La figura de Frans Hals se sitúa entre los mejores retratistas de su tiempo. Tomando como modelo las obras de Tiziano y Rubens, se interesará especialmente por captar la personalidad de su modelo, de tal manera que el espectador nunca se queda impasible ante el cuadro, captando la psicología de la persona que posa para él. Esta característica que define los trabajos del maestro de Amberes la podemos apreciar claramente en este retrato que contemplamos. La disposición de la gran figura en primer plano, ante un fondo neutro -en el que podemos observar su escudo de armas y la leyenda en letras capitales "AETAT SVAE 36 ANN?1634"- recibiendo un potente foco de luz desde la izquierda para proyectar la sombra en la pared. Teileman viste un austero traje negro, siguiendo la moda de la época, adornado con una amplia gola y puños de encaje. Su mano derecha se apoya en la cadera mientras que la izquierda se presenta enguantada. Pero donde está el verdadero interés del retrato es en el rostro, dirigiendo su potente mirada al espectador y resaltando la dureza del gesto, mostrando el alma de este personaje. Las pinceladas son más rápidas que en los retratos de grupo, interesándose por los detalles y las calidades de las telas, aunque en el fondo apreciamos ese toque nervioso que caracteriza su etapa madura. La tela fue adquirida en Viena en 1872 por el barón Rostchild, siendo confiscada por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial; en 1947 fue devuelta a sus propietarios que la donaron a su sede actual.
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No estaba el gobernador Ovando en la ciudad cuando llegó Cortés a Santo Domingo, pero un secretario suyo, que se llamaba Medina, lo hospedó e informó del estado de la isla y de lo que debía hacer. Le aconsejó que avencindase allí, y que le darían una caballería, que es un solar para casa, y algunas tierras para labrar. Cortés, que pensaba llegar y cargar de oro, tuvo en poco aquello, diciendo que prefería ir a recoger oro. Medina le dijo que lo pensase mejor, pues el hallar oro era dicha y trabajo. Volvió el gobernador, y fue Cortés a besarle las manos y a darle cuenta de su venida y de las cosas de Extremadura, y se quedó allí por lo que Ovando le dijo; y al poco tiempo se fue a la guerra que hacía Diego Velázquez en Aniguaiagua, Buacaiarima y otras provincias que aún no estaban pacificadas, con el alzamiento de Anacoina, una gran señora, viuda. Le dio Ovando algunos indios en tierra del Daiguao, y la escribanía del ayuntamiento de Azua, una villa que había fundado, donde vivió Cortes cinco o seis años, y se dedicó a granjerías. Quiso entonces pasar a Veragua, que tenía fama de riquísima, con Diego de Nicuesa, y no pudo, por una postema que se le hizo en la corva derecha, la cual le dio la vida, o al menos le quitó de muchos trabajos y peligros que pasaron los que allá fueron, según en la historia contamos.
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El hecho de que cada vez fueran más las personas que gozaban de una cierta prosperidad material y dispusieran de tiempo libre, hizo que las diversiones perdieran el carácter elitista que habían tenido hasta entonces. La música ofreció amplias posibilidades en ese sentido, por lo que se propagó tanto su práctica (pianos fabricados por Henry Steinway) como la asistencia a conciertos. Los conciertos populares se organizaron establemente en las grandes ciudades europeas y algunos músicos, como Mendelssohn (que hizo diez giras por Inglaterra), tuvieron una gran aceptación ante amplios auditorios. Los festivales Handel, que se celebraron en el Crystal Palace londinense desde 1862, atrajeron audiencias superiores a las setenta mil personas. Este público, por lo demás, huía de los solemnes planteamientos dramáticos de la música neoclásica, y prefería una música festiva o la expresión de sentimientos más cercanos a la nueva sociedad. Eso explica el éxito, en el París del segundo Imperio, de las casi cien operetas dejadas por el renano Jacques Offenbach, que tanto contrastaban con la artificiosidad del prusiano G. Meyerbeer. En la misma línea del gusto popular habría que aludir al éxito de las óperas de Ch. Gounod, G. Bizet o G. Verdi. Por otra parte, las décadas centrales de siglo presencian el desarrollo de deportes entre las clases medias que tienen unas características muy diversas a las tradicionales distracciones de las clases aristocráticas (caza, carreras, luchas de animales), que aún tenían mucho atractivo sobre las clases populares. Los nuevos deportes de las clases medias, con reglas estrictas y deliberada exclusión de la violencia, estaban encaminados a mantener la forma física y a distraer los ánimos después de las jornadas de trabajo. Las primeras reglas del fútbol (soccer) se fijaron en la Universidad de Cambridge en 1863, el mismo año en que se fundaba la Football Association. El desarrollo de la gimnasia, especialmente en el mundo germánico, tuvo mucha relación con las necesidades del entrenamiento militar en sociedades con un fuerte componente nacionalista. Otros deportes practicados por las clases medias fueron el rugby, el remo, el atletismo o la natación. En la mayoría de ellos el espíritu de equipo era preferido al simple esfuerzo individual, característico del deporte aristocrático. Por otra parte, el desarrollo de una sociedad urbana provocó también el desarrollo de sociedades instructivas que aseguraban la divulgación de saberes en campos como la historia natural, la arqueología o la geografía, o la creación de sociedades corales y bandas de música para practicar en los ratos libres.
acepcion
De acuerdo con la mitología china, perro celeste con cabeza blanca que se presenta como constelación. Este conjunto de estrellas se interpreta de forma negativa en el nacimiento de los niños.