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Asiay Africa

Desarrollo


Dos reinos entre el África central y la meridional, el del Congo y el de Monomotapa, son los más conocidos del pueblo bantú. Cuando los portugueses llegaron en 1432 al Zaire, ya hacía siglo y medio que en el curso inferior del río Congo (llamado por los nativos Nzaïdi, y después transformado en Zaire) existía un gran reino, fundado por un personaje llamado Nimia Loukéni, procedente del Este. Una serie de circunstancias hicieron que se incorporasen diversos territorios al nuevo Estado cuya principal ciudad tenía por nombre Congo. El rey tomó el título de Mani-Congo, o sea señor del Congo. En su momento de mayor expansión en los siglos XV y XVI el reino se extendía del Bajo Congo al Norte, al río Kwanza al Sur y del valle del río Kwango al Este, hasta la costa atlántica. Seis fueron las provincias tradicionales, de las cuales las más importantes eran la Nsoundi al Norte y Mbamba al Sur. El descubridor portugués Diego Cao estableció pronto relaciones comerciales con dicho reino, llevando una legación negra a Lisboa en donde fueron tratados con todos los honores y recibieron el bautismo, con ello se había iniciado en 1491 una breve luna de miel entre el Reino del Congo y Portugal, que culminó con el bautismo de la propia capital Mbanza Congo que tomó el nombre de Salvador, y del propio rey, aunque muy pronto éste volvió a sus antiguas creencias. Muy pronto dentro de la sociedad congoleña se enfrentaron los partidarios de las creencias tradicionales, encabezados por el rey Mpanzou, y los partidarios del Cristianismo mandados por el príncipe Nzinga Memba, el cual vencedor tomo el nombre cristiano de Alfonso I (1506-1543), iniciándose un largo periodo de cambiantes relaciones con los portugueses.

El Congo no fue un reino hereditario, ya que todos los parientes próximos al rey podían aspirar al trono, y era el rey quien antes de morir nombraba a su heredero o en su defecto era nombrado por un consejo electoral compuesto por tres miembros. El Congo era un reino rico cuyas bases económicas eran la pesca, la piel y el marfil de los elefantes, y la extracción de aceite, vino y vinagre de las palmeras. Sus tejedores tenían fama por lo bien que trabajaban las hojas de rafia y de las palmeras, así como por la elaboración de una esteras muy coloristas. Los primeros europeos consideraron a la sociedad del Congo muy refinada, sobre todo por su suave música de laúd, según escribe Pigafetta.

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