estaban en situación de aplastar a los japoneses. Ya poco quedaba por defender. Los japoneses se habían adueñado de casi toda la zona australiana y contaban ya con ambos lados de la calzada, con lo que repararon rápidamente el tramo destruido y comenzaron a meter por ella sus unidades blindadas. Los 14 aparatos británicos que aún volaban (8 Hurricanes y 6 anticuados Búfalos) recibieron la orden de abandonar la isla puesto que los cuatro aeropuertos o estaban en manos japonesas o inservibles por hallarse bajo el fuego de la artillería japonesa. Las divisiones 111? y 18? se replegaron hacia Singapur. Los japoneses avanzaban ahora lentamente, tanteando las nuevas posiciones inglesas y avasallando aquellas más débiles. La verdad es que la defensa, salvo casos esporádicos como el de la I? Brigada malaya, que resistió en sus posiciones de Pasir Penjang hasta el último hombre, no era muy dura. Sin aviación ni carros y bajo un continuo fuego artillero y aéreo, las tropas británicas tenían la moral por los suelos y sus jefes empeñados en entender todas las órdenes al revés. El día 13 Yamashita envió un mensaje a Percival invitándole a rendirse. Como éste no respondiera, pues tenía la orden de defenderse incluso dentro del perímetro urbano, los japoneses cañonearon y bombardearon la ciudad con más furia que nunca, al tiempo que su infantería atacaba con ferocidad en el sur, alcanzando los arrabales de la ciudad y cometiendo una injustificable masacre entre el personal médico y los pacientes del Hospital Militar de Alejandra. El día 14, aunque los japoneses hubieran mermado la intensidad de su ataque, sobre todo el artillero, la situación de Singapur era límite. Los japoneses dominaban todos los embalses de la isla y el suministro de agua a la ciudad dependía ya únicamente de la estación de bombeo de Woodleigh, situada a menos de 800 metros de las posiciones japonesas, cuya agua se perdía en buena parte por las numerosas roturas que los bombardeos habían ocasionado en las cañerías. El domingo, día 15, por la mañana, Percival reunió a los generales y autoridades de la isla y en 20 minutos, tras un análisis de la situación, con "silenciosa amargura decidimos rendirnos", según palabras textuales del general australiano Gordon Bennett. Por la tarde, el general Percival, acompañado por tres oficiales de su estado mayor, enarbolando una bandera británica y otra blanca, llegaron a las líneas japonesas. Fueron conducidos hasta los locales de la casa Ford, donde funcionaba el estado mayor japonés, y se les invitó a sentarse en una larga mesa. Minutos después apareció Yamashita: "El ejército japonés no tendrá en cuenta sino una rendición sin condiciones a las 10 de la noche hora de Tokio" (8,30 h. en Singapur). Percival trató de ganar tiempo, de negociar una salida mejor que la rendición incondicional, pero el japonés se mostró inflexible: "¿aceptan ustedes nuestras condiciones? ¿Sí o no? Las cosas hay que hacerlas rápidamente o, de lo contrario, reanudaremos el fuego". Percival hundido, firmó. Eran las 8,10 de la tarde del 15 de febrero. Había terminado la lucha en Malasia, sin duda la peor derrota sufrida por el Imperio Británico en toda la II Guerra Mundial. El balance era estremecedor: 138.708 bajas entre muertos, heridos y prisioneros, mientras que los japoneses contabilizaban 9.824 bajas. Londres había perdido más de 250 aviones, 2 acorazados -Prince of Wales y Repulse-, más de 1.000 piezas de artillería, más de 100.000 toneladas de combustible y las materias primas estratégicas de Malasia. Churchill, abrumado, diría: "éste será uno de los mayores escándalos que podrán jamás conocerse". Mientras, en Tokio, el jefe del gabinete general Tojo, declararía ante el Parlamento: "La conquista de Singapur, equivale a la conquista de todas las bases británicas y norteamericanas de Asia Oriental". El general Percival, pese a sus errores, fue disculpado, tanto que después de su liberación estuvo entre los invitados de primera fila a la ceremonia de rendición del Japón. Según James Leasor (Singapur, la batalla que cambió al mundo) la poca fortuna y las equivocaciones de Percival se debieron a "dirigir un ejército mal equipado y mal entrenado, que carecía en absoluto de moral y que se encontraba en un país para cuya defensa los ineptos políticos de preguerra habían descuidado pagar la póliza de seguros".
termino
obra
acepcion
Bloque de jade, cuya función todavía sigue siendo un misterio, aunque, como en el caso del Bi, se cree que era empleado en los rituales durante el neolítico en China. Tenía forma de prisma, su base era cuadrangular, y en su interior estaba perforado. En esta pieza solían grabarse imágenes antropomorfas y zoomorfas. Durante las dinastías Song, Ming y Qing este objeto se volvió a reproducir en otros materiales.
contexto
Entre el fracaso de Orleans (1429) y 1435 se dieron pasos decisivos hacia la definitiva derrota inglesa. Inglaterra empezó a acusar el enorme esfuerzo bélico que suponía mantener la guerra en el continente y el control sobre territorios cada vez más hostiles. Ni los golpes de efecto de la ejecución de Juana de Arco ni la coronación de Enrique VI (1431) fueron revulsivos suficientes para los anglo-borgoñones. Con todo, el desenlace final del conflicto quedó en manos de Felipe el Bueno, que comenzó a deslizarse hacia un Carlos VII consciente de que sin Borgoña no podría derrotar a Inglaterra. Durante esos años en ambas cortes maduró la posibilidad de un acercamiento franco-borgoñón. En 1435 murió el duque de Bedford, regente inglés, acelerándose unos acontecimientos que harían decisivo ese año. El mutuo acercamiento de armagnacs y borgoñones culminó en el gran Congreso de Arras (agosto-1435), clave en el desenlace del conflicto. Felipe el Bueno rompió su tradicional alianza con Inglaterra a cambio de una fuerte compensación económica y de la práctica independencia política de Borgoña. A cambio de estas duras condiciones Carlos VII destruía el bloque anglo-borgoñón y era reconocido como único rey por el primer noble de Francia. Los tratados de Arras remataron la liquidación de la Doble Monarquía. Consecuencia de la alianza franco-borgoñona fue la entrada de las tropas francesas en París en abril de 1436. Carlos VII se cuidó de no repetir errores pasados y propició una política de reconciliación que culminó con la inteligente fusión de los órganos de gobierno del París borgoñón y de la corte de Bourges. La reacción inglesa se produjo en Normandía y Guyena, pero fue frenada sin dificultades. Entre 1436 y 1440 el agotamiento en ambos bandos y la incapacidad para negociar llevaron la guerra a un estancamiento. Sin embargo, el poder efectivo de los contendientes quedó patente en 1440 al estallar la revuelta nobiliaria de la "Praguerie" contra el autoritarismo de Carlos VII. El rey aplastó a los nobles levantiscos, demostrando que la monarquía francesa había perdido la debilidad de otros tiempos. Los ingleses, que apoyaron la revuelta, fueron incapaces de obtener ningún beneficio. Para afianzarse en el trono, Carlos VII logró que Inglaterra aceptara las treguas de Tours (1444), en las que su presencia fue reducida a Normandía y Gascuña. Las treguas de Tours (1444-1450) proporcionaron un respiro que franceses e ingleses no aprovecharon de igual forma. Inglaterra vivió un periodo de inestabilidad por las disputes nobiliarias entre el duque de Gloucester y el conde de Suffolk. Por el contrario, Carlos VII continuó el fortalecimiento de su poder. Sometida la nobleza, entre 1445 y 1448 llevó a cabo una eficaz reorganización del ejército real. Tras acabar con las bandas mercenarias y descontroladas de "écorcheurs" que azotaban el reino, promulgó la Gran y Pequeña Ordenanzas (1445), por las que se creaba un ejército pequeño y eficaz al servicio exclusivo del rey. En 1448 creó los cuerpos de "francs-archers", exentos y reclutados por parroquias y, finalmente, organizó un poderoso parque de artillería. Con ello completó la creación de una poderosa maquina militar de caracteres modernos que daría la victoria definitiva a la monarquía francesa. Las treguas de Tours tampoco fueron duraderas. Inglaterra no quería hacer concesiones y Carlos VII, cada vez más fuerte, tenía la victoria a su alcance. En 1449 se reinició la guerra. Desde esa fecha hasta el final oficioso del conflicto (1453), la Francia de Carlos VII abordó una autentica guerra nacional de liberación del territorio que se desarrolló de triunfo en triunfo. La ofensiva francesa se lanzó primero en Normandía, donde el ejército creado por Carlos VII tomó una a una las ciudades normandas defendidas por pequeñas guarniciones inglesas encastilladas por temor a la población. Enrique VI hizo un último esfuerzo y envió un pequeño ejército a Cherburgo, pero las tropas de Carlos VII derrotaron a los ingleses en la batalla de Formigny (15-abril-1450), poniendo fin a la presencia inglesa en Normandía. A continuación Carlos VII dirigió sus tropas contra Guyena, más difícil de conquistar por la secular presencia inglesa en la región. Inglaterra estaba prevenida, pero el estallido de la revuelta de Jack Cade debilitó aún más sus fuerzas. Entre octubre de 1450 y junio de 1451 la artillería francesa fue rindiendo las principales plazas de la región. La operación culminó con las conquistas de Burdeos (23-junio) y Bayona (15-agosto). La anglofilia de la población gascona tras siglos de dominio inglés y la represión francesa provocaron una rebelión en Burdeos (octubre-1452) y la consiguiente recuperación inglesa de la ciudad. En 1453 fue enviado a Guyena un último ejército inglés de socorro al mando del capitán John Talbot. Sin embargo, fue derrotado por los franceses en Castillon (17-julio). Esta batalla ha sido considerada tradicionalmente el punto final de la Guerra de los Cien Años. La ulterior reacción inglesa fue abortada al estallar la guerra civil de las Dos Rosas. El 19 de octubre de 1453 el ejército de Carlos VII el Victorioso recuperó definitivamente Burdeos. La presencia inglesa en el continente quedó reducida a Calais, perdida finalmente en 1558.
museo
Edificio de estilo neoclásico construido entre 1843 y 1850, obra del arquitecto Narciso Pascual y Colomer. Alberga en su interior numerosas salas de interés como el Salón de Conferencias, la Sala de Columnas, los Escritorios del Reloj y de la Constitución, el Hemiciclo, etc. Este último, la sala más célebre, está presidido por un gran tapiz con el escudo de España bajo dosel, flanquedo por dos esculturas de mármol de Carrara que representan a Isabel la Católica y Fernando el Católico, obras de José Panucci y Andrés Rodríguez respectivamente. Entre los tesoros de la colección de obras de arte que guarda el Congreso destacan los cuadros de historia.
obra
En el edificio del Congreso de los Diputados, Pascual y Colomer usa un lenguaje quattrocentista en el exterior, enfatizando la fachada principal con un pórtico a la manera clásica.