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Hiroshima L2

Desarrollo


A comienzos de los años sesenta, un distinguido historiador norteamericano, Lloyd C. Gardner, observaba que en la bibliografía sobre la Segunda Guerra Mundial había escasa preocupación por analizar el peso de los factores económicos en el conflicto y lo atribuía a una reacción contra los excesos del determinismo económico en la historiografía. Veinte años más tarde, tal afirmación no podría realizarse. La renovación de planteamientos metodológicos permitía desarrollar una percepción mucho más afinada del papel que el sustrato económico desempeñó en la conducción de la política internacional durante el segundo conflicto mundial. Aquí, sólo se hará referencia a un aspecto concreto con él relacionado: los esfuerzos realizados durante la guerra para establecer un ordenamiento económico posbélico que se extendiera a la mayor parte de la economía occidental. Aunque no todos los esfuerzos florecieron, cabe señalar que de no haber sido por ellos (y por la reorientación de la política económica internacional norteamericana que llevó al Plan Marshall) el mundo de la posguerra hubiera sido muy diferente. Todavía hoy la escena económica mundial está influida por las consecuencias de aquellos planteamientos. Uno de los aspectos en que la Segunda Guerra Mundial demostró ser diferente a la primera fue en la existencia de una cuidadosa planeación para configurar las relaciones económicas internacionales en el período posterior al conflicto bélico.

Quizá el término planeación evoque una estructura de reglas y principios imperativos que encorseten la actuación de los agentes económicos. Pero no se emplea aquí en tal acepción. La planeación aspiraba a crear un orden convenido (es decir, pactado) que estableciese los principios generales a que deberían atenerse las transacciones económicas internacionales, es decir, entre espacios económicos sometidos a soberanías distintas. Este orden se institucionalizaría orgánicamente, en cuanto que descansaría en agencias especializadas con capacidad de intervención y vigilancia. Sería, por último, un orden multilateralizado, en el cual participarían los países que lo desearan y estuviesen dispuestos a seguir principios y reglas que fuesen patrones del buen comportamiento y de la cooperación de los agentes que actúan en la escena económica internacional. La combinación de estas tres características (orden convenido, institucionalizado y multilateralizado) fue una innovación extremadamente importante en la historia y economía mundiales.

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